Sáb. Oct 24th, 2020

Sobre Pandemias, aislamientos y cuarentenas: La Peste Negra.

El efecto fue devastador. Las malas condiciones de higiene, la mala alimentación general de la población y los escasos conocimientos de medicina, hicieron estragos que acabaron en Europa con unas 25 millones de personas.

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Humana cosa es tener compasión de los afligidos, y aunque a todos conviene sentirla, más propio es que la sientan aquellos que han tenido menester de consuelo y lo han encontrado en otros., El Decamerón, Giovanni BOCCACCIO.


Por: Jorge Guillermo Ochoa


A mediados del siglo XIV, Europa se vio asolada por una tremenda enfermedad, que diezmó a su población, dejando como secuela una catástrofe demográfica. Entre 1346 y 1353, la Peste Bubónica y la Peste Neumónica, popularizada como Peste Negra, marcaron los días del continente, siendo 1353 el último año del pico de la enfermedad. La frase señalada, perteneciente al escritor florentino Giovanni Boccaccio, proviene de esta época histórica y, bien podría, ser de inspiración en estos presentes tiempos de pandemia y cuarentena.

¿Qué fue la Peste Negra?

La pandemia a que nos referimos, protagonista del mundo conocido por Occidente en el siglo XIV, tuvo su origen según se cree en Asia, provocada por un parásito que se encontraba en la rata negra, transmitiendo el virus a humanos y animales a través de las pulgas de los roedores.

Existen algunos estudios que plantean que el brote de la peste en las personas, tuvo su origen producto de cambios climáticos acontecidos en Asia, cuyo efecto habría causado la disminución de la población de roedores y, provocando que las pulgas se hayan visto obligadas a buscar refugio en las pieles de otros animales y seres humanos.

No obstante, si bien la enfermedad ya era una realidad hacia 1346 en Europa, se cree el principal agente de contagio masivo fueron las huestes del ejército tártaro. El kanato de la Horda de Oro, en 1350, se encontraba asediando la ciudad de Caffa, ubicada en las costas del Mar Negro, en la Península de Crimea (actual ciudad de Feodosiya, Ucrania), la cual era un punto comercial de Génova.

Las huestes mongolas venían desde Catay, actual norte de China, donde se cree que habrían contraído la peste. De tal forma que, en el sitio de Caffa, los hombres del khan Janiberg caían muertos producto de la enfermedad, siendo utilizados sus cuerpos como proyectiles, al ser catapultados hacia dentro de los muros de la ciudad, contagiando a los locales. Los barcos genoveses que partieron luego de este episodio, rumbo a su ciudad, habrían llevado consigo la peste a la ciudad de Messina y, de ahí, al resto de Europa.

El efecto fue devastador. Las malas condiciones de higiene, la mala alimentación general de la población y los escasos conocimientos de medicina, hicieron estragos que acabaron en Europa con unas 25 millones de personas.

¿Cómo era Europa en tiempos de la peste?

La época que contemplamos, es la de la Baja Edad Media, considerada por los estudios históricos, como una época bisagra entre el mundo medieval y el paso a la Modernidad.

El modo de producción económico y social del medioevo, era el feudalismo, marcado por las relaciones de vasallaje del señor y el campesino, y sustentado por los productos agrarios. Esta conformación social, deviene de la caída del Imperio Romano de Occidente ante la crisis de la autoridad imperial y la penetración político – cultural de los pueblos germánicos, hecho que derivó en el ocaso de la Antigüedad y el amanecer de la Edad Media.

La Alta Edad Media, que es el período que comprende los primeros años tras el fin del Mundo Antiguo, se caracterizó por un lapso histórico de fragmentación política en el mapa europeo. A su vez, se manifiesta el retroceso de la vida urbana y la inseguridad de la vida en general, ante los continuos ataques de los pueblos germánicos.

Este contexto, fundamentó el asentamiento del modo de producción socio – económico conocido como feudalismo, por el cual un señor, con la suficiente capacidad económica de reunir y armar un ejército para defender un territorio, disponía de la mano de obra de campesinos que, a cambio de protección y parcelas de tierra para trabajar y vivir (o sobrevivir), le brindaban comida y sustento.

Por otra parte, los aceitados intercambios comerciales que Roma había construido a lo largo de los siglos se pierden, no sólo ante la caída del Imperio, sino también ante el florecimiento de una nueva unidad política, que es el Imperio Musulmán. Esto significó el cierre de las economías europeas.

Hacia la época que estamos contemplando con la Peste Negra, ya se evidencian ciertos cambios en la vida del continente. Por un lado, se empiezan a reestablecer los lazos comerciales con Oriente, fundamentalmente con la acción de las ciudades italianas (Florencia, Génova, Sicilia), activando el comercio y la circulación de metálico como factor de intercambio económico.

Esto supuso cierto reflorecimiento de la vida en las ciudades, lo que da origen a un sector artesano y de oficios, que conformarán una clase asalariada y manufacturera, organizada en gremios y, junto a ello, la clase social revolucionaria del siglo XVIII y XIX: la burguesía.

Pese a estos avances, particularmente el siglo XIV, se inicia con grandes problemas para la población. Una gran hambruna azota Europa en las primeras décadas, producto de malas cosechas por inundaciones del suelo. A su vez surge en varios puntos del continente, movilizaciones y protestas sociales del campesinado, que exigían a los reyes mejoras en sus condiciones de vida.

En este ambiente convulsionado y de cambio, de agitación por un lado y avances en otro, llega, desde China, una enfermedad desconocida y letal.

