lun. Ago 19th, 2019

Diario el Minuto

Rusia Presente y futuro

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro, Director El Minuto Argentina.

El ocaso de la Unión Soviética, llevó al gobierno de la entonces República Federativa Socialista Soviética de Rusia, recuperar su identidad y proclamar, para nosotros el “renacer” de esta antigua nación, bajo la denominación de Federación Rusa. Sus primeros años fueron sumamente difíciles, por las fuerzas centrífugas, la corrupción, y el separatismo que alimentaba a muchos estados federados. Parecía que el país se iba sumergir en el caos y desaparecer. Una vez más el “alma rusa” sobrevivió y logró renacer para convertirse hoy un actor global de primer nivel.

Por: Jorge  Suárez Saponaro, Director El Minuto Argentina

Un amargo despertar

La revolución de Octubre de 1917, que terminó con el imperio zarista, abrió las puertas a la creación de un experimento político hasta entonces único. Las ideas de Marx, serían llevadas a cabo, con un altísimo costo humano – el régimen stalinista significó la muerte de millones – para convertir al Imperio ruso, en Unión Soviética, la “patria” del socialismo real. La Segunda Guerra Mundial catapultó hasta entonces una potencia regional, en una potencia mundial, al estar al mismo nivel en los 60 que Estados Unidos. El mundo tembló ante el poder soviético, no solo militar, sino científico técnico.  El “imperio” soviético no pudo sobrevivir a la crisis, a pesar de los intentos de que tuviera continuidad, finalmente se derrumbó, dando paso a que las dieciséis repúblicas que lo conformaban se convirtieran en estados soberanos, heredando todo tipo de problemas, que van desde inestabilidad interna, a verdaderos estados controlados por “mafias” y líderes autocráticos, guerras y el avance de la OTAN sobre áreas clave, como eran las repúblicas bálticas.

Rusia vive momentos de zozobra, el presidente Boris Yeltsin, desaparece por semanas, nadie sabe bien a ciencia cierta lo que pasa con él, hay una pugna de poder. Este en 1993 decide disolver las instituciones heredadas de la Unión Soviética, que termina en una intentona de golpe. Finalmente Rusia ingresa “al mundo” con una serie de reformas de neto corte neoliberal.

Empresas sucumben, muchos quedan desamparados, hay miseria como hacía décadas que no se veía, mafias se instalan y se apoderan de parte del aparato económico del estado. En Occidente se habla de estos personajes como “los zares del gas, petróleo, etc”. El país queda en manos de unos 150/200 oligarcas, a pesar de ello, Yeltsin logra centralizar el poder y supera las tendencias separatistas de varias repúblicas autónomas, excepto Chechenia, donde una combinación de nacionalismo e infiltración de Islam radical, degenera en una guerra atroz, que en una primera instancia termina en derrota política del Kremlin.

En Occidente hablan de Rusia como un país tercermundista, con sus fuerzas armadas liquidadas, que solo sobrevive gracias a su poderoso arsenal nuclear, que también es puesto en duda, por el estado del país.

La herencia soviética, dejó a un país sin un sector rural, sistema bancario comercial y un complejo industrial obsoleto, estrechamente ligado al área militar. La caída del gasto militar, derrumbó al sector industrial. El capitalismo salvaje era una realidad. La libertad de estilo Occidental, era solo un simple espejismo donde se beneficiaban unos pocos.

La política depredadora aplicada por el gobierno, genera una verdadera tragedia social. No hay transición, los precios se disparan, la fuga de capitales son de miles de millones. El crimen organizado alcance un poder fenomenal y se convierte en una verdadera internacional del crimen, que disputa poder con viejas organizaciones existentes en Occidente y Oriente. 50 millones de rusos están en la miseria. El pueblo ruso acostumbrado a enormes sacrificios, sobrevive, pero esta situación genera una sensación de frustración. La idealización de tiempos pasados, especialmente en materia de política exterior y poder militar.  Existe una sensación de traición por parte de los lideres presuntamente “reformistas”.

