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Rusia: Poder Militar y conflictos en el siglo XXI

Rusia tiene una tensa relación con Occidente. Los intereses contrapuestos en Medio Oriente, Europa del Este, el Báltico y el Ártico, han llevado a una escalada de tensiones, que van desde el conflicto híbrido de Ucrania, la guerra de Siria, el despliegue de tropas de la OTAN en los Estados bálticos y la creciente competencia por el control del Ártico.

Por: Jorge Alejandro  Saponaro | Director de Diario El Minuto


Rusia compensa su debilidad económica, con una hábil política exterior, una reconversión de su sistema de defensa y maniobras geopolíticas llevadas a cabo con suma habilidad, teniendo un aliado – competidor, como China, que genera también una peculiar relación entre Moscú y Pekín. La diplomacia de vacunas, gracias al éxito de la vacuna contra el COVID 19, Sputnik V, le ha dado a Rusia un papel impensado en el selecto grupo de países con industria farmacéutica puntera, y le abre las puertas a consolidar lazos con América Latina y África.

Rusia es un estado multiétnico, donde prevalece la población de origen eslavo, en un vasto espacio de 17 millones de km2 tiene múltiples desafíos para su seguridad nacional. Las relaciones con Estados Unidos y Europa se han deteriorado, especialmente por el choque de intereses en Ucrania y el Próximo Oriente.

Pero estos conflictos de intereses, podemos encontrarlos en el avance de la OTAN hacia los países de Europa del Este, como el intento de Estados Unidos, en la guerra de Afganistán de extender su influencia al Asia Central, en las antiguas repúblicas soviéticas. La Federación Rusa, nació como estado independiente en 1991, con graves problemas internos, desde la corrupción a niveles alarmantes, separatismos, problemas de gobernabilidad, una economía hundida y que precisaba reconvertirse al modelo capitalista, y un panorama político, en manos de líderes, que buscaban quedarse con el máximo poder posible para conservar sus privilegios.

Es el tiempo donde nacieron los “oligarcas” que se apoderaron de antiguas empresas del estado y eran un serio desafío al poder del Kremlin (en los años 90 se estimaba que unos 150/200 de estos controlaban el 50% del PIB). La respuesta años caóticos de Yeltsin, fue el nacionalismo y un nuevo de estilo de conducción en manos de una estrella en ascenso, Vladimir Putin. Este asume como presidente interino, ante el repentino retiro de la escena de Boris Yeltsin en diciembre de 1999.

En el año 2000, fue publicado un decreto del presidente Putin, sobre los nuevos conceptos de seguridad nacional, en otras palabras, una verdadera Directiva Estratégica, donde planteaba un cuadro de situación acertado, especialmente por el despliegue de bases militares a las fronteras rusas; la presencia de la OTAN en áreas de interés nacional de Rusia, y la competencia de otros Estados, para reducir la influencia rusa en el plano internacional.

Otros aspectos, destacables la cuestión de la proliferación de armas de destrucción masiva; el terrorismo internacional, que afecta especialmente la seguridad de áreas sensibles como el Cáucaso. La cuestión del dominio de la información, ha sido objeto de interés de Rusia, especialmente al ser percibidos como mecanismos de acción psicológica y para desestabilizar el frente interno. No en vano Moscú apostó al desarrollo de cadenas de noticias, un aceitado sistema de ciberdefensa/ciberseguridad, como de reforzar sus recursos de inteligencia y contrainteligencia, dado que en el citado decreto presidencial ruso, señalaba una fuerte presencia de servicios de inteligencia extranjeros operando en suelo ruso.

La competencia en materia de tecnología y la postura adoptada por determinadas potencias industrializadas, también es considerada un riesgo a la seguridad. Especialmente por el espionaje industrial, competencia desleal, presiones de diverso tipo, agregándose un claro interés de mantener el control de determinados mercados y negar el acceso a otros actores, como desplazarlos.

