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Taiwán: ¿El próximo Sarajevo?

El Minuto | En 1971, Estados Unidos apostó por el régimen de Pekín, para que tuviera reconocimiento internacional y ocupara el lugar de la llamada China Nacionalista (Taiwán), como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director  El Minuto para Argentina

Una jugada geopolítica, destinada a debilitar a la Unión Soviética, pero visto el ascenso vertiginoso de Pekín como potencia, es posible que haya sido el gran desacierto estratégico de Washington.

La República Popular China, hoy es el principal adversario de Estados Unidos, teniendo como objetivo, reemplazarlo como potencia global. La reciente crisis con Taiwán, con una nueva demostración de fuerza, pone en evidencia, que Pekín, no dudará en hacer uso de la fuerza, para demostrar su poderío. ¿Entonces estamos ante el próximo Sarajevo del siglo XXI?

El asesinato en agosto de 1914, del archiduque Francisco Fernando, sobrino del emperador Francisco José de Austria Hungría, en Sarajevo, degeneró una crisis, que terminó en la Primera Guerra Mundial.

Dicho crimen fue solo el detonante, ante una serie de crisis, que tarde o temprano iba a degenerar en un conflicto armado. En el caso de Taiwán, observamos una serie de crisis, siendo la última un sobrevuelo de medio centenar de aviones de combate de la Fuerza Aérea del Ejército de Liberación Popular Chino (FAEPL), agregándose maniobras agresivas, especialmente de la citada fuerza aérea, sobre los cielos de Taiwán, generan alarma, junto con un creciente discurso sumamente hostil por parte de Pekín, donde no niega, la posibilidad de imponer la “reunificación” por la fuerza. ¿Estamos ante un posible Sarajevo del siglo XXI?

El gobierno de Taiwán, que oficialmente se hace llamar República de China, es consecuencia de la Guerra Civil china, donde las fuerzas comunistas vencieron a los nacionalistas liderados por el general Chiang Kai Shek En diciembre de 1949, el general junto a su familia fueron evacuados de Chengdu, asediados por el Ejército comunista, rumbo a Taiwán.

Desde 1948, cuando las fuerzas nacionalistas estaban en retirada, dos millones de chinos huyeron a la isla, entre ellos empresarios, líderes políticos y militares, junto a ellos la totalidad de la Fuerza Aérea, reservas de oro, reliquias de museos, y todo lo de valor que pudiera ser evacuado, terminaron en Taipei, la capital de Taiwán, o la isla de Formosa. Los baluartes de resistencia nacionalistas, continuaron en las lejanas provincias de Sichuan y Yunnan, pero ante la imposibilidad de recibir apoyo, a pesar de los pedidos del generalísimo Chiang a Estados Unidos, tuvieron que replegarse a Birmania (unos 200.000 soldados y cientos de miles refugiados). La situación en Taiwán, tampoco era la mejor.

Millones de refugiados continentales, chocaron con los locales, que habían estado gobernados desde 1895 por Japón. Los Aliados se la entregaron al general nacionalista Chen Yi, luego que el gobernado japonés, general Ando, presentara formalmente la rendición y la entrega del poder a los chinos. Tokio, renunció a la soberanía de la isla – cedida por China tras la guerra de 1895 por medio de un Tratado – pero en el caso puntual de Taiwán, la presencia china fue de facto, nunca hubo un tratado que perfeccionara la entrega. Un debate para los expertos en Derecho Internacional.

