dom. Ago 18th, 2019

Diario el Minuto

Los números rojos de una Argentina caótica

La economía argentina se ha deteriorado en los últimos cinco meses (que tuvo su inicio en la “corrida cambiaria” de fines de abril) de manera exponencial, producto de la devaluación de la moneda y una fuerte recesión que se hace sentir en casi todos los rubros. A esto se suma la caída de la imagen del presidente Mauricio Macri y su gestión, que no logran explicar su plan económico (si es que lo hay) y que le genera desconfianza a los mercados, a pensar del fuerte respaldo dado por el Fondo Monetario Internacional.

Un informe de la consultora D’Alessio Irol, que mide el Humor Social, marcó que en junio la gestión Macri alcanzó un 61% de desaprobación y solo un 36% de aprobación. Es la brecha más grande entre las curvas desde que comenzó el ciclo Macri.

Preguntados sobre la situación económica, 8 de cada 10 personas respondieron que es “peor o mucho peor” que el año pasado y, lo que es peor, el 57% no ve mejoras para 2019. Más de la mitad no cree que el acuerdo con el FMI mejore la situación y un 72% considera que la inflación será mayor a la esperada.

De esta manera, para D’Alessio Irol la imagen negativa de Macri llegó a 54%, su registro más alto desde que es Presidente; mientras que la positiva se hundió hasta 31%.

La devaluación del peso ya alcanza más del 50% en lo que va del año. Solo el jueves, la moneda se había depreciado más de 13%, la mayor caída en un día este año. Tal es así que en términos nominales, por primera vez en su historia, el peso argentino vale menos que el peso uruguayo

Con este escenario, los salarios perdieron en la carrera contra una inflación acrecentada por las subas tarifarias de los servicios públicos y energéticos (electricidad, gas, agua y combustibles).En la franja enero-agosto la inflación ya se ubica en el 24%, lo que se siente en los bolsillos, sobre todo en los sectores más postergados. Las consultoras proyectan para lo que queda del año, una inflación anual de 31,8%. Además, esperan que para fin de año el PBI caiga un 0,3%.

Una encuesta de la consultora Scentia indicó que en julio los precios de la Canasta Básica de Alimentos registraron un aumento promedio del 4,8%, siendo la mayor escalada del año, acumulando en los primeros ocho meses del año un alza del 19,1%. Los incrementos en los precios son encabezados por la categoría alimentos secos, que acumuló entre enero y julio un aumento del 31,5%, seguida por los alimentos perecederos, con un 22,4%, las bebidas sin alcohol con un promedio del 18,9% y desayuno y merienda, con un 17,9%. Y aquí se genera una complicación extra y alarmante, ya que el aumento en los precios de los productos secos (fideos, yerba o arroz) impactan directamente en la base de la alimentación de los hogares más pobres que son los que los consumen en mayor cuantía.

El precio del pan también fue victima de la devaluación, el impacto de los impuestos y el aumento de las materias primas de su cadena de producción: subieron la harina, la margarina, la grasa, el azúcar y otros subproductos que se utilizan en la panificación. En el caso de la bolsa de harina de 50 kilos, que se situaba en el promedio de los $275 a fines de febrero, en julio se abonó entre los $700 y los $800. El valor del kilo de pan se ubica en un promedio de $70, y las cámaras del sector señalan que no pueden incrementar más el precio porque las ventas ya disminuyeron marcadamente. Los panaderos coinciden en que el precio se mantendrá mientras no aumente el costo de la bolsa de harina, situación que se trasladará inmediatamente al precio de este producto primordial. 

En relación al dinero necesario para no caer en la pobreza, un informe confeccionado por la Dirección General de Estadística y Censos (DGEyC), reveló que un hogar compuesto por una familia tipo (una pareja con dos hijos), necesitó contar con $20.216 para afrontar los gastos de la Canasta Básica Total (CBT) y no caer por debajo de la línea de pobreza, un 30,7% más que en igual mes del año pasado. Y esto si la familia es propietaria de una vivienda, porque de alquilar una propiedad el dinero necesario para poder hacer frente al costo de un alquiler haría que la CBT se elevara a  $14.805,38, monto que define la línea de pobreza.

