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Nagorno Karabaj: La lucha por la “montaña sagrada”

El Minuto | Armenia ha sido noticia las últimas semanas, dado los incidentes armados con Azerbaiyán. Desde la guerra de 2020, donde Bakú recuperó los territorios ocupados por los armenios en los 90, existe una tensa paz. Rusia mantiene una fuerza de pacificación. Ello no impidió que en septiembre ambos bandos reportaran medio centenar de muertos en combates fronterizos. La postura irreductible de las partes, y la existencia de intereses extrarregionales, convierten al enclave de Nagorno Karabaj, o Artsaj, para los armenios, sea un conflicto que al parecer no tiene solución en el mediano plazo.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro |  Director de Diario El Minuto para Argentina

La región de Artsaj o Nagorno Karabaj, formó parte del antiguo reino de Armenia, que existió entre los años 585 y 190 a. C. En dicho período, el reino armenio, tuvo momentos de independencia como estar sometido al imperio medo, persas y luego los griegos.  Desde el 190 a.C. hasta el 66 a.C, es un período de esplendor para Armenia, que extiende sus dominios más allá del Cáucaso. Bajo dominio romano, Armenia conservará su autonomía. Las tierras de Nagorno forman parte del territorio armenio.  En el siglo III d.C. fue objeto de disputas entre persas y romanos. Finalmente, en el siglo IV, más precisamente en el 387, el antiguo reino, fue dividido entre los imperios romano y persa. Bajo los persas subsistirá un rey vasallo, que fue reemplazado por un funcionario persa. Durante el dominio sasánida, las regiones que formaban parte del antiguo reino de Albania, fueron asimiladas por los armenios y cristianizadas. Los iraníes habían incluido al territorio de Artsaj en la provincia de Arrán, que incluía en antiguo reino de Albania Caucásica.

La conquista árabe significó la incorporación de los territorios de Georgia, Armenia y Albania Caucásica, en la provincia de Armenyia. En el siglo X, el debilitamiento del imperio árabe, abrió las puertas para una nueva etapa de Armenia independiente de la mano de los Bragátidas. En Nagorno o Artsaj, los los descendientes de los Arranshahik, antiguo linaje armenio, fundaron dos reinos, destacándose el de Khachen, mientras en territorio de Utik, antigua provincia de la Armenia pre romana, cayó en manos del emirato islámico de Ganja. Los Bragátidas ejercieron influencia y lograron imponer en determinados períodos el vasallaje de estos estados islámicos como cristianos. En el 1045, los bizantinos conquistaron Armenia.

En 1071, los turcos selyúcidas derrotaron a los bizantinos en la célebre batalla de Manzikert. Armenia y gran parte del Cáucaso sur, caen en manos turcas. En la zona montañosa de Artsaj Khachen, sobreviven enclaves armenios independientes. La presencia de tribus turcas significó que las antiguas tierras de Albania Caucásica sean islamizadas, con fuertes influencias árabes y persas.

La invasión mongola provocó el caos en la región y la destrucción de Georgia, Armenia y los emiratos musulmanes Shirvan y Ganja. El área de Khachen, conservó su estructura e identidad durante siglos de presencia mongola y persa. La región entre los siglos XVI y XVII, se vio azotada por las guerras entre los imperios persa y otomano, que diezmó la nobleza armenia local.

En el siglo XVII, bajo los safávidas persas, el Cáucaso sur fue dividido en una serie de kanatos, con gobernantes musulmanes hereditarios, súbditos del sha. En el siglo XVIII se consolidaron cinco familias nobles armenias, gobernando una serie de distritos Khachen Central, Dizak, Gulistan, Varanda, e Jraberd. Estos meliks, como fueron denominados estos gobernantes de dichas áreas, tuvieron una amplia autonomía. Los persas al reorganizar el gobierno de Cáucaso, crearon el kanato de Karabaj, pero el llamado Alto Karabaj o Artsaj, siguió con sus propios gobernantes y amplia autonomía política.