Un ejemplo ha sido por ejemplo, en Argentina, la presión ejercida por poderosas empresas automotrices de Estados Unidos y Europa, para impedir la radicación de una planta de montaje de camiones, como de automotores de una reconocida firma rusa hace varios años atrás. Rusia entiende esto como un riesgo a su seguridad, dado que afecta al desarrollo de su economía. Asimismo, consideró que en el campo de la tecnología militar había – y lo hay – una carrera, que sin ninguna duda impacta en el campo de batalla del siglo XXI.

Rusia heredó un poderoso complejo industrial militar, pero con serios problemas, en materia de atraso tecnológico, corrupción y con la implosión de la Unión Soviética, muchos proveedores quedaron en nuevos y frágiles estados, complicando aún más las cosas.

Esto llevó a un profundo reordenamiento, en el marco del nuevo concepto de seguridad nacional del año 2000. Además el nivel de preparación y calidad de las Fuerzas Armadas rusas, era extremadamente bajo, un serio riesgo a la estabilidad del país. Solo la poderosa capacidad nuclear, era considerada el factor realmente disuasivo. Y por lo tanto un recurso irrenunciable. Rusia considera su empleo, a los fines de garantizar su propia supervivencia, cuando los recursos convencionales, sean ineficaces o hayan sido desbordados.

Los intentos de otros estados de extender su influencia cultural y religiosa a Rusia, es visto también como un riesgo a la seguridad nacional. La región del Cáucaso ha sido escenario histórico de este tipo de conflictos. No en vano, Rusia intervino en la pasada guerra de Nagorno Karabaj, con la clara finalidad de impedir que Turquía se convierta en un actor clave y extienda su influencia política, militar, cultural y religiosa.

Es sabido que el régimen de Erdogan busca proyectarse sobre las repúblicas de Asia Central, con las cuales tiene lazos culturales y religiosos. El extremismo islámico también tiene una agenda en dicho espacio, como quedó reflejado en las guerras de Chechenia o la actividad terrorista en Daguestán.

La injerencia extranjera también ha sido una realidad en movimientos separatistas, siendo el caso más relevante el caso de Chechenia, donde combatientes entrenados en Afganistán y otros países, fueron a librar una verdadera Yihad, en un claro intento de sembrar el caos en el Cáucaso. El dinero proveniente del Golfo Pérsico, alimentó esta estrategia. Es por ello que Rusia, ha decidido subir la apuesta, y hacer acto de presencia en el avispero sirio. El triunfo de estos grupos siniestros, implicaría un riesgo directo al flanco sur de Rusia.

El crimen organizado, que fue un verdadero azote en la presidencia de Yeltsin, copando estructuras del estado, convirtiéndose las mafias rusas en actores de proyección global, también ha sido visto como una seria amenaza a la seguridad del país. El entonces ministro de defensa ruso Sergei Ivanov en 2005, en un trabajo titulado “Las Fuerzas Armadas de Rusia y sus prioridades geopolíticas” señaló el grave peligro de los estrechos vínculos entre terrorismo y crimen organizado, algo que hemos observado en nuestra región, especialmente en Colombia, donde grupos terroristas, para financiarse tiene una estrecha relación con grupos criminales.

Rusia en el marco de estos desafíos al comienzo del siglo XXI, fueron considerada como garantías para la seguridad nacional, la protección del ambiente, gestión racional de los recursos naturales, seguridad de las instalaciones nucleares, como también la desactivación y eliminación de armas destrucción masiva, en el marco de medidas de confianza internacional y evitar el riesgo que cayeran en manos de grupos criminales/terroristas.

Uno de los aspectos clave en materia de la política de seguridad nacional, fue impulsar una activa política exterior, algo que el liderazgo del presidente Vladimir Putin tuvo bien en claro, con suma habilidad y talento estratégico.

La Directiva del año 2000, tuvo como grandes ejes en materia de política exterior, impulsar el multilateralismo, participación activa en misiones de mantenimiento de paz, incrementar el rol de Moscú en los países de la ex Unión Soviética (especialmente para la protección de las minorías eslavas e intereses económicos – estratégicos rusos), medidas de confianza en materia de seguridad con acuerdos en materia de proliferación de armas, y políticas de cooperación en materia de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.