Y si de alquileres hablamos, en la mayoría de los contratos de locación que se suscribieron durante los primeros meses de 2018, se acordaron dos ajustes semestrales de entre el 12% y el 15%, lo que proyectaría un acumulado anual del 25% o 30%.

Para la consultora Kantar Worldpanel, durante abril y mayo el consumo masivo en el sector más vulnerable tuvo una caída del 3%. Análogo a la caída en volumen, los aumentos de precios se intensificaron y llegaron al 27% respecto a julio del año pasado. El informe elaborado por la consultora sostiene que el segundo trimestre del año cerró estable y con las ventas en baja, que predicen un desplome del consumo en el segundo semestre del año.

La caída en la adquisición de productos de la canasta de consumo masivo, que predomina entre los gastos de los hogares de menos recursos, se debe a que en los últimos seis meses experimentó una fuerte suba de precios de los productos que la integran -que es el principal gasto de este sector-, ya que le destinan el 57% de sus ingresos.

En cuanto a los adultos mayores, la Defensoría de la Tercera Edad advirtió en su último informe sobre el crítico contexto que atraviesan los jubilados en la Argentina, uno de los sectores que siente con mayor dureza la estampida inflacionaria. El organismo advirtió que 7 de cada 10 jubilados y pensionados (lo que equivale al 70%) no llega a cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA) que garantiza su supervivencia y que llegó en agosto a los $21.127, cuando la jubilación mínima que perciben es de $8.060, es decir que no llegan a cubrir el 40% del valor total de la CBA. Cabe recordar que entre jubilados, pensionados y pensiones no contributivas (otorgadas por invalidez, vejez, madre de 7 o más hijos), la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) tiene registrados más de 7 millones de personas.

Otra materia delicada es el de la producción industrial. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) anunció el tercer mes sucesivo del descenso de las actividades de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). Sólo una de cada cuatro empresas, se beneficiaron con algún tipo de crecimiento con respecto al año pasado.

La producción industrial de las PyMEs cayó en julio 7,3% en la comparación interanual, lo que ocasionó que se perdieran casi 53 mil empleos respecto de 2017.

Según el informe de CAME, en ese mismo período, sólo el 26,1% de los comercios crecieron, aunque su capacidad productiva, volvió a bajar.

El informe del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) del primer semestre del año indica que la actividad industrial continúa en caída y los consultores privados opinan que la economía podría derrumbarse un 1% con respecto al año pasado.

Si bien el trabajo del EMAE -que refleja la evolución mensual de la actividad económica del conjunto de los sectores productivos a nivel nacional- de mayo arrojaba una caída del 5,8%, los analistas económicos daban por sentado un porcentaje similar para junio, pero el cuadro fue peor y se desplomó un 6,7% respecto del mismo mes de 2017, alcanzando a diez de dieciséis rubros.

(Ver https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_08_18.pdf)

En lo referido a las grandes y medianas empresas, la situación también es dificultosa, ya que en lo que va del año treinta compañías que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires arrojaron balances en rojo trastornadas por la devaluación, la caída del consumo y el escándalo de los “cuadernos de las coimas”, que han perjudicado la imagen de los CEOs de las compañías de obras públicas y servicios mencionadas en estos escritos, algo muy similar a lo que sucedió en Brasil con el “Lava Jato”. Como dato accesorio, ese escándalo en el gigante sudamericano dejó a casi 3 millones de trabajadores desocupados en la industria y construcción entre 2015 y 2016. Toda una lección de la historia económica moderna.

Las mermas acumuladas en estas empresas argentinas superan el monto de los $41.000 millones, debido en gran parte a la fuerte desvalorización de la moneda y a la mengua del consumo. Las empresas alimenticias como Arcor, Mastellone y Molinos Río de la Plata, en conjunto, acumularon pérdidas superiores a los $5.000 millones. Las industrias alimenticias, muy supeditadas al consumo masivo interno, son las que se encuentran más complicadas. En el caso de la firma láctea Mastellone, sus números se vieron afectados por la combinación de una fuerte y abrupta devaluación y por la caída en el consumo de productos lácteos a nivel local. Su balance semestral proyectó una pérdida neta de $1.042 millones, contra una ganancia de $106 millones en igual período del año pasado.

