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¿Quien se habra robado nuestro futuro?

El Minuto | Para reforzar esta idea veamos algunas cosas que suceden en tan solo 60 segundos en internet.

Por: Daniel Defant | Corresponsal El Minuto para Aragentina

  • 4,5 millones de videos son vistos en YouTube.
  • 390 mil aplicaciones son descargadas en la web.
  • 41 millones de mensajes son enviados por WhatsApp.
  • 188 millones de mails son enviados en la red.
  • 18 millones de textos son vistos por internautas.
  • 694 mil horas son empleadas en contenidos de Netflix.
  • 87 mil personas están twitteando.
  • 955 mil dólares son gastados en compras online.
  • Y 3,8 millones de búsquedas son realizadas en Google.

El futuro ya empezó; nadie se lo ha robado; más igual cada hombre del planeta tierra lo sigue buscando sin poder encontrarlo.

Somos máquinas generadoras de datos.

Pensemos que lo que sucede en tan solo 60 segundos hay que multiplicarlo por los que tiene un minuto, una hora y los 365 días del año.

La información es vital en todos los aspectos incluso en medio de una guerra o de un conflicto cualquiera.

Los datos son valiosos… muy valiosos; por ellos pasa nuestro futuro escondido, aquel que pensamos que se lo han robado.

Hay toda una batalla por los datos; hay una famosa frase que dice:

“El hombre es el lobo del hombre”

Sigue buscando incansablemente el futuro.

Llevar el siglo XXI a las aulas es todo un desafío; no es dotarlas de un proyector, una computadora y hacer una presentación en PowerPoint con el mismo contenido que se hubiera escrito en el pizarrón.

Se trata de empoderar al alumno intelectualmente y darle herramientas para su desarrollo crítico.

Todo es indicador que la brecha del presente y el futuro buscado es digital donde el problema por resolver es como combatir esa brecha.

En medio de muchas desigualdades sociales se crean soluciones falsas, donde se piensa que entregando a cada humano una computadora y brindando wifi gratis para todos, el problema quedaría solucionado sin profundizar que esto como internet son los medios que implican estar preparados para ir encontrando las soluciones.

Soluciones que la inteligencia artificial y la robótica al día de hoy no nos pueden dar mientras entre todos buscamos un futuro, ese futuro que pensamos nos han robado; cuando en materia laboral dos tercios de los empleados corren el riesgo de ser automatizados.

Medir la brecha digital nos permite diferenciar entre aquellos hogares donde sus miembros hacen uso de estas tecnologías avanzadas y aquellos en los que no.

Lo digital es un tema político; no de los políticos para que se entienda claro.

Estamos avanzando hacia un mundo hiper interconectado donde lo político, lo social y lo cultural están siendo atravesados con el mejor de los algoritmos que lo busca y lo sabe todo.

¿Quién tiene el poder entonces?

La libertad, la justicia y la democracia misma están jaqueadas por las potencialidades y los peligros de las tecnologías emergentes, para que se puedan dar respuestas integrales a esta problemática en la que todos vamos quedando sumergidos.

El futuro que nos han robado, según lo pensemos, es un mundo lleno de crisis sucedidas una tras otra, generadas por cambios y más cambios que conllevan auténticas transformaciones que parecen no tener fin y convierten a todo como algo natural y normal en el mundo en que se vive como vida que es movimiento, de otra forma no puede ser entendido.

¿Dónde está la llegada de esa dulce primavera que tanto esperamos?

¿Cuáles son los parlamentos del futuro?

Para ser más claro:

Cuáles serían los commodities de este nuevo siglo?

¿Hay sobrevida en la cima de esta montaña?

¿Seguiremos pensando en quien nos ha robado el futuro o quien se ha robado mis datos, mi identidad, mi todo?

¿Habrá un renacimiento espacial?

El camino del futuro robado no es una receta de cocina, un manual de estudios o un buen diccionario que nos permita traducir idiomas.