La Muerte Negra, preámbulo de una nueva Era Histórica

La sucesión de acontecimientos en Europa hasta la llegada de la peste, dan cuenta de un proceso de cambio en el continente que, lejos de amenguar con la catástrofe sanitaria producida por la enfermedad, terminarán solidificando los cimientos de los próximos siglos, tomando en cuenta diversas cuestiones.

Por una parte, la poca preparación en prevención medicinal y la necesidad de enfrentar el flagelo, promovió la observación del fenómeno y el surgimiento de estudios para intentar contrarrestar la peste. Si bien las causas de la peste, desde la cultura popular e incluso en sectores poderosos, se vinculaban con la corrupción del hombre y un castigo divino, la precaria medicina de aquellos tiempos desarrolló métodos que hoy son comúnmente enunciados por todos nosotros en estos tiempos de Pandemia.

La ciudad ha sufrido en los últimos siglos los embates de distintas enfermedades y plagas, desde la peste y el colera hasta las recientes epidemias de gripe A y Covid-19.


El aislamiento y la cuarentena surgen durante el período de la peste, como vía para frenar el contagio y, posteriormente, se establecerán protocolos con estos antecedentes, que los reinos de Europa aplicarán en sus respectivos puertos, sobre agentes externos dudosos de trasladar alguna enfermedad, tales como los viajeros llegados de las Américas y Asia, sospechosos de contraer la peste bubónica, la viruela, sífilis o el cólera.

Asimismo, la enorme mortandad producirá escasez de mano de obra, tanto en el campo como en la ciudad. Por su parte, la ciudad venía protagonizando una recuperación respecto de siglos anteriores, revitalizada por la reanudación de las rutas comerciales con Oriente. La rudimentaria producción de manufacturas, artesanías y oficios que formaban parte de la economía dentro de los muros urbanos necesitaba, tras la catástrofe, ocupar puestos asalariados, lo que para muchos habitantes del campo fue la oportunidad de escapar de la situación de vasallaje.

Asimismo, la concentración de riqueza que la baja poblacional causó, generó un alza en los salarios y en las condiciones de contratación, cuestión que fortaleció las condiciones para el ascenso de la burguesía.

Por el lado del campo los señores feudales, en su afán de contener sus privilegios, ofrecen mejoras en las condiciones de arrendamiento al campesinado, tratando de evitar que estos migren a las actividades urbanas. También, dado el proceso de acumulación de riquezas de las ciudades, llevó a que la burguesía estuviese dispuesta a invertir sus ganancias en actividades agrícolas, volcando su idiosincrasia técnica e innovadora al campo, mejorando los métodos de producción.

En cuestiones ligadas a aspectos espirituales, la Edad Media en general se caracteriza por la importancia del aspecto religioso y, fundamentalmente, de las doctrinas cristianas, signadas por la esperanza de la próxima vida, liberada de los padecimientos del cuerpo y lo material.

Esto, durante siglos, se tradujo en un profundo desprecio por las conductas artísticas y culturales que se asociaran con la exaltación de la materialidad humana. El poderoso impacto de la Peste Negra, que convirtió a la existencia en algo tan insignificante y efímero, llevará a los contemporáneos de este período, el replantearse el paso por esta vida.

Estos presupuestos mencionados, formarán parte del gran movimiento conocido como Renacimiento, comúnmente asociado al mundo de las artes, pero que forma parte de un poderoso cambio en todos los ámbitos de la reproducción social y cultural de Occidente y que, finalmente llevará a las revoluciones industriales y liberales de la Modernidad.

Algunos paralelos con nuestra Pandemia del 2020

Nuestro siglo está marcado por un ritmo vertiginoso desde mediados de siglo XX, que se aceleró con la caída del Muro de Berlín de forma ya incontenible. Cuestiones como globalización, revolución de las comunicaciones, redes sociales, forman ya parte de nuestra cotidianeidad, y son matices de nuestros tiempos que nos manifiestan nuevos desafíos y cambios.

Así también, los numerosos problemas de toda índole que estos avances imponen, con grandes implicancias para los pueblos y nuestro planeta. La contaminación, la desigualdad, las guerras, las enfermedades de los territorios más azotados por el modelo de producción actual.

Muchos autores coinciden en que nuestro tiempo, tal como aquel de la Baja Edad Media, es un período bisagra hacia la próxima era histórica, habiendo algunos que incluso se aventuran en afirmar en que ya estamos en otros tiempos. Esto no significa otra cosa que el reemplazo de nuevos esquemas de valores y formas de ver el mundo, que avanzan y superan a las preestablecidas durante la Modernidad.

Todas estas cuestiones merecen no uno, sino varios artículos, pero desde aquí, los invito a hacer un pequeño ejercicio, tal como hicieran los contemporáneos de la peste, deteniéndose a tratar de encontrar sentido al paso por esta Tierra, más allá de la promesa del bienestar de la próxima. Las ciudades vacías, los cielos limpios, los mares retomando su color original, deben hacernos reflexionar. Aquellos que quedan varados en las orillas del sistema económico, excluidos más que nunca por los efectos de la cuarentena. Las encrucijadas en que se encuentran los Estados y gobernantes, entre privilegiar aspectos estrictamente económicos contra pronósticos de graves consecuencias de salud.

Me parece muy atinado el pensamiento del historiador israelita Yuval Harari, quien plantea que las secuelas de la pandemia cambiarán el curso de la Humanidad, y que deberemos afrontar la decisión de conformar un sistema basado en una sincera solidaridad o enfrentar nuevas formas de segregación y egoísmo. Creo que si miramos a los que sufren y el respirar de la Tierra en estos meses, la respuesta no merece discusión alguna