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Palestina: Un estado virtual

El Minuto | The Jerusalem Post informó sobre el secuestro de un chico israelí, de la minoría drusa, por parte de un grupo armado palestino. Tiran Fero, de 18 años, víctima de un accidente de tránsito. Estaba en el hospital de Jenin. Según el citado medio, todavía estaba con vida – con asistencia mecánica – cuando fue secuestrado por los terroristas.

A pesar de las distintas versiones, sobre si Tiran estaba vivo o no, estos hechos gravísimos, ponen en evidencia que la Autoridad Palestina, tiene serios problemas para garantizar el orden ante el accionar de grupos radicalizado/terroristas. Los históricos Acuerdos de Oslo, que crearon la Autoridad Nacional Palestina, que era una hoja de ruta para un estado viable, hoy son letra muerta. ¿Cuál será el futuro del gobierno palestino en Ramallah?

Por el Dr Jorge Alejandro Suarez Saponaro | Director El Minuto para Argentina

En el mes de noviembre de 2022, Jerusalén fue testigo de una seguidilla de atentados terroristas. Dos artefactos explosivos estallaron en una parada del transporte público, causando heridas a 14 personas, y un muerto. El primer ministro saliente, Yair Lapid convocó al consejo de seguridad nacional. Los incidentes se han desarrollado en distintos puntos. En la zona industrial de Ariel, un ciudadano palestino asesinó con arma blanca a tres israelíes. El atacante también utilizó su automóvil para atacar civiles. En dicha zona trabajan tanto ciudadanos israelíes como palestinos. En un control de seguridad, el trabajador palestino asesinó al guardia de seguridad y siguió con su raid criminal en una estación de venta de combustible, donde utilizó su coche para arrollar a ciudadanos comunes, costándole la vida a dos de ellos. El atacante fue abatido por el Ejército.  Los grupos terroristas palestinos, Hamas y Yihad Islámica Palestina, aplaudieron estos gravísimos hechos, mostrándolos como actos de resistencia, pero ninguno de ellos se atribuyó el atentado.

La escalada de violencia es coincidente con la renovación del Parlamento israelí y la llegada al poder nuevamente de Benjamín Netanyahu, como líder de una coalición de partidos religiosos, nacionalistas y derecha. La seguridad está ahora en la agenda de los ciudadanos israelíes, lo que ha permitido el ascenso de los partidos nacionalistas y religiosos. En abril de 2022, el Coordinador Especial de la ONU para la Paz en el Próximo Oriente, informó sobre más de un centenar de ataques contra civiles israelíes, con un saldo inicial de doce muertos y 82 heridos, incluyendo menores de edad. Los asentamientos israelíes en Cisjordania, son uno de los objetivos principales de las acciones armadas, y ello ha impulsado a una mayor presencia militar israelí, incrementando aún más las tensiones existentes.

El gobierno de Lapid señaló que lograron rápidamente desmantelar grupos armados palestinos, destacándose el caso de la Guarida de los Leones, una milicia palestina en Nablus, cuyos miembros se entregaron a las autoridades palestinas. Sus líderes fueron eliminados por una incursión militar israelí en octubre. Este grupo de reciente creación, que hizo pública su presencia en agosto de 2022, no está afiliada a ninguna facción palestina conocida. Este grupo, está nutrido por jóvenes menores de 30 años. El gobierno palestino intentó poner freno a la expansión de esta milicia, sin mucho éxito. El presidente Mahmoud Abbas, está sumamente erosionado.  Las promesas de elecciones en 2021, quedaron frustradas. El argumento era que los israelíes, impedía que los electores de Jerusalén Este participaran. 

