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Seguridad en Panamá. ¿Militarización encubierta?

Las estrategias adoptadas son funcionales a los intereses del poderoso vecino, pero no siempre están en congruencia con intereses nacionales.

Las Fuerzas militares de Panamá fueron disueltas en 1989, tras la invasión de Estados Unidos.


Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El Minuto para Argentina.


En 1994, luego de una reforma constitucional, el país renunció a tener fuerzas armadas. La posición estratégica del país, la geopolítica y los intereses de Estados Unidos, han impulsado la creación de una serie de componentes dentro de la llamada Fuerza Pública, de elementos con características militares, a pesar que oficialmente son consideradas “policías especializadas”, pero que cuentan con entrenamiento militar y un poder de fuego, superior al de una simple fuerza policial.  

Del primer ejército panameño a la Guardia Nacional.

Panamá en el momento que se independizó de Colombia, en noviembre de 1903, contaba con un ejército. Este fue disuelto en 1904, a instancias de los Estados Unidos, que debía ser reemplazado por una fuerza policial. La crisis ocurrida entre el general Huertas y el presidente Amador, que derivó en un intento de golpe, selló el destino de la institución castrense de Panamá, de apenas 250 efectivos. En apenas un año, aquel ejército sin “laureles” ni “glorias” se esfumaba.  Durante cincuenta años, el país solo contaba con Policía. En 1930 comenzó el proceso de militarización. Finalmente en 1953, nace una fuerza de carácter militar, con competencias en materia de defensa y seguridad interior, la Guardia Nacional. Un experimento que Estados Unidos había implantado en varios países de la región, destacándose el caso de Nicaragua, que fue sostén de la siniestra dictadura de Somoza. El flamante cuerpo, orientado netamente a la seguridad interna y control de población. El aquellos años el Canal de Panamá estaba administrado por Estados Unidos, y era su responsabilidad su defensa y seguridad. Eran tiempos de Guerra Fría y los estrategas de aquellos tiempos veían como un objetivo posible el control o neutralización de tan importante vía de navegación en caso de un conflicto con la Unión Soviética.

 

Panamá, no tenía enemigo o escenario de conflicto que demandaran contar con fuerzas armadas, más allá del escenario de posible infiltración comunista. En los años que existieron elementos militares locales, nadie tuvo la intención de participar de alguna manera en la defensa y seguridad del entonces estratégico Canal.

Panamá tiene como vecinos a Colombia y Costa Rica. En el caso del primero, envuelto en conflictos internos y con asuntos de frontera resueltos desde 1924, no era escenario de conflicto externo, y en caso del segundo país, este desde 1948, no contaba con ejército regular, por ende no existían riesgos a la soberanía.

Excepto la presencia de una potencia como Estados Unidos en la llamada “Zona del Canal”, era un factor que mermaba la soberanía del país. La Guardia Nacional comenzó a gravitar en la política local. En 1968 el golpe militar convirtió a Omar Torrijos en líder político del país, abriendo paso a una política nacionalista y de apoyo a sectores menos favorecidos no exenta, de excesos y cuestionamientos en materia de derechos humanos. En su gestión se firman los acuerdos de 1977, donde Estados Unidos asumió el compromiso de transferir la administración y la soberanía de la Zona del Canal al estado panameño.

En 1981, el general Torrijos encontraría la muerte en un misterioso accidente aéreo.  En el plano militar, Torrijos creó instituciones de neto corte militar, para la formación de cuadros, creación de unidades especializadas, etc.

En 1983, el nuevo hombre fuerte del país, es el general Manuel Noriega. Un hombre de la CIA y personaje oscuro para la historia del país. En esta época la Guardia Nacional se conviertió en Fuerzas de Defensa de Panamá. A pesar del cambio de nombre, contar con cierto equipo militar, como blindados a rueda, artillería antiaérea, elementos de infantería de marina, comandos, etc, seguía cumpliendo un rol policial y particularmente como herramienta de control y represión interna. La crisis política de 1989, motivó la invasión de Estados Unidos, para deshacerse del incómodo general, soplón de la CIA y devenido en narcotraficante, escándalo que afectaba altos niveles de Washington.

