dom. Ago 25th, 2019

Diario el Minuto

Los “voceros” kirchneristas del Papa

El pasado viernes 13 de agosto la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se presentó ante el juez Claudio Bonadio, en los tribunales federales de Comodoro Py, para declarar en la causa que investiga el pago de coimas y retornos por parte de empresarios durante los 12 años en los que gobernó el kirchnerismo. Hasta aquí nada nuevo, en vistas de las múltiples causas en los que la ex mandataria debe dar explicaciones. Lo que sí llamó la atención fueron los dos acompañantes que llevó, solicitados formalmente por ella a los funcionarios judiciales para que estuvieran presentes durante su declaración en la cual no contestó preguntas y solo se limitó a entregar un escrito: Juan Grabois y Eduardo Valdés, dos dirigentes cercanos al Papa Francisco. Toda una carga simbólica.

¿Ser “papista” es la nueva carta de presentación de los dirigentes kirchneristas, peronistas y de centroizquierda? Veamos.

Eduardo Félix Valdés es abogado, dirigente del Partido Justicialista en la Ciudad de Buenos Aires y actual diputado del Parlasur por el Frente para la Victoria. Conoce al Papa Francisco desde los años 90, cuando Bergoglio era el arzobispo auxiliar de Buenos Aires, y él consejero vecinal de la Ciudad de Buenos Aires y lo consultaba mientras se debatía el Código de Convivencia Urbana en la Legislatura porteña. El nexo entre Valdés y Bergoglio fue la primera Defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Alicia Olivera, una amiga en común entre ellos fallecida en noviembre de 2014. De ahí el comienzo de una relación que se acrecentó cuando Cristina Kirchner lo nombró embajador ante la Santa Sede en Roma en 2014, cargo que ocupó hasta la salida del kirchnerismo, en diciembre de 2015. Valdés se apuntaló como uno de los principales enlaces entre el gobierno kirchnerista y el Vaticano, organizando las cuatro reuniones entre el Papa y Cristina Kirchner durante su presidencia. También fue el operador de la reunión entre el Sumo Pontífice y los dirigentes de la organización ultra k La Cámpora.

Fue al “Gordo” Valdés, como le dicen sus íntimos, a quien Francisco le dio en noviembre de 2013 (antes que asumiera su cargo diplomático) un solideo (el gorro que utilizan los prelados de la Iglesia Católica) para que éste se lo entregara a la ex presidenta. “Eduardo, mandáselo de regalo a Cristina que esto va a saldar nuestra relación”, había manifestado Eduardo Valdés en una entrevista que le concedió a Radio 10 en septiembre de 2014. Con “saldar nuestra relación”, Francisco hacía referencia a los choques que había tenido con el kirchnerismo mientras fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, entre 2005 y 2011. El principal enfrentamiento lo tuvo con Néstor Kirchner, quien llegó a calificar a Jorge Bergoglio como el “jefe espiritual de la oposición política”. Es que Bergoglio criticaba desde sus homilías la pobreza (ocultada por el kirchnerismo a través de la manipulación de las estadísticas oficiales) y los “anuncios estridentes de los gobernantes”. El enfrentamiento entre los Kirchner y la Curia argentina fue tal que en 2005 Néstor Kirchner anunció que no asistiría al tradicional tedeum que todos los 25 de mayo se celebra en la Catedral de Buenos Aires, con motivo de la conmemoración del Primer Gobierno patrio argentino. Un mes después, Guillermo Marcó, el entonces vocero del Arzobispado de Buenos Aires, afirmaba que entre la Iglesia y el gobierno kirchnerista “no hay relación”. Tras la muerte de Néstor Kirchner, Cristina no mejoró la relación. Es más, se siguió complicando. Pero un hecho trascendental mostró a las claras la vocación miserable del kirchnerismo: la elección de Jorge Bergoglio como nuevo Papa. Inmediatamente, tras la bofetada extraordinaria de la Historia, Cristina Kirchner se aggiornó al nuevo escenario y corrió presurosa al Vaticano a saludar al ahora Papa Francisco, quien la invitó a almorzar un día antes de su entronización, donde hicieron las paces. Y tras ella, todo el kirchnerismo de paladar negro que fustigaba permanentemente a Bergoglio, cambió de postura de la noche a la mañana, entre ellos la despreciable Hebe de Bonafini…Fue algo memorable y grotesco.

