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Segunda Parte

El Minuto | Segunda Parte, es un título poco común para una nota de opinión, lo cierto es que concuerda con una nueva etapa en donde se puede hablar del lugar al que la pandemia Covid-19 nos trajo; será que:

Por: Daniel Defant | Corresponsal para el Minuto de Argentina

¿Nos quedaremos hablando del semillero a prueba de montañas rusas?

¿De la obsesión con el presente?

¿De que en algo hay que volver a creer?

¿De los jóvenes y el futuro?

¿De que la salida es Ezeiza?

¿Del impacto de la tecnología?

¿De las batallas que dimos en el pasado?

¿Del efecto mariposa y el librero sin visión?

¿Del comienzo de una nueva era?

¿De la primera revolución digital?

¿De las selfis fallidas?

¿De cómo sería un día sin tecnología?

¿O del cuento chino sumergido en el área en que interactúan especies abióticas como la depredación, el parasitismo, la competencia, la simbiosis y el medio ambiente quebrando todo intento de un nuevo ciclo de energía para volver a integrar los nutrientes de lo terrestre?

¿En qué lugar nos encontramos parados en el mundo?

¿Cuáles son los cambios en un mundo desordenado?

¿Como combatir las brechas que han quedado dejando como margen una educación obsoleta?

Lo que la naturaleza no da, salamanca menos.

Es la frase original, que a muchos nos suena conocida.

Inmortalizada en Don Quijote de la Mancha hace ya más de cuatro siglos.

En un mundo que nos dice que los deportes son el futuro cuando muchas cosas que nos preocupaban dejaron de preocuparnos por cansancio, economías intangibles, impuestos ocultos, crecimiento exponencial, individuos empoderados o frustrados por la crisis de representación que confunde a propios y ajenos en medio de la primavera de las redes sociales que acaba de comenzar para marcarnos los efectos con la desaparición de una Reina que después de setenta años de reinado nos viene a dejar por herencia nuevos comodities en pleno Siglo XXI recalentado con los más de 4,5 millones de videos vistos en YouTube, 390 mil apps descargadas, 41 millones de mensajes de WhatsApp, 1888 millones de mails enviados, 18 millones de mensajes de texto, 694 mil horas de contenido en Netflix, 87 mil personas twitteando, 995 mil dólares gastados en compras online y 3,8 millones de búsquedas en Google.

Todo nos complica el anti capítulo del camino con los nuevos hábitos culturales llevándonos a una segunda parte donde necesitamos conocer solo seis cosas:

PRIMERO: debemos reivindicar los fracasos que en cierto modo es indicador de perder el miedo a fracasar, uno de los más terribles karmas de nuestro tiempo para quienes deseamos comenzar nuevos proyectos, si es que nos animamos a dejarlo todo por algo nuevo.

SEGUNDO: está muy relacionado con lo anterior, se basa en la perseverancia de no bajar nunca los brazos. En el futuro se valorará cada vez más la capacidad de tolerancia al fracaso y volver a intentarlo para encontrar soluciones nuevas a problemas viejos.

TERCERO: es el que nos habla de creatividad; ser más creativos resulta crucial para trabajar y fomentarse en un futuro que aún no ha llegado más igual esta al aguardo de ene marcarse en nuevas economías que cambian riquezas, dineros y formas de pensar y actuar.

CUARTO: tiene mucho que ver con el desarrollo de competencias multiculturales, o empezar a entender que la tierra se está aplanando en un mundo más interconectado, esto es esencial.

QUINTO: se caracteriza por aprender a pensar en términos de lo improbable. Estamos demasiados acostumbrados a creer que las cosas que sucederán en el futuro son esperables, y que las formas en que las cosas se hacían en el pasado se repetirán en el futuro.

SEXTO: es la idea o habito que resuelve con lo ingenuo; necesitamos soñar en grande.

Es el mismo ser humano por naturaleza que viene demostrando que tiene la capacidad de lograr cosas que ni siquiera hubiera soñado jamás.

La tecnología nos está dando la gran chance de amplificar nuestro ingenio e ir más allá de nuestros límites.

¿Porque no intentarlo?

Los hábitos del futuro tienen que ver con habilidades que no siempre se nos enseñan; algunas personas son más innatas y otras lo van aprendiendo con el tiempo en el camino personal de su vida.

Que interesante seria que el sistema educativo se convirtiese en el agente promotor de estas claves para el cambio.

Destaco lo dicho por Elvira Sastre, poeta española; la que dice que, para ganar una guerra, lo primero que tenemos que hacer es quitarnos los escudos.

Es imprescindible que nos quitemos todos aquellos escudos y fueros protectores, para dar aprendizaje a lo que nuestros hábitos del pasado nos tienen aferrados por temores lógicos de un mundo que se va renovando aceleradamente; liberar es la clave.

La genialidad ajena y el fracaso propio son muchas veces las excusas que nos ponemos a nosotros mismos cuando no nos animamos a hacer algo.

Lo más importante no suele estar en el resultado, sino más bien en los procesos que lideramos.

En otras culturas, como la anglosajona o la japonesa, el fracaso, que más bien se denomina “fallo”, es visto como algo positivo.

O más bien, como algo de lo que se puede aprender.

Esto porque el fracaso es una parte esencial del éxito de un emprendimiento.

Debemos desconfiar de quien dice que para lograr su éxito nunca ha fracasado.

Estamos ante el invento de los mil pasos.

Edison probo cientos de materiales, incluyendo fibras de más de seis mil plantas diferentes, fracasando una y otra vez en su intento por conseguir lo que quería: “la lampara incandescente”.

Primero jueguen y luego estudien.

Ser creativos es un poco de ingenuos.

Quien no ha sido víctima de esta segunda parte o algo lo haya sorprendido, inspirado, preocupado o hecho reflexionar sobre el mundo que se viene; necesita “Algo en que Creer”.

Liderar esta batalla puede llevarnos a encontrar el camino.

La cuestión siempre pasa por no darnos por vencidos.

Al “No” ya lo tenemos.

El miedo siempre es el motor que genera adrenalina y la energía que necesitamos para afrontar la adversidad del mundo de mañana que depende de cada uno de nosotros.

George Orwell dijo alguna vez que aquello que se presenta delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante.

Probablemente sea por eso que nos resulta mucho más fácil estudiar la historia que interpretarla, entenderla y analizarla.

Surfear humildemente el tsunami que nos toca vivir nos puede llevar a entender porque el diablo sabe más por viejo que por diablo.

No hay dudas que esta civilización milenaria algo entiende de maldiciones.

Maldice lo que tiene en sus manos y olvida el paraíso que tiene como bendición tan solo por vivir; calificando la época como “aburrida y rara” por el simple hecho de no haber descubierto cual es el desafío de nuestro tiempo.

SEGUNDA PARTE ES SOLO CUESTION DE ENFOQUE

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