En 1750 a raíz de una crisis dinástica en el distrito de Varanda, desencadenó la intervención directa de los persas.  Panah Ali, gobernante de Karabaj, fue llamado por nobles armenios locales al Alto Karabaj, instalándose en la fortaleza de Sushi, donde ocupó los distintos distritos armenios, incluyendo Khachen, Gulistán, etc.  En 1763, su hijo Ibrahim mantuvo una política, que generó resistencia entre los señores armenios, que buscaron el apoyo ruso. 

Las campañas de conquista del Sha Agha Mohammed Khan de Irán, entre los años 1795-97, fundador de la dinastía Qajar, obligaron a numerosos armenios a emigrar, que facilitó que varias regiones del Cáucaso Sur fueran pobladas por albaneses caucásicos islamizados, turcos, persas, especialmente en el norte, este y sudeste del Alto Karabaj, en el Bajo Karabaj, pero lo que hoy es el enclave de Artasaj o Nagorno Karabaj, siguió siendo mayoritariamente cristiano y armenio.

Esto surge de la misma documentación histórica otomana, persa, georgiana y rusa.  En 1801, Rusia conquistó el reino georgiano de Kartli-Kakheti. En 1804 estalló una guerra entre Persia y el imperio zarista, por el territorio de Ganja, que los rusos consideraban parte del reino georgiano. En 1813 por el Tratado de Gulistán, Rusia, no solo se quedó con el citado territorio, sino con los distritos de Ereván y Najicheván.

La abolición de los principados armenios por parte de los persas y su anexión a la provincia de Karabaj, en 1822, llevó a una nueva guerra con Rusia.  En 1828 por medio del Tratado de Turkmenchai, Moscú se quedó con Ereván y Najicheván, dando origen a la provincia de Armenia. Nagorno Karabaj, a pesar de ser mayoritariamente armenia quedó agregado a la Gobernación de Elisavetpol. La presencia de azeríes siempre fue minoritaria y como queda en evidencia.

Artsaj, siempre fue un espacio de mayoría armenia.  Azerbaiyán, ha sostenido sus derechos sobre Nagorno Karabaj, al buscar una conexión histórica con el extinto reino de Albania y los albaneses caucásicos. Esta construcción, tiene que ver con los nacionalismos del siglo XIX y la búsqueda de una identidad nacional. Sin ninguna duda, la política de “divide y reinarás” aplicado por los imperios que ocuparon la región del Cáucaso Sur, ha tenido bastante que ver con los conflictos del presente.

La caída del imperio zarista. Primera Guerra Mundial y los sueños de una Armenia independiente.

En 1905 estallaron violentos disturbios en Sushi y Bakú, entre armenios y azeríes. El Zar Nicolás II, ordenó el cierre de escuelas armenias y confiscación de bienes, en el marco de ahogar el creciente nacionalismo. Esto desencadenó un conflicto armado, donde estuvieron presentes pogromos contra azeríes y armenios. Los armenios lograron imponerse y los rusos, para evitar males mayores, abrieron las escuelas y devolvieron los bienes armenios.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, el panorama político regional, encontramos a los los Mencheviques (socialdemócratas) entre los georgianos, los Dashnaks entre los armenios y el Musavat (Igualdad), pan turco y con presencia azerí.  El Cáucaso fue un teatro de operaciones secundario, donde libraron sus batallas los ejércitos ruso y otomano. La región se vio afectada con la Revolución de 1917, que abrió las puertas a un período de caos e inestabilidad.  En 1918, los bolcheviques cedieron ante Alemania en el Tratado de Brest Litovsk, que obligó a los rusos devolver las provincias de Anatolia Oriental ocupadas al Imperio Otomano.

Un Parlamento con representantes armenios, azeríes y georgianos, proclamaron la independencia de la Federación Transcaucásica.  Este flamante estado inició las negociaciones en Batumi para la paz con los otomanos. En este contexto, los georgianos se separan, seguidos de los azeríes, y luego por el devenir de los acontecimientos, los armenios.