El acuerdo que existía entre al Fatah, el partido de Abbas y del fallecido Yasser Arafat, y Hamas, para convocar elecciones, quedaron en la nada misma.  El citado grupo exige que las mismas también sean celebradas en Jerusalén Este, controlado por Israel.  Se sabe que el favorito en las urnas sería el brazo político de Hamas.  Hace dieciséis años, que los palestinos ven aplazadas las elecciones por diversos motivos. Los sectores juveniles, azotados por el desempleo y la pobreza, ven al veterano presidente palestino, con muy malos ojos, perdiendo cada día una cuota de legitimidad en la sociedad palestina.  La muerte del activista Nizar Banat, a consecuencia de presuntos malos tratos, como denunció su familia, tras su detención por la policía palestina, generó un profundo rechazo tanto dentro de Palestina como fuera. Severo crítico de Abbas y la corrupción imperante, sufrió en varias oportunidades malos tratos.

El juicio contra los 14 agentes palestinos, por parte de un tribunal militar, estuvo marcado por irregularidades, como señaló Amnistía Internacional. En 2022, dichos agentes de la llamada Fuerza de Seguridad Preventiva, regresaron al servicio, luego de una breve estadía en el penal de Jericó. Los cuestionamientos siguen, como la entrevista dada por el legislador palestino Mustafa Barghouthi a la Agencia Anadolu, medio de comunicación turco, donde no solo criticaba la necesidad de convocar elecciones, sino también la falta de una justicia independiente. Asimismo, dejó en claro que papel desdibujado que tiene la Organización para la Liberación de Palestina, que ha quedado en un segundo plano frente al gobierno palestino

La pérdida de legitimidad de al Fatah, se ha traducido en la formación de milicias palestinas que abogan organizar una resistencia armada de mayor escala contra la presencia israelí en Cisjordania. Las promesas de los socios políticos de Netanyahu, de anexión de parte de dicho territorio y mantener la política de las colonias, genera nuevas tensiones.  En cuanto al cuerpo de Tiran Fero, fue devuelto por la Brigada Jenín a sus familiares, luego de una intensa campaña mediática el 24 de noviembre de 2022 y negociaciones que participó el gobierno palestino. Grupos palestinos reclaman que el Estado de Israel tiene en su poder un centenar de cuerpos de palestinos. El ministro de defensa israelí, Benny Gantz, felicitó a las fuerzas de seguridad palestina, por su intervención, que facilitó la devolución del cuerpo de Fero a su familia.

La escalada de violencia y el incremento de la presencia militar israelí en Cisjordania, agregándose la aparición de nuevos grupos armados, pone en evidencia que el gobierno palestino, apenas tiene el control.  La corrupción y el inmovilismo político de Abbas, ayuda sin ninguna duda a que la prédica de Hamas tenga eco en la sociedad palestina. En octubre de 2022, los israelíes llevaron a cabo una operación contraterrorista en Naplusa, donde fueron muertos seis palestinos. Desde las Fuerzas de Defensa Israelíes, señalaron que la operación en dicha localidad estaba vinculada a desarticular las organizaciones que estarían implicados en acciones terroristas contra objetivos israelíes. Abbas habló de crimen de guerra, en atención a las operaciones militares en Naplusa. Yihad Islámica Palestina o YIP, anunció que estaba vinculada en acciones armadas en Naplusa, y desde el liderazgo de Hamas, una vez más hablaron que “empujar a Palestina hacia una escalada”.  

En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el coordinador para la paz en el Próximo Oriente, Tor Wennesland, expresó “a creciente desesperanza, la ira y la tensión han vuelto a provocar un ciclo letal de violencia que es cada vez más difícil de contener, y agregó que demasiadas personas, en su inmensa mayoría palestinos, muerto o han resultado heridas.  El citado funcionario señala también la necesidad de “empoderar” la Autoridad Nacional Palestina. Su situación es precaria. La actividad islamista por medio de acciones de insurgencia y terrorismo, con el claro objetivo de debilitar al gobierno de Abbas, obligan al presidente palestino a buscar algún tipo de cooperación con Israel, lo que genera hondo rechazo de la opinión pública palestina. Pareciera que los sectores radicalizados están ganando cada vez más terreno, y por ende la búsqueda de algún tipo de negociación y frenar la escalada de violencia, parece lejana.