Renace la idea de la “Madre Rusia” y de la preocupación por 20 millones de rusos étnicos que quedaron como ciudadanos – muchas veces de segunda como en los estados bálticos donde se les niega la ciudadanía plena –por su situación y de estrechar lazos con países eslavos como Ucrania y Bielorrusia.  La idea de mantener como se puede la Flota del Mar Negro, tiene que ver con ese prestigio perdido, a pesar de la situación calamitosa de la marina rusa.

Rusia además en el frente externo observa como ofensas a sus intereses la creación del estado de Kosovo, vieja provincia del aliado serbio, la llegada de combatientes extranjeros al Cáucaso, el avance de Estados Unidos sobre viejas áreas de influencia.

Una nueva guerra se avecinaba en Chechenia y la economía se derrumba como parte de la crisis global de 1998. En esos momentos, un líder desconocido asciende al poder, un antiguo oficial de la otrora poderosa KGB, Vladimir Putin, llega a ser primer ministro.  Las elecciones parlamentarias legitiman a Putin y el desgastado Yeltsin, se aleja de la vida pública y nombra como su “delfín” al primer ministro Vladimir Putin. En el año 2000, este es electo por el 52.9% de los votos.

El renacer nacional

Putin, con un peculiar estilo de liderazgo, propio de la idiosincrasia rusa, centraliza el poder y libra una dura batalla para consolidar al Estado. Retoma un discurso nacionalista,  una suerte de retorno a una idealización de la Rusia histórica. En este proceso juega un importante papel la regeneración de las Fuerzas Armadas – en su gestión el complejo industrial militar agonizante es reorganizado completamente – y el valor de la Iglesia Ortodoxa rusa.

El proceso de centralización de poder, limita la autonomía de las sujetos de la Federación, esto habilita al presidente a cesar a gobernadores acusados de delitos, disolver congresos locales que dictaran leyes contrarios a la Federación, y una nueva ley de partidos, limitando el acceso de grupos minoritarios al Parlamento. Enfrentó a los oligarcas, muchos de ellos tuvieron que hacer las maletas e irse, o terminar bajo rejas.

El gobierno ruso se lanzó a recuperar el control de las grandes empresas energéticas. A pesar que el país depende fuertemente de la exportación de energía, en 2008, en el marco de una recesión mundial, Rusia del puesto 23 pasa al 9. El país todavía tiene un sector privado atrasado, industria obsoleta, problemas de infraestructura y un sector de servicios con serias falencias. Putin, es un personaje pragmático y no pierde tiempo, apostó a sectores competitivos.

El complejo industrial militar, donde medios especializados de Occidente lo mostraban como atrasado y destinado a desaparecer, a pesar del daño de la era Yeltsin, fue reorganizado, convirtiéndolo en uno de los sectores más dinámicos de la economía, compitiendo de igual a igual con grandes firmas de Occidente. En poco tiempo Rusia recupera posiciones como exportador de alta tecnología militar. Es el segundo exportador militar mundial.

Las fuerzas armadas, sumamente afectadas por la implosión soviética, son reorganizadas, se imponen en la guerra de Chechenia y es lanzado un programa de regeneración del aparato militar y de seguridad. El poder nuclear se mantiene y son puestos en servicio sistemas que sorprenden a Estados Unidos por su capacidad y alcance. El país enfrenta una serie de amenazas asimétricas, lo que influye mucho en la doctrina militar.

El terrorismo, separatismo, crimen organizado transfronterizo, son empleados de manera positiva para promover la cohesión nacional. El control de los medios de comunicación es una realidad, pero esta vez orientado a mejorar la imagen del país y de alguna manera para recuperar la “autoestima”.

Esto es objeto de críticas por limitaciones para la libertad de expresión. Desde la perspectiva de Rusia, esto no es el problema, el control de medios de comunicación por parte del Estado, obedece a evitar que caiga en manos extranjeras y se repita la historia en tiempos de Yeltsin y sirva como una suerte de quinta columna.

Rusia adopta en la “Era Putin” una nueva estrategia nacional, donde la geopolítica tiene un rol esencial. Moscú ahora habla de “áreas de influencia” o “extranjero próximo” y en la agenda tiene como objetivo terminar con el avance de Occidente a zonas de interés, especialmente Asia Central y el Cáucaso, además de Ucrania. El ingreso a la OTAN de los estados bálticos es percibido como una amenaza directa al país. El retroceso sufrido en los Balcanes, es considerado una verdadera derrota estratégica.