Una vez más en nombre de la libertad y la democracia,  las tropas de Estados Unidos, a costa de miles de víctimas (la cifra es objeto de controversias) terminaron en pocas horas con las Fuerzas de Defensa, pobremente armadas y entrenadas, además de muy mal conducidas.

Estados Unidos una vez más decidió que no era conveniente que Panamá tuviera fuerzas armadas (a nuestro entender nunca fueron mas que una gendarmería con armamento pesado) y fue reemplazado por una Fuerza Pública compuesta por la Policía Nacional, Policía Judicial, Servicio Marítimo Nacional, Servicio Aéreo y Servicio de Protección Institucional.

Disolución de la Fuerzas de Defensa y creación de la Fuerza Pública

En 1992, el entonces presidente Guillermo Endara, impulsó una reforma constitucional, que incluía la proscripción del ejército, rechazado por el 60% del electorado, no obstante ello, la reforma avanzó y en 1994, fue inserto en la Constitución panameña, la prohibición de contar con ejército. La defensa nacional recaería según el plexo constitucional en fuerzas policiales especiales. En este contexto se lleva a cabo una de reformas para poner en marcha la nueva Fuerza Pública. En 2008 tuvo una importante reestructuración, los Servicios Aéreo Nacional y Marítimo Nacional, se fusionan en el llamado Servicio Aeronaval y el Servicio Nacional de Fronteras. La policía judicial es integrada en 2007 a la Policía nacional.

El FBI a través de una agencia especializada en asesoramiento exterior, fue responsable de crear y entrenar la Policía Nacional de Panamá. Una depuración de oficiales de la ex Fuerza de Defensa dejo afuera a la totalidad de los coroneles,  80% de tenientes coroneles, 31% de capitanes, 19% de tenientes y gran parte de suboficiales. 

Los fondos de asistencia externa equipó a la Fuerza Pública, hubo programas de entrenamiento, la creación de la Academia de Policía, pero pronto la creciente presencia de grupos criminales, muy bien armados, presentó un desafío, que demandó la creación de Fuerzas especiales. Estados Unidos ha entrenado a oficiales de policía panameños en tácticas antiterroristas, interdicción marítima, y operaciones especiales. En 2008 la Dirección Nacional de Fronteras de la Policía Nacional, entabló combate con la organización terrorista FARC de Colombia, lo que motivó a realizar cambios, que resultaron en la creación del Servicio Nacional de Fronteras. Este cuerpo de carácter paramilitar, ha recibido entrenamiento militar en manos de asesores de Estados Unidos, tiene provisto equipo como fusiles, ametralladoras, morteros, lanzacohetes tipo RPG, vehículos tácticos, como el célebre Hummer, y está organizado en dos brigadas (una patrulla la frontera con Colombia y la otra con Costa Rica). Este componente cuenta con unos 5.000 efectivos. Cuenta con sus propias aeronaves, dos helicópteros AS 355.  

El Servicio de Protección Institucional, de unos 1.700 efectivos, nació en 2003, asignado al ministerio de la Presidencia. Anteriormente formaba parte orgánica de la Policía Nacional a través del Departamento de Planeamiento. Sus responsabilidades son la protección del jefe de estado y su familia, vicepresidente, ministros, ex jefes de estado, y protección VIP a personalidades extranjeras. También es responsable de la seguridad en las riberas del Canal de Panamá. Esta peculiar institución está formada por un comando, Guardia Presidencial (tres compañias, una de ella con responsabilidad de defensa nacional).

El Servicio cuenta con su propia academia de formación. El Grupo Especial Antiterrorista o GEAT, es una unidad de elite con un elevado nivel de preparación, adiestramiento propio de una fuerza especial, con la finalidad de combate del terrorismo.