Dos hechos preocupantes se están produciendo en el mundo industrial: en primer lugar

-y debido a la incertidumbre cambiaria-, numerosas firmas han enviado comunicados a sus clientes informándoles que no venderán sus productos hasta que el dólar se estabilice, por no tener valores estables de referencia. En segundo lugar, muchas empresas han empezado a suspender y hasta despedir empleados. Tal el caso, por ejemplo, de la firma Metalpar, una empresa de fabricación de ómnibus, de capitales chilenos y controlada del grupo brasileño Marcopolo, que está en una mala posición económica a partir de la falta de demanda de buses urbanos. La empresa despidió a 150 de sus 600 trabajadores y suspendió a una parte importante de su personal.

Si de desempleo hablamos, de acuerdo a los datos del Ministerio de Trabajo, en el mes de junio se perdieron 13.500 empleos formales y los primeros seis meses del año acumulan una caída de 106.200 vacantes.

Los monotributistas sociales fueron los más perjudicados con una baja mensual del 2,3%, seguido por los asalariados del sector privado, asociados en general al empleo de mayor calidad, que cayeron un 0,4%. Las mayores alzas se vieron en los trabajadores de casas particulares (0,9%) y el sector público (0,5%). De esta manera, de mayo a junio se incorporaron 14.200 trabajadores públicos y se destruyeron 26.800 del sector asalariado privado.

Las expectativas netas de empleo, se mantuvieron en niveles muy bajos (1,6%), producto de que solo un 7,1% de las empresas especula ensanchar su plantilla laboral contra un 5,5% que asevera que el personal se reducirá.

En el sector automotor, los números también fueron para abajo. Según los datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA), los patentamientos de automóviles 0KM se desplomaron un 17,4% interanual en julio. Es la segunda baja consecutiva, luego del descenso de junio, también de 17%.  En tanto las ventas de motocicletas retrocedieron el 18,3%  frente al mismo mes del año pasado.

En tanto en el sector inmobiliario, la distorsión de los precios en el mercado parece no contenerse. Como efecto del movimiento ondular del dólar, una propiedad se puede tasar hasta un 20% más alto del valor real. Si bien cayó fuertemente la demanda, las valías de las propiedades no bajan. Hoy en el mercado inmobiliario no hay valores de referencia y cada propiedad se coloca a la venta con el precio que decide su dueño y posteriormente el mismo mercado adapta esos valores, que en general lo hacen hasta un 10% de su valor en dólares. A este contexto confuso hay que añadirle los cambios para acceder a un crédito hipotecario UVA, Unidad de Valor Adquisitivo (que se actualiza diariamente en función a la variación del CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia, basado en el Índice de Precios al Consumidor, IPC). Ante el incremento de los precios la cuota se hace más grande y además el capital a pagar también crece atado a la inflación. Por ejemplo para recibir $1 millón a 30 años se debe ganar al menos $25.284, lo que representa un incremento de $6.000 respecto de las condiciones que existían en 2017.

A todo este escenario económico complejo se suma la conflictividad sindical, universitaria y política, que el Gobierno no sabe como manejar. De hecho, hay divisiones dentro del propio Gobierno que llaman a un cambio de nombres en el gabinete nacional. El nombre recurrente para el enroque político es el de Marcos Peña, el propio jefe de Gabinete de Ministros.

El diagnóstico que surge de los 3 años de gobierno de Cambiemos es que desestimó el impacto de las disposiciones económicas de ajuste en los sectores medios y bajos de la sociedad, a los debo añadir una marcada torpeza y soberbia en la comunicación de las medidas.

Ahora solo basta esperar que las medidas fiscales para reducir el déficit fiscal que se anunciarán este lunes reviertan la situación de desconfianza de los mercados y estabilicen el valor de la moneda estadounidense. Y tras los anuncios, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, viajará hacia Washington para reunirse con autoridades del FMI y definir los detalles técnicos acerca de los adelantos de fondos solicitados por el Gobierno.

Los días por venir son decisivos para campear la “tormenta” de los próximos meses, tan anunciada por Macri y sus ministros y que marcarán la agenda económica de 2019, un año electoral.

 

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