Rusia no tiene el dinero, ni el poder de Occidente, pero con una hábil política, supera los obstáculos. Desde Occidente son apoyados movimientos para derrocar gobiernos pro rusos. En el caso de Georgia, país que aspira a ingresar a la OTAN, Rusia responde con una guerra de unos pocos días, en el cual las regiones separatistas de Osetia y Abjasia se separan de hecho de Georgia.

 

Rusia apoya sin tapujos a los armenios, enfrentados con el pro occidental Azerabaiján, por el enclave armenio de Nagorno Karabaj. El avance de Estados Unidos en países como Kirguizistán, Tayikistán, y Uzbekistán, dado que precisa bases para sus operaciones en la guerra contra el terrorismo en Afganistán, son gotas que rebalsan el vaso.  En el caso de Kirguizistán, este regresó al redil ruso, igual que Bielorrusia que se mantiene con Alexander Lukashenko, como un firme aliado.

Ucrania es el campo de batalla de intereses opuestos. La corrupción y la depresión económica motivaron a muchos a ver a la Unión Europea como una “panacea” de desarrollo, a ello se une un nacionalismo antirruso, chocando con una importante población de lengua rusa. El país tiene una verdadera crisis de identidad, para Rusia está en juego, no solo la pérdida de un espacio que considera históricamente propio – tiene que ver con los tiempos del Principado de Kiev – y por ende considerado como núcleo de la antigua Rusia, sino por aspectos geopolíticos, especialmente por el acceso al Mar Negro.

La seguridad de Rusia, no solo pasa por mantener cierto grado de influencia en las viejas repúblicas soviéticas, sino con expandir esa influencia en áreas que habían sido pro soviéticas, especialmente en Oriente Medio, sin movilizar recursos a escala, tanto militares como económicos y promover el multilateralismo como freno a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados atlánticos.

Esto incluye la alianza con India (viejo aliado de Moscú en la guerra Fría) y China. Así nació la idea de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), suerte de club de economías emergentes, que apuestan al multilateralismo.  La energía es el “arma” que tiene Rusia para incrementar su influencia, esto es percibido por Occidente, que explota la debilidad que tiene Rusia en materia de capital y tecnología, para competir en la primera línea con grandes corporaciones de Europa o Estados Unidos.

Rusia maniobra con suma habilidad en la materia, busca explotar los errores del adversario en provecho propio.  Turquía enfrentada con su viejo aliado estadounidense, buscó apoyo en Moscú. Irán otro “paria” internacional ve en Rusia como un actor clave para superar los embargos y el aislamiento.

Rusia percibió la gravedad del conflicto sirio para sus intereses en el Cáucaso y en el Mediterráneo. Su viejo aliado, que le facilitaba la estratégica base de Tartus, se derrumbaba para posiblemente dar paso a un régimen salafista – ligado a las petromonarquías del Golfo – lo que significaba la creación de una plataforma que podría explotar problemas a la estratégica región del Cáucaso e ir mas allá, llegado al Asia Central.

Moscú sabía el costo geopolítico de una pérdida semejante, especialmente para la seguridad energética, como lo fue con la caída de Saddam Hussein, que previo a la invasión de Estados Unidos, empresas rusas y chinas estaban teniendo posibilidades ciertas de hacer buenos negocios en dicho país.

Siria fue un claro ejemplo del “triple salto mortal” donde Rusia decidió apostar por el régimen de Al Assad – un mal menor, a pesar de ser una dictadura, es un régimen laico – explotar hábilmente los errores de Estados Unidos, donde la misma opinión pública de dicho país tomó conocimiento que su dinero iba a parar a manos de grupos ligados al archienemigo de los americanos, Al Qaeda.

Occidente se vio obligado a tomar cartas en el asunto de ISIS, a pesar que de alguna manera lo fomentó, o por lo menos toleró, que terminó con un repliegue de este siniestro y genocida grupo. Rusia venció en el tablero geopolítico sirio de alguna manera. Moscú está en la mesa de negociaciones. Un viejo rival como Turquía, tiene posiciones ahora más cercanas a Rusia que a sus aliados de la OTAN.