Nuestra sociedad le da una exagerada importancia a la racionalidad, las doctrinas, el saber teórico y especialmente a las recetas mágicas que no existen.

Es por esa razón que aparecen tantos predicadores o profetas que nos hablan del miedo a fracasar, a la perseverancia, a la creatividad, a aprender a pensar en términos de lo improbable, para hacernos un poco más ingenuos y animarnos a pensar en grande.

Es de cómodos pensar que Lionel Messi es un superdotado, futbolísticamente hablando.

Nadie puede negar que tiene habilidades superiores a la media normal, como tampoco nadie puede negar que se haya equivocado.

Primero jueguen y luego estudien. Dejen de ser ingenuos.

Aunque para encontrar ese futuro que nos han robado sea necesario ser un poco ingenuo.

Lo más importante de todo es pensar en que es lo que vamos hacer para dar batalla.

Ir viendo, es decir, prueba y error.

La eterna sabiduría de nuestros abuelos de que estaban en lo cierto, no consistía en ir a las mejores universidades, esto no significa que alguien se aparte de concurrir a ellas, pero sí que dejemos de creer que la educación convencional es la única fuente de conocimiento y aprendizaje.

De hecho, rara vez lo es.

La mayoría de las cosas que aprendemos en nuestras vidas, lo hacemos mediante la experiencia práctica, y no desde el conocimiento teórico.

La forma en que aprendemos a caminar es el ejemplo más típico.

Nadie nos explica todos los fenómenos físicos que se dan cuando apoyamos los pies sobre la tierra intentamos hacer equilibrio para mantenernos erguidos.

Sin dudas que a casi todos los aprendizajes siempre lo hacemos con ayuda de alguien y no solos.

Debemos prestarle tanta atención a las opiniones de los sabios mayores como a las demostraciones de los hechos, ya que ellos tienen la percepción de su experiencia que los ayuda a mirar correctamente la realidad.

Vivimos en una sociedad que le da demasiada y exagerada importancia a la racionalidad, a las doctrinas, al saber teórico y especialmente a las recetas.

Es quizás por estas cosas que terminamos pensando en que se nos está quitando o robando algo cuando lo perseguimos sin poder alcanzar el éxito.

Voy a enumerar algunos de los hábitos que por estas circunstancias creamos:

  • Habito a perder o fracasar.
  • Habito a la perseverancia.
  • Habito a la creatividad.
  • Habito a la competencia multicultural.
  • Habito de aprender a pensar en términos de lo improbable.
  • Habito a ser un poco más ingenuos y animarnos a soñar en grande.

Los hábitos del futuro tienen que ver con las habilidades que no siempre se nos enseñan.

Tenemos que empezar a ver el mundo como uno solo.

Si tenemos un proyecto, el mercado, sus clientes, sus proveedores y potenciales socios no tienen que tener un límite geográfico.

Hoy existen una infinidad de herramientas para contratar a alguien a distancia o utilizar los servicios de una persona que vive en la otra punta del mundo.

Esto es lo que nos permite una multiculturalidad ayudada por la tecnología como una gran aliada y también como una gran salida.

Para ir terminando esta nota voy a invocar respondiendo a que nadie nos ha robado nuestro futuro, el éxito de encontrar aquello que buscamos o en que creer está en nosotros mismos.

La tecnología esta no solo para cambiarnos la vida a unos pocos, sino a todos.

La experiencia no tiene por qué ser contraria a la ingenuidad.

Cuando más conozcamos el mundo y cómo funciona todo pueden llegar anticipadamente los cambios esperados.

Debemos concentrarnos y aprender de la gente que si lo logro.

Al final, es una cuestión de como vemos el vaso.

Para hacer cosas grandes, no hace falta ser grande, hace falta ser un poco ingenuo.

No hemos sido víctimas de una invasión extraterrestre sino de un tiempo interesante.

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