Dom. Abr 18th, 2021

Sudáfrica los desafíos para su seguridad nacional

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Durante el régimen del apartheid, la política de defensa estaba centrada en hacer frente al conflicto interno, dado la resistencia contra el régimen racista, como también hacer frente a la hostilidad de los estados vecinos. De manera velada, las potencias occidentales apoyaban al régimen de Pretoria, al ser una herramienta para desestabilizar los regímenes de izquierda en el Sur de África. Las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica tienen un largo historial operativo, desde el legado de la guerra Anglo Bóer – cuna de los célebres comandos – pasando por las dos guerras mundiales, y las guerras fronterizas en tiempos del Apartheid.

Por: Jorge Alejandro  Saponaro | Director El Minuto para Argentina


El fin del régimen racista, significó importantes cambios, que a pesar de los recortes de gastos y críticas al gobierno, las fuerzas militares sudafricanas son las más poderosas del sur de África, apoyada por una importante infraestructura industrial.

La Fuerza Nacional de Defensa de Sudáfrica, nació en 1994, como consecuencia de las negociaciones en el marco de la democratización del país. La institución sería consecuencia de la fusión de la Fuerza de Defensa de Sudáfrica de tiempos del apartheid, milicias de los estados bantúes, antiguos guerrilleros del Congreso Nacional Africano, el Ejército de Liberación de Azania, y del partido zulú Inkhata.


Zulú Inkhata.


En 1996 fue publicado el Libro Blanco, que tenia diferencias con otros documentos anteriores, especialmente, en plantear un modelo de fuerzas armadas basadas en un modelo convencional. Pero reconociendo que la SANDF llevaría a cabo misiones secundarias.

El modelo adoptado finalmente por el gobierno fue contar con unas fuerzas armadas con un núcleo limitado de capacidades convencionales, conservando una estructura y medios que permitiera una rápida expansión.

El debate sobre el tipo de fuerzas armadas, pasó a manos del Parlamento, donde se discutieron varias opciones, que van desde la propuesta del Libro Blanco, pasando por una considerada “realista” de reducción de las capacidades convencionales, orientado hacia escenarios de guerra irregular, seguridad marítima y un componente aéreo centrado en apoyo táctico, y por último la Defensa No Provocativa, una idea impulsada en su momento por el gobierno argentino durante la gestión de Nilda Garré en el área de defensa, donde las fuerzas sudafricanas pondrían mayor énfasis en la defensa territorial convencional, con limitada capacidad de proyección, mayor inversión en movilidad aérea y defensa antiaérea, y una fuerza naval de patrulla costera.

Finalmente los políticos apostaron a la opción de mantener un concepto tradicional de la SANDF, con capacidad convencional, más reducida que en tiempos del apartheid. El resultado fue la adopción de un enfoque de defensa con limitaciones y de carácter convencional frente agresiones externas, además de prever su empleo en apoyo al Servicio Nacional de Policía y operaciones secundarias.

Destacándose las misiones de mantenimiento de la paz, que para 2015, el país llegó a contar con 6.000 efectivos desplegados bajo bandera de la ONU, especialmente en misiones dentro del continente africano. En marzo de 2021, el presidente Ramaphosa, autorizó mantener el despliegue sudafricano en la República Democrática del Congo, que incluye helicópteros de ataque.


Cyril Ramphosa,  presidente de Sudáfrica considerado el “hijo predilecto” del Nelson Mandela.


Sudáfrica forma parte de la Comunidad de Desarrollo y Cooperación de África del Sur, en la cual tiene un rol central, con distintas iniciativas de cooperación no solo en materia política y económica, sino también en el ámbito de seguridad internacional, pero con limitaciones. Ello no ha impedido la creación de una Fuerza de Intervención Rápida de carácter multinacional bajo bandera de la ONU. En 2013, esta fuerza bajo control de la misión de paz de la ONU en el Congo o MONUSCO, derrotó a los grupos armados apoyados por Ruanda que operaban en el Este de la Rep. Democrática del Congo.