En Europa el avance de la OTAN, llevó a otro golpe de efecto. La anexión de Crimea, viejo territorio ruso, que en tiempos soviéticos fue transferido a la república soviética de Ucrania. La posibilidad de que Kiev pudiera desalojar la vital base militar de Sebastopol, unido a las tensiones con la población rusa (que habita en el cordón industrial ucraniano estrechamente ligado a Rusia).

No había tiempo que perder, por un lado las poblaciones rusas del Este de Ucrania se separaron y formaron una serie de repúblicas, que gracias al sostén político abierto o encubierto de Rusia, mantienen un conflicto que Kiev no ha logrado apagar, a pesar de la ayuda occidental. La estratégica Crimen, se separó y decidió integrarse a Rusia. Los ucranianos han cometido un verdadero suicidio geopolítico al enfrentarse a Rusia.

En los países Bálticos, el avance de la OTAN, genera tensiones. Las minorías rusas son ciudadanos de segunda en Estonia, por ejemplo, y creemos que esto ayuda a complicar el diálogo entre las partes. El avance de la OTAN hacia los Estados del Este de Europa ha sido visto como una amenaza por Rusia. Las sanciones internacionales, que incluyeron el embargo de dos importantes buques de asalto anfibio construidos en Francia, fueron sin ninguna duda agresiones directas a Moscú. Existe una clara estrategia de desgaste desde lo económico, que genera contratiempos a Rusia, que responde con verdaderos golpes maestros en materia geopolítica.

El descontento hacia la política de Estados Unidos, tiene su manifestación en el avance de los grupos euroescépticos, que se potencian con las crisis económicas y las posturas de la Casa Blanca en relación a sus socios europeos.

Rusia extiende sus influencias fuera de Europa y Oriente Medio, con recursos siempre limitados, pero hábilmente empleados. En la crisis de Venezuela, Rusia, no apoya a Maduro por razones ideológicas,  sino tiene que ver con esa pugna global para desgastar a su oponente, los Estados Unidos y llevarlo a la mesa de negociaciones. El acercamiento en América Latina, tiene que ver con el multilateralismo, y erosionar las pretensiones hegemónicas de Washington.  En África, Moscú también se ha hecho presente y no solo con ventas militares, discretamente avanza y busca recuperar lazos con antiguos aliados en tiempos soviéticos, como el caso de Etiopía.

El gran jugador de dicho continente es China, que tiene capital y recursos de sobra, los rusos lo saben y actúan con pragmatismo, su presencia obedece a tener un lugar en los distintos “tableros” del mundo.

China es un gigante que ejerce presión demográfica y económica en áreas de interés de Rusia. Siberia es un inmenso vacío geopolítico. Moscú lo sabe muy bien. Hábilmente los rusos han estrechado una alianza, que consideramos obedece a una estrategia de contención de las aspiraciones globales de Pekín y convertir a Rusia en un socio estratégico y un actor a considerar en el marco de los conflictos que tiene en determinados espacios regionales.

Rusia es proveedor de tecnología militar puntera y es un actor clave en las crisis que se suceden en Corea. Asimismo es un país que tiene costas en el Pacífico, inmenso espacio de confrontación entre intereses de Estados Unidos y sus aliados, y China.

Los desafíos del futuro

Rusia tiene que desarrollar su economía, aún tiene un largo camino por delante, dado que ha sentido la presión económica de Occidente con sus sanciones. Es indudable que debe reconvertir su aparato industrial, financiero y de infraestructura. El país ha hecho grandes avances, la empresa estatal de ferrocarriles, hoy es un gigante mundial de estos servicios y exporta tecnología y bienes.

Empresas rusas se han posicionado como fabricantes de material ferroviario. Igual queda un largo camino, las sanciones repercuten en el país. Es indudable que el país requiere mejorar sustancialmente aspectos de su economía, especialmente para incrementar su influencia fuera de las fronteras nacionales, como también mantener las áreas bajo su control. La Ruta de la Seda propuesta por China es un hito importante en la competencia con las potencias atlánticas, pero el desafío es la creciente influencia política y económica china en áreas sensibles como Asia Central.