El Servicio Aeronaval, es consecuencia de la fusión del Servicio Marítimo Nacional, suerte de policía marítima, y el Servicio Aéreo Nacional, creado sobre la extinta fuerza aérea de Panamá, compuesto por aeronaves de enlace, transporte y de alas rotatorias, con funciones netamente de apoyo.

Una peculiaridad es la llamada “Infantería Aeronaval”, cuerpo de elite que es frecuente intercambios con infanterías de marina de la región, especialmente con Colombia. Las funciones de esta “infantería aeronaval” abarcan seguridad de instalaciones, operaciones antidrogas, etc. La peculiar rama cuenta con grupos de seguridad, operaciones especiales (comandos) y operaciones subacuáticas (buzos tácticos en el lenguaje militar argentino) El Servicio Aeronaval cuenta con unos 3.200 efectivos. 

Las inversiones han sido importantes en esta institución, que incluyen la compra de modernos helicópteros Augusta, patrulleras italianas de 53  y 393 toneladas, dos buques de desembarco de 720 toneladas,  radares costeros, también italianos.  El Servicio cuenta con una flotilla de patrulleros ligeros y buques logísticos (16 unidades en total), la mayor parte de segunda mano proveniente del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, además de las embarcaciones italianas citadas, además de origen británico (de 1.500 t) y colombianos (buques de desembarco, lanchas interceptoras, etc), conformada por distintas clases  900, Vosper, Point, Super 200, Mk-IV,  Mk-II.

Una de las aspiraciones que tiene el país, es contar con un buque escuela a vela, similar al que tiene la Marina de Guerra de Perú. (Fuente Infodefensa.com) El componente aéreo, cuenta con 5 aviones de entrenamiento chilenos T35 Pillán, 3 CASA C212, 1 CASA CN 235, 2 Cessna 152, 172, C208 Caravan y 210;  1 EMB 145 Legacy VIP; 1 Twin Otter DHC 6, 1 Bee 100 King Air, y una flotilla de helicópteros de 18 unidades de Bell Textron (206, 205, 212, UH 1H, UH 1N, 412, y 407), MD 500, y helicópteros Augusta AW109 (1) y AW139 (2).  En el pasado 2019, Estados Unidos ha donado seis Bell UH 1H modernizados (recordamos al lector que estos medios son de uso militar), destinados no solo al Servicio Aeronaval, sino al Servicio Nacional de Fronteras.  Los medios aéreos son modernos y cumplen funciones de entrenamiento, transporte, enlace.

Evacuación sanitaria, transporte VIP, patrulla, y vigilancia.

En 2010 fue creado el Ministerio de Seguridad Pública donde quedaron bajo su control la citada Fuerza Pública, excepto el Servicio de Protección Institucional, dependiente del ministerio de la Presidencia.

Una rápida observación nos permite señalar que no existe un nivel operacional, para la conducción conjunta de los cuerpos de seguridad. Seria conveniente a los fines de racionalizar estructuras contar con organismos conjuntos en materia de gestión de recursos humanos, logística, crear un servicio aéreo separado (a fin de evitar redundancias y sea responsable de la gestión de medios aéreos destinados al apoyo a los distintos cuerpos),  un comando único para las fuerzas de operaciones especiales, además de un comando operacional.  En materia de formación de recursos humanos todavía existe una fuerte dependencia de centros académicos de países amigos para formar especialistas, sería conveniente, modificar esta situación, a fin de formar especialistas, sobre la base de requerimientos estrictamente nacionales.

Algunas puntualizaciones sobre el peculiar sistema de seguridad de Panamá.

