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Madagascar: Una isla única

El Minuto | La labor extraordinaria del padre Opeka, de origen argentino, en las barriadas pobres de la isla de Madagascar, hizo que muchos supieran sobre la dura realidad de este país. Rico en recursos naturales, pero una economía depredadora ha impedido que sus habitantes disfruten de esas riquezas, agregándose el severo daño ambiental, que afecta a cientos de especies endémicas.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director El Minuto para Argentina

El poblamiento de la isla es de larga data. Migraciones provenientes del Sudeste Asiático, como elementos austronésicos, se mezclaron con poblaciones africanas, contribuyendo a la construcción del peculiar pueblo malgache. Los movimientos migratorios datan de los siglos II y V. El idioma malgache tiene sus raíces con sus antepasados en las islas Célebres y Borneo, en la actual Indonesia.

Los inmigrantes bantúes llegaron aproximadamente hacia el año 1000, y posteriormente, quienes arribaron fueron los árabes, hacia el siglo VII, donde comerciantes provenientes de Omán, instalaron una serie de factorías comerciales, lo que llevó a la expansión del Islam en el norte de la isla.

Los europeos tomaron contacto con la isla, de la mano de Bartolomé Dias, navegante portugués en 1500. En 1666, la Compañía Francesa de las Indias Orientales, instaló una serie de puestos comerciales. En el siglo XVIII, la actividad de piratas, dificultó la penetración europea. Los problemas climáticos, como la hostilidad de los malgaches dificultaron la aventura colonial británica, quienes a mediados del siglo XVII, instalaron bases comerciales, que comerciaban con los árabes instalados en la isla.

La piratería era un fenómeno que afectó seriamente la labor de las compañías europeas que operaban en la India. Muchos marineros capturados, eran vendidos como esclavos por los locales a comerciantes árabes. Este tráfico permitió la llegada de armas de fuego, generando cruentos conflictos entre las tribus malgaches. También poblaciones locales, fueron víctimas de la trata de esclavo, siendo llevados muchos de ellos, a lugares tan lejanos como Perú.

En el siglo XVI fueron creándose diversos reinos malgaches, en pugna entre sí, que fueron unificados en el siglo XIX. El rey Radama I, abrió las puertas a la influencia externa, en un intento de modernizar su reino. La ayuda británica, en armas y entrenamiento militar, permitió que en 1817, la isla fuera unificada bajo este rey.

La influencia de Londres se tradujo en la llegada de misioneros cristianos y la abolición del tráfico de esclavos. La viuda del rey Radama I, muerto en una expedición contra un estado rival, Ranavalona, gobernó por más de tres décadas hasta 1861 este rey impulsó la adaptación de la escritura latina al idioma malgache, remplazando el alfabeto sorabe. En 1830, la Biblia fue traducida al idioma malgache, lo que facilitó la penetración del cristianismo en la isla.

Este fue un reinado conflictivo, hubo persecuciones a cristianos, se rompieron los lazos con el Reino Unido. Los graves problemas, significaron un importante descenso de la población. Su hijo Radama II, se hizo católico en secreto, mantuvo estrechos lazos con franceses e incluso solicitó que la isla fuera anexionada por Napoleón III.

En 1857 estalló un complot para desalojar a la reina, que fracasó, expulsando esta de la capital a todos los extranjeros. En este año, Estados Unidos, reconoció al Reino Merina, con un tratado comercial. La influencia francesa permitió el desarrollo de la economía local, con la producción de manufacturas y plantaciones comerciales.

A la muerte de esta, en 1861, Radama II, abrió el país a los europeos. Sus políticas liberales, lo pusieron en contra de la elite local, y su primer ministro, Rainivoninahitriniony, lo derrocó en un golpe de estado, que terminó en la muerte del rey. Finalmente un consejo designó a la viuda del rey Radama II, Rasoherina, como reina.

Esta continuó la política de apertura de su antecesor, envió embajadores a Europa. Su sucesora, la reina Ranavalona II, educada en una misión anglicana, declaró esta como religión nacional, e impulsó la cristianización del país. En 1864, fue inaugurado el primer hospital y la escuela de medicina, con apoyo de de la misión anglicana.

La política de favorecer intereses británicos, en desmedro de los franceses, dejando sin efecto los acuerdos con París, llevaron en 1883, a que Francia invadiera la isla, en la llamada Guerra Franco – Hova (denominación de la aristocracia malgache). El reino Merina perdió la isla Diego Suárez, abriendo hacia una mayor injerencia francesa.