Los cambios que sugiere Wennesland, abarcan cambios en la política israelí en torno a los asentamientos en Cisjordania, mejorar las condiciones económicas de los palestinos y reformas institucionales de la Autoridad Nacional Palestina. En otras palabras, los palestinos precisan de democracia e instituciones sólidas. La gran deuda pendiente de los Acuerdos de Oslo, que deberían haber priorizado en la construcción de instituciones palestinas viables, como de políticas de desarrollo económico.

El primer ministro Lapid en septiembre de 2022, en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, habló de una solución de dos estados. Dada las circunstancias es una expresión de deseo. El cambio de gobierno, sin ninguna duda dejará en segundo plano este debate, agregándose la escalada de violencia, donde la Autoridad Nacional Palestina, está gradualmente perdiendo el control, ante el ascenso de grupos radicalizados, funcionales a las agendas de YIP y Hamas. Es probable, que la larga mano de Irán esté también vinculado a esta situación, que busca a través de acciones desestabilizadoras, desgastar el frente interno israelí y distraer la atención de sobre su plan nuclear.

Los Acuerdos de Oslo, letra muerta.

Pronto se cumplirán tres décadas de la firma de los Acuerdos de Oslo.  13 de septiembre de 1993 Mahmoud Abbas en nombre de la OLP (Organización para la Liberación Palestina) y el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Shimon Peres, firmaron los citados acuerdos. Fue un paso trascendental. Por un lado, la OLP reconocía el derecho de Israel a existir, y por otro, dicha organización era reconocida por los israelíes como representante legítimo del pueblo palestino. Asimismo, la OLP renunciaba al terrorismo. En una de las partes del texto firmado por las partes citadas, señalaba “acuerdan que es el momento de poner final a décadas de confrontación y conflicto, reconocer sus respectivos y legítimos derechos políticos, luchar para conseguir vivir en una coexistencia pacífica con dignidad recíproca y seguridad, alcanzar un extenso acuerdo de paz duradera y una reconciliación histórica mediante el proceso político acordado. El objetivo final del proceso era la coexistencia de dos estados de manera pacífica. Fue establecido un período de transición de cinco años, en el cual, los palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania, elegirían un gobierno interno, la Autoridad Nacional Palestina, que, de manera gradual, asumiría una serie de competencias, sentando las bases para un futuro estado palestino. Las partes cumplirían con las resoluciones 242 de 1967 y 338 de 1973, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. 

En el caso la primera, ordenaba la retirada de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza y Cisjordania, exigiendo el fin del estado de beligerancia, el establecimiento de fronteras estables y seguras para los estados de la región. La resolución 338, plantea lo mismo que la resolución 242, de poner fin al estado de guerra, retirada de las zonas ocupadas e iniciar negociaciones de paz.

Uno de los aspectos más espinosos que contenían los acuerdos, eran el estatus de Jerusalén Este, los refugiados palestinos, los asentamientos israelíes en Cisjordania y Franja de Gaza, delimitación de fronteras, cooperación entre ambos estados, y cuestiones relativas a la seguridad. Los palestinos tendrían su propio cuerpo policial, los israelíes asumieron la responsabilidad de una retirada gradual, pero la cuestión seguridad requería de complejas negociaciones, y las partes tenían intereses contrapuestos.

En mayo de 1994, en El Cairo, las partes acordaron la retirada israelí de Gaza y Jericó, la liberación de 5.000 palestinos.  Por primera vez, los palestinos iban a tener control sobre un espacio territorial. Entre dicho año y 1995 fueron firmados acuerdos de Transferencia de Poderes y Responsabilidades, dando paso a una entidad palestina autónoma.  Luego llegaban los Acuerdos de Oslo II, firmados en la localidad egipcia de Taba, donde loa palestinos gradualmente iban avanzando en el control de territorio. Fueron creadas en Cisjordania tres zonas: A, B, y C.  En el caso de las primeras, el gobierno palestino tendría competencias plenas incluyendo seguridad.

