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Sahara Occidental: “La Carta de la Traición”

El Minuto | La decisión del gobierno español de apoyar el plan de autonomía marroquí para las zonas ocupadas del Sahara Occidental, coloca al conflicto en un verdadero callejón sin salida. La potencia administradora de iure, desde la perspectiva de las Naciones Unidas, apoya nada menos que legitimar de alguna u otra forma la ocupación militar marroquí, contrario a la voluntad del pueblo saharaui, único titular del derecho de autodeterminación y decidir su propio destino.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de Diario El Minuto para Argentina

En noviembre de 1975, España por medio de los llamados “Acuerdos tripartitos de Madrid” contrarios al derecho internacional, cedía la administración del Sahara Español a los gobiernos de Marruecos y Mauritania, a cambio de casi nada. Es altamente probable que sea de un escandaloso caso de corrupción, pero esto es otra historia. Desconociendo el régimen de autodeterminación, el pueblo saharaui permaneció al margen de este acto, que no fue más que legitimar la invasión y ocupación de dicho territorio. La historia es conocida, pronto los ocupantes, llamaron a lo que quedaba de la Asamblea General del Sahara, que “aprobó el nuevo orden de los Acuerdos de Madrid, fue disuelta, sin tener en cuenta, que se había acordado el mantenimiento del citado organismo, para que la voz del pueblo saharaui tenga lugar”. Ante este incumplimiento, el gobierno español de aquel entonces no dijo nada. Desde el 28 de febrero de 1976, cuando España se retiró formalmente del Sahara, se ha desentendido del conflicto.

Pero al parecer hubo ciertos cambios, donde la política de apaciguamiento hacia Marruecos, claramente favorables a los intereses de Rabat, especialmente durante la gestión de Rodríguez Zapatero, pero parece que el actual presidente de gobierno, Pedro Sánchez, ha ido más allá, como hizo conocer la agencia oficial de prensa marroquí, una carta remitida por el citado jefe de gobierno, donde en una de las partes señala que reconoce la importancia de la cuestión del Sahara para Marruecos, y donde apoya abiertamente el plan de Rabat sobre establecer un régimen de autonomía al considerarlo la base más seria, realista y creíble para la solución del contencioso.

Otro aspecto interesante de la carta que dio a conocer la citada agencia, sin ninguna duda sorprendente, al señalar esfuerzos serios y creíbles de Marruecos en el marco de Naciones Unidas para encontrar una solución mutuamente aceptable. No cabe duda de quienes redactaron dicha carta, lo hicieron para quedar bien con Rabat y se olvidaron la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 1975, que reconoció el derecho del pueblo saharaui a la libre determinación mediante la expresión libre y auténtica de su voluntad, y los términos del Plan de Arreglo de 1991.

Pedro Sánchez, que muchas veces da lecciones de moral sobre derechos humanos, parece que, en el caso saharaui, sufre de amnesia, y en este caso particular, guarda absoluto silencio en su “célebre” Carta.

En el marco de la estrategia, con ciertas dosis suicidas, adoptada por España, buscando contener a Marruecos, de alguna u otra manera apoyó la idea del régimen de autonomía propuesto por Rabat, contrario a lo establecido por el Plan de Arreglo de 1991, las resoluciones de Naciones Unidas sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, y para peor, negando el rol que tiene Madrid como potencia administradora de iure.

Al respecto, sobre esta condición que tiene España respecto al Sahara, la Asociación Española de Profesores de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (AEPDIRI) señaló en un comunicado al tomar conocimiento del apoyo del gobierno español al plan de autonomía marroquí desde 1963, y de conformidad con la Resolución 1956 (XVIII) de la Asamblea General, España es la potencia administradora, condición jurídica confirmada por la Audiencia Nacional en 2014, por lo que tiene la obligación jurídica y política de tomar todas las medidas necesarias en orden a garantizar la libre determinación efectiva del pueblo saharaui

En un intento de mantener las apariencias, el gobierno español, apoya el régimen de autonomía, siempre y cuando, sea consecuencia de un acuerdo entre las partes en conflicto, que como todos sabemos el Frente Polisario nunca aceptó esta salida como solución al diferendo.