Valdés reconoció como un fracaso de su gestión al frente de la embajada en el Vaticano que Francisco no visitara Argentina. Según él, al Papa le “duele mucho” que lo quieran meter en la “grieta” (la división que se formó en el país entre kirchneristas y antikirchneristas), pero profetizó que “cuando se analicen los años de Francisco al frente de la Iglesia se verá que fue un papa “antigrieta”, constructor de puentes y destructor de muros”.

Sobre el acompañamiento a Cristina Kirchner a Comodoro Py, Valdés le dijo al canal kirchnerista C5N que lo hizo a título personal: “Somos dos hombres, tal vez más Juan (Grabois) que yo, pero que no consultamos al Papa para hacer eso”

El otro acompañante de Cristina Kirchner a su fallida declaración ante el juez Bonadio, Juan Grabois, dijo que “es absolutamente obvio que voy por motu propio y que tengo una trayectoria como militante social y que mi decisión fue acompañar a la ex presidenta, sin ser kirchnerista”. Grabois dice no ser kirchnerista ni estar afiliado a ningún partido, aunque ciertamente es funcional a lo más fanático y fundamentalista del kirchnerismo.

Grabois reúne todas las condiciones que parecen gustarle al actual Papa Francisco. Es fundador y referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y secretario de Formación de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), creada en 2011 y que cuenta con más de 250.000 afiliados, desplazando en movilización a la organización ultra kirchnerista La Cámpora, caída en desgracia desde la salida del kirchnerismo del poder.

Juan Grabois, que es abogado y licenciado en ciencias sociales, conoce al Papa Francisco desde 2005, cuando  Jorge Bergoglio era presidente de la Conferencia Episcopal Argentina e hizo una misa por los cartoneros y ellos le respondieron enviándole una carta de agradecimiento. Grabois se convirtió en 2016 en asesor ad-honorem del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano, que responde al cardenal ghanés Peter Kodwo Appiah Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede. Turkson fue nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II.

Juan es hijo de Roberto “Pajarito” Grabois, quien fuera el fundador en la década del 60 del Frente Estudiantil Nacional (FEN). Cuando estudiaba medicina en la UBA en los años sesenta, se incorporó a la militancia estudiantil en el FEN (Frente Estudiantil Nacional), cuyos integrantes eran llamados “fenicios”. “Pajarito” Grabois, en esa época estudiante de Filosofía y Letras, se había iniciado como admirador del guevarismo y fue mutando ideológicamente hacia el peronismo más dogmático. A raíz de esos cambios, muchos de los militantes se incorporaron a la Juventud Peronista y el grupo acabó desarticulándose. A medida que el peronismo de izquierda y combativo fue creciendo, “Pajarito” fue migrando hacia el peronismo más ortodoxo, pasando a fusionar en 1971 el FEN con “Guardia de Hierro”, la facción más de derecha del peronismo, fundando la Organización Unificada del Trasvasamiento Generacional”. Siempre se dijo que el entonces padre Jorge Bergoglio perteneció a “Guardia de Hierro”, aunque fue desmentido por su propio fundador, Alejandro “Gallego” Álvarez, fallecido en 2016, quien en sus últimos años apoyó incondicionalmente a Cristina Fernández de Kirchner como conductora del “movimiento nacional”.

Actualmente, “Pajarito” Grabois tiene una consultora y llama a reorganizar la militancia para combatir al neoliberalismo.

Juan también es ahijado de Julio Bárbaro, histórico dirigente peronista -quien también supo militar en “Guardia de Hierro”-, que tuvo un profundo acercamiento con Mauricio Macri y es un acérrimo crítico del kirchnerismo, lo que le trajo el correspondiente distanciamiento con su compadre, “Pajarito”.

