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Política de Defensa en Argentina en la era Fernández: Otra vez sopa.

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En Infobae, el 1 de diciembre de 2019, trascendió los planes en materia de defensa del presidente Alberto Fernández, siendo responsable del área, el diputado kirchnerista, Agustín Rossi, quien presidió la cartera de Defensa durante la segunda presidencia de la Dra Cristina Fernández de Kirchner.


Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El Minuto para Argentina


El macrismo, a pesar de tener un tono conciliador con las Fuerzas Armadas, recordar sus muertos durante los violentos 70, y de sus promesas en la campaña electoral de 2015, no se hizo nada positivo en materia de modernización y reformas. Los ministros de defensa, ambos radicales, Julio Martínez y Oscar Aguad, no estuvieron a la altura de las circunstancias. El primero cometió la torpeza de dar marcha atrás con el contrato – muy conveniente para Argentina – para la compra de cazas de segunda mano IAI Kfir, de origen israelí. El resultado, ha sido que la Fuerza Aérea Argentina, respetada por la gesta de Malvinas, hoy solo se contente con volar un puñado de aeronaves de escaso valor militar.

Luego vino la posibilidad del avión de entrenamiento avanzado y combate ligero coreano FA -50, mas allá que no era lo que realmente precisa el país, también quedó en la nada misma. Ironías del destino, material de segunda mano ofrecido, y rechazado por razones técnicas y/o económicas, terminaron siendo operados por empresas privadas de Estados Unidos, que los emplean para adiestramiento de combate a los pilotos de la US Navy y la US Air Force. Pero eso es otra historia.

El ajuste fiscal, la incapacidad de los ministros para reformar estructuras que datan de los 60/70, imposibilitaron inversiones. El hecho más grave, la tragedia del submarino ARA San Juan, que puso en evidencia el estado catastrófico de las Fuerzas Armadas argentinas.

El área de defensa insume miles de millones de dólares, para que el 80% sea para pagar salarios, financiar un sistema de salud sin control estatal y que brinda prestaciones de menor calidad que otros tiempos. También financia un sistema provisional, que requiere la ayuda del sistema público, para que pueda ser viable. Asimismo, cada ministro que llega, trae consigo militantes partidarios, con escasos conocimientos de defensa. El Ministerio se ha convertido en una pesada maraña de burocracia, como las mismas fuerzas armadas, también con estructuras que les cada día más difícil sostener.

La crisis es de tal magnitud, que la Armada Argentina, tiene sus fuerzas de combate amarradas en puerto, no tiene fuerza de submarinos. La Fuerza Aérea tiene como el avión más moderno, los entrenadores avanzados IA 63 Pampa, producidos a cuenta gotas por la Fábrica de aeronaves de propiedad estatal, FADEA. El Ejército, también tiene fuertes limitaciones.

En el marco de esta crisis, el gobierno macrista, dictó en 2018 una nueva Directiva de Defensa Nacional donde cobró importancia la ciberdefensa, vigilancia de los espacios aéreo y marítimo, presentar como escenarios de conflicto más probable, el narcoterrorismo, crimen organizado y otras amenazas asimétricas.

La vigilancia de las fronteras cobra valor como la protección de los objetivos estratégicos, antes asignados a las fuerzas de seguridad, (centrales nucleares, por ejemplo), pero hasta ahora no se implementó medida alguna en dicha dirección. En materia de seguridad de fronteras, fueron desplegados medios del Ejército, algo muy criticado por el kirchnerismo (a pesar que movilizó recursos militares en operaciones de seguridad fronteriza, como Operativos Escudo Norte y Fortín), con la vaga idea de disuadir el accionar de traficantes en zona de frontera.

Las contradicciones de los ministros de defensa del macrismo, incluyeron la compra muy costosa, por medio de deuda externa de aviones de entrenamiento y ataque liviano T -6 Texan II, manteniendo operativos los veteranos Tucano, que teóricamente venían a reemplazar, y la compra de cuatro buques de patrulla de origen francés, a construirse en astilleros galos. Mientras se invertía en un crédito externo en buques de escaso valor militar, la flota languidece en puerto.