El régimen de Chiang, refugiado en Taiwán, estuvo en una primera instancia abandonado a su suerte. Solo en 1950, con la Guerra de Corea, Estados Unidos apoyaría a su régimen de manera decidida. Todavía el generalísimo, esperaba un regreso triunfal a China continental. Desde las fronteras en Birmania y Tailandia, las guerrillas nacionalistas seguían hostigando a China Popular. Las fuerzas navales de China Nacionalista, atacaron en reiteradas ocasiones el tráfico costero de China continental. En 1954, el Ejército de Liberación

Popular o ELP, tomó un grupo de islas cercanas a Shangai, aniquilando a la guarnición nacionalista de 600 efectivos. La presencia de la VII Flota de la Armada de Estados Unidos, fue un claro mensaje de apoyo al régimen de Chiang y disuadió a los comunistas de llevar a cabo un desembarco, como hicieron en la isla Hainan. En 1958, en la Segunda Crisis del Estrecho de Formosa, las fuerzas aéreas de ambos regímenes se enfrentaron. Los F86 Sabre, armados con misiles aire – aire AIM 9 Sidewinder, se impusieron a los MIG 15/17, del ELP, armados solo con cañones.

Los incidentes entre Pekín y Taipei, siguieron, gracias al apoyo de Estados Unidos. Duelos de artillería de costa – que se prolongaron en algunas islas cercanas a la China continental hasta 1978 – pero con la muerte del general Chiang, en 1967, el estallido de la primera bomba atómica por parte del régimen comunista, obligaron a sus hijo y sucesor, a replantear la estrategia. El sueño de recuperar China continental, quedó solo en una mera declaración política.

China Nacionalista, recibió aviones para tareas de espionaje, como los célebres U 2, pero la operación de este tipo de aeronaves, reveló que Estados Unidos, era un aliado que no compartía la información obtenida por dichos aviones. El despliegue de baterías de mayor alcance, llevó a que el programa de reconocimiento en profundidad quedara cancelado para 1968. Los incidentes entre los dos gobiernos se fueron reduciendo en el tiempo, no exento, especialmente de maniobras agresivas en el Estrecho de Formosa.

El apoyo económico de Estados Unidos, como la tecnología japonesa, los bajos impuestos, la existencia de abundante mano de obra barata, agregándose un régimen dictatorial que garantizaba la disciplina laboral, permitieron que Taiwán se desarrollara rápidamente, con altas tasa de crecimiento. El presidente Chiang Ching-kuo, en los años 80, inició un tímido proceso de democratización.

En 1984, fue permitido el primer partido político de oposición, frente al Kuomintang, la fuerza dominante del país. Lee Teng-hui, sucesor del Chiang Chin –kuo en 1988, tras su muerte, significó por un lado la llegada de un taiwanés de nacimiento a la primera magistratura. Las reformas políticas continuaron, para dar paso a una democracia en los 90. Un fenómeno político, que incrementó el discurso agresivo de Pekín, es la creciente presencia de sectores políticos favorables a la independencia de Taiwán, dejando de lado la vieja reivindicación de impulsar la unificación con el continente.

En 2016, fue electa presidente, Tsai Ing-wen, caracterizada por impulsar reformas de signo progresistas. En estos últimos tiempos ha surgido un creciente sentimiento que Taiwán, sea reconocido como un estado independiente, a pesar que esta opinión es del 20%, según encuestas realizadas, pero en sectores juveniles, la idea pareciera avanzar, abandonando la idea de ser el gobierno legítimo de China. Estas tentativas, han sido respondidas con amenazas del uso de la fuerza por parte de Pekín. Sea como fuere, a pesar de las amenazas desde el continente, el 70% de la población, está conforme con el actual status quo.

República China (Taiwán) a pesar del limitado campo externo que tiene – solo una veintena de países tienen vínculos diplomáticos – se ha convertido en una potencia económica de primer orden, que se traduce en el campo tecnológico. Las altas tasas de crecimiento y el alto desarrollo alcanzado, tiene serios desafíos, que lo destacó la jefa de estado Tsai Ing – wen en su discurso de asunción, citando el envejecimiento de la población, falta de confianza del sistema judicial, descontento de la juventud, seguridad alimentaria, la dependencia energética, la viabilidad en el largo plazo del régimen de pensiones para la tercera edad, crítica situación ambiental, déficit fiscal, etc. Ironías del destino, la economía taiwanesa está estrechamente ligada a la China Popular, donde existen importantes vínculos, especialmente en materia de microchips que produce la isla, cuyo gran mercado es el continente y fuera de el también.

Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, es un “peso pesado” en este sector de alto valor estratégico. Las empresas taiwanesas tienen unos US$ 150.000 millones en inversiones en la República Popular China, además de ser un importante inversor en países de la región. El sector  privado muestra un alto nivel de dinamismo e innovación, gracias a las condiciones que existen en Taiwán en materia de libre mercado.

Por otro lado, a pesar de estos datos alentadores, el país ha perdido competitividad, como puso en evidencia la presidente Tsai Ing – wen, que de exportar, 317.800 millones de dólares en 2014, pasó a 284.900 millones en 2015, cayendo al puesto 18 en el ranking mundial de exportadores. Sea como fuere, estamos hablando aún de una potencia económica, ya que el PIB es de US$ 1 403 663 millones (US$ 59557 per cápita).

La crisis del COVID 19, ha sido un duro golpe para el régimen chino, dado que ha tomado medidas para nada populares, que ha servido por un lado incrementar el control sobre la población, mantener un apagón sobre los sucesos en Hong Kong, que de facto ha sido suprimida su autonomía política, y la cuestión uigur entre otras cosas., y por otro, apuntó ante el repliegue de Estados Unidos, como consecuencia de la política aislacionista de Donald Trump, a ocupar espacios vacíos, especialmente en América Latina y África, reforzar la gran maniobra geopolítica, que es la Ruta de la Seda, y apostar a una mayor presencia en el Pacífico y el Índico.

No cabe duda que una retórica nacionalista en el frente interno, especialmente hacia la “recuperación” de Taiwán, sirve como elemento aglutinante de la opinión pública y dejar de lado, las cuentas pendientes que tiene el régimen, no solo en materia de libertades, sino de la brecha social, creciente entre ricos y pobres, y el manejo de la pandemia, que Pekín, mantiene una política de silencio absoluto.

Prueba de ello, ha sido la escasa colaboración con la Organización Mundial de Salud, cuando se hizo presente en el epicentro de la crisis, la ciudad de Wuhan. En el caso del vecino Taiwán, este país respondió rápidamente a la crisis, y a diferencia del grueso de los países de la región, no se impusieron las medidas draconianas copiadas del régimen de Pekín, y ha tenido un escaso número de fallecidos. Lamentablemente, la falta de liderazgo de Estados Unidos del entonces presidente Trump, la férrea oposición china, impidió que Taiwán, fuera un actor en la OMS, u los intentos informales de hacer llegar la alarma sobre lo que se venía, fueron en vano. La Casa Blanca, teóricamente el gran aliado de Taipei, miró hacia otro lado.

La recuperación de Taiwán, un objetivo irrenunciable del régimen, es sin ninguna duda un punto de fricción con Estados Unidos, que teóricamente, apoyaría a su aliado en caso de una guerra o una crisis mayor. Esto es también fuente de preocupación para vecinos inmediatos, Japón y Corea del Sur. En el caso de Japón, la anexión de Taiwán por parte de Pekín, afecta a sus rutas marítimas, vitales para el abastecimiento de petróleo. No en vano, las fuerzas navales japonesas, de manera paulatina, desarrollan capacidades para operar con aviación de combate embarcada en sus buques, para poder dar una defensa en profundidad al territorio metropolitano, ante China y su aceitada estrategia A2/AD (denegación de área – anti acceso).

La Marina del ELP, cuenta ahora con la capacidad de operar portaaviones, y tarde o temprano, contará con un poderoso grupo de tareas aeronaval, agregándose la enorme flota de submarinos convencionales y nucleares, lo que pone en evidencia, que Pekín, aspira a ser un actor hegemónico en el Pacífico. El creciente poderío chino alarma a sus vecinos del Sudeste de Asia. Vietnam es un ejemplo de esta preocupación, que no ha dudado en incrementar sus medios de superficie y especialmente la capacidad de negación del mar, por medio de una moderna flota de submarinos de origen ruso.