En 1885, en la Conferencia de Berlín, los británicos aceptaron la influencia francesa sobre la isla, a cambio del reconocimiento de sus intereses en el sultanato de Zanzíbar. El protectorado francés tenía como objetivo monopolizar la economía y la política exterior. Ante el conflicto entre las autoridades francesas y locales, llevó a un conflicto armado En 1895, Francia invadió el país, luego de más de una década de guerras. La capital Antananarivo, fue tomada por los franceses y la reina exiliada junto a su familia Argelia.

Los franceses rápidamente iniciaron un proceso de asimilación cultural, extendieron una serie de cultivos comerciales, como el té, la vainilla, café y canela, de gran éxito comercial. La imposición de trabajos obligatorios generó tensiones con grupos nacionalistas, cuyos intentos fueron ahogados duramente por los franceses.

La Segunda Guerra Mundial, llevó a que muchos malgaches lucharan en el Norte de África, Europa y Siria. La caída de Francia, colocó la isla bajo el régimen de Vichy. Pero en 1942, ante el temor de Londres, que la isla fuera ocupada por Japón, impulsó a la invasión, y luego de la derrota francesa, la isla fue controlada por el gobierno de la llamada Francia Libre. En 1948, una rebelión nacionalista, fue reprimida nuevamente con miles de víctimas (se estima unos 80.000).

Tres Repúblicas y la imposibilidad de salir del subdesarrollo

En 1958, el país alcanzó la autonomía dentro de la llamada Unión Francesa, y en 1960, fue alcanzada la independencia con Philibert Tsiranana, como primer jefe de estado. Pero el país, no obtuvo la estabilidad esperada. La llamada Primera República, el gobierno mantuvo estrechos lazos con Francia en el plano económico y político. Los colonos mantuvieron una fuerte influencia en la economía del país. El acusado nivel de subdesarrollo, generó protestas, que terminaron en el golpe de estado de 1972, asumiendo el poder el general Gabriel Ramanantsoa.

El gobierno pronto entró en la órbita soviética. En 1975, el capitán de corbeta Didier Ratsiraka, dio un golpe de estado, que generó un mayor alineamiento hacia la izquierda, dando paso a la Segunda República. Fue impuesto un régimen de partido único, la AREMA (Vanguardia para la Revolución Malgache) y fue iniciado un proceso de socialización de la economía, que tuvo un impacto negativo en el desarrollo del país, dado la ausencia de cuadros formados para la dirección de la economía, luego del retiro de los capitales franceses.

El proceso socialista en los años 80, mostraba signos de abierto fracaso. El 80% de la población dedicada a la agricultura (5% del territorio), fuerte dependencia de la exportación de materias primas, llevaron a un callejón sin salida. En estos años la hostilidad con Sudáfrica, por la política de este país en la región y su rol de impulsar intereses occidentales, llevaron a apoyar maniobras desestabilizadoras. Las relaciones con Francia estuvieron marcadas por el reclamo de soberanía sobre las islas Gloriosas

El fracaso del régimen de Ratsiraka, abrió las puertas a la III República – 1991-2002 – con el establecimiento de un régimen multipartidario y la apertura de la economía. El presidente de esta etapa Albert Zafy, con una política económica liberal, aplicó las recetas del FMI de ajuste con sus costos sociales. Asimismo inició un proceso de concentración de poder.

En 1996, en las elecciones presidenciales, Didier Ratsiraka, obtuvo el triunfo, pero los males económicos del país continuaron. En un giro inesperado, mantuvo una política de apertura económica y de privatizaciones. En las elecciones de 2001, estalló un conflicto entre Ratsiraka y el candidato opositor Marc Ravalomanana, ambos se consideraron ganadores y se formaron dos gobiernos.

El ex presidente de Madagascar Didier Ratsiraka muere a los 84 años


El país estuvo al borde de la guerra civil en 2002, pero la pérdida de apoyo internacional de Ratsiraka, obligó a este emprender el exilio a Francia, siendo posteriormente condenado por cargos de corrupción en ausencia por un tribunal malgache.

Los altos niveles de crecimiento económico, la llegada de importantes inversiones, especialmente para cultivos comerciales y la minería, inversiones en infraestructura, creación de zonas especiales económicas no generaron mejoras en la población, sino mayor desigualdad. Agregándose la corrupción endémica que padece el país.