Las fuerzas conjuntas que integran tropas sudafricanas lidian ahora con la Alianza de Fuerzas Democráticas, o ADF, que se cree que tiene lazos con el extremismo islámico. La reducción de la presencia de Naciones Unidas en el Congo Democrático, implica revisar las estructura de las fuerzas desplegadas, poniendo énfasis en las provincias más conflictivas, teniendo como prioridad su conversión en fuerzas de despliegue rápido.

Otras de las misiones secundarias que llevan los efectivos del SANDF, es la seguridad de fronteras, que es un serio problema para el país su control. Sus extensas fronteras, son porosas, donde hay una importante actividad criminal ligada al tráfico de drogas, fauna, armas, migraciones no controladas (este es un serio problema para un país con altos índices de desempleo juvenil), llevó al entonces Jacob Zuma, a proponer una agencia de gestión o seguridad de fronteras.

Dado las deficiencias de dicha labor por parte del Servicio Nacional de Policía, los militares están cobrando un papel más relevante en dichas funciones. En 2021, finalmente el Parlamento dio luz verde para la Agencia de Gestión de Fronteras o BMA, que según el portal del gobierno sudafricano prevé contar con una sola autoridad ejecutiva en el control de fronteras, ahora en manos de diversas agencias carentes de coordinación a nivel nacional. El país cuenta con 4800km de fronteras terrestres, puertos que tienen un importante movimiento comercial, agregándose los problemas de seguridad de países vecinos.

El nuevo marco legal abre las puertas para crear cuerpos especializados de guardacostas y guardia fronterizas, algo que puede impactar negativamente en la SANDF, dado que estas responsabilidades implican también la posibilidad de justificar inversiones y poder emplear personal, que en vez de ser despedido o dado de baja, pueda ser empleado en estas misiones, con un adecuado entrenamiento.

La ausencia de amenazas convencionales, desde el fin del apartheid y los cambios políticos en la región, para más de un observador, la SANDF, pareciera mantener un diseño para otros tiempos. Es posible que el liderazgo sudafricano, tuviera bien en claro, que el rol de Sudáfrica, como potencia regional, era mantener un poder militar importante, pero que desde el punto de vista económico no fue acompañado, por cuestiones de política interna. El gasto de defensa representa un promedio histórico, aproximadamente el 1.2% del PBI, estudios de expertos por medio del Comité de Revisión de Defensa, indican que es preciso contar con presupuesto que debe por lo menos, incrementarse en un 24%. Los gastos de personal son crecientes en desmedro de las áreas de mantenimiento e inversión. La caída del gasto ha sido paulatino desde 2017, llegando a 2019 a representar solo el 0.95%.

La necesidad de incrementar el gasto de defensa, llevó a la ministra de defensa, Nosiviwe Mapisa-Nqakula, en su discurso por el presupuesto de 2018 a señalar “La defensa debe seguir siendo impulsada por mandato (léase política), y no impulsada por el presupuesto, como es el caso actualmente” Además, destacó que no solo se espera que la fuerza de defensa defienda y proteja a Sudáfrica, Se espera que intervenga rápidamente durante las crisis en el continente. Debe mantener el apoyo a la paz operaciones y asegurar continuamente las fronteras terrestres, la zona marítima completa y el espacio aéreo.

También. Se espera que la fuerza de defensa sea un actor clave en la ciberdefensa de Sudáfrica y apoyar a otros departamentos, cuando sea necesario. Se espera además que la fuerza de defensa ejecute el muchas obligaciones internacionales. Finalmente agregó Sudáfrica ha llegado ahora al punto en el que debe tomar una decisión sobre el tipo de Fuerza de Defensa que quiere y lo que puede pagar.