El crecimiento explosivo que tuvo China durante estos últimos veinte años, ha permitido un ambicioso programa de modernización militar, que Taiwán, ha quedado rezagado. Las innovaciones en lo referente as las Fuerzas Armadas chinas – Ejército de Liberación Popular – fue el desarrollo de las llamadas estrategias A2 / AD, orientado especialmente para hacer frente acciones hostiles por parte de una potencia del peso de Estados Unidos contra el territorio continental chino.

En lo referente a las fuerzas armadas, se observan, el creciente interés por contar con fuerzas de reacción rápida, que involucran a varias divisiones, incluyendo fuerzas aerotransportadas y anfibias, dotadas de moderno armamento, y alto nivel de preparación para entrar en combate con plazo mínimo de preaviso.

La Armada apuesta a contar con una fuerza de portaaviones, incrementar su radio acción, y convertirse en una verdadera fuerza naval oceánica, comparable a la de Estados Unidos, con las distancias del caso. Pero su programa de construcciones navales, ha sido realmente ambicioso, y en su momento el Comandante del Pacífico, de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, hizo un llamado de atención, ante este creciente poderío, dado que las construcciones de nuevas unidades chinas, superaba a las de Estados Unidos, a pesar de la brecha tecnológica, que por cierto se reduce cada día.

Existe una estrategia de expansión en el Mar de China y el Oceánico Índico, a través del “anillo de perlas” o anillo de seguridad. Esto tiene como objetivo alejar la amenaza de Estados Unidos del continente, crear una zona colchón, y también, actuar sobre actores regionales, como Vietnam o Filipinas, sobre los cuales mantiene conflictos por el control de islas de valor estratégico. La Fuerza Aérea de Pekín, antes dependiente de la tecnología rusa, está alcanzando altos niveles en desarrollos propios, potenciando su capacidad de transporte estratégico.

Las Fuerzas Estratégicas, responsables del poder nuclear, es otro factor a considerar, dado que es la herramienta que permite a China tener una disuasión creíble con actores globales, como Estados Unidos. Esta capacidad constituye un “argumento” de peso en una crisis de magnitud, que derive en una situación beligerante con la Casa Blanca, y compensa las falencias que aún tienen las fuerzas militares chinas, que en gran parte siguen operando material anticuado.

Taiwán, no ha podido seguir el ritmo de inversiones militares de su poderoso vecino. Sus fuerzas armadas tienen problemas a la hora del reclutamiento de personal, dado que apostó a la creación de fuerzas compuestas por voluntarios. La respuesta de la isla ante la amenaza continental, es contar con potentes medios para guerra electrónica, buques “furtivos” para dar golpes a una fuerza naval enemiga, dotados de modernos sensores y misiles, unidades móviles de defensa de costa con misiles, barrido de minas, protección a infraestructuras criticas.

Las fuerzas terrestres de Taiwán, cuentan con 140.000 efectivos, organizados tres brigadas mecanizadas, seis brigadas de infantería motorizada, cuatro brigadas blindadas, cuatro brigadas de asalto aéreo/aviación, tres brigadas de artillería y dos brigadas de infantería de marina (que dependen de la marina). Las fuerzas navales, cuentan con modernas fragatas, patrulleros, pero su arma submarina se limita a un puñado de buques de origen holandés. Existe un programa nacional de construcción de este tipo de medios.

La Fuerza Aérea cuenta con 146 aviones F16 Block 20, 55 Mirage 2000 y un centenar de cazas ligeros de diseño nacional IDF Ching Kuo. El país cuenta con una decena de centros de alerta temprana, una moderna defensa antiaérea, y una limitada capacidad contra misiles balísticos. Un estudio del Departamento de Defensa de Estados Unidos, puso en evidencia en 2020, que las fuerzas chinas, listas para poder actuar sobre Taiwán, sumarian unos 400.000 efectivos, y sus medios han sido mejorados sustancialmente, especialmente en materia de asalto aéreo, fuerzas anfibias, operaciones especiales y ciberdefensa, agregándose mejoras en materia de mando y control, existiendo un comando de teatro, apto y con los apoyos necesarios para una hipotética invasión a la isla.