El mantener la influencia en los antiguos estados soviéticos, integrados en gran parte en la Comunidad de Estados Independientes, no ha sido fácil, dado que Rusia no cuenta con suficiente poder económico para contrarrestar las influencias de Estados Unidos, la Unión Europea, países del Golfo Pérsico y ahora China.

La llamada “Ruta de la Seda” debería ser motivo de preocupación, dado que esto generará mayor dependencia económica de los países de Asia Central de China y esto afecta directamente a Rusia, que también puede sufrir ser “satelizada” por Pekín, convertido en la gran potencia industrial del mundo. La Organización de Cooperación de Seguridad u OCS, en los cuales participa China, Rusia y países de Asia Central, ha sido un mecanismo de promover medidas de confianza, pero no ha logrado conformar una Alianza como la OTAN, pero es una respuesta, ante los intentos de Estados Unidos de proyectarse en áreas de interés tradicionalmente rusas o chinas.

En 2005 en un documento de trabajo cuyo autor era el ministro de defensa Sergei Ivanov, señaló que las misiones de las Fuerzas Armadas rusas eran hacer frente amenazas externas, internas y transfronterizas. Los conflictos asimétricos, según el ministro, se convirtieron en un serio desafío para la doctrina militar rusa, que significó una importante transformación, en su despliegue, entrenamiento y concepción para llevar a cabo operaciones militares.

Asimismo, Ivanov dejó en claro, la posibilidad de emplear la fuerza de manera preventiva, para la defensa de los intereses rusos. Los altos precios de las materias primas, especialmente gas y petróleo, del cual Rusia es un gran exportador, permitieron generar una bonanza económica y financiar un ambicioso proyecto de modernización de la defensa nacional.

Esto permitió llevar a cabo la segunda campaña militar contra Chechenia, además de librar otros conflictos, logrando movilizar a la opinión pública con un fuerte discurso nacionalista. La reforma del complejo industrial militar, permitió a Rusia irrumpir nuevamente como gran proveedor de sistemas de arma avanzadas, incluso en mercados casi vedados como América latina y el Oriente Medio.

La transformación de las fuerzas armadas, un nuevo desarrollo doctrinario, permitió llevar a cabo acciones limitadas a pequeña escala, pero con grandes ganancias geopolíticas. Georgia, antiguo aliado de Moscú, con un cambio de régimen interno, se convirtió en un estrecho aliado de la OTAN, pero sin el adecuado apoyo material y económico.

Rusia antes de que dicho país se fortaleciera, dio un mensaje claro en 2008, con una guerra de cinco días, donde dejó a Georgia fuera de combate, y apoyo la secesión de tres regiones separatistas, controlando indirectamente al régimen de Tiblisi y neutralizando cualquier maniobra geopolítica hostil a los intereses rusos en la zona.

Ucrania, actor clave para la política rusa, tuvo su revolución de “colores” el llamado Euromaidán en 2013. El reemplazo del gobierno pro ruso por otro abiertamente hostil, llevó a Moscú a pasar a la acción directa. El acceso al Mar Negro, el control de la estratégica Crimea, era vital para el acceso ruso al Mediterráneo. En 2014 en un golpe de mano, Crimea se convirtió en un sujeto federal ruso, lo que abrió el abismo con Occidente. La crisis de las poblaciones rusas en el oriente de Ucrania, abrió las puertas para un conflicto armado, siendo un reflejo de las llamadas “Guerras Híbridas”, concepto que Moscú se ha convertido en un referente.

En materia de política exterior, Rusia ha desarrollado la llamada “Doctrina Primakov” en honor al brillante ministro de exteriores ruso, cuyas directrices en política exterior señalaban, una mediación de bajo costo – no empeñar grandes recursos ni efectivos en áreas determinadas – mantenimiento de la influencia rusa en las antiguas repúblicas soviéticas, Oriente Medio, impulsar el multilateralismo frente a Estados Unidos, un acercamiento con India, China para generar un contrapeso frente al poder de Washington. La respuesta de este ha sido buscar aislar a Rusia, proyectándose sobre países periféricos a la región euroasiática, como los casos de Ucrania, Georgia, países Bálticos y de alguna manera tolerar las aventuras de Ankara en el Oriente Medio.