Las zonas B, Israel se reservaba el derecho a intervenir en los casos que su seguridad se viese comprometida, y las zonas C, el control estaría en manos exclusivamente israelíes. La complicada distribución geográfica de las zonas, quedando enclaves palestinos aislados entre sí, abrirían las puertas para futuros problemas.  En 1997, por medio de los Acuerdos de Hebrón, el centro de la ciudad, poblada por colonos israelíes, quedaría bajo control de Israel. 

La creciente violencia, las divisiones palestinas, y la postura de los grupos islamistas, que buscaron por todos los medios sabotear el proceso, paralizaron los avances. Desde el frente interno israelí, cuestiones tan delicadas como Jerusalén y los asentamientos, limitaron el margen de maniobra del gobierno, agregándose la cuestión de la seguridad. Una retirada como la prevista por los Acuerdos, era inaceptable.

Los intentos del presidente Clinton, con el apoyo del primer ministro israelí Ehud Barak, por medio de los Acuerdos de Camp David del año 2000, tenía como objeto destrabar las negociaciones por la paz. Los israelíes estaban dispuestos a replegarse del 95% de Cisjordania, compartir Jerusalén Este y la posibilidad de un estado palestino. Las posturas irreductibles respecto a los refugiados palestinos por parte de Arafat y la campaña terrorista de Hamas, dieron por tierra cualquier avance. Luego vino una nueva Intifada. En 2002, desde Arabia Saudita, fue impulsado un proceso de paz, por el cual se ofrecía a Israel la normalización de las relaciones con los estados árabes, a cambio de la retirada de los territorios ocupados en 1967. En 2003, apareció el Cuarteto de Madrid, formado por Rusia, Estados Unidos, Unión Europea y Naciones Unidas. El presidente Bush lanzó la “Hora de Ruta”. Tampoco llegó muy lejos. La lógica de paz a cambio de territorios, quedó frenada. Las elecciones palestinas de 2006, donde el brazo político de Hamas se impuso en las elecciones creó una situación muy tensa, un verdadero camino sin retorno. La cohabitación entre al Fatah y Hamas explotó en 2007. La Franja de Gaza se convirtió en sede de un gobierno paralelo liderado por Hamas, que rápidamente entró en conflicto abierto con Israel, que derivó en la Operación Plomo Fundido en 2008. Allí es otro enclave donde no hay elecciones.  

La Autoridad Nacional Palestina o ANP, ante la escalada terrorista, tuvo papel ambiguo, de cierta cooperación con las fuerzas israelíes, por su propia supervivencia ante la presión de los grupos radicalizados, y también para su propia conveniencia política. Ejemplo de estas ambigüedades, podemos citar las palabras del célebre escritor palestino Edward Said, en sus Crónicas Palestinas:  Arafat ha tolerado siempre, e incluso ha apoyado, una pluralidad de organizaciones que manipula de diversas formas, contraponiéndolas de manera que ninguna de ellas predomine sobre las demás excepto su al-Fatah. En otras palabras, hay una política de tinte sectario, incapaz de promover unidad y consensos.  Esta receta sigue siendo mantenida por el actual presidente palestino, Abbas, agregándose el inmovilismo político, corrupción y gerontocracia.

Las diferencias irreconciliables entre los grupos islamistas y al Fatah, han impedido generar un mínimo consenso sobre la política en relación a Israel.  La normalización por parte de Israel con varios estados árabes (Bahréin, Emiratos Árabes y Marruecos), denominados Acuerdos de Abraham, en 2020, rompió con un viejo principio, que ningún estado árabe establecería relaciones con Israel, sino no había solución al conflicto palestino israelí. Esto quedó roto en parte por Egipto, por los acuerdos de Camp David de 1978, y por Jordania en 1993, luego de los Acuerdos de Oslo. 

El ascenso de nuevos actores en la escena del Próximo Oriente, especialmente por la amenaza que representa Irán, significó un triunfo de la “realpolitik”, impulso que los estados árabes, dejaran de lado su solidaridad a la causa palestina, por cuestiones vinculadas a la seguridad y geopolítica. Las malas noticias siguieron para el gobierno palestino. Desde la Casa Blanca, con la administración Biden, ya no sigue la tesis de Trump de presionar a Omán y Arabia Saudita por normalizar las relaciones con Israel, pero en el caso de Riad, existe una suerte de acercamiento indirecto, dado la preocupación que existe por el programa nuclear iraní y su creciente influencia en la región. Washington como mecanismo de compensación, ha enviado ayudas a la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNWRA y US$ 100 millones para el sistema de salud palestino.