No obstante ello, las limitaciones en materia de medios de desembarco, limitan la posibilidad de llevar a cabo un desembarco a gran escala, a lo que cabe señalar también, que Taiwán, tiene pocas áreas aptas para este tipo de operaciones, en el lado este de la isla, como el oeste, las montañas, impiden que existan zonas aptas para proyectar el poder anfibio, y las condiciones climáticas del área. Ello no impide que las fuerzas chinas capturen puertos y puedan emplearlos para el desembarco de fuerza de magnitud. La flota civil china, puede ser rápidamente empleada para fines militares.

La superioridad naval y aérea de Pekín es una realidad. En el caso de un ataque a gran escala, la respuesta de los aliados de Taipei, demoraría un tiempo, que facilitaría en cierto modo, la consolidación de la presencia de las fuerzas del EPL. Asimismo, dado el contexto políticos que vive Estados Unidos, muchos observadores consideran que ven difícil, como el liderazgo político justificaría luchar por la lejana Taiwán. Recordemos que Afganistán fue abandonado a su suerte, a pesar que ello implicaba una victoria geopolítica de actores hostiles a Estados Unidos. Razones domésticas, fueron las que alimentaron el repliegue, y para peor, negociar con los terroristas que hoy se alzaron con el poder en Kabul.

Taiwán tuvo un programa nuclear militar entre los años 60-70, pero que por presiones de Estados Unidos fue abandonado en 1978. Sin ninguna duda esto condicionó al régimen de Taipei, a los dictados de la Casa Blanca. En 1987, el coronel taiwanés Chang Hsien – Yi, entregó documentación a Estados Unidos, que puso en evidencia que Taiwán estaba en un alto grado de avance para tener cabezas nucleares, frenado por la presión de la Casa Blanca. A pesar que el país cuenta con capacidad para producir munición nuclear, no existen indicios que haya armas nucleares. Tal vez, si Taipei, tuviera armas nucleares, la historia sería bien distinta, y no tendría la dependencia estratégica que tiene de Washington.

La defensa contra invasión, cuando el enemigo tiene superioridad naval y aérea, genera dudas sobre su posibilidad de infligir una derrota al invasor. La evidencia histórica demuestra, que termina en derrota por parte de la fuerza defensora. La opción que tiene Taiwán, seria mantener un núcleo de resistencia, hasta la llegada del apoyo desde Estados Unidos, claro está, si este decide enviar ayuda.

El régimen de Taipei, precisa revisar a fondo su política de defensa, especialmente hacia su opinión pública. Los problemas de reclutamiento de voluntarios para las Fuerzas Armadas, pone en evidencia, que la población no percibe la magnitud de la amenaza china. La experiencia del concepto de “Defensa Total” en Suecia – que brindó más de medio siglo de paz – puede ser un ejemplo a seguir para las autoridades de Taipei.

La idea de una invasión china a Taiwán, es vista por muchos, como algo poco probable, a pesar de la retórica beligerante de Pekín y las demostraciones de fuerza que ha llevado a cabo, violando el espacio aéreo taiwanés. Tal vez sea factible, que China, pueda ocupar algunas islas controladas por Taipei, cercanas a las costas del continente: Quemoy, Kinmen, y Matéu. Pero ello no impide, que exista una estrategia de largo plazo, con la idea de anexar la isla, con horizonte al 2049, cuando se cumpla nada menos que un siglo de Revolución China.

La creciente presión china sobre Taiwán, abre la posibilidad para que pueda ser el Sarajevo del siglo XXI. Es indispensable, impedir incidentes, especialmente ante las constantes maniobras agresivas de las fuerzas de Pekín, que pueden derivar en situaciones más complejas.

El apoyo a Taipei, puede compararse con el caso de Berlín Occidental, en tiempos de la Guerra Fría, no solo porque se ha convertido en una democracia plena, sino que su caída pone en serio riesgo la seguridad de Corea del Sur, Japón, Filipinas, e incluso, abre las puertas para que China realmente esté en aptitud para desafiar el poder de Estados Unidos en el Pacífico, poniendo