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Sinología para asintomáticos: “La iniciativa de la franja y la ruta”

El Minuto | El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define la palabra sinología como “el estudio de las lenguas y culturas de China”. A partir de esta definición, les propongo reformular esta definición con el objetivo de ampliarla al estudio de algunos aspectos de la economía, la política, la tecnología y la cultura de China dirigido a personas asintomáticas.

¿Cuál es el significado atribuido al término “asintomático” en esta columna? Utilizando una licencia literaria, defino a las personas asintomáticas como aquellas que aún no se han dado cuenta de que les interesan, o podrían interesarles, los temas relativos al área de estudios sobre China. Entonces, esta columna está dirigida a los asintomáticos; y mi objetivo es transmitirles mi pasión por estos temas que estudio y analizo desde hace más de una década. 

Por Sebastián Ianiero | El minuto de Argentina

La génesis del BRI y su relación con Chile  

One Belt, One Road (OBOR) fue una estrategia anunciada por China en octubre de 2013 que tuvo como objetivo lograr la interacción económica y fomentar el desarrollo entre Asia, Europa y África, a través de dos rutas: una terrestre, la Silk Road Economic Belt, y una marítima, la 21st Century Maritime Silk Road. ¿Cómo lograrían este cometido? Por medio de un plan de inversiones multimillonarias que incluye cuestiones comerciales, como también financieras y de inversiones. Es necesario destacar, que este tipo de propuesta en el siglo XXI está sustentada en una antigua vía mercantil (La Ruta de la Seda) que unió durante muchos años el Lejano Oriente con diversos lugares del Asia Central, Europa y África.  

Para llevar a cabo este proyecto, China impulsó la creación de determinadas instituciones tales como: el Banco Asiático de Infraestructura de Inversión, el BRICS Nuevo Banco de Desarrollo, Banco de Desarrollo de China, Banco de Exportación – Importación de China y el Fondo de la Ruta de la Seda. Este último es un fondo de inversión diseñado especialmente para promover el desarrollo económico y social.              

Posteriormente el nombre OBOR fue reemplazado por Belt and Road Initiative (BRI) debido a que incluía más de una ruta, entre ellas América Latina. Esto fue anunciado en 2018 por el ministro de Relaciones Exteriores de China en una reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).  

Chile, quien firmó un Tratado de Libre Comercio con China en 2006, se incorporó a la BRI en noviembre de 2018. Este país es considerado un gran atractivo, debido a que es un punto de acceso natural a América Latina y permitiría hacer del océano Pacifico el epicentro del comercio, además, de conectar con el Atlántico. Por otro lado, a partir del Tratado Bilateral de Inversión, firmado en 1994 entre ambos países, las inversiones chinas gozan de protección por medio de instrumentos internacionales. El mismo fue reemplazado en 2012 por el Acuerdo Suplementario sobre Inversiones durante la cumbre de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).

La relación entre China y Chile, durante estos años, ha producido un ligero crecimiento económico para el país andino, en términos de inversión, tecnología, desarrollo de energías sustentables, como además el mejoramiento de la calidad de vida de la población. Esto generó que sea percibido como un modelo a seguir por el resto de los países de la región. No obstante, citando a Robert Gilpin (1987), “este tipo de crecimiento no es verdadero desarrollo porque no conduce a la independencia nacional”.

¿Cuáles serían las consecuencias negativas de ser una economía dependiente de China? En primer lugar, según Gilpin, exportaciones de materias primas con precios fluctuantes; mala distribución del ingreso nacional, inversiones manufactureras por parte de las empresas multinacionales, firmas extranjeras que controlan sectores industriales e impedimento del desarrollo autosuficiente. Sin dejar de mencionar, que cualquier alteración que se produzca en China repercute directamente en la economía chilena.    

¿La BRI fue una estrategia defensiva u ofensiva? 

El profesor Wang Yong (School of International Studies, Peking University) en su artículo Offensive for defensive: The Belt and Road Initiative and China’s new grand strategy (2016) sostiene que, tras la crisis financiera mundial de 2008, el propósito geopolítico de la iniciativa de la Franja y la Ruta fue un esquema más defensivo que ofensivo, y esta gran estrategia aparentemente ‘asertiva’ destaca el dilema de las potencias emergentes como China para lidiar con un entorno complicado y a menudo incierto, la creciente sensación de inseguridad y el cambio de estilo de liderazgo.

En este sentido, Jeremy Garlick (2020) en su obra The Impact of China’s Belt and Road Iniciative destacó que lo más dificultoso es comprender qué es y qué no es la BRI debido a su aparente falta de claridad y amplitud de alcance. También está la cuestión de establecer hasta qué punto el discurso oficial de “cooperación en la que todos ganan”, “beneficio mutuo” y “comunidad de destino común” representa realmente los objetivos subyacentes de los dirigentes chinos, como creen algunos analistas (por ejemplo Zeng 2016, Griffiths 2017), o si, por el contrario, la iniciativa forma parte de una estrategia a largo plazo con la que China pretende desplazar a Estados Unidos como potencia hegemónica mundial (como destacan Pillsbury 2015 y Allison 2017).

Como señaló Jonathan Fulton (2018) la investigación de la BRI es esencialmente problemática para los académicos debido al carácter rápidamente cambiante de la iniciativa, y tratar de precisar lo que pertenece o no a la Franja y la Ruta es “como tratar de acertar en un blanco móvil”. Por ejemplo, como comenta Bradsher (2019), las críticas a la supuesta “diplomacia de trampa de deuda” y al “neocolonialismo” de la BRI desde finales de 2017 parecen haber tomado desprevenida a la dirigencia del PCCh y han hecho necesario un replanteamiento; incluso hubo una reducción del gasto de la BRI en 2018 al desacelerarse la economía china. 

En definitiva, la BRI seguirá siendo un tema muy debatido por sus ventajas y desventajas, sus supuestos alcances político-ideológicos y geopolíticos, entre otros según desde que punto de vista se la analice. Lo cierto es que la BRI llegó para quedarse como una estrategia que algunos consideran defensiva, y otros defensiva y ofensiva a la vez. Desde mi punto de vista, la BRI es una iniciativa, defensiva con algunas metas ofensivas, que busca establecer lazos económicos con países de todos los continentes imitando la idea de la antigua Ruta de la Seda que antaño fue testigo de una China esplendorosa y vigorosa a nivel comercial.   

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