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Monte Chingolo. La última batalla de la guerrilla en Argentina

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En la Navidad de 1975 el grupo terrorista denominado Ejército Revolucionario del Pueblo.

En la Navidad de 1975 el grupo terrorista denominado Ejército Revolucionario del Pueblo, pasó a la acción a gran escala en escenarios urbanos, luego de su derrota de la experiencia de insurgencia rural en la provincia de Tucumán, en el norte de Argentina.


Por: Jorge Suárez Saponaro | Director del Minuto en Argentina.


La aventura de atacar el batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno” ubicado en el Gran Buenos Aires, fue el canto del cisne para la rama militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores, responsable no solo de ataques a bases militares, policiales, u otras instituciones del Estado, sino de secuestros extorsivos o de crímenes que conmovieron al país en aquellos aciagos días, como el secuestro y muerte del coronel Larrabuere.



La Argentina, como el resto de América latina no estuvo exenta de la violencia que asoló la región entre los 60-70. En el marco de esta violencia que se debía a múltiples causas, se agregó una serie de regímenes militares, que de manera draconiana y al margen de la ley, respondieron al accionar de grupos armados ilegales.

Argentina tuvo varias organizaciones, de variada complejidad y organización, destacándose entre ellas el Partido Revolucionario de los Trabajadores, creado en 1965 como resultado de la fusión Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), movimiento indoamericanista liderado por Mario Roberto Santucho, y Palabra Obrera, agrupación trotskista liderada por Nahuel Moreno.



Movimiento indoamericanista liderado por Mario Roberto Santucho, y Palabra Obrera.


En esos momentos estaba el gobierno constitucional del Dr Illía. En 1968, en el IV Congreso de esta organización, la rama troskista, se separó y creó el PRT La Verdad, mientras que la rama leninista, liderada por Santucho, creó el PRT Combatiente, vislumbrándose el objetivo de iniciar acciones armadas. Recordemos que en 1959, Cuba se deshizo del dictador Fulgencio Batista de la mano de la Revolución liderada por los hermanos Castro, donde también sobresalía un argentino, el Dr Ernesto “Che” Guevara, que terminaría sus vidas muerto en el monte boliviano, en un vano intento de crear una guerrilla al estilo “Sierra Maestra” en el corazón de América del Sur.

El Mayo francés de 1968, los procesos políticos progresistas en el Tercer Mundo, la aventura del Che en Bolivia, la Revolución Cubana, sin ninguna duda fueron fuente de inspiración para revolucionarios locales, o por lo menos aspirantes a serlo. El contexto político argentino alimentaba estos sueños. Desde la caída del peronismo en 1955, de la mano de un golpe de estado (Revolución Libertadora), terminó con el exilio de su liderazgo, el general Perón y su partido político proscrito. Esto desencadenó una dura lucha sindical, inestabilidad institucional, y golpes de Estado. En este contexto, muchos consideraron que la Argentina estaría en condiciones de un cambio revolucionario.

La prohibición del peronismo, favoreció a que muchos cuadros radicalizados, se introdujeran en bases gremiales, organizaciones sociales y elementos de la llamada “resistencia peronista” con el claro objetivo de “copar” o controlar ideológicamente al movimiento peronista, desde la izquierda radicalizada.

En los primeros tiempos, antes de nacer el PRT ERP, el FRIP, sus dirigentes hicieron un análisis de una realidad del país en los 60, considerando que el país estaba en una situación semi colonial y pseudo industrializada, creando una importante masa proletaria rural y urbana descontenta. Las luchas sindicales que incluían tomas de fábricas, fue interpretada como un método de lucha revolucionaria, a ello se unía la crisis de la industria azucarera, con una grave situación social por detrás, que venía desde lejos en el Norte argentino.

Esto llevó a razonar que el modelo revolucionario, era el insurreccional, tomando nota del pensamiento de Lenin. El liderazgo del FRIP consideraba que uno de los obstáculos a su estrategia, era la poderosa burocracia sindical, peronista, que tenía una fuerte inserción en las clases obreras urbanas.