Juan Grabois adhiere a la teoría conspirativa contra Cristina Fernández. “Considero que estamos frente a una operación que tiene como objeto distender la atención de la gravísima crisis social y económica que existe en nuestro país”, sostuvo Grabois sin atender a las múltiples declaraciones de arrepentidos que están sindicando al ex matrimonio presidencial como organizadores de una fenomenal matriz de corrupción. Grabois agregó que el juez Claudio Bonadio “no está capacitado, no tiene legitimidad, no tiene interés en resolver el problema de la corrupción”, y que el objetivo del magistrado es la “persecución y proscripción” de Cristina Kirchner.

En octubre de 2014, Grabois fue el organizador de los “Encuentros Mundiales de Movimientos Populares”, celebrado en Roma y auspiciado por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz, en colaboración con la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales. A este primer encuentro contó con la participación del presidente de Bolivia, Evo Morales, y João Pedro Stédile, líder del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, también de ideología marxista. De hecho, el mismo Grabois se define ideológicamente como un peronista de izquierda. El pensamiento ideológico de Juan Grabois quedó de manifiesto en el texto que publicó junto con Emilio Pérsico, ex Secretario de Agricultura Familiar del gobierno de Cristina Fernández y líder del Movimiento Evita, llamado “Nuestra Realidad. Cuadernos de formación para trabajadores, militantes, delegados y dirigentes de organizaciones populares”. En estos textos, uno y otro presentan a Ernesto “Ché” Guevara como modelo del militante generoso y entregado a la causa revolucionaria…toda una definición.

El otro gran “papista”, es Gustavo Vera, hoy alineado con el kirchnerismo. Este ex legislador porteño tiene una historia muy particular. Nacido en la política durante las asambleas barriales que se gestaron durante la extraordinaria crisis de 2001, desde la asamblea popular “20 de Diciembre”, Gustavo Vera, empezó usurpando el local de una pizzería que había cerrado en 2001. La pizzería se llamaba “La Alameda” y estaba ubicada en la calle Directorio 3998, del tradicional barrio porteño de Floresta. El nombre del local dio origen a la ONG “La Alameda”, que primero fue un comedor comunitario y más tarde una cooperativa, con empleados que habían sido rescatados de la explotación en la industria textil. Posteriormente, la ONG se convirtió en una referente de la lucha contra la trata de personas, la prostitución y el narcotráfico.

Vera y el Papa Francisco tienen una relación fluida desde que el por entonces diputado porteño trabajaba con el entonces arzobispo de Buenos Aires para desbaratar redes de trata y auxiliar a las víctimas.

Vera siempre se presenta ante todo como “amigo del Papa Francisco”. Es su carta de presentación ante cualquiera que conozca y hace alarde la misma. Vale recordar que Gustavo Vera​ fue candidato legislador porteño y compitió en la interna del kirchnerismo de la Ciudad de Buenos Aires junto al ex secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que iba como diputado nacional bajo la lista neokirchnerista “Peronismo por el Bien Común”. La interna se las ganó Daniel Filmus. Durante esa misma campaña legislativa, Moreno y Vera, afirmaron que el Papa Francisco “nos  pidió pensar un nuevo modelo y por eso nuestra táctica electoral todos juntos”. Moreno, por supuesto, fue un poco más lejos en sus declaraciones: “Francisco es uno de los nuestros, por eso lo entendemos”.

De todos los “amigotes” del Papa, Vera es el que hace las veces de vocero paraoficial, un rol que le encanta. Su frase de muletilla es “Hablo con el Papa Francisco todas las semanas”. Si bien tuvo un cortocircuito con su amigo en 2016, cuando -según publicó la revista Noticias en una edición de febrero de 2017- hasta fue invitado por la Guardia Suiza a abandonar el Vaticano en tres horas, Vera siguió usando su amistad para posicionar su propia imagen.