Los críticos al discurso de la ministra, sostienen que las SANDF están sobredimensionadas y que políticamente resulta inaceptable reducir el número de soldados. Pero muchos consideran que expulsar a soldados entrenados, en un país donde las tasas de desempleo son altas, y con altos niveles de violencia social, llevaría a muchos soldados dados de baja a engrosar el delito urbano.

La política de defensa en los últimos años, dado el creciente protagonismo de Sudáfrica en el sur del continente, ha sido objeto de un interés de la dirigencia política, aunque más de carácter retórico que real, incluyendo la revisión del sistema nacional de inteligencia. El Informe de Alto Nivel de la Agencia de Seguridad del Estado, impulsado por el presidente Cyril Ramaphosa en junio de 2018, tuvo seis meses de plazo para mejorar capacidades en materia de inteligencia estratégica y cambios en la estructura de defensa y seguridad del país. El citado grupo de alto nivel recomendó la convocatoria nuevamente del Consejo de Seguridad Nacional, una revisión de prácticas de las agencias de inteligencia, mayor control parlamentario y una estrategia definida en dicho ámbito, acompañado por cambios legales, actualizados al contexto del siglo XXI.

El sector industrial, liderado por el Consejo de Industria de Defensa, en este año 2021, ha lanzado una serie de iniciativas para mantener la poderosa capacidad industrial que tiene Sudáfrica, afectada por los problemas presupuestarios. Uno de los desafíos es mantener la empresa Denel, muy afectada por la crisis financiera de la SANDF, como también otras empresas del sector, como Armscor.

Los estudios y proyectos buscan un modelo sostenible del sector, evitando la pérdida de millares de empleos y de capacidades, muchas de ellas tecnologías punteras en materia aeronáutica, aeroespacial, misiles, blindados y artillería.

La corrupción, que le costó la presidencia a Jacob Zuma, que tuvo que renunciar, también afecta al sistema de defensa, dado los cuestionamientos en la transparencia de contratos, en los ascensos de altos mandos, que afectan directamente la calidad profesional de la SANDF. El Departamento de Defensa, en 2021, lanzó una investigación por el desvío y malversación de fondos destinados a esta área por más de 1000 millones de rands-

Los cuestionamientos siguen en materia de inteligencia, dado que han ocurrido robos de municiones, especialmente provenientes desde la oposición parlamentaria. El referente del área de defensa, del partido Alianza Democrática, Kobus Marais, recalcó la necesidad de tomar medidas destinadas a terminar con el mal uso de los recursos, siempre bajo el manto de sospecha de corrupción y la necesidad de poner especial atención al área de inteligencia militar por crisis de Mozambique. Este país vecino, está sufriendo la presencia de organizaciones terroristas islámicas, ligadas al siniestro Estado Islámico. A juicio del citado político, demanda que también las fuerzas militares pongan especial atención al deterioro de la seguridad del vecino mozambiqueño.

La Fuerza Nacional de Defensa

La Constitución Sudafricana prevé que el comando en jefe de las fuerzas militares, recae en el Presidente de la Nación. El Departamento de Defensa Nacional es responsable de las políticas específicas. Su titular es el ministro de defensa y veteranos militares, del cual dependen el Secretariado de Defensa y la máxima autoridad militar es el Jefe de Estado Mayor de la Defensa. Dependen de este funcionario militar, los jefes del ejército, marina, fuerza aérea, servicio de salud militar, comando de operaciones conjuntas y el Apoyo General, o servicio logístico unificado.

La División de Operaciones Conjuntas, es un mando operacional, la cual se asignan unidades de combate de las fuerzas permanentes, además de depender la Brigada de Fuerzas Especiales. En el caso sudafricano, las fuerzas de adiestramiento especial, no están asignadas a las distintas fuerzas, sino que es un componente conjunto.