Estos últimos se vieron seriamente perjudicados. Tuvieron que aceptar la Paz de Batumi, a pesar de la victoria de las armas armenias en la batalla de Sardarapat, perdiendo los distritos armenios de Najichevan y Alexandropól.

En Nagorno Karabaj, los armenios proclamaron la independencia en 1918. Los azeríes atacaron buscando aislar el territorio. Recordemos que, en 1915, los otomanos llevaron a cabo el genocidio armenio y en septiembre de 1918. Los turcos al ocupar Bakú llevaron a cabo la matanza de diez mil armenios. Los otomanos establecieron una guarnición en Sushi, capital de Nagorno Karabaj, pero su presencia fue siempre precaria y finalmente fueron expulsados.

El Acuerdo de Mudros, abrió las puertas para la llegada de los británicos, el Imperio otomano, derrotado en la Gran Guerra, se retiró del Cáucaso. Estos impusieron un gobernador kurdo en Nagorno Karabaj, que rápidamente tomó medidas contra la población armenia.  El Congreso Nacional armenio de Nargono Karabaj, aceptó a regañadientes la soberanía azerí, bajo la condición del respeto a su autogobierno. La derrota de los rusos blancos, abrió las puertas para la llegada del victorioso Ejército Rojo.  En 1920, de manera informal, las potencias europeas y Estados Unidos, reconocieron la existencia de las repúblicas caucásicas.

Armenia estaba en una situación complicada. El Tratado de Sèvres estableció los límites históricos del país, incorporando las provincias en manos otomanas, según lo establecido por el presidente estadounidense Wilson. En la práctica esto era papel mojado.

La república turca, liderada por Mustafá Kemal, derrotó al ejército armenio, aislado y sin apoyo externo. Armenia por medio del tratado de Alexandropol, quedó reducida a los actuales límites y se impuso un protectorado.  En 1920, el gobernador kurdo Sultanov, impuesto en su momento por los británicos, dio un ultimátum para que los armenios de Nagorno Karabaj, se incorporen formalmente Azerbaiyán. Los azeríes atacaron el territorio, para forzar la anexión, y fueron llevadas a cabo varias matanzas. En abril, los rusos soviéticos tomaron Bakú. En agosto Armenia cedió el control de Nagorno Karabaj a Moscú, junto con los territorios de Zanguezur, Najicheván, hasta que Ereván y Bakú, aceptaran un acuerdo definitivo de límites. 

En noviembre de 1920, las fuerzas rusas soviéticas tomaron Ereván. El 30 de noviembre de ese año, el presidente azerí, de la flamante república socialista soviética de Azerbaiyán, aceptó el dominio armenio sobre Nagorno Karabaj, Zanguezur y Najicheván. Este último territorio, todavía en manos turcas, por medio de un tratado entre Rusia y Turquía, de 1921 fue transferido el   control a las autoridades azeríes, bajo un régimen de autonomía especial.

En ese año, en el mes de julio, el Comité del Partido Comunista del Cáucaso, decidió que Nagorno Karabaj quedará en manos armenias, previo referéndum, pero presiones azeríes, hizo que el comité diera marcha atrás y aceptara el control de Azerbaiyán, pero con un régimen de amplia autonomía.  Las poblaciones armenias en los corredores vecinos al enclave, habían sido expulsadas o eliminadas. En 1923, el Oblást Autónomo de Nagorno Karabaj fue creado formalmente.  En Najicheván, donde en 1917 el 40% de la población era armenia, está fue expulsada, para convertirse en 1924 en una ínfima minoría.

Los tiempos soviéticos. La implosión de la URSS y la guerra por Nagorno.

Durante el régimen soviético, la República Autónoma de Nagorno Karabaj, vivió desconectada de Armenia. No había acceso a libros de historia de dicho país y los medios de comunicación solo transmitían en azerí o ruso. En los años 60, miles de armenios solicitaron a Moscú la unificación y denunciaron la falta de apoyo oficial de Bakú para el desarrollo del territorio y las políticas discriminatorias. El Kremlin hizo oídos sordos. Recién en 1987, los armenios de Nagorno tuvieron acceso a la televisión en su idioma.