Moscú hace unos años regresó al escenario africano, a pesar que el gran actor en este es China, que gracias a su abultada billetera, se ha mostrado como una alternativa a los europeos, muchas veces reacios, hacer negocios con gobiernos impresentables, por presiones políticas domésticas. Rusia tiene menos capacidad en materia de inversiones que China, pero hábilmente ha logrado instalarse en el escenario africano, apoyándose en históricos aliados en la región como Argelia. Los rusos se han mostrado más eficientes para garantizar estabilidad, en escenarios como la conflictiva República Centroafricana, y como proveedores de avanzados sistemas de armas. Otro ejemplo de este “regreso” es el establecimiento de una base naval rusa en Sudán.

La crisis del COVID puso otra dura prueba a Moscú, con una economía ya golpeada y con tensiones políticas internas, además de un claro deterioro de las relaciones con Europa. El lanzamiento de la vacuna Sputnik V, pone a Rusia en el selecto grupo de países, que han sido pioneros de vacunas, cuya demanda, incrementa su presencia política. El mal manejo de Estados Unidos de la crisis sanitaria, permitió tanto a Moscú como a Pekín, con su “diplomacia de vacunas” tener una mayor presencia en América Latina y África.

Las Fuerzas Armadas rusas ante el nuevo milenio

El fin de la Unión Soviética significó una crisis casi terminal a los militares rusos. El enorme arsenal heredado, especialmente sofisticados submarinos nucleares, una gigantesca flota de aeronaves, blindados, y un largo etc., era insostenible mantener. La guerra de Chechenia, un verdadero fiasco militar, llevó al gobierno a revisar la situación de sus fuerzas armadas a fondo. Una enorme tarea, dado que gran parte del armamento era anticuado y la magnitud de los efectivos.

En 2003 el Ministerio de Defensa inició un proceso de reestructuración, miles de profesionales tuvieron que irse a sus casas, se tomaron medidas drásticas para hacer eficiente el gasto militar, incrementar las inversiones, lo que significó reducir el número y magnitud de fuerzas. En 2004 se dio luz verde para la formación de Fuerza Permanente de Alta Disponibilidad, que actuó con mayor rapidez y eficacia en la crisis chechena. En 2008, luego de la guerra de Georgia, las fuerzas rusas seguían teniendo falencias en sistemas de comunicaciones, comando y control, obtención de objetivos, guiar ataques aéreos o de artillería con eficacia. La posible ampliación de la OTAN a Ucrania y Georgia, generó alarma en Moscú.

El ejército por ejemplo organizado en divisiones al estilo soviético, dio paso a unidades tipo brigada, menor número de efectivos, mucho más móviles, una gran potencia de fuego y una sustancial autonomía logística respecto al modelo vigente. La reducción de la fuerza permanente incrementó la importancia de los reservistas.

En 2011 fue aprobado un programa de armamento, que tuvo como objetivo que en el 2020, el 70% del armamento ruso fuera moderno. No obstante ello, y la dificultad para llegar a esa meta, el material antiguo fue modernizado, y su eficacia fue puesta a prueba con éxito, como los aviones de combate SU 24, SU 25 o Mig 31. En 2012, de la mano del ministro de defensa Shoygu, hubo nuevos cambios, especialmente en materia de organización, donde los cuerpos de ejército recuperaron su lugar, mejorando la capacidad de comando y control de fuerzas en mayor número en el campo de batalla.

La gran novedad en esta etapa fue las mejoras en materia de guerra híbrida, donde las fuerzas rusas recibieron una particular preparación. Las fuerzas navales, que deben operar en teatros muy particulares, como el Mar Báltico, el Ártico, Océano Pacífico y el Mar Negro, hicieron un gran esfuerzo para evitar la pérdida de capacidades, por el alto costo de mantenimiento de una flota envejecida.