En 2009, el presidente entró en conflicto con el alcalde de la capital, Andry Rajoelina, que derivó en enfrentamientos entre partidarios de ambos políticos.

Esto terminó en un golpe de estado, que aisló al país internacionalmente, creándose un consejo de transición. En 2014 hubo elecciones y la democracia regresó al país, siendo prioridad de su presidente Rajaonarimampianina, mejorar la imagen del país, conseguir inversiones y recuperar el crecimiento económico.

En las elecciones de 2018, varios ex presidentes buscaron hacerse con el poder, triunfando Andry Rajoelina, que superó las denuncias de fraude, siendo reconocido en 2019 por la Corte Constitucional como presidente del país.

Madagascar es un país de 587.040 Km2, con 25 millones de habitantes y una de las rentas más bajas del mundo, con 400 USD. El país se ve afectado por problemas de infraestructuras (la cobertura eléctrica solo beneficia al 15% de la población), desforetación, altos niveles de pobreza (70%) y una economía reducida, con un elevado nivel de diversificación, pero con una fuerte dependencia de la ayuda externa. El sector agrícola es clave, especialmente por la exportación de vainilla, dado que el país concentra nada menos que el 80% de la producción mundial, El pésimo manejo ambiental, por la tala indiscriminada, afecta el desarrollo de una agricultura sostenible, incrementa el riesgo de desastres naturales.

La minería atraída por los altos niveles de reserva de cobalto, níquel, oro, piedras preciosas y uranio, ha sido el motor del crecimiento, pero aporta escaso valor agregado. Los grandes beneficiarios son las grandes multinacionales, con escaso impacto en el desarrollo y retorno de divisas.

El sector industrial, se ha desarrollado a zonas especiales, que permitieron la radicación de empresas textiles, que representan el 9% de las exportaciones de la producción africana a Estados Unidos. El turismo tiene un gran potencial, pero por falta de infraestructura, problemas sanitarios y la inestabilidad política, lo han desalentado.

La corrupción hace que el índice “Doing Business” coloque al país en el puesto 167, de 180 países en el mundo para hacer negocios. Lo que implica un alto riesgo para los inversores extranjeros. No obstante ello, por la posición estratégica de la isla y el potencial en recursos, ha generado especial atención de la antigua metrópoli, Francia, con quién mantiene un conflicto de soberanía por un grupo de islas en el canal de Mozambique, con un rico banco pesquero, y un nuevo actor en ascenso en la región, China.

Este país emerge como un país clave, especialmente como principal fuente de financiamiento, ante el aislamiento internacional resultante del golpe de 2014. Respecto al continente africano, Madagascar forma parte de dos entidades Comunidad de Desarrollo de África del Sur (SADC) y de la Comunidad de África del Este (EAC), aparte de la Unión Africana. Los problemas de comunicación, mala gestión e inestabilidad, transforman las iniciativas de libre comercio y cooperación, en declaraciones de buenas intenciones.

Madagascar, como sus pares africanos, es víctima de la corrupción, que afecta la estabilidad del país y el buen gobierno. Los problemas de gestión, han llevado que el peculiar y único medio ambiente malgache esté en peligro, lo que afecta a un país eminentemente rural y una economía atada a la agricultura. Esto pone al país a merced de desastres naturales, variaciones de precios internacionales, variables que los gobiernos malgaches no pueden manejar y menos influir. La inestabilidad política se debe ante una economía que favorece a unos pocos y condena a la mayoría a la pobreza estructural.

La deuda externa, la imperiosa necesidad de inversores extranjeros para impulsar la economía, generan oportunidades para China, país menos remilgoso a la hora de concertar acuerdos. Este “soft power” ha permitido, incrementar la influencia de Pekín en sectores clave de la economía e incrementar su influencia política en el país. Algo que genera desconfianza en la población, que ha mostrado signos de oposición, dado las condiciones laborales que imponen las empresas chinas a los locales.

El futuro del país depende de revertir la destrucción del medio ambiente, impulsar prácticas sostenibles en la agricultura, generación de energía y expandir sus beneficios, y replantear el rol de la industria minera, impulsando mayor valor agregado. El país precisa carreteras, ferrocarriles, puertos y conexiones aéreas adecuadas, lo que facilitara el desarrollo equilibrado, como también atraer al turismo, una actividad que puede beneficiar a muchas poblaciones, afectadas por el desempleo.

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