Las fuerzas armadas cuentan con unos 75.000 efectivos, siendo el 75% negros; 11.4% blancos, 12.3% mestizos y 1.3% asiáticos. El gasto militar ronda unos 3.6 mil millones de dólares, que ha sido objeto de críticas, dado que se consideran fondos insuficientes para sostener fuerzas muy modernas, pero que por cuestiones vinculadas a la corrupción como la crisis económicas, han afectado la operatividad de sistemas muy modernos, como las corbetas tipo Meko alemanas, submarinos U209 y los cazas Gripen.

En 2019, en medios sudafricanos salió a la luz, el debate de las autoridades de defensa, sobre cómo mejorar el gasto de defensa, comparándolo con el caso finlandés, cuyo gasto militar es similar. Las conclusiones fueron la necesidad de reducir el número de efectivos, algo muy delicado para los mandos militares, renuentes apoyar este tipo de iniciativas. Las Fuerzas de Defensa, mantienen desde la década del 90, el mismo despliegue y doctrina heredados del régimen del apartheid, donde juega un rol importante el concepto de defensa convencional. El proceso de asimilación de los brazos armados del Congreso Nacional Africano, el Movimiento del Pueblo de Azania, el Inkhata o las milicias de los bantustanes, se hizo con el presupuesto existente, no hubo fondos adicionales. El costo se ha incrementado con el régimen voluntario.

Los sucesores del presidente Nelson Mandela, que impulsó un amplio proceso de equipamiento, mantuvieron una política de adoptar reformas estructurales. Las fuerzas sudafricanas tienen despliegues en misiones de paz, son responsables de apoyar a las fuerzas de policía en seguridad de fronteras, además de hacer frente a emergencias nacionales y el control de importantes espacios marítimos.

En una interesante nota de opinión, en África Portal www.africaportal.org, señala que las fuerzas deberían reducirse a 30.000 efectivos. La crisis de 2019 en Mozambique, afectado por inundaciones y otros desastres naturales, las fuerzas sudafricanas enviadas en su apoyo, fueron limitadas, dado los problemas de recursos, que afectan la operatividad de sistemas como los cazas JAS39 Gripen.

El ejército es una fuerza de unos 40.000 efectivos, posterior a 1994, tuvo una serie de cambios de estructuras, contratándose a reconocidas consultoras como Deloitte, para asistir en este proceso de cambio. El plan visión Ejército 2020, prevé cambios consecuencia de la reestructuración, destinados a mejorar el gasto, que se concentra el 80% en salarios, el importante número de cuadros en proporción a los soldados, lo que encarece el costo de personal, la edad promedio de 48 años, considerado elevado, la pérdida del nivel cualitativo. En la actualidad hay dos cuarteles generales de nivel brigada, que llegado el caso, pueden proporcionar cuatro grupos tipo brigada, de las cuales dos, están listas para ser desplegadas incluso fuera de las fronteras nacionales.

Las fuerzas operativas están bajo el comando de la División de Operaciones Conjuntas, que según las necesidades ha creado una serie de fuerzas de tarea desplegados en distintos puntos del país. El armamento que cuenta es en gran parte de factura sudafricana como el fisil de asalto Vektor R4, incluyendo misiles antitanque producidos por la firma local Denel. En cuanto a tanques, el único que cuenta es el Olifant Mk2, basado el chasis del veterano Centurion británico, pero completamente reconstruido y modernizado. Se estima que operan unos 65 de manera regular y más de un centenar están en unidades de reserva. Existe un plan de reemplazo. Sobre chasis a ruedas, está el excelente Rooikat, que se construyeron 240 unidades y con cañón de 105 mm. Se contrataron más de 200 blindados AMV a la finlandesa Patria.

A nivel local se produjeron los vehículos de infantería sobre ruedas de la familia Ratel, estando activos medio millar de ellos, existen variantes con morteros, cañones de 20 y 90 mm. Serán reemplazados en parte por los AMV. La industria sudafricana produjo vehículos MRAP, o protegidos especialmente para minas improvisadas. Algo muy difundido en la OTAN, como resultado de la experiencia de Irak y Afganistán. Los sudafricanos fueron pioneros con vehículos Mamba y Casspir, que operan por cientos de ellos. La Artillería de campaña emplea material producido en el país, encontrándose piezas remolcadas de 155 mm como autopropulsadas GV6 sobre ruedas, y artillería de cohetes también de factura local.