La publicación de la Carta del presidente español sobre la cuestión del Sahara, sale a la luz en un contexto realmente volátil. La crisis de Ucrania, está provocando un reacomodamiento, que puso en evidencia la vulnerabilidad energética de Europa en general, y España en particular, que depende del

gas argelino, el cual se paga por debajo del precio internacional. No cabe duda que Argelia apuesta por atraerse a Madrid y estrechar lazos, en el marco del complejo entramado geopolítico del Magreb. Rabat con suma habilidad, maniobró y puso en evidencia al gobierno español, con respecto a la cuestión del Sahara, donde sabemos que Argelia es el sostén y aliado estratégico de la República Saharaui.

La tan anunciada alianza estratégica por parte del presidente español Sánchez respecto Argelia, quedó en tela de juicio y el 18 de marzo de 2022, ante la publicidad de la Carta citada, los argelinos llamaron a su embajador a consulta. Una vez más los marroquíes se salieron con la suya, y llevan a España a su propio juego. La posibilidad de construir una alianza con Argelia, que puede ir más allá de los energético, quedó en la nada. El clima de desconfianza es total. Las promesas del jefe de gobierno español, son papel mojado.

Marruecos sabe explotar con suma habilidad los errores del gobierno español y se anticipa a los hechos. Es difícil comprender, como un país, que tiene una postura abiertamente hostil y perjudicial a los intereses españoles, siempre tenga como respuesta a sus políticas de hechos consumados, maniobras de apaciguamiento y concesiones, que pone en evidencia la debilidad del estado español. La crisis de Ceuta, de mayo – junio de 2021, verdadero intento de invasión, fue superada por la respuesta enérgica del gobierno español, pero ello no impidió que este, no tomara dimensión de la magnitud de la maniobra marroquí. La Unión Europea, sigue la misma política de contención de Marruecos, enviando millones de euros en ayuda, cuando a todas luces, es notorio, que Rabat es un socio de poco fiar. Prueba de ello, es su no adhesión a las sanciones a Rusia en la guerra de Ucrania.

Un aspecto realmente grave, a nuestro entender, que la Carta del presidente español, es que, en el Sahara, tropas saharauis y marroquíes, combaten, en un conflicto de menor escala, pero al fin de cuentas un escenario de beligerancia, y por ende el apoyo del gobierno español al plan de paz marroquí, coloca a Madrid de un lado de los beligerantes. Agregándose que todas estas acciones, no tienen ningún tipo de beneficio desde la perspectiva de los intereses españoles. Pero parece que los dirigentes políticos ibéricos no quieren verlo de esta manera, y consideran que con estas acciones frenan a Marruecos, especialmente sobre sus ambiciones sobre Ceuta y Melilla cuando en realidad, Rabat, hace otra lectura, y observa como Madrid cae en su juego y considera que España, es un actor vulnerable.

Cabe destacar que el Congreso de Estados Unidos, dejó en claro el pasado 17 de marzo de 2022, cuando aprobó un paquete de ayudas de Rabat, que el Sahara Occidental, no era parte de Marruecos. No obstante. Estados Unidos, brinda asistencia económica y militar, a un país que viola el derecho internacional, ocupando el territorio saharaui, agregándose la espinosa cuestión de derechos humanos. Pero dado que Rabat es un aliado de la Casa Blanca, dichos pecados le son perdonados. La Unión Europea sigue este comportamiento incoherente, sigue brindando asistencia económica, firma acuerdos de cooperación, e incluso, es sabido que hay presiones para imponer acuerdos de pesca en aguas saharauis, en abierta contradicción al Tribunal Superior de la Unión Europea, que se ha pronunciado claramente sobre el estatus internacional de dicho territorio, dejando bien en claro que no forma parte de Marruecos, al invalidad la aplicabilidad de los citados acuerdos como de asociación con la UE.

En el marco de contradicciones de la política exterior español, el titular de Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, exhortó al llamado Grupo de Amigos del Sahara Occidental, a impulsar a desbloquear el conflicto que lleva décadas. El citado grupo lo forman España, Reino Unido, Francia. Estados Unidos y Rusia, todos afines a los intereses marroquíes. Más que Grupo de Amigos del Sahara, vale llamarlo de Marruecos. Este pedido, parece una quimera, dado que uno de los integrantes del grupo, Rusia en guerra con Ucrania, no tiene diálogo alguno con los estados mencionados. Albares, fue consultado por medios de prensa, sobre el régimen de autonomía como solución al conflicto, señaló en una parte de la entrevista lo que tenemos que hacer el grupo de amigos es trabajar para que se encuentre una solución política y mutuamente aceptable. Algo imposible dado las posturas que tiene Marruecos y el Frente Polisario. Pero el ministro, dejó en claro, aunque no directamente, la postura a favor de Rabat por parte de España Creo que estamos todos en la misma línea y en sintonía.

