jue. Dic 5th, 2019

Recuerdos de la Guerra de Corea

Corea un estado milenario, ocupado por Japón a fines del siglo XIX, fue liberado por los Aliados en 1945, dividiéndose en dos partes, según las áreas influencia. Al norte del paralelo 38, los soviéticos que patrocinaron un estado comunista, y al sur, con capital en Seúl, los Estados Unidos crearon un estado pro occidental.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El MINUTO para Argentina

El líder de Corea del Norte, Kim Il sung – abuelo del actual dictador Kim jong un – decidió unificar la península por la fuerza. La debilidad militar del sur y el considerar que Estados Unidos no intervendría directamente por cuestiones políticas, se lanzó a la aventura el 25 de junio de 1950, cuando tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38.

Las fuerzas de Corea del Norte, equipadas y adiestradas por los soviéticos, contaban con un buen surtido de armamento, motivación y espíritu combativo. Sus fuerzas acorazadas estaban equipadas con los potentes T34 y su aviación poseía los modernos Mig, en manos de avezados pilotos soviéticos.  Stalin que de alguna manera incentivó la invasión buscaba el control de la estratégica península y reforzar su influencia en el Extremo Oriente.  Estados Unidos contaba con fuerzas escasas en la península, además de las tropas de ocupación en Japón.

Las fuerzas navales contaban con la VII Flota con base en Filipinas.  El arrollador avance norcoreano, liderado por el general Choi Yong-kun, acorraló a las fuerzas sucoreanas en Pusan, junto a los efectivos de Estados Unidos que estaban en la Península.  La situación era dramática. 

Estados Unidos consiguió el mandato de Naciones Unidas por medio de una resolución de la Asamblea General, la célebre resolución Pro Paz. El Consejo de Seguridad no intervino por un tecnicismo legal, y además era posible el veto soviético. Hábilmente el Departamento de Estado logró esta victoria jurídica que le permitió al presidente Harry S. Truman, liderar una coalición internacional, formada mayoritariamente por fuerzas estadounidenses. El comando en jefe de las fuerzas de Naciones Unidas fue encomendado al legendario general Douglas McArthur, a sazón comandante de las fuerzas de ocupación en Japón.

Las fuerzas surcoreanas, estaba en manos del general Chae Byong Duk, que no contaba con medios pesados fueron acorralados en el perímetro de Pusan al sur. Era cuestión de tiempo que estas fuerzas fueran destruidas.  Estados Unidos no contaban con fuerzas suficientes. Su ejército era solo de 590.000 efectivos, la fuerza expedicionaria por excelencia, los Marines había sido reducida a su mínima expresión. El presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Omar Bradley, de aquellos años había propuesto disolver los Marines. McArthur le solicitó al presidente Truman una división de infantes de marina, para llevar a cabo una de las acciones más audaces de la historia militar contemporánea.  Lo que hoy llaman “Arte Operacional”.

La situación militar demandaba soluciones urgentes, era cuestión de semanas que Pusan cayera y Corea se perdiera para siempre. El plan de Mac Arthur era un desembarco en las espaldas del enemigo a más de 200 km del frente. El lugar elegido, Inchon. Esto implicaba serios desafíos, por el oleaje, las posiciones defensivas norcoreanas de la isla cercana de Walmi – do y otras dificultades de índole geográfica y climática.  A ello se unía el peligro de las minas marinas, sembradas por millares. Las fuerzas navales norcoreanas habían sido barridas en un encuentro naval, donde una modesta flotilla de torpederos norcoreanos fueron hundidos por un grupo de tareas naval anglo norteamericano (un crucero, un destructor y una fragata).  Mientras tanto las ideas de Mac Arthur generaron fuertes resistencias en el Pentágono. El Plan, conocido como “Operación Cromita” consistía en el desembarco de una división de infantes de marina, que reconquistarían Seúl, mientras que la 7ma División de Infantería iría al sur. Estas unidades estarían bajo control del 8º Ejército.  Los norcoreanos quedarían privados de su principal base aérea y terminal marítima.

Los desafíos logísticos eran enormes, los Marines requerían 3.000 toneladas de materiales, parecía que llevar a cabo la operación era imposible. La resistencia del mando naval de Estados Unidos era importante. Mac Arthur era un comandante audaz y decidido y a pesar de la oposición, logró imponer su criterio.  En 23 días llevó diseñar el plan. El comandante de la VII Flota tenía que ejecutar cuatro puntos. 1. Desembarcar en la isla Wolmi do un batallón de marines, suprimir sus defensas. 2 desembarco principal en las playas Rojo, Amarillo y Azul de Inchon a las 17 horas a cargo de la 1ª División de Marines. 3 Ampliar la cabeza de playa y conquistar bases aéreas enemigas, para luego llevar a cabo el desembarco de la 7ª División del Ejército. 4. Apoyo de fuego desde medios navales, a través del fuego de buques, empleo de aviación embarcada.   Un plan sencillo, pero de difícil ejecución.