Su rol de “vocero paraoficial” fue contestado por el mismísimo L’Osservatore Romano, en el primer número de su edición argentina, en diciembre de 2016. En ese número, el arzobispo de la Arquidiócesis de La Plata, el cordobés Víctor Manuel “Tucho” Fernández, ex rector de la UCA (Universidad Católica Argentina), escribió un llamativo texto titulado “Directo entero y sin voceros”, donde enfatiza la jerarquía del medio oficial vaticano por sobre las diferentes voces que dicen representar al Papa. “Es mejor leerlo de manera directa, sin voceros que lo hagan pasar por su propia ideología. Francisco habla a través de gestos, pero estos a veces pueden ser manipulados, escribió Fernández. Más claro, imposible.

Vera está involucrado en varios escándalos. Desde explicar el porqué de los desaires del Papa al presidente Mauricio Macri; pasando por reconocer la existencia de un respaldo por parte de una parte de la Iglesia Católica -al cual suscribiría Francisco- a Milagro Sala, la activista kirchnerista que está con prisión domiciliaria en Jujuy procesada por asociación ilícita, amenazas coactivas, fraude a la administración pública y extorsión. Vera sostiene que las acusaciones contra Sala son por “xenofobia”, a pesar de las múltiples denuncias y testimonios en contra de ella y su entorno más cercano.

Ya en 2016, Gustavo Vera, por entonces legislador porteño, y Julio Piumato, titular de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación, fueron imputados por apropiarse de elementos secuestrados en un allanamiento a un taller textil clandestino en octubre de 2015, en la Ciudad de Buenos Aires. El expediente, número 7285/2016 lleva como carátula: “Vera, Gustavo Javier y otro s/ Malversación de Caudales Públicos”. Por este hecho, finalmente quedó procesado en abril último por el juez Claudio Bonadio por malversación de fondos, quien además le trabó un embargo de $ 20.000.

Su ONG “La Alameda” está siendo fiscalizada por la Inspección General de Justicia (IGJ) por la falta de presentación de balances desde su constitución como Fundación. Al presentar los papeles, la IGJ detectó inconsistencias por sumas superiores a los tres millones de pesos.

Otra de las acusaciones contra el “amigo del Papa” es la de colaborar con personajes de los servicios de inteligencia, entre ellos con el otrora director de Reunión Interior de la ex SIDE (hoy AFI, Agencia Federal de Inteligencia), Fernando Pocino, para ocultar informaciones sensibles sobre trata de personas, complicidad policial y política, narcotráfico, ventas de tierras a precios irrisorios, y hasta cuentas de Néstor Kirchner en el exterior, reunidas en 2014 por ciudadanos que realizaban tareas sociales en Santa Cruz.

Otra grave acusación contra Vera y el otro “amigo papal”, el ex secretario de Comercio Interior kirchnerista, Guillermo Moreno, fue hecha al aire por el dueño de la marca de ropa Stone que denunció que juntos le habrían pedido una coima de U$S 2 por cada camisa que la marca importaba a U$S 10. Según el empresario Romano, éste no consintió pagar el soborno, lo que derivó en un allanamiento en los talleres de la firma, según publicó la agencia Total News, en febrero del año pasado.

Quien también denunció a Vera fue el comandante Fabián Méndez, jefe del Escuadrón de El Bolsón de Gendarmería Nacional, durante la búsqueda de Santiago Maldonado, el militante promapuche que se ahogó en agosto del año pasado cruzando el río Chubut cuando huía de Gendarmería, luego de cortar la Ruta Nacional 40 y enfrentar junto a otros militantes mapuches a la fuerza federal. Méndez afirmó que Gustavo Vera lo llamó para amenazarlo dos veces. Según Méndez, lo “llamó un tal Vera, diciéndome que era muy amigo de Su Santidad, el papa Francisco, que ellos ya sabían todo lo que había pasado, que tenían todos los datos necesarios y que lo único que restaba saber era dónde estaba Santiago”. El comandante Méndez se limitó a pedirle a Vera que se acercara hasta el juzgado para aportar lo que sabía. Vera, por supuesto, nunca se presentó. Evidentemente, lo que hizo Vera fue una clásica “opereta de inteligencia” para sacarle verdad por mentira al comandante de Gendarmería, utilizando nuevamente su “amistad con el Papa” como tarjeta de presentación

Y el último de los escándalos que salpicó al ex legislador fue la acusación hecha por la mediática Natacha Jaitt, en medio de las denuncias por abusos sexuales en las inferiores del Club Atlético Independiente. Jaitt sindicó a diversos personajes públicos, entre ellos políticos y periodistas, y señaló con nombre y apellido a Gustavo Vera.