En 1988, la Unión Soviética está haciendo agua y Mijail Gorbachov, está en el poder. Miles de armenios solicitaron la integración de Nagorno Karabaj. El virus del nacionalismo trasnochado inunda las repúblicas soviéticas, hay matanzas y estalló la violencia entre armenios y azeríes. Casi medio millón de armenios dejó Azerbaiyán y más de cien mil azeríes dejaron Armenia.  En 1991, la Unión Soviética desaparece y la guerra es una realidad en el Cáucaso. 

Los azeríes con apoyo de fuerzas mercenarias llevan acciones militares. La contraofensiva armenia entre octubre de 1992 y septiembre de 1993, permitió recuperar gran parte del control de Nagorno Karabaj y unos 5500 km2 de territorio azerí circundante, creando una suerte de zona amortiguación y que conectara Armenia con el enclave de Nagorno. En mayo de 1994, las partes firmaron un armisticio del todo endeble, creando las condiciones para la guerra de 2020.

El enclave de Nagorno Karabaj, tomando el texto de la Constitución de la Unión Soviética, que avalaba la posibilidad del derecho de autodeterminación de los sujetos que componían dicha entidad federativa, el 2 de septiembre de 1991 fue llevado a cabo un referéndum no reconocido ni por Moscú, ni Bakú. En 1992, el gobierno de la República de Artsaj, se declaró independiente. Es una república parlamentaria, solo reconocida por otros estados independientes de facto como Abjasia, Osetia y Transnitria. Estamos ante un territorio de 11400 km2 y unos 160.000 habitantes.  

La intransigencia de las partes. La guerra de 2020 y las lecciones de geopolítica para Ereván

Armenia quedó de alguna manera rehén de cuestiones políticas internas para la solución del conflicto, como supeditada a Rusia. Azerbaiyán, gracias al petróleo, pudo financiar un amplio proceso de modernización de sus fuerzas armadas, se acercó a Occidente, sin descuidar las relaciones con Moscú, como árbitro de la región. Las relaciones con Turquía se desarrollan bajo el concepto “Dos Estados. Una Nación”. El interés de Ankara reside entre otras cosas, garantizar el abastecimiento energético, del cual carece, y de esta manera evitar la dependencia de otras fuentes.

El presidente turco Erdogan, ha impulsado una política de expansión geopolítica, con el objeto de incrementar la influencia política, económica y militar no solo en el Cáucaso, sino en Asia Central, bajo el amparo de la identidad túrquica de dichos países.

En su momento el presidente armenio Levón Ter-Petrosián, consideró pertinente llegar a la paz con Bakú. La idea era retirarse de los territorios ocupados, y buscar negociar por el estatuto de Nagorno. La opinión pública local, como la dirigencia política se opuso con vehemencia y le costó la presidencia. Su sucesor Robert Kocharián y su par azerí Heidar Alíyev, llegaron al acuerdo de la cesión del corredor de Lachin que une Nagorno Karabaj con Armenia, mientras que Azerbaiyán, recuperaría los distritos ocupados en la guerra de 1994 y el corredor de Zanguezur, que separa Najicheván del resto del territorio azerí.  Una verdadera solución salomónica.

Pero una vez más cuestiones de política interna, impidieron que llegara el acuerdo a buen puerto, agregándose el pobre papel desempeñado por la diplomacia europea y el rol de Rusia, que se beneficia del conflicto, al mantenerse como árbtiro en un área de especial interés para el Kremlin.

El llamado Grupo de Minsk de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea u OCSE, planteaba como solución, paz por territorios.  En 2011, en Kazán, Armenia y Azerbaiyán, acordaron, una salida negociada, que implicaba la retirada armenia de siete distritos azeríes, y un referéndum para Nagorno tras un plazo de cincuenta años. Nuevamente hubo diferencias de último momento y el acuerdo no fue firmado.

