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Mi Nombre es K’anka y No Soy Terrorista

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Cuando los medios convierten a la información como el fundamentalismo de la estupidez y sus contenidos logran una legión de adeptos, es hora de transformar a esa sociedad, más aún, si su sistema solo es generoso para pocos y perverso para muchos.

Por: Gary Ayala | Director de El Minuto en Perú.


“Ahora, ustedes los ricos, lloren y den alaridos por las desgracias que están por caer. Su riqueza está podrida y sus vestidos apolillados; su oro y su plata está como óxido, será testimonio contra ustedes y devorará sus carnes como fuego… el salario de los obreros que segaron sus campos y que no les pagaron, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos… han hartado sus corazones para el día de la matanza”.

Un texto como éste solo podría tener un rótulo: Subversión. Y una reacción justificada de parte del gobierno y los sectores aludidos sería: Captura del autor y adeptos, proceso inmediato y ejecución de pena máxima.

Cuando, Santiago, lo escribió era el año 56 d.C., luego fue presentado como el quinto capítulo en su carta evangélica del Nuevo Testamento. De hecho, él vivió bajo un régimen romano vertical y militarizado, su pueblo dedicado originalmente al pastoreo y al trabajo del campo tenía a la reciprocidad como base económica la cual vulneró el invasor con una política fiscal de altos impuestos que avivó la pobreza. Hubo válidos motivos de rechazo.



Si el duro mensaje, semejante a panfleto de lucha política, apuntaba a un fin más allá de lo terrenal, el tema social estaba inmerso porque remecía al poder predominante. Durante tres siglos, los seguidores de Jesús fueron ilegales, peligrosos y herejes. Miles fueron torturados y muertos con la bendición del dios Apolo hasta que el imperio decidió admitirlos e incluso convertirse a dicha fe.

Hoy, nadie acusaría a un auténtico cristiano, como subversivo.

Una Génesis Social

Decir “subversión” (Latín subvertor: Voltear) se refiere a revertir un orden formal, principalmente político, pero puede ser moral. En síntesis, es luchar contra una autoridad, Estado o una dimensión cultural. Propone un cambio sustancial. El terrorismo (Latín terror: Temblor; luego francés terreur: Miedo intenso) es la acción violenta contra personas y sedes con el objetivo específico de generar pánico para después lograr un objetivo final de poder político, religioso, económico, racista, revolucionario, entre otros.

La palabra “Terrorismo”, se mencionó por primera vez en la revolución francesa (1789-1799) cuando los jacobinos, impulsores de la república y opositores de la monarquía, consolidaron la Constitución de 1793 en cuyos tres primeros artículos decretaron:

1° El fin de la sociedad es la felicidad común. El gobierno se instituye para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles. 2° Estos derechos son: Libertad, igualdad, seguridad y propiedad. 3° Por la naturaleza y ante la ley, todos los hombres son iguales.

Este grupo, liderado por Maximilien Robespierre (decapitado por la burguesía girondina) ejecutó una radical eliminación de sus rivales (al propio rey Luis XVI) cuando dominó la Asamblea Nacional Legislativa por lo cual los monárquicos les denominaron terroristas (por terrorismo de Estado). No obstante, el grupo defendió la democracia como sistema, el sufragio universal, los derechos del trabajador y el derecho a la educación.

Hoy, nadie acusaría a un jacobino que defiende al Estado democrático, como terrorista.

Mitos y Terrorismo

“Es más seguro ser temido que amado” Nicolás de Maquiavelo (1513). Un legado vigente.

Thomas Jefferson, (1743-1826), autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de N.A., y defensor de la república ante el imperialismo británico, declaró: “El árbol de la libertad debe ser refrescado de tiempo a tiempo con la sangre de patriotas y de tiranos” (Tiranicidio: Derecho del ciudadano de matar al gobernante tirano. Origen: Antigua Grecia y explicado por Tomás de Aquino, 1225-1274). Jefferson, no fue terrorista.

Para Karl Marx (1818-1883) las estructuras socioeconómicas vigentes eran inhumanas. Dijo: “El hombre es para el hombre, el ser supremo”, y se deberían “echar por tierra todas las relaciones donde el hombre sea un ser humillado, abandonado y despreciable”. Pero su teoría de lucha de clases provocó una contraviolencia ya que el sector dominante no aceptará perder status y privilegios ante una hoja escrita. Marcó un estigma de violencia.

Irónicamente, diversos personajes y comunidades fueron acusados de violentistas. Adolfo Hitler (1889-1945) acusó de terroristas a los judíos polacos que luchaban por su vida en Varsovia. Nelson Mandela (1918-2013) hombre de ideal marxista premiado con el Nobel de la Paz fue llamado terrorista por el régimen del apartheid en Sudáfrica. El movimiento independentista de Argelia, iniciado por el Frente de Liberación Nacional con Ben Bella en 1954 y concluido en 1962, fue tildado de terrorista por los colonialistas franceses.

Después de la 2da. Guerra Mundial, EE.UU., creó la Doctrina de la Seguridad Nacional para instruir a cada fuerza armada latinoamericana en el bloqueo al comunismo. Implementó la Escuela de las Américas en Panamá donde hubo adiestramiento en inteligencia, combate militar, espionaje, interrogatorio y contrainsurgencia, entre otros. Muchas denuncias por terrorismo de Estado y violación de derechos humanos hubo bajo esta política exterior.

Asimismo, los gobiernos de Cuba y EE.UU., desde el triunfo revolucionario de Fidel Castro en 1959, han sostenido mutuas acusaciones de acciones terroristas negadas por ambos.