Se habló de ventas millonarias de terrenos militares, que iban a ir a parar a la compra de equipo, pero por lo visto, el importantísimo programa de modernización de tanques TAM, siguió paralizado, etc. Esta situación, es bien conocida por el futuro ministro de defensa de Fernández, Agustín Rossi, que tampoco durante su gestión hizo nada relevante.

Dado la impopularidad del cargo, según Infobae, Rossi puso una serie de condiciones, entre ellas contar con fondos. Así por medio de una ley, fue anunciado con bombos y platillos la creación del Fondo Nacional de Defensa. En 1998, la Ley de Reestructuración de las fuerzas Armadas había creado un fondo específico, pero nunca se hizo operativo. La ley del Fondo de Defensa, nos dice Infobae que establece un incremento de partidas con un porcentaje de los ingresos corrientes de cada presupuesto. Será de un 0.35% en 2020, un 0.5% en 2021, un 0.65% en 2022 y un 0.8% en 2023. Según varios medios, esto aportará un fondo extra a defensa de $ 15.000 millones (unos US$ 250 millones, aunque hay optimistas que hablan de US$ 300 millones).

Los cambios en materia de defensa que quiere hacer Alberto Fernández, abarca la Directiva de Defensa de 2018, dado que quieren volver al decreto en tiempos de la ex ministro de Defensa Nilda Garré (por cierto inconstitucional por modificar la ley de defensa, y encima que reglamenta solo parcialmente los puntos de la citada norma). Las prioridades son la ayuda en casos de emergencia, acciones de apoyo a la comunidad en tareas de desarrollo, alejarse de Estados Unidos, acercamiento con fuerzas armadas de la región, mayor participación de la industria nacional en materia de equipamiento, repliegue de las fuerzas terrestres de la frontera Norte, incremento de salarios, y posiblemente la potestad de derribar aeronaves que invaden el espacio aéreo – que había habilitado el gobierno de Macri bajó una serie de reglas específicas – quede derogada. Sea como fuere, el espacio aéreo sigue siendo un colador, dado que el país no cuenta con aeronaves adecuadas. Situación que perdurará por bastante tiempo.

Otras de las iniciativas es recrear la Escuela Sudamericana de Defensa, creada en Quito, a instancias de la entonces ministro de defensa, Nilda Garré, algo que vemos como poco probable, dado el contexto regional. Los intentos argentinos de hablar de defensa colectiva o crear un sistema subregional de defensa, nunca fueron objeto de apoyo entusiasta.

En materia de participación de la industria nacional, el kirchnerismo, siempre tuvo un discurso favorable al desarrollo de capacidades propias en materia industrial de defensa, como recuperar las empresas estatales sobrevivientes a la ola privatizadora de los 90.

Solo fueron declaraciones voluntaristas, dado que durante su gestión se llenaron de militantes políticos, especialmente de la llamada agrupación La Cámpora, cercana a Máximo Kirchner, hijo de la flamante vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner.

La Fábrica de Aviones FADEA, solo dio pérdidas, ni hablar de Fabricaciones Militares, otro lastre fiscal. El macrismo, intentó ordenar la situación creada, pero tampoco hizo las reformas del caso, más allá de mejorar el estado contable de las empresas de defensa y racionalizar en parte sus estructuras. Ahora hay promesas de construir un buque polar – algo que Argentina espera desde 1990 – y renegociar los contratos de construcción de patrulleros de altura franceses, hoy en producción en astilleros la estatal gala DCN. Veremos que pasa.

A título ilustrativo, dichos buques, pueden recibir equipamiento y convertirse en corbetas. Egipto construye en sus astilleros buques similares, pero para que entren en servicio como modernas corbetas.