Paulatinamente una nueva generación de fragatas, corbetas, destructores, submarinos nucleares y convencionales. La marina rusa está adquiriendo capacidades punteras anti acceso y denegación de área (conocidos como Estrategias A2 AD).

Luego de años de penurias y operar viejos buques de la era soviética, lentamente se construyen nuevos buques, estando previsto un nuevo portaaviones La puesta en marcha de una nueva doctrina militar ha generado particular importancia a los vehículos aéreos no tripulados, misiles crucero, sistemas de defensa antiaérea de largo alcance, etc.

El proceso modernizador estuvo sostenido con el incremento sustancial del gasto militar, que en la primera década del Siglo XXI, de US$ 27.000 millones, llegó a US$ 61.000 millones en 2016. El incremento del gasto estuvo acompañado por un proceso de profesionalización, reduciendo la dependencia del personal proveniente del servicio militar obligatorio.

El personal de cuadro permanente de 350.000 se redujo a 150.000 para finalmente contar con unos 250.000, más 450.000 soldados profesionales. El problema del reclutamiento, viene de la mano del envejecimiento de la población, que afecta especialmente a los mandos, en su gran parte de origen ruso étnico. Los distritos militares, dieron paso a mandos conjuntos, más el del Ártico.

Rusia aprendió las lecciones pasadas, los líderes militares y políticos, saben que no pueden competir con el poder de la OTAN. Saben que la competencia en el plano tecnológico e industrial militar, llevó a la URSS a la ruina. No van a repetir la historia, por ende las fuerzas rusas evolucionaron hacia el desarrollo de capacidades convencionales combinados con escenarios de guerra híbrida.

En 2012, en el marco de cambios, fueron organizadas dos fuerzas conjuntas con 150.000 efectivos de terrestres y aéreos, con un neto perfil convencional, sin olvidar el desarrollo de capacidades para escenario de guerra no convencional/híbrida.

En el plano terrestre, se basa en la estrategia de dominio focalizado, y de la “suma a través de la resta” que como explica el general español Pardo de Santayana, significa debilitar y desestabilizar a un país vecino para reforzar la posición rusa respecto de dicho estado.

El sitio es el método preferido de lucha y donde la velocidad es vital para dar golpes contundentes, y de esta manera, ganar tiempo ante la reacción internacional. En este marco tenemos que mencionar la doctrina Gerasimov, un verdadero cambio en la mentalidad militar rusa, enterrando el concepto soviético de uso masivo de fuerzas, por otro más versátil, flexible que integra fuerzas convencionales, especiales, combinado con operaciones psicológicas y desinformación, actores locales (milicias, grupos insurgentes).

La política exterior rusa, ha tenido sus éxitos, lo que ha permitido acceder a nuevas bases aéreas y navales, que compensan las serias limitaciones de despliegue estratégico de las fuerzas aéreas y navales rusas. La prueba de fuego de este modelo vino con los conflictos de Siria y Ucrania.

En el caso de Ucrania, fue una apuesta arriesgada en el marco de la puesta en marcha de la nueva doctrina de defensa. Crimea fue anexada por medio de un verdadero golpe de mano, explotando hábilmente la debilidad del régimen de Kiev, rápidamente creando las condiciones para un referéndum, donde dicho territorio regresó al control de Rusia (había sido rusa hasta 1953, cuando por decisión de Jruschev fue transferida Crimea de Rusia al control ucraniano, parte del imperio soviético en ese entonces) La sorpresa, puso en evidencia la eficacia de la inteligencia estratégica rusa en el conflicto. La crisis en las regiones del Donbass y Donetsk, fue también explotado por Moscú, que armó a las milicias locales, creando dos estados de facto independientes, que libran una guerra de desgaste con Kiev.

De esta manera Rusia conserva el control indirecto de dos áreas que históricamente son las más industrializadas de Ucrania y estrechamente ligadas a Rusia, no solo por cuestiones étnicas, sino económicas, con la correspondiente sangría para Ucrania.