La Fuerza Aérea es la más poderosa de África subsahariana, a pesar de los recortes de presupuesto que afectan seriamente la operatividad de aviones Gripen (solo opera la mitad de los aviones adquiridos), Hawk o el helicóptero de ataque Rooivalk. Cuenta con unos 10.000 efectivos. La fuerza aérea tiene como principal avión de combate casi una veintena de JAS39 Gripen.

La flota cuenta aviones de guerra electrónica, con veteranos DC3 modificados, empleados también para patrulla marítima; aviones de transporte C130 (estaba previsto formar parte del programa KC 390 brasileño, quedando descartado por temas de presupuesto), Dessault Falcon de diversas variantes, Pilatus PC 12, King Air, CASA 212; una importante flota de helicópteros, que se destacan una docena de ataque Rooivalk de producción nacional, de transporte Oryx (derivado local del Puma 330), Bk117 y AW109, del cual operan una veintena de unidades destinados a misiones de transporte, enlace, apoyo táctico.

En materia de entrenamiento y combate ligero, opera aviones PC7 de entrenamiento básico e intermedio, y una veintena de aviones de ataque Hawk 120, que cumplen funciones de entrenamiento avanzado. La crisis de presupuesto afecta seriamente la operatividad de la flota de combate, como quedó en evidencia en la evacuación de ciudadanos sudafricanos en Nigeria, dado el estado de los C130, también quedará pendiente la modernización de los JAS39 Gripen, para que reciban el radar de apertura sintética AESA.

La Marina, con unos 7800 efectivos opera cuatro fragatas Meko200SAN, comisionadas en 2006, clasificadas como Tipo Valour, operan con helicópteros Super Lynx de la Fuerza Aérea, y cuentan con moderno armamento antiaéreo, entre ellos un misil de desarrollo nacional el Unkhonto de defensa antiaérea, misiles Exocet.

Los buques cuentan con modernos sistemas de combate, guerra electrónica y radares. Esta flotilla compone la fuerza de superficie más moderna del sur de África. Las fuerzas navales cuentan con tres modernos submarinos U209 que entraron en servicio entre 2008-2009.

En materia de patrulla marítima, los medios son más limitados con buques anticuados tipo OPV, dado que son ex patrulleros lanzamisiles de origen israelí convertidos a buques de patrulla. En materia de vigilancia costera, recae también en un limitado número de buques, van desde dos barreminas y lanchas de pequeño porte.

La flota auxiliar cuenta con un buque de apoyo logístico y está prevista la construcción de un buque de investigaciones oceanográficas. En 2017 fu anunciado un concurso, con participación de astilleros de propiedad estatal, para la construcción de buques de patrulla oceánica y medios auxiliares.

Los infantes de marina, están organizados en el Escuadrón de Reacción Rápida, luego de su disolución en 1990. Esto fue una necesidad en el despliegue en la zona de los Grandes Lagos en el Congo, ahora es una pequeña y selecta fuerza especial, que integra una compañía de comandos navales, un elemento de buzos tácticos y una flotilla de lanchas de seguridad costera.