El país tiene una escasa tasa de crecimiento demográfico, debe hacer frente a problemas como el consumo de drogas, alcoholismo, envejecimiento prematuro de la población, expansión de enfermedades de transmisión sexual y como los vacíos demográficos en áreas muy sensibles para la seguridad y viabilidad del país. Este proceso debe ser revertido. En parte se hace un importante trabajo especialmente por la defensa de valores familiares, el apoyo a la iglesia Ortodoxa y el rechazo de determinadas tendencias ideológicas provenientes de Occidente, por ser nocivas a valores tradicionales. Rusia necesita tener más jóvenes y familias más numerosas.

El calentamiento global es otro grave problema, especialmente por los intereses rusos en el Ártico y el impacto que tiene este en amplias regiones de Siberia. El derretimiento de las formaciones permafrost es un serio problema a largo plazo. Asimismo la conservación de la biodiversidad, los bosques, el manejo sustentable de los recursos. Los tiempos soviéticos tuvieron un severo impacto ambiental, requiere un manejo inteligente y con visión de largo plazo. Estamos frente a un país gigantesco y de dimensiones colosales (17 millones de kilómetros cuadrados). El debate del cambio climático es un tema que Rusia debe tomar en cuenta, por las razones expresadas. La postura del gobierno de Trump, a nuestro entender solo abre posibilidades de conflictos y diferencias que se pueden profundizar aún mas.

Rusia tiene intereses claros en relación a los países de la antigua Unión Soviética, dado que por siglos formaron una unidad histórico – político – económico. Los problemas que atraviesan en parte se deben por esa ruptura. Esto se agudiza con el “caso ucraniano” que para poner fin al conflicto, no cabe duda que Ucrania debe llegar a un acuerdo con Rusia, y eso incluye renunciar a ingresar a la OTAN, creando una suerte de espacio neutral. El control de Crimea por parte de Rusia es hasta ahora irrenunciable, es la “ventana” hacia el Mar Negro y por ende acceso al Mar Mediterráneo.

Mientras que Europa siga siendo en gran parte ligada a los intereses atlantistas de Estados Unidos, no vemos posibilidades de mejora con sus relaciones con Rusia, a pesar que ha sido un actor realmente eficaz en la lucha contra el terrorismo islamista. El conflicto de Siria es otro punto que los divide y distancia, a pesar que existe un creciente número de dirigentes europeos que ven que el actual estado de cosas con Rusia, ha sido un error estratégico importante.

Rusia precisa mantener su influencia en materia energética, que repercute en lo político, esto sin ninguna duda marcará su agenda exterior. Esto impactará en su posición en los conflictos en Oriente Medio, la crisis iraní y en el mantenimiento o acceso de espacios que garanticen su influencia para preservar dicha seguridad energética.

En materia militar, la disuasión nuclear es vital para que Rusia siga siendo considerada una potencia de primer nivel. Insistimos que deberá ser acompañado con acciones concretas para que sea potencia en el plano económico (potencia humano tiene para llegar hacerlo). Las Fuerzas Armadas rusas han evolucionado para llevar acciones de guerra híbrida, llevar a cabo acciones convencionales como no convencionales, exportar proxys, ejecutar operaciones de ciberguerra a gran escala y generar un importante daño con un reducido número de fuerzas.

En materia naval si se observa falencias en sus medios para ejecutar operaciones eficaces de control del mar, es por ello que consideramos que el país mantendrá en determinados espacios una desarrollada doctrina de denegación de área – denegación de acceso (A2/AD), donde juega un importante papel la poderosa flota de submarinos que aún subsiste, en cooperación con importantes desarrollos en materia de misiles, etc.

Los nuevos submarinos rusos Piranya portarán los misiles de crucero Kalibr

Este 12 de junio, día nacional de Rusia, encuentra un país no exento de dificultades y serios desafíos, pero que hábilmente pudo superar crisis que en otros Estados significó el caos, gracias a la cultura del país, su historia y una identidad nacional renacida conciente del rol  que tiene la “Madre Rusia” de potencia de primer orden en este convulso siglo XXI.

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