Ellos veían este fenómeno, por la ausencia de un partido revolucionario, En una de sus “tesis” dice la inexistencia de un partido revolucionario capaz de someter la lucha económica a una lucha política revolucionaria, capaz de llevar al proletariado a superar las limitaciones de las reivindicaciones puramente económicas, también ha favorecido el fortalecimiento de la burocracia” . En los primeros tiempos, el debate fue intenso, sobre la tesis insurrección general y el de apostar a una “guerra popular prolongada”. Finalmente se impuso la idea de Mario Santucho, de lanzar la lucha armada en lo inmediato de la mano de un ejército revolucionario, que iría creciendo a lo largo del tiempo, como consecuencia de la lucha. Teóricamente la Argentina iría a una guerra civil, el caos abría posibilidad para la toma del poder.

En uno de los documentos del PRT La revolución argentina es socialista y antiimperialista, es decir, permanente;

2) […] La clase obrera y el pueblo deberán librar una guerra prolongada para derrotar a la burguesía y al imperialismo e instaurar un gobierno revolucionario, obrero y popular;

3) la revolución es obrera y popular por su contenido de clase, por ser el proletariado industrial su vanguardia y por ser sus aliados la pequeño burguesía urbana en todo el país y el proletariado rural y el campesinado pobre en el norte;

4) dado el carácter de clase y el carácter armado de la revolución éste requiere ser dirigida por un partido y un ejércitos revolucionarios; 5) en su primera etapa la lucha armada será esencialmente guerra civil y se irá transformando paulatinamente en guerra nacional antiimperialista;

6) por varios motivos la guerra tendrá carácter prolongado […];

7) […] la guerra revolucionaria tomará un carácter cada vez más regional y continental 8) en esta etapa de la revolución mundial y continental para el triunfo de la revolución en Argentina se requerirán un fuerte partido y ejército revolucionario, la incorporación masiva de la clase obrera y el pueblo a la lucha revolucionaria, la extensión continental de la revolución y una crisis total del imperialismo a escala mundial”.

No cabe duda que esta gente estaba fascinada por lo ocurrido en Argelia, Vietnam, Cuba, pero su apreciación de la realidad, muy sesgada por el sectarismo ideológico, impedían ver la inserción del peronismo en los sectores obreros de las grandes aglomeraciones urbanas, y un Estado que a pesar de la inestabilidad y los golpes, era sólido y tenía herramientas de sobra para devolver con fuerza el golpe que pretendían dar. La proscripción del peronismo, la existencia de una “resistencia” que tuvo connotaciones cuasi insurreccionales, hasta de alguna experiencia guerrillera, sin ninguna duda creaba condiciones para que quienes aspiraban a crear un “ambiente revolucionario” podría aprovecharse. Así nació el llamado “entrismo” o infiltración de organizaciones peronistas por parte de la izquierda radical, pero eso es otra historia.

Un historial de violencia

Desde los primeros tiempos, el ERP, se lanzó a distintas acciones armadas, que iban desde asaltos a bancos para obtener recursos, a dependencias policiales para obtener armamento, hasta el asesinato selectivo, que tenía una doble función, por un lado endurecer a los combatientes y por otro lado, mostrar la vulnerabilidad de policías y militares.

Las acciones armadas se combinaban con propaganda política, participación activa en desórdenes, huelgas, tomas de fábricas. La escalada de violencia, pasó a otro plano, que incluyó el asesinato político, con la muerte de importantes figuras del sindicalismo, funcionarios judiciales, ex ministros, el secuestro extorsivo de empresarios (como el caso del gerente de Fiat Argentina, Oberdan Sallustro en 1972, que terminó siendo asesinado), personalidades diversas (el caso del periodista del diario El Día, David Kraiselburd en 1974, luego asesinado), atentados contra bienes del Estado, toma temporaria de localidades, estaciones de radio.



Periodista del diario El Día, David Kraiselburd en 1974, luego asesinado.