“Gustavo Vera es pedófilo y es trata. Lo tengo probado”, lanzó Jaitt en el popular programa de Mirta Legrand del sábado 31 de marzo, sin mostrar ni una sola prueba. Inmediatamente, Vera respondió presentando una denuncia por calumnias e injurias contra Jaitt en la Justicia correccional. Y, como es habitual en su proceder, apuntó contra el gobierno. Lo hizo “responsable a Horacio Rodríguez Larreta (el jefe de Gobierno porteño) de lo que pueda ocurrir con mi integridad física por cualquier puntero pagado”. “Vamos a investigar a Nacho Viale (productor de Mirta Legrand), a los proveedores, si hay vínculos con el gobierno”, dijo Vera a la prensa. También vinculó a Natacha Jaitt con el ex director de Operaciones de la AFI, Jaime Stiuso. “Ella misma se definió como prostituta VIP. Es sabido hace mucho que trabaja para operaciones de inteligencia, opera para el gobierno de turno, dijo Gustavo Vera de Jaitt, a quien describió como “proxeneta, esbirro, mercenaria”.

 

“Tiene la banca de Jaime Stiusso, que es un agente que no está formalmente en la SIDE, pero sigue operando en las sombras”, indicó el ex legislador. “Después está el plano político, de análisis y especulaciones de lo que hay atrás de esto. Pero el esbirro que me calumnió se va a tener que retractar”, dijo Vera, quien aseveró que “después me voy a ocupar de los otros porque yo no voy de pico. Denuncié a Stiuso por enriquecimiento ilícito, a (el prostíbulo) Stavros, que está a la vuelta del cementerio de Recoleta y ahí detuvieron a un tratante y a víctimas de trata”.

 

Tras los dichos de Vera, la misma Agencia Federal de Inteligencia (AFI) realizó una presentación judicial -que recayó en la fiscalía de Guillermo Marijuán- para pedir que se investiguen las afirmaciones del titular de la “La Alameda”, quien denunció que el ex espía Jaime Stiuso estaría detrás de las acusaciones de Natacha Jaitt, con el conocimiento de los directores del organismo de inteligencia, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani.

Un capítulo aparte merecen muchos de los dirigentes, sindicalistas y pseudomilitantes sociales adscriptos al kirchnerismo que visitan al Papa en Roma, algunos de los cuales suelen hospedarse en la Domus Sanctae Marthae, la Casa de Santa Marta, el lugar que escogió Francisco para residir durante su papado. Entre los que recibió con una indisimulada sonrisa, figuran la cúpula de La Cámpora, la familia de Santiago Maldonado, la encarcelada por corrupción Milagro Sala, lo peor del sindicalismo mafioso argentino, a Hebe de Bonafini (la corrupta presidenta de la organización Madres de Plaza de Mayo, a la cual Francisco le envió una carta de solidaridad y la comparó con Jesús –“No hay que tener miedo a las calumnias, Jesús fue calumniado y lo mataron después de un juicio dibujado. La calumnia solo ensucia la conciencia y la mano de quien la arroja”-), y tantos otros, que después utilizan la foto con el Papa para decir: “Hablé con Francisco y me dijo que…”

El Papa que recibe entre sonrisas a estos verdaderos sátrapas, es el mismo que dijo en una audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, en marzo de este año: “Pensemos a los llamados mafiosos cristianos, que de cristianos no tienen nada. Se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los demás”.

Evidentemente, creo que el Papa escoge mal a sus “voceros” locales, a los que casi nunca desautoriza. Y como dice el dicho, el que calla, otorga.

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