Las Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo -nominadas al Premio Nobel de la Paz- fueron acusadas de terrorismo por reclamar el paradero de sus hijos y nietos desaparecidos, secuestrados y muertos durante el periodo de dictadura en Argentina (que duró entre 1976 y 1983).

Muchos más casos ocurren en el mundo donde el término “Terrorismo” se utiliza con frecuencia, por ejemplo en el Medio Oriente. La intervención armada de fuerzas del gobierno, grupos teocratizados y fuerzas extranjeras invasoras generan esta calificación muy usual de parte de quienes resultan ser el blanco.

Encrucijada peruana

El campo empobrecido y carente de Estado, el ande con tradición feudal y postrado por el analfabetismo fue el escenario elegido por el grupo terrorista Sendero Luminoso (SL) para irrumpir. La quema de ánforas, aquel 17 de mayo en las elecciones generales de 1980 en Ayacucho, iniciaría más de 20 años de extrema violencia en el Perú con un saldo de 70 mil muertos. El mesiánico líder, Abimael Guzmán Reynoso, quien proclamaba al marxismo-leninismo-maoísmo-mariateguismo como fuente, fue un stalinista en la práctica.

Los más perjudicados fueron los humildes pobladores, pues, casi el 80% de las víctimas hablaban el idioma quechua, además, el número de muertos en relación campo-ciudad fue de 5-1. Sendero, infiltró universidades nacionales, escuelas rurales y organizaciones populares, eliminó autoridades oficiales y comunales en muchos lugares alejados. Sus actos criminales en ciudades como Lima constituían mensajes de predominio en el país.

La Comisión Vargas Llosa -que investigó el asesinato de ocho periodistas el 26 de enero de 1983 a manos de comuneros en Uchuracay, Ayacucho, quienes los confundieron como terroristas- estremeció a los peruanos cuando concluyó que hallaron dos países: El Perú oficial y el Perú profundo, una realidad “descubierta” después de 162 años de república que explicaba muy bien el origen de la violencia social.

A finales de 1989, luego de diez años de terrorismo, el Estado peruano comprendió que las rondas campesinas eran la unidad territorial estratégica para defender la seguridad interna y el orden democrático. De este modo, en Ayacucho, se inició la entrega de armas a los Comités de Autodefensa. Las condiciones contra el vil enemigo mejoraron.

La aparición del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en julio de 1984 bajo el liderazgo del ex aprista, Víctor Polay Campos, sumaría el número de muertos con nuevas 1039 víctimas. Además, lograría resonancia mundial cuando 14 miembros capturaron la residencia del embajador de Japón con 800 personas (17 de diciembre, 1996) y tuvieron a 71 rehenes durante 126 días hasta que ellos fueron liberados y los terroristas abatidos.

El terrorismo retornó al país el 2021 pero en versión coloquial luego del 11 de abril con Pedro Castillo Terrones y Keiko Fujimori Higuchi en segunda vuelta electoral.

En este contexto, determinados mitos se visibilizaron contra Castillo, tales como: Incompetencia del hombre de campo, satanización por filiación política, amenaza de calcar al país llanero, perpetuidad en el poder tipo Corea del Norte, insuficiente imagen ante el ámbito internacional y otros conejos sacados del sombrero.

Muy importante es señalar que el hábitat campestre brinda ventajas para conocer el valor de la agronomía, el impacto integral de las operaciones mineras en la naturaleza, el ciclo de ascenso sociocultural del campesino en el siglo XXI, sobretodo, la noción real del sostenimiento familiar con un presupuesto semejante al de millones de peruanos.

Sobre el cuestionamiento por filiación política, la ley de Organizaciones Políticas y toda la normatividad del Jurado Nacional de Elecciones establecen las reglas para participar en elecciones. Las organizaciones que participaron tienen el respaldo del Estado de Derecho.

Mirar a Venezuela es hablar de EE.UU. En Perú no existe la reserva petrolera ni su misma distancia geográfica para los barcos transportadores del crudo. El régimen de Maduro ya no tiene un respaldo ideológico, es un pragmatismo de sobrevivencia. Imposible imitarlo.

Se acusa a Castillo de pretender implantar otra Corea del Norte y se olvida que en ese país se aplica la mentalidad asiática de la dinastía familiar: Los Kim, lo cual pretenden en Perú los Fujimori (hijos sin trayectoria profesional ni mérito social pero que reclaman un trono).

El comentario sobre una austera imagen del profesor Castillo ante el sofisticado mundo debe recordar al ex ejecutivo del Banco Mundial, banquero, empresario y consultor transnacional, Pedro Pablo Kuczynski, cuando en visita a EE.UU., como presidente en el 2017, declaró que “América Latina, pues, es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”. Una expresión de degradante vasallaje.

La desmitificación es necesaria para la salud mental, no significa necesariamente un endose de voto político por alguien, ciertamente, simboliza el respeto por la verdad.

Decidir entre un maestro de escuela sin antecedentes inhabilitadores y una persona con pedido de 30 años y diez meses de cárcel por delitos de delincuencia organizada, lavado de activos, obstrucción a la Justicia, fraude en procedimientos administrativos y falso testimonio -incluido el esposo, Mark Vito- es un acto de conciencia. Quince mil páginas de expediente respaldan el trabajo de más de 26 meses de un equipo especializado.

El Bicentenario de la independencia nacional es un gran momento para conmemorar a las generaciones de peruanos anónimos que construyeron la nación con sudor y sangre, para articular aquella estirpe con los jóvenes defensores de la democracia en las calles, con los emprendedores del país que crean desarrollo y con quienes cultivan la decencia. Sobra el menoscabo, en cambio, el hijo del histórico mestizaje con autoridad moral puede gritarlo: “Mi nombre es K’anka y no soy terrorista” (K’anka en quechua: Hombre grande).

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