En lo referente a hipótesis de conflicto, se continuará la tradicional política de negacionismo que nos tiene acostumbrada la clase política argentina. La cuestión Malvinas, que para los británicos, es un escenario de crisis de interés de su política de defensa, para la Argentina la visión es bien distinta, con la tradicional visión derrotista de 1982. Debe entenderse que esta visión, no implica una apología para que Argentina corra en una carrera de armamentos, sino que debe adoptarse medidas para mantener presencia en determinados sectores del Atlántico Sur, donde los británicos pretenden expandir su ocupación, a través de una interpretación unilateral de la Ley del Mar.

La revisión de la normativa heredada de la gestión Macri, creemos que es un retroceso, afecta al planeamiento ya realizado. El fondo de defensa impulsado por el flamante gobierno, no servirá de mucho, sino se lleva a cabo reformas estructurales en el área de defensa.

Las reformas que precisa la Defensa argentina. Algunos aspectos

En primer lugar, las constantes idas y venidas en el área de defensa, son claramente perjudiciales. Creemos que la Directiva de Defensa heredada del macrismo, puede ser objeto de algunas

revisiones (especialmente en relación al conflicto de soberanía por las Islas del Atlántico Sur con el Reino Unido), pero sienta bases que permitiría llevar a cabo un importante programa de reformas.

El Ministerio de Defensa, que se ha convertido en una constelación de organismos burocráticos, debe ser objeto de una profunda reestructuración. En otras palabras reducir organismos, racionalizar estructuras. Asimismo debe ser profesionalizado, la Escuela de Defensa nacional, centro de formación de expertos, debe ser el principal proveedor de funcionarios, etc. ;a estructura de conducción de defensa, debe respetar lo normado por la ley de defensa, terminando con esta anomalía de tener un Jefe de Estado mayor conjunto, como un virtual “comandante en jefe” al tener autoridad operativa.

El Estado Mayor Conjunto es un órgano de asesoramiento y planeamiento. Debe existir una Junta de Jefes de Estado Mayor y el Comando Operacional, debería depender del Presidente de la nación. El despliegue de las Fuerzas Armadas data de los 60/70, deber ser completamente revisado, centralizar los estados mayores generales en un solo edificio, reestructuración de personal (tenemos la misma cantidad de cuadros que en 1980, cuando las Fuerzas Armadas tenían 180.000 efectivos, frente a menos de 80.000 actuales), sistema de movilización de reservistas, incrementar el valor de las fuerzas de adiestramiento especial, debatir en el marco doctrinario el desarrollo de capacidades de A2 / AD (estrategias anti acceso y denegación de área) y la lista sigue.

El complejo industrial estatal de defensa debe ser agrupado en holding estatal, abierto al capital privado, con la finalidad de implementar una verdadera estrategia común del sector, estrechar lazos con el sector industrial nacional, además con el ámbito de ciencia y tecnología. Esto permitiría reducir estructuras administrativas, crear una dirección estratégica central, que permita crear una entidad competitiva capaz de brindar distintas soluciones, desde un fusil, un avión de entrenamiento, hasta construcciones navales de gran porte.

El esfuerzo resultante de la racionalización, cambios de despliegue, reducciones, permitiría que un rico patrimonio estimado entre US$ 1.000 a 1.500 millones, pueda ser enajenado y financie el programa de equipamiento y recuperación de capacidades.

Argentina carece de amenazas convencionales en el marco regional (exceptuando el caso Malvinas), más allá de la subsistencia de algún diferendo de fijación de límites. Los desafíos para la seguridad, es nada menos que el conflicto austral marítimo (donde si se inserta el caso Malvinas), la seguridad de infraestructura crítica, seguridad fronteriza como resultado de la actividad del terrorismo y crimen transnacional, y como conflicto a largo plazo, el empleo de agentes desestabilizadores, con la finalidad de controlar recursos de alto valor estratégico. Lo que vemos en Siria, Yemen, la República Democrática del Congo, aunque parecieran lejanos, son ejemplos, de cómo grandes intereses, no siempre estatales, sino también del poder “internacional” del dinero, pueden desencadenar conflictos, que pueden amenazar la existencia del Estado nación como tal.

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