Somos dos socios estratégicos, que estamos condenados a entendernos en el mejor sentido de la palabra. Esto es difícil de comprender, dado la política marroquí, especialmente sobre los reclamos sobre Ceuta y Melilla, los diferendos en torno a la delimitación de espacios marítimos frente a Canarias, la cuestión migratoria, el incidente de Perejil de 2002, junto a la política de inversiones en materia de equipamiento militar, y los intentos de suplantar a España como una de las importantes bases que tiene Estados Unidos, reduciendo su importancia estratégica. A todo ello, cabe hacerse la pregunta que ha obtenido Madrid de su incómodo vecino desde 1975 en adelante.

Desde la firma de los llamados Acuerdos de Madrid, donde se estipulaba que concedería derechos de pesca en sus aguas atlánticas a 600 barcos españoles y a 200 barcos españoles en su costa mediterránea durante 15 años, además de delimitar las aguas entre ambos países. Esto nunca ocurrió. Incluso la valiosa inversión sobre las minas de fosfatos de Bu Craa, terminaron en manos marroquíes, en claro perjuicio al Estado español, por medio del entonces Instituto Nacional de la Industria, había llevado a cabo la puesta en marcha de dicha explotación minera.

En otras palabras, España se retiró del Sahara Occidental, con las manos vacías, habiendo invertido millones en el desarrollo de dicho territorio. Su abandono, permitió a Marruecos, contar con una fuente de recursos que le ha permitido convertirse en un actor de creciente peso en el Magreb, con apoyo francés, y posteriormente de Estados Unidos. La cuestión de la delimitación de espacios marítimos es particularmente sensible, especialmente en relación a los enclaves españoles en el Norte de África, por ejemplo, el caso del islote Perejil, donde Marruecos de manera unilateral, ha declarado que las aguas circundantes están sujetas a potestad soberana, como aguas interiores. Este régimen lo aplicó también de manera unilateral en las aguas circundantes a las comunidades autónomas de Ceuta, Melilla, y los territorios de las islas Chafarinas y los peñones de Alhucemas y Vélez de la Gomera.

El caso del Sahara Occidental, es un ejemplo de la doble moral de los líderes de la Unión Europea y Estados Unidos, que desde comenzó la invasión rusa a Ucrania, es de público conocimiento las sanciones y declaraciones contra el gobierno de la Federación Rusa, agregándose el envío de asistencia militar y humanitaria para los refugiados. Los saharauis, fueron abandonados a su propia suerte, condenados al exilio y a la violencia de la ocupación del mano del siniestro rey Hassan II. Francia, miró para otro lado – cuyo gobierno otro presunto paladín de los derechos humanos – en nombre de sus intereses, toleró y apoyó los crímenes perpetrados contra el pueblo saharaui. París es uno de los grandes responsables de la paralización del proceso de paz, para preservar los intereses de su aliado marroquí, muy enlazados a los suyos.

Recordemos que Francia ha vetado sistemáticamente, la facultad de monitoreo de derechos humanos de la misión de paz en el Sahara Occidental. La Unión Europa ha enviado millones en ayuda a Rabat, para lidiar con temas del narcotráfico, inmigración ilegal, sin grandes resultados a la vista. Tal vez los bolsillos y cuentas bancarias de muchos personajes involucrados en estos acuerdos, se vean favorecidos.

La Carta del presidente Sánchez, coloca a España en manos de Marruecos. Finalmente se ha salido con la suya. Es una declaración abierta favoreciendo la violación de las leyes internacionales, y del derecho inalienable del pueblo saharaui de decidir su destino. Sin ninguna duda el espíritu entreguista, presente en sectores políticos españoles, contrario a los intereses nacionales, en los Acuerdos de Madrid de 1975, continúa vigente, y el presidente Pedro Sánchez, con su carta apoyando el plan marroquí sobre el Sahara, ha hecho “honor” a dicho espíritu.

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