En 2019, la Armada estaba atravesando la misma situación compleja por los recortes de presupuesto, como lo indico el jefe de dicha fuerza vicealmirante Hlogwane: En ausencia de una amenaza militar clara y actual, el gobierno encontrará difícil justificar el gasto de grandes sumas de dinero en defensa. Las plataformas adquiridas bajo los Paquetes de Defensa Estratégica (cuatro fragatas y tres submarinos) están comenzando a sufrir de falta de fondos para apoyo y mantenimiento, [y] requieren urgentemente reparaciones para mantenerlas operativas hasta el final de sus 30 años de vida útil. … si bien el nuevo buque de relevamiento hidrográfico y los IPV son buques modernos y robustos totalmente adaptados para realizar sus misiones, no mejorarán significativamente la capacidad de combate de la RAS que se requiere para defender nuestro país y los intereses nacionales en términos de nuestro mandato constitucional…el equilibrio de poder naval está cambiando en nuestro continente.

La marina padece las consecuencias de una mala gestión, lo que pone en riesgo la operatividad de los modernos submarinos y fragatas, dado que personal calificado prefiere continuar su carrera en el lucrativo sector privado en poderosas empresas de transporte marítimo. Algunas falencias de diseño, afectaron especialmente a las fragatas, pero los problemas de presupuesto, demoraron que dichos problemas fueran subsanados. Las opciones que tiene la Marina, será posiblemente establecer un uso rotativo de los medios, colocando los medios que no sean empleados en situación de reserva.

Final

Sudáfrica desde 1994, inició un nuevo camino, luego del desmantelamiento del régimen del Apartheid, esto afectó a las fuerzas armadas, que estaban formadas básicamente por personal blanco, siendo los negros, asiáticos y mestizos parte de elementos auxiliares. La construcción de las nuevas fuerzas de defensa, consecuencia de la fusión de las antiguas fuerzas del régimen del apartheid, ex guerrilleros y las milicias de los “Bantustanes”. No cabe duda que ello fue un choque. El gobierno de Nelson Mandela, apostó a contar con modernas fuerzas armadas, en el marco de mantener a Sudáfrica como potencia regional.

Los beneficiarios de los programas de modernización fueron la Marina y la Fuerza Aérea. Pero el presupuesto no acompañó con las necesidades emergentes de los nuevos sistemas de armas, afectando su operatividad.

Las fuerzas sudafricanas tienen gran parte de su arsenal en depósito o preservados de alguna manera. El país, tiene una serie de desafíos, que van desde lo institucional, con altos niveles de corrupción, que afectan al sistema de compras de las fuerzas militares, al marco regional. Las

extensas fronteras, antes escenario de insurgencia, ahora de un creciente tráfico de drogas, que afecta los altos índices de violencia en grandes ciudades, tráfico de fauna, migraciones no controladas que hace que el problema social que tiene el país se agrave aún más. Salvo Botsuana y Namibia, los vecinos tienen serios problemas institucionales y Mozambique el drama del terrorismo. Las rutas marítimas sudafricanas, que conectan a los mercados asiáticos están con presencia de piratas.

Los mares también son objeto de la depredación de recursos, que afecta la economía nacional. La situación en el Congo, como la República Centroafricana favorece a la instalación de plataformas terroristas, que son una amenaza concreta para el sur de África.

Es por ello que el liderazgo sudafricano no ha dudado de desplegar fuerzas bajo el mandato de Naciones Unidas y participar activamente en la formación de fuerzas multinacionales en el marco de la Comunidad de Cooperación y Desarrollo de África del Sur o SADCC.

La complejidad del crimen en Sudáfrica, que muchas veces adquiere ribetes terroristas, pone en riesgo instalaciones estratégicas, la porosidad de las fronteras, la situación regional con estados con serias falencias en sus estructuras de seguridad, espacios marítimos que demandan medios para garantizar la seguridad de las líneas de comunicación marítima, como la protección de recursos, son desafíos para el sistema de defensa sudafricano.

Los recortes de presupuesto, la mala gestión, ponen no solo en riesgo las fuerzas armadas, que tienen importantes capacidades, si se realizan inversiones moderadas para conservarlas, sino el poderoso complejo industrial que le permite al país ser prácticamente autosuficiente en muchos aspectos. Esto es un factor clave a la hora de contar con suficiente capacidad de maniobra en el contexto internacional.

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