Armenia tuvo su “revolución de color”, como Georgia y Ucrania, bajo la denominación “Revolución de Terciopelo”. Años de corrupción, hartaron a la sociedad y el nuevo primer ministro surgido en 2018, Nikol Pashinián, un líder reformista, generó expectativas. Pero su política exterior de acercamiento a la Unión Europea y Estados Unidos, alarmó a Moscú. Una vez más razones de política interna, el gobierno armenio dio por cerrada cualquier negociación sobre los distritos azeríes ocupados en los 90 y la cuestión de Nagorno Karabaj.

El gobierno de Azerbaiyán, gracias al dinero del petróleo, modernizó sus fuerzas armadas, siendo superiores desde lo tecnológico a las fuerzas armenias. La crisis del COVID, fue una oportunidad favorable, dado que la comunidad internacional estaba buscando una salida a la pandemia. Los azeríes lanzaron una operación militar a fines de septiembre de 2020, y luego de un mes de duros combates, fueron ocupados gran parte de los distritos perdidos en 1994. Las fuerzas de Bakú, recibieron asistencia turca, en el más alto nivel de la conducción. 

La superioridad tecnológica, especialmente en materia de información en el campo de batalla, permitió a los azeríes identificar objetivos armenios. Gracias a satélites turcos, modernos sistemas de inteligencia electrónica, guerra electrónica, ciberdefensa y vehículos aéreos no tripulados, pudieron contrarrestar la fuerte defensa antiaérea armenia, lo que facilitó las operaciones aéreas azeríes, que mantuvo el control del espacio aéreo.  Los azeríes golpearon con precisión gracias al uso de drones y sistemas que permitieron identificar con precisión objetivos terrestres armenios. A ello se agregó el uso de tropas mercenarias sirias, con amplia experiencia de combate, seguramente utilizadas como fuerzas de choque. 

A pesar de lo que han dicho los grandes medios, el grueso del equipamiento azerí es de origen ruso, especialmente helicópteros, tanques, blindados, artillería de campaña, y aviones de combate, con sus implicancias políticas. Moscú todavía está en condiciones, de limitar las acciones de Bakú.

Los azeríes pagaron un alto precio en los combates, ante las tropas armenias, con material anticuado, pero siempre muy motivados. Esto obligó a desistir la conquista de Nagorno Karabaj, territorio montañoso y de difícil acceso, que facilita la defensa y la guerra irregular.  La dura resistencia armenia, puso en evidencia que conquistar el citado territorio, sería una operación sumamente cruenta. Al fin de cuentas, para los armenios, la llamada República de Artsaj, es como una montaña sagrada, suelo de carácter irrenunciable.

Armenia quedó contra las cuerdas.  Rusia intervino a último momento, dado que no quiere que exista un bando claramente ganador y perder su rol como garante de seguridad. En septiembre de 2022, una vez más hubo combates, al parecer de reconocimiento del terreno, para acciones mayores. El presidente Ilam Aliyev, declaró que el objetivo era la “liberación” del territorio ocupado. Asimismo el gobierno azerí se comprometió al respeto de la identidad cultural y religiosa de los armenios de Nagorno Karabaj. Por cierto, estos no creen en las promesas, dado la historia reciente. La toma del citado enclave, sin ninguna duda puede derivar en expulsión masiva de la población, en el mejor de los casos.

El control de Nagorno Karabaj, tiene valor estratégico para Bakú, dado que en sus cercanías se encuentran oleoductos y gasoductos que conectan los pozos azeríes con Georgia y Turquía, vía de exportación hacia el gran mercado europeo. La crisis de Ucrania, pone en valor el sector petrolero azerí, como fuente alternativa para el gas y petróleo ruso.

Desde Nagorno Karabaj, es factible amenazar directamente tanto la industria petrolera de Azerbaiyán, como las redes de transporte de crudo y gas. Fuera de los condicionantes políticos, que impiden que loa armenios lleven a cabo dichas acciones, una situación comprometida, puede habilitar dicho riesgo.

Las fuerzas de Artsaj como de Armenia, han quedado a una posición netamente defensiva. Esto ha llevado a Ereván a buscar apoyos externos. La poderosa diáspora armenia tiene su influencia política en Europa y Estados Unidos. No en vano, el gobierno francés pidió a Bakú, a respetar el alto el fuego impuesto por Rusia.

La guerra de Ucrania, puede ser un factor para que Turquía de alguna u otra manera busque escalar el conflicto, y de esa manera incremente su influencia más allá de Azerbaiyán. Ankara quiere beneficiarse de las exportaciones de crudo y gas de Bakú y los países de Asia Central, hacia Europa, que tiene un interés creciente en fuentes alternativas al gas y petróleo rusos.

Esto puede ser leído por Rusia como una maniobra para desestabilizar el Cáucaso y se extienda a otros territorios, sensibles a su seguridad. Los incidentes en Daguestán, fueron un toque de alarma, por ende, para el Kremlin, no es admisible la injerencia de Occidente en el conflicto de Nagorno.  La intervención tardía rusa en la guerra de 2020, fue un mensaje claro a Ereván, sobre las consecuencias de habilitar cualquier tipo de influencia occidental en el Cáucaso Sur. China, es otro actor interesado en la seguridad de la región, especialmente por su Ruta de la Seda y las importantes inversiones en Azerbaiyán.

En este complejo juego geopolítico, encontramos otros actores. Israel, se acercó a Bakú, para comprar su petróleo. Esto abrió las puertas para importantes ventas de equipo militar. Sin ninguna duda Jerusalén, busca alianzas para lidiar con el creciente poder iraní, fuentes de energía alternativa e incrementar su proyección internacional. Irán es otro actor interesado en el Cáucaso Sur. El discreto apoyo a los armenios se vincula para evitar, que Ereván sirva de plataforma para intereses contrarios a Teherán.  Las relaciones con Bakú son correctas, dado que existe una importante población de origen azerí en Irán, y evitar también un choque abierto con Turquía, afectando los intereses iraníes en Siria e Irak como también, llegado el caso un decidido apoyo de Washington al gobierno de Ankara en caso de confrontación abierta con Teherán.

El gobierno de Azerbaiyán, busca no provocar ni entrar en colisión con Irán, dado, que la fe mayoritaria de los azeríes, es el islam chiita, y existe un verdadero temor que el ideario revolucionario iraní pueda ser exportado y afecte al régimen de Bakú (en manos de una familia y que se han enriquecido con décadas de gobierno).Teherán, coopera con Rusia en el Cáucaso, dado que busca implementar un corredor que conecte a este último país, con el Índico y la India, viejo aliado de Kremlin, y de esta manera mitigar las consecuencias de décadas de sanciones económicas y convertirse en un polo de atracción geopolítica.

Armenia, saló sumamente perjudicada de la guerra. Pashinián, un líder pro occidental, vio que sus simpatías y acercamiento a la UE, no tuvieron el resultado esperado. En la guerra de 2020, Armenia quedó aislada. El ataque azerí, debería haber sido objeto de algún pronunciamiento, pero Occidente miró para otro lado. Rusia intervino a tiempo y salvó a Ereván de un desastre mayor, pero impuso sin ninguna duda condiciones políticas: cualquier acercamiento hacia Occidente puede verse como un acto hostil al Kremlin.

El régimen azerí se ha visto fortalecido puertas adentro, dado que muestra que el conflicto de 2020, como una importante victoria militar. El discurso sobre Nagorno Karabaj, incentiva aún más el nacionalismo, lo que abre las puertas a nuevos enfrentamientos. Rusia juega un rol central, dado que está en el atolladero ucraniano, precisa mantener el statu quo, y evitar la intervención de otros actores en un área sensible para su seguridad nacional.  Los líderes armenios tuvieron una dura lección de geopolítica, y como las promesas de Occidente, son más retóricas que reales. Turquía navega también en aguas turbulentas, su relación con Estados Unidos y la OTAN, es delicada. Esto sin ninguna duda condicionará el apoyo a Bakú, que tal vez tenga que contentarse con las ganancias obtenidas entre septiembre y noviembre de 2020.

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