La operación Cromita. El desembarco de Inchon. Relevo de MacArthur

El asalto anfibio implicó el despliegue de 262 buques de Canadá, Estados Unidos, Francia. Reino Unido, Países Bajos, y Nueva Zelanda para desembarcar 70.000 efectivos. El 10 de septiembre de 1950, tras estar 83 días de lucha a la defensiva, las Naciones Unidas, lanzaron el ataque a Inchon. Las defensas de la isla Wolmi d- fueron arrolladas y ello facilitó el desembarco en Inchon. Las defensas norcoreanas fueron arrolladas. Esta acción conocida como “maniobra operacional desde el mar”, que llevó a una retirada desordenada de los norcoreanos.  La osadía de MacArthur lo llevó hasta la frontera china hasta el río Yalu, con intenciones de ir mas allá de la frontera, La respuesta del régimen de Mao no se hizo esperar, dado que era inaceptable para Pekín la caída del régimen comunista de Pyongyang.

La situación fue tan comprometida que MacArthur ante la avalancha de cientos de miles de soldados chinos, requiriese el empleo de armas nucleares. Esto fue rechazado por Truman, además de haber cuestiones de índole política entre el general y el presidente. Mac Arthur fue relevado del mando y en su reemplazo. Su explotación del éxito, sin ninguna duda no midió las consecuencias políticas y provocó la reacción china.

En reemplazo de Mac Arthur, vino el general Ridgway, quien mantuvo el frente estabilizado en torno al paralelo 38, sosteniendo la marea china (1300.000 efectivos) con fuerzas inferiores en número. Pero la superioridad de Naciones Unidas en el mar, con la amenaza de poder llevar a cabo desembarcos como el de Inchon, evitó tener que sostener a las fuerzas internacionales la guerra en los términos del enemigo.  Se libraron entre 1951 a 1953 duras batallas, donde Naciones Unidas pudo mantener el control del territorio asignado a Corea del Sur. Objetivo de guerra desde el principio. El desgaste de las partes, donde ninguno podía imponerse al otro, los llevó a la mesa de negociaciones.

El relevo del general Mac Arthur es objeto de controversia, no cabe duda que la Operación Cromita, fue una muestra de talento estratégico, logró paralizar el avance enemigo, desorganizarlo, con un reducido número de bajas y provocar una retirada que casi lo llevó a la catástrofe. El avance hacia la frontera china y la idea del general de provocar una crisis militar en la propia China comunista, no ponderó la respuesta china, y la postura del presidente Truman, que a toda costa quería evitar una “tercera guerra mundial”. La superioridad numérica china se hizo sentir, pero no obstante ello, se cumplió el objetivo iniciar de Naciones Unidas, volver al statu quo ante, manteniendo la frontera en el paralelo 38.

Las pérdidas en vidas humanas fueron considerables, se estima más de 30.000 muertos de Estados Unidos en el campo de batalla, más de 300.000 civiles surcoreanos perdieron la vida como consecuencia de la guerra, más de 130.000 soldados del sur también murieron. Mientras que las pérdidas del otro bando, se estiman en 400.000 muertos del Ejército Voluntario Chino y unos 200.000 soldados norcoreanos también muertos. Las perdidas civiles de Corea del Norte se estiman en 600.000, pero son todas estimaciones, exceptuando las cifras oficiales de muertos y heridos proporcionados por las fuerzas de Naciones Unidas. Estudios mas reciente consideran que la guerra de Corea costo 1.2 millones de vidas.

El Acuerdo de Armisticio estableció entre otras cosas la actual demarcación fronteriza entre las dos Coreas, donde existe una zona desmilitarizada, o DMZ, suerte de tierra de nadie que separa las fuerzas beligerantes. Tengamos en cuenta que la Guerra de Corea, no terminó, sino que existe un “armisticio” o cese del fuego. El estado de beligerancia entre las partes continúa, lo que lleva a un importante despliegue de fuerzas, que incluyen 30.000 efectivos de Estados Unidos.  Esta situación de tensión permanente ha llevado a que ocurrieran diversos incidentes, que van desde intentos de infiltración de fuerzas especiales del norte, combates navales, captura de agentes de inteligencia, atentados, y la conocida situación derivada de la proliferación nuclear del Corea del Norte.

Los dos estados rivales siguieron caminos muy distintos, el norte, es un régimen totalitario, uno de los más severos y cerrados existentes, similar a los tiempos Stalin. El sur, luego de varios gobiernos dictatoriales, se decantó por el capitalismo y alcanzó un elevado nivel de desarrollo económico y social, convirtiéndose en una economía pujante y de proyección internacional. La geopolítica, la existencia de intereses de potencias importantes que son contrapuestos, y la evolución política de los regimenes del sur y el norte son completamente distintos, lleva a suponer que  la idea de una unificación como fue la alemana en los 90, es prácticamente imposible.

El acercamiento entre el régimen del Norte y el polémico presidente estadounidense Donald Trump, abre un capítulo hacia una posible vía de negociaciones, que a nuestro juicio no es más que una estrategia de contención por parte de Occidente, dado el poder nuclear del Norte, y dar cierta previsión en cuanto a sus reacciones y de esta manera, alejar a China como el “tutor” del régimen de Pyongyang. Para el régimen del Norte, dado su situación interna, una válvula de oxigeno para garantizar su estabilidad y viabilidad, ganar cierta autonomía respecto de Pekín y Moscú,  y en cuanto al sur, la reducción de la creciente tensión que perjudica sus intereses, especialmente su desarrollo económico, que pueda verse  afectado por una escalada de tensión contraproducente y que de alguna manera potencia su dependencia de la política de la Casa Blanca.

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