La vigencia del conflicto ha sido un serio condicionante para que Kiev diera los pasos para ser parte de la Unión Europea y la OTAN. Rusia ha creado un “cinturón” de amortiguación formado por las regiones separatistas rusas en Ucrania y Crimea. Esto afecta la viabilidad de Ucrania, le resta margen de maniobra y la condiciona. En 2016, en el marco del conflicto híbrido ucraniano, un ciberataque dejó sin energía a 225.000 personas en Ucrania, en pleno invierno.

Ahora los expertos hablan de “cibermilicias” que operan en la llamada “dark web” contratados por Rusia o por agencias de inteligencia rusas, que han sido un verdadero quebradero de cabeza para la Unión Europea. Incluso se habla que esto ha llegado tan lejos, que han intervenido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, cuando fue electo el entonces presidente Donald Trump, un personaje que en cierto punto, era afín a intereses de Moscú, con sus ideas. Volviendo al tema de Ucrania, Rusia obtuvo una victoria estratégica, cuyo objetivo era impedir que dicho país ingresara de lleno a la Alianza Atlántica y por ende la instalación de bases en un área muy sensible para el interés nacional de Moscú., con el empleo mínimo de fuerzas. El efecto las sanciones han sido importantes, pero no tan graves, para hacer mella a la voluntad rusa.

En Siria, en 2015, fue otro golpe maestro de la estrategia rusa. La política de Estados Unidos en dicho país, creó las condiciones para el triunfo de los yihadistas, lo que abría las puertas a su proyección sobre el flanco sur ruso, el convulso Cáucaso.

El campo de batalla sirio, fue otro ejemplo de formas de hacer la guerra no convencional. Los rusos en una primera instancia desplegaron medios navales y aéreos, en el plano terrestre, tropas de fuerzas especiales, mercenarios (contratistas privados) que proveyeron apoyo a las fuerzas sirias y sus aliados (Hezbollah, milicias pro Assad), de manera escalonada llegaron apoyos de artillería, comunicaciones, inteligencia, comando y control.

Fuerza navales rusas golpearon con misiles crucero desde sus despliegue en el Mediterráneo e incluso el Mar Caspio. Los rusos lograron una adecuada integración con las fuerzas sirias, adoptaron una táctica de atacar grupos terroristas y rebeldes, de manera limitada, pero con el objetivo de mermar su capacidad de combate, generar presión psicológica sobre los combatientes. Las fuerzas contrarias al régimen de Damasco, sufren bloqueos, que les impide el acceso asistencia sanitaria, alimentos, y equipo de combate, como reemplazo de personal perdido en la batalla.

Esto afectó especialmente a la población civil que les brindaba apoyo, y también provocó el derrumbe de las fuerzas rebeldes. La política de rotar mandos medios y altos en el teatro sirio, permite que adquieran valiosa experiencia en guerra no convencional, lo que impacta en la calidad de las fuerzas armadas rusas.

El campo de batalla sirio, los rusos tuvieron bien en claro los objetivos, los recursos disponibles y los medios asignados para el cumplimiento de los objetivos, es por ello el éxito de su intervención. El esperado derrumbe de Assad, no sucedió y Rusia aleja el problema de un “paraíso” extremista que hubiera exportado el terror al corazón de la misma Rusia. En este escenario, Moscú desplegó armamento moderno, como otro más anticuado, debidamente modernizado, que cumplieron acabadamente.

La valiosa experiencia siria, permitió que las fuerzas rusas fueran desplegadas en apoyo a la República Centroafricana, Libia, Mozambique, Madagascar, agregándose las facilidades navales y aéreas en África y posiblemente en América Latina, especialmente en Venezuela. La delicada situación de Afganistán, donde el presidente Trump negoció la paz con los talibanes a cambio del retiro de las tropas norteamericanas, no hizo más que agudizar la escalada de violencia. Los talibanes no cumplieron nada y apuestan con imponer su dictadura religiosa.