En este proceso de crecimiento y consolidación, el PRT ERP fue articulando una red de inteligencia, logística y de presencia territorial. Es sabido que muchos integrantes de las organizaciones armadas recibían instrucción en Cuba, había un intercambio con organizaciones similares en la región. El PRT ERP llegó a ser una organización disciplinada, bien organizada, que le permitió expandirse en un período de tiempo que va desde 1965 a 1975 expandirse de 300 miembros a 5.000 entre los integrantes del aparato político, propagandístico y militar.. En este tipo de organizaciones esas fronteras siempre son difusas. A ello se suman unos 20.000 simpatizantes, como señalan algunos estudios académicos.

El órgano de difusión del PRT, Estrella Roja, llegó a tener una tirada mensual de 54.000 ejemplares, mientras El Combatiente, una revista quincenal vendió en el período de legalidad del PRT en los meses de 1973, unos 21.000 ejemplares. No cabe duda que la organización tenía una estructura bien articulada de propaganda y difusión.

El ERP fue protagonista de hechos emblemáticos, como el secuestro y muerte del mayor Argentino del Valle Larrabure, subdirector de la Fábrica Militar de Explosivos de Villa María (Córdoba) en 1974.



El ERP fue protagonista de hechos emblemáticos, como el secuestro y muerte del mayor Argentino del Valle Larrabure.


El objetivo era aparentemente la transmisión de conocimientos sobre armas y explosivos, no obteniendo el resultado, el citado militar estuvo un año secuestrado sometido a condiciones atroces, para luego ser asesinado por medio del estrangulamiento.

El no respetar determinadas reglas, tenía como objetivo exacerbar ánimos y buscar el enfrentamiento tan esperado con las Fuerzas Armadas. En pleno gobierno constitucional (1973-76) el ERP siguió con su “agenda” dado que existía un pleno convencimiento de su liderazgo que la revolución sería por las armas. Los ataques a unidades militares se incrementaron, destacándose el ataque, en 1974, al Regimiento 10 de Tiradores Blindados de Azul, donde fueron asesinados su jefe (coronel Gay) y su esposa (Nilda Irma de Gay).

En este tiempo operaba una unidad de guerrilla rural en la provincia de Tucumán, la gran aspiración del líder del PRT, Santucho. Desde allí se buscó atacar el regimiento 17 de Paracaidistas en la vecina provincia de Catamarca, intento fallido, dado que fuerzas de policía y el Ejército, cercaron y eliminaron a los guerrilleros del ERP. El resultado de este incidente, llevó a la conducción del ERP a asesinar como represalia, a oficiales del Ejército. Destacándose la muerte a balazos del capitán Viola y su hija de tres años. Otro hecho que estremeció a la Nación.

La aventura de crear una guerrilla en la provincia de Tucumán, tenía que ver con la lectura que había hecho la conducción del PRT ERP de la situación social y política de la provincia. El aislamiento geográfico y el nulo apoyo de la población, fue una sentencia de muerte para aquella aventura.

La respuesta del gobierno de Estela Martínez de Perón (la viuda a sazón de vicepresidente sucedió al veterano líder en julio de 1974 tras su muerte).



Estela Martínez de Perón.


El ERP jugó a la fantochada de crear zonas liberadas (durante unos meses la unidad rural del ERP controlaba un tercio de la provincia), izar la bandera del partido, arengar a la población y de cometer excesos también, como el fusilamiento de dos baqueanos que habían servido de guía a personal de Policía Federal y Ejército.

Además del ya citado asesinato del capitán Viola y su hija. La llamada “Compañía Ramón Rosa Jiménez” fue cercada por la V Brigada de Infantería del Ejército, con participación de fuerzas federales, fue rodeada, y creándose una suerte de “telaraña” los guerrilleros fueron cercados. Era el principio del fin.

El gobierno peronista de aquel momento había firmado un decreto ordenando el aniquilamiento del accionar subversivo. Esto habilitó a las Fuerzas Armadas a intervenir ante la escalada de violencia protagonizada por dos grupos principales, Montoneros y el PRT ERP.

En este contexto, cabe recordar que desde el Estado también se patrocinó la ilegalidad en la respuesta a la crisis de seguridad, con la llamada Triple A, organización de ultraderecha ligada al siniestro ministro de Bienestar Social, López Rega, que se dedicó a eliminar a sectores de izquierda.