Los programas de asistencia de Estados Unidos han incluido, desde hace años, programas de entrenamiento militar de fuerzas, que son calificadas por el marco legal de Panamá, como policiales. Observamos por ejemplo, la compañía “Montañeros” del Servicio de Protección Institucional, con uniforme militar, armamento como fusiles de asalto, o el Servicio Nacional de Fronteras, que tiene una organización  del tipo militar y capacidades militares limitadas, dado que ha sido pensado para lidiar con grupos armados ilegales colombianos que operan en la frontera común. El incidente de 2008 con las FARC, llevó a tomar medidas para crear una fuerza policial militarizada.

El peculiar Servicio Aeronaval (el uso correcto de este término se refiere a los medios aéreos de las marinas de guerra), tiene competencias en materia de defensa de la soberanía del país, seguridad marítima y cuenta con elemento de corte militar, la “infantería aeronaval” que participa en ejercitaciones con fuerzas armadas de países de la región. Panamá participa con sus medios en los célebres ejercicios UNITAS.  En el ámbito bilateral, por ejemplo el componente aéreo del Servicio Aeronaval, ha realizado ejercicios con la Fuerza Aérea de Colombia, PANCOL III, de interdicción aérea, en el marco de programas de cooperación de lucha contra el narcotráfico.  

En agosto de 2019. el Servicio Aeronaval firmó con la Marina de Guerra de Perú un acuerdo de cooperación, que se ha extendido con el pedido de informes al astillero SIMA de Perú, sobre la eventual construcción de un buque escuela de vela, similar al construido para la marina citada.

Un análisis de las capacidades de la Fuerza Pública, permite inferir que son similares a las de las extintas Fuerzas de Defensa de Panamá, la diferencia es la supresión de rangos militares y el control civil sobre las nuevas instituciones creadas en su reemplazo. La necesidad de brindar seguridad a un objetivo de alto valor estratégico como el Canal de Panamá, la amenaza de los grupos armados ilegales colombianos, como el poder creciente del crimen organizado, agregándose la estrategia de Estados Unidos en la región, ha impulsado que lo que teóricamente son cuerpos policiales, ha recibir entrenamiento militar y equipamiento propio de una infantería ligera, lo que para muchos es una suerte de militarización de los cuerpos de seguridad.

Esto ha tenido un costo, dado que el gasto en seguridad, alcanzó más de US$ 700 millones. El país gasta más en seguridad, que los países del área, que cuentan con fuerzas armadas regulares. Esto rompe el mito, que la disolución de las fuerzas armadas, por lo menos de América Central, generaría ahorros a sus economías.

La influencia de Estados Unidos en la estrategia de seguridad de Panamá es evidente. Ironías del destino, el país que impulsó la disolución del instrumento militar que existía y su reemplazo por una fuerza policial, ahora de alguna manera promueve la militarización de los cuerpos de seguridad existentes. Enfrentar a los grupos criminales y terroristas que operan en Colombia, requiere algo más que policías, sino más bien fuerzas intermedias, con capacidad militar limitada.

Esto es una realidad, pero pareciera que los políticos solo se conforman con el incremento de la inversión en dichos cuerpos de seguridad para enfrentar el flagelo del crimen organizado combinado con terrorismo. Esto precisa contar con servicios de inteligencia, mecanismos eficaces para control de lavado de activos, políticas de lucha contra la corrupción y calidad institucional.

Panamá como el resto de los países del área, históricamente se han visto influenciados en materia de seguridad por Estados Unidos.

Las estrategias adoptadas son funcionales a los intereses del poderoso vecino, pero no siempre están en congruencia con intereses nacionales. Creemos que la región precisa un debate profundo para crear estructuras regionales de seguridad y defensa, mejorar la transparencia del gasto y de la gestión de los recursos asignados. La aplicación de estrategias que vienen de fuera, muchas veces son funcionales a intereses políticos internos, pero que en el mediano y largo plazo pueden acarrear serias consecuencias, dejando las decisiones clave a intereses externos, convirtiendo a los estados de la región, en países satélites o una suerte de protectorados del siglo XXI.

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