Rusia sabe que ello implica problemas en áreas sensibles, como las repúblicas de Asia Central y no ha dudado, en ofrecer tropas de pacificación. Siguiendo con las torpes políticas de Trump, en materia de acuerdos de control de armamento, no ha hecho más que aumentar las tensiones, la proliferación de armas, especialmente en materia de misiles.

El fracaso de Estados Unidos en los conflictos libio, sirio, afgano, ha sido la gran oportunidad del Kremlin, que recupera viejos lazos con antiguos aliados como Egipto, lleva a cabo ejercitaciones conjuntas con China e Irán en el Océano Índico. Rusia también ha llevado a cabo ejercicios con Sudáfrica, la primera potencia de África subsahariana.

El Ártico es otro escenario de tensión entre Rusia, Canadá, Estados Unidos y ahora China, que gracias al calentamiento global, se convertirá en una ruta de navegación alternativa, además del potencial en materia de hidrocarburos, y el valor estratégico.

El presidente Putin hizo del Ártico una verdadera causa nacional, su control obedece también a la seguridad del propio espacio, especialmente Siberia, vasto espacio escasamente poblado y de gran potencial minero y energético.

En el plano militar se han organizado brigadas adaptadas especialmente al combate en el escenario ártico, acompañado por la recuperación de bases aéreas, despliegue de baterías antiaéreas de largo alcance S300. El poder naval en la zona también está siendo reforzado, aplicando la estrategia A2 AD, apoyada por el desarrollo de armas sumamente novedosas, por ejemplo el torpedo Poseidón, que podría ser un USV, de 24 metros de eslora, será el arma de submarinos estratégicos Belgorod.

Las fuerzas armadas rusas han tenido una transformación espectacular, se encuentran adaptada al escenario híbrido, donde no existen “fronteras” entre la paz y la guerra, lo militar y civil, lo convencional y no convencional. Todo ello apoyado por una desarrollada inteligencia estratégica, un liderazgo de calidad – Putin es un brillante “jugador” en el plano geopolítico – y una renacida capacidad tecnológica puntera.

Rusia aprendió las lecciones de la Guerra Fría, la guerra de Afganistán, como de la crítica situación post soviética. Moscú ha construido su sistema de propaganda e información, como herramientas de ciberdefensa muy sofisticadas, y una gran habilidad para llevar a cabo operaciones psicológicas. Las Fuerzas armadas rusas están preparadas para operar en escenarios donde reina el caos y gracias a la explotación hábil de la debilidad del oponente, Rusia se convirtió en dos décadas en un actor global., apoyado por un instrumento militar renovado y plenamente adaptado a los conflictos del nuevo milenio.

Rusia frente a los desafíos del siglo XXI.

El liderazgo ruso es consciente de las limitaciones del país, especialmente en materia de economía y demografía. La alianza con China obedece a una estrategia de contención ante un país que ejerce una importante presión demográfica en áreas fronterizas en Siberia, varias de las cuales hasta fines del siglo XIX eran parte del viejo imperio chino. El cambio climático afecta sin ninguna la vasta Siberia, la dependencia de la exportación de recursos naturales, como del complejo militar, son factores de vulnerabilidad, dado que por un lado, los precios de los recursos como el gas o el petróleo, pueden caer estrepitosamente o ser susceptibles de embargos o presiones internacionales. Poro otro lado el lucrativo negocio de vender armamento, tiene limitaciones políticas y depende también de la situación económica, que permita a los mercados tradicionales, poder realizar compras importantes.

A pesar de la demonización de Rusia por parte de medios de comunicación, es un país conducido por un liderazgo prudente, que sabe actuar en escenarios complejos. Es por ello que la debilidad del país ha sido compensada por un cambio radical de la doctrina de seguridad nacional y militar, un brillante sistema de inteligencia estratégica, una activa política exterior y saber explotar con suma habilidad las oportunidades favorables.

Rusia es una nación que emergió varias veces de las cenizas, tiene una gran capacidad de resiliencia, algo que pocos analistas tienen en cuenta al estudiar este enigmático y extraordinario país.

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