Monte Chingolo. El acto final

El PRT ERP había perdido cuadros que eran de buen nivel para su aparato militar. Sin ninguna duda era preciso demostrar que todavía el grupo contaba con capacidad operativa, un mensaje al gobierno, a fin de poner en evidencia de que la operación militar en Tucumán y también a sus propias filas, para elevar su moral. La pérdida de material de guerra, implicaba la necesidad de robarlas de un depósito militar. Muchos observadores consideraron una locura, pero desde el punto de vista político, especialmente puertas adentro del PRT ERP tenía su lógica. Era una apuesta arriesgada, pero si tenía éxito, podría contar con material que le permitiera seguir llevando a cabo acciones terroristas en áreas urbanas con mayor intensidad.

La operación sobre el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, de la localidad del conurbano bonaerense de Monte Chingolo, consistió en una operación conjunta con la organización Montoneros. Diversos medios indican que el ERP no logró reunir más de 120/150 efectivos de diversas compañías y el batallón de guerra urbana “José de San Martín”. El planeamiento estableció que el ERP sería responsable de la toma del Batallón y captura del material existente (se estimaba en 900 fusiles FAL 6 cañones antiaéreos, 15 cañones sin retroceso, etc, unas 20 toneladas de material).

Los Montoneros, con 200 efectivos bloquearían accesos clave entre la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, ejecutarían maniobras de diversión atacando unidades policiales y del regimiento de infantería 7 de La Plata, además de otras acciones, destinadas a retardar el auxilio a la unidad asediada.

Integrantes del ERP habían organizado un puesto de venta cercano al objetivo, en el marco de la cercanía de las fiestas navideñas (era diciembre de 1975), con la misión de realizar inteligencia táctica en la zona. Semanas anteriores, un informante de inteligencia conocido como “El Oso” siendo su nombre real, Jesús Ranier Abrahamson, agente que había pertenecido al grupo Fuerzas Armadas Peronistas, reclutado por la inteligencia militar, se infiltró en el PRT ERP.

Este personaje alertaría el ataque a Monte Chingolo. No vivió para contarlo. Luego del fracaso de Monte Chingolo, Santucho ordenó una investigación. Finalmente “El Oso” fue descubierto, secuestrado, interrogado y muerto por envenenamiento. Su cuerpo apareció en el Gran Buenos Aires, en enero de 1976. A pesar que existía una alerta, el ataque a Monte Chingolo fue de gran intensidad, demandó el despliegue de importantes fuerzas para poder restablecer el control del Batallón asediado.

El 23 de diciembre comenzó el ataque. Montoneros cortó los puentes que conectan la Ciudad de Buenos Aires con el Gran Buenos Aires (en la zona sur de la ciudad linda con el río conocido como Riachuelo), además de bloquear arterias claves de acceso al Batallón, como el Camino general Belgrano, Camino de Cintura y Avenida Pasco. Estaban apostados combatientes con poder de fuego y francotiradores.

Las acciones desarrolladas incluyeron incendios de locales comerciales, barricadas, micros volcados y también incendiados, hostigamiento y tiroteos. A las 18.50, cuando un soldado conscripto comenzaba a cerrar el portón de acceso a la salida de un vehículo proveedor, este es embestido por el ERP.

Ingresaron en el asalto unos 55 efectivos de la dicha organización Rápidamente personal de guardia, más preciso el puesto de radio, solicitan refuerzos y avisan del ataque. Este objetivo era clave para los terroristas del ERP, para anular las comunicaciones con el exterior del batallón. Un aguerrido suboficial, el sargento Astirmes repelió los intentos de derribar la antena de radio por parte de dos vehículos del ERP.

Este fue luego muerto por los terroristas, luego de su enérgica defensa. En el acceso a la guardia el soldado Roberto Caballero, muere combatiendo duramente ante los intentos de tomar la cabina de radio. La situación era crítica, dado la presión ejercida, el ataque se ejecutó desde distintos puntos del batallón, lo que dificultaba sin ninguna duda concentrar el esfuerzo en la defensa de un solo objetivo.

El comando operacional fue asignado al general Albano Harguindeguy, quien tuvo a disposición elementos de los regimientos de infantería 1, 3, 7, escuadrón blindado 10, unidades móviles de Gendarmería Nacional, hasta del batallón 3 de infantería de marina con base en La Plata. La respuesta enérgica del personal del Batallón de Arsenales, impidió que sectores clave del mismo fueran capturados.

El ERP estaba cercado en el Batallón, y dado la imposibilidad de tomarlo, Montoneros decidió replegarse, buscando confundirse en barriadas pobres del Conurbano. La población denunció dicho comportamiento.

La Policía provincial intervino, librándose nuevos choques armados, tiroteos, generando muchas bajas en Montoneros. Finalmente para el 24 de diciembre, casi al anochecer todo había terminado. 20 horas de duros combates, terminaron con la muerte política y militar del ERP.

El saldo fue una decena de personal militar y policial muerto, y una treintena de heridos. Además de cuantiosos daños materiales. Las bajas de ERP/Montoneros, fueron numerosas, se estima en más de dos centenares. Una verdadera acción suicida.

Queremos destacar un aspecto, donde murieron soldados rasos como en muchos ataques a cuarteles militares. El caso del soldado Caballero, que había ingresado al ejército de manera voluntaria, dado que por ser hijo varón de madre viuda, estaba exento de cumplir con el servicio militar obligatorio. Esta historia fue conocida por este corresponsal en un programa radial de FM Cultura, cuando citamos la muerte trágica de este joven.

Final

El PRT ERP fue una organización que al poco tiempo derivó en terrorismo. Su escalada de violencia, vino en pleno gobierno constitucional (1973-1976), con secuestros seguidos de muerte, ataques a unidades militares, actos terroristas diversos, alcanza su paroxismo los meses de 1974-1975. En esta etapa la organización cuenta con el mayor número de integrantes y simpatizantes. La peculiar lectura de la situación social, de pobreza estructural en Tucumán, junto a las características de la zona, llevó a crear una unidad de combate rural.

Santucho hizo una lectura errónea en el plano militar, dado que creyó que con apenas un centenar de guerrilleros dispersos en el monte tucumano, aferró una brigada, con una fuerza guerrillera de mayor magnitud, creía que movilizaría a todo el Ejército, dando paso a una escalada mayor en las ciudades, donde las fuerzas policiales, estaban sobrepasadas por la violencia de aquellos años. Los servicios de inteligencia habían infiltrado la organización, la población le daba la espalda y estaban en un área donde las posibilidades de replegarse, eran muy escasas, era cuestión de tiempo, que la aventura rural terminara en desastre.

El Estado respondió y en pocos meses, la compañía de combate rural era historia. Años después se supo que el ERP tenía la idea de ser reconocido como fuerza beligerante, lo que los hubiera obligado a respectar la Convención de Ginebra, algo que nunca hicieron, a pesar de considerarse un “ejército”.

La visión sectaria de la realidad, dogmatismo y una clara imposibilidad de reconocer que la sociedad argentina no tenía ningún interés de apoyar al PRT ERP, los dejó aislados en su espiral de violencia. Siendo el capítulo final el ataque del Batallón de Arsenales de Monte Chingolo, siendo el réquiem de esta organización, que subsistió un tiempo, hasta que su conducción logró huir al exterior (los que sobrevivieron tanto a la lucha armada como a la respuesta represiva del Estado).

La escalada de violencia durante el gobierno de la Sra Martínez de Perón, puso en evidencia una clase política que era incapaz de dar una respuesta adecuada, sino más bien que su respuesta fue tardía y errática. El decreto que ordenó el aniquilamiento del accionar subversivo, o sea la directiva estratégica militar, fue dictado sin definir una clara estrategia nacional. Un completo acto de improvisación, que tuvo consecuencias muy negativas para el país. Su falta de responsabilidad por parte de la dirigencia nacional en aquellos tiempos aciagos, creó las condiciones para el golpe de 1976, con sus consecuencias para la Argentina.

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