Esta situación ha sido explotada por los sectores extremistas, como Hamas y la YIP. El objetivo de estos grupos, es simple, escalar la violencia, para que las represalias israelíes se incrementen, poner contra las cuerdas a la ANP, y de esta manera ganar legitimidad entre los palestinos.

Turquía e Irán se convirtieron en actores del conflicto palestino.  En el caso de Irán, utiliza su apoyo a los grupos extremistas, como mecanismo de presión y maniobra desestabilizadora, contra su adversario geopolítico, que es Israel. Los Acuerdos de Abraham, han sido empleados por Teherán, para alinear a grupos de diverso tipo que operan en la región e impulsar un “Eje de la Resistencia”. En el caso de Turquía, las relaciones con los israelíes, se han venido deteriorando, desde la detención de un barco de bandera turca, que llevaba ayuda a la bloqueada Gaza. En el plano económico, en cambio las tensiones no se ven reflejadas de la misma manera. El apoyo a la causa palestina y más precisamente, al grupo Hamas, le permiten al presidente turco Erdogan, ganar posiciones en la opinión pública regional, en el marco de su competencia geopolítica con Arabia Saudita. El interés tanto turco o iraní por la cuestión palestina, obedece a sus propias agendas y objetivos.

El Estado Palestino un espejismo

La Autoridad Nacional Palestina, llevó a cabo una batalla diplomática para el reconocimiento del Estado Palestino. Esta fue una maniobra claramente política. El gobierno palestino logró que 139 países, la Organización de Cooperación Islámica, y la Liga Árabe reconocieran la existencia del Estado Palestino. El Parlamento europeo, instó a los integrantes de la Unión Europea, a reconocer la existencia de dicho estado. Otros logros, fueron la incorporación de Palestina como estado miembro de la UNESCO y su adhesión a la Corte Penal Internacional. El presidente palestino Abbas, en 2011, tuvo como objetivo la admisión de Palestino como estado miembro pleno de Naciones Unidas, pero la oposición de Estados Unidos lo impidió, lo que llevó a un cambio de estrategia y buscar en el seno de la Asamblea General se reconocido como “Estado Observador”, como el Vaticano, lo que implica tener voz, participar en las comisiones, pero no tener derecho a voto.  La respuesta del primer ministro Netanyahu en aquel momento, al duro discurso de Abbas, fue que no se reconocería un estado palestino, siempre y cuando, la seguridad de Israel no esté garantizada.

La existencia de un Estado palestino como tal, abrió un interesante debate jurídico. Israel, lo niega, aferrándose a los Acuerdos de Oslo, donde señala que la ANP tiene un carácter interino, con el objetivo hasta llegar a una “solución permanente”. No obstante, las distintas opiniones de juristas, el reconocimiento de Palestina como estado, ha sido por motivaciones de índole político, pero esto no se tradujo en la construcción de instituciones y cierto grado de unidad nacional. Estamos ante una dura realidad, donde hace más de una década las elecciones están suspendidas, y coexisten dos gobiernos antagónicos, uno en Ramallah y otro en la Franja de Gaza, en manos del grupo Hamas.

El drama vivido por el joven Tiran Fero en Jenín en el mes de noviembre de 2022, con su secuestro en manos de un grupo armado, pone en evidencia que la ANP, solo existe en el papel. La aparición de milicias, como el caso de la Guarida de los Leones, son prueba de una institucionalidad endeble.

No hay mecanismos para contener a una juventud azotada por el desempleo, pobreza y falta de expectativa, que los hace en blancos ideales para la prédica extremista. La realidad imperante ha convertido la idea de un “Estado palestino” en un espejismo, junto con la esperanza de una paz, que parece nunca llegar.

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