dom. Jul 21st, 2019

Diario el Minuto

Medio Oriente y Norte de África. Un caldero a punto de explotar

La reciente crisis entre Arabia Saudita y Qatar, puso en evidencia las tensiones existentes en un vasto espacio geopolítico que va desde Pakistán hasta el Norte de África, extendiéndose hasta la franja Sahel Sahara, mas allá de la presencia de organizaciones terroristas, sino por la existencia de una verdadera lucha detrás de bambalinas, donde Arabia Saudita busca sin ninguna duda liderar el mundo árabe y exportar su visión del Islam.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El Minuto para Argentina

En este conflicto con connotaciones políticas, económicas, ideológicas y militares, las “petromonarquias” tienen como principal rival, al régimen de los ayatollahs de Irán, que busca de alguna manera atraer a la opinión pública chiita, generalmente oprimida por las elites sunnitas, con el claro objeto de cumplir con una vieja aspiración que viene de los tiempos del Sha, transformar a Irán en una potencia regional. En este contexto, encontramos a Israel, claramente interesado en que las divisiones árabes se profundicen, a fin de garantizar su propia supervivencia e imponer unilateralmente una paz o modus vivendi a los palestinos y no olvidemos a Turquia que inexorablemente va a posiciones cada vez más autoritarias y con una agenda exterior que tarde o temprano la llevará a confrontar con otros actores.

Catar o Qatar, es una franja de tierra, que gracias al petróleo y especialmente el gas, ha logrado amasar una importante fortuna, que le permitió a la casa reinante poner en práctica una agenda propia, que para disgusto de los sauditas, la abultada chequera catarí, le permitió financiar una activa política exterior, que incluyó la creación de una cadena de noticias, de proyección global, Al Jazeera.

Todo un éxito mediático. Esta “chequera” permitió construir una base para Estados Unidos – que es de vital importancia – y con capacidad para alojar a unos 6.000 efectivos. Las tensiones con las otras petromonarquias no son algo nuevo. En 2014 los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, retiraron sus embajadores de Catar, dado la agenda independiente de este país, que lo alejaba del régimen saudí a pesar de compartir muchos puntos en común: islamismo wahabita, monarquias absolutas, oposición a los régimenes laicos/seculares presentes en la región, y la postura hostil con Irán.  No obstante estas aparentes coincidencias, Catar de manera muy pragmática, dio un vuelco con su relación con Irán, y esto se relaciona con el drama de Siria.

La ira saudí sin ninguna duda se vincula con el apoyo catarí a los Hermanos Musulmanes, profundamente antisauditas. No solo apoyaron sus ramas en Egipto, sino la versión palestina – HAMAS – y la llamada “oposición” siria, nombre que cubre a una amplia gama de organizaciones terroristas ligadas al Qaeda.

Este vínculo lo transforma en un actor clave, como pasó con el secuestro del periodista estadounidense Peter Theo Curtis, secuestrado por el Frente al Nusra, la versión de al Qaeda en Siria. La intervención catarí fue clave, y mas allá de que Estados Unidos dijo que no iba pagar rescate, lo hicieron presuntamente los cataríes. ¿gesto de buena voluntad o ayuda encubierta al terrorismo? También en la liberación en 2014, del sargento Bowe Bergdahi, en manos de los talibanes por cinco largos años, a cambio de cinco prisioneros de Guantánamo, Catar estuvo presente, donde también expertos señalan que hubo varios millones de dólares puestos por el régimen de Doha para facilitar la transacción ¿Ayuda encubierta a los talibanes u oportunismo político para explotarlo frente a Estados Unidos?

La cadena Al Jazeera, perteneciente al estado catarí, ha tenido especial gravitación en la llamada Primavera Árabe, guardando sepulcral silencio lo que pasa puertas adentro en Qatar, donde los derechos humanos están ausentes en muchos aspectos, donde las denuncias por la explotación de los inmigrantes asiáticos bajo el sistema de kafala.  Como decía en la prestigiosa revista española Estudios de Política Exterior la internacionalista Julia Cadierno: El soft power catarí vende una realidad parcial y alternativa del país, pero su narrativa en política exterior ya no puede seguir ocultando el entramado de alianzas y estrategias que el país alimenta por debajo del mantel. Hoy, Estados Unidos pide ayuda a Catar para frenar el avance del Estado Islámico. Ojos que no ven… En el marco de este arriesgado juego, Catar ante el cambio de vientos en la guerra siria, especialmente con el golpe maestro dado por el presidente ruso Putin al intervenir abiertamente, los bandos que luchan contra el régimen del Baas sirio, no pueden imponerse, por lo tanto, el régimen de Doha decidió acercarse a Irán, dado que ambos países comparten en el Golfo Pérsico, una importante cuenca de gas. Los cataríes sin ninguna duda buscan una salida elegante del atolladero sirio y alcanzar mecanismos que garanticen equilibrios frente a Arabia Saudita que aspira ser una potencia regional con voz propia. 

Las protestas en contra del gobierno y la situación económica

El acercamiento con Irán fue considerado la gota que rebalsó el vaso y Riad pasó a los hechos. La presión fue sin ninguna duda importante. Arabia Saudita tiene objetivos claros en la región, la victoria de Damasco, es inaceptable, dado que esto fortalece la posición de Irán en la región,  a ello se une otro atolladero: Yemen, donde las fuerzas lideradas por Arabia Saudita, no han logrado imponerse y se enfrentan a la ayuda abierta de Irán que apoya los rebeldes houthies. Cualquier estado que negocie o llegue a un entendimiento con Irán es visto con una agresión directa a los intereses sauditas.

En este complejo juego ingresó Israel, que busca que Catar deje de apoyar al Hamas, que como hemos visto ideológicamente están enfrentados a los saudíes. La pérdida del apoyo financiero de Catar, sería una herida de muerte para dicho grupo terrorista. También en este drama aparece Turquía, donde Erdogan, con un poder robustecido, apoya a los cataríes con el envío de 2.000 soldados y ve con malos ojos la expansión saudita, contraria a sus propios intereses hegemónicos en la región.

Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, ha significado cambios en la política de “moderación” con Irán. Los fantasmas de la ayuda rusa para ganar las elecciones sin ninguna duda deben impulsar al flamante presidente a borrar cualquier sospecha y no dudó en cerrar multimillonarios contratos de venta de armamento avanzado a los saudíes y también con Catar, que cerró un jugoso contrato para la venta de decenas de cazas de última generación Boeing F 15 C. Ello indica que la base de Catar es clave para Estados Unidos y con esta jugada se busca que el polémico Emirato siga acercándose a Irán y tal vez sea una garantía encubierta frente a los sauditas.

Ello no impide la creciente tensión con Irán, más con el reciente atentado reivindicado por el Estado Islámico en dos lugares claves: el Parlamento y el mausoleo de Jomeini el padre de la Revolución, alimente situaciones más delicadas con los saudíes. El rearme saudita sin ninguna duda preocupa a los estrategas de Teherán, hábiles expertos en guerras asimétricas y en exportar “proxies”, que tan buenos resultados ha dado en el pasado y es posible con lo empleen en nuevos frentes.  Israel temeroso de nuevas acciones desestabilizadoras ha publicitado ejercicios de su brigada de comandos en Chipre, en zonas de montaña que recuerdan a las zonas donde operan las milicias del Hezbollah (con gran experiencia de combate gracias al frente sirio).

La implosión del Estado Islámico, sin ninguna duda llevará a que muchos terroristas regresen a sus lugares de origen o busquen otros lugares donde desarrollar su agenda extremista. Así vemos como franquicias en lugares tan distantes como Filipinas, Tailandia, Libia, Egipto (Sinaí) y en la propia Europa reivindican atentados atroces.  La expansión de la prédica extremista, lleva a regímenes en apariencia confiables para Occidente, a tolerar determinados discursos, como el del ministro de asuntos religiosos marroquí, que frente al parlamento señalo su preocupación por el proselitismo cristiano y chiita, exigiendo medidas para contrarrestarlo.

Las guerras étnicas y religiosas en Medio Oriente, India, África y los Balcanes

La especial hostilidad ante minorías cristianas y de musulmanes no sunnitas, como también de ramas tolerantes de esta confesión, pone en evidencia de una verdadera lucha teológica, donde se entremezclan muchos intereses. Una vasta región esta azotada por la violencia, que va desde la guerra civil siria, Irak que busca ser algo viable con la amenaza velada que Kurdistán iraquí de “estado de facto” busque ser un Estado reconocido internacionalmente, el crecimiento exponencial y ahora descontrolados de poderosos grupos terroristas, que encuentran en Libia un lugar para prosperar y expandirse; el frente afgano, un verdadero fiasco para Occidente; la creciente tensión entre Estados Unidos frente a Rusia y China, que se traduce en los campos de batalla del Medio Oriente; la escalada terrorista, la profunda desigualdad social en los países árabes, que se traduce en revueltas como la del Rif en Marruecos, tensiones crecientes, protestas violentas en otras ciudades del mundo árabe, a lo que cabe agregar una política exterior contradictoria de Estados Unidos, no hace más que transformar a una extensa franja que va desde el Norte de África hasta la frontera indo pakistaní en un lugar inestable y con una elevada posibilidad que estallen nuevos conflictos armados, y tal vez involucren a potencias regionales que buscan imponer sus propias agendas y aspiraciones hegemónicas. Sin ninguna duda un verdadero caldero que cada día toma mayor temperatura.

El sistema requiere que los trabajadores tengan una suerte de patrocinador o auspiciante local, generalmente su empleador, quien es responsable de su visa y estado legal. Esta práctica ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos por crear oportunidades fáciles para la explotación de trabajadores, pues muchos empleadores retienen los pasaportes y abusan de sus trabajadores con pocos riesgos de consecuencias legales.  El diario de The Economist, señaló en su oportunidad “Es improbable que el conjunto de los trabajadores migrantes mejoren hasta tanto se reforme el sistema kafala, pues los trabajadores están en deuda con los empleadores que patrocinan sus visas. El sistema bloquea la competencia local para trabajadores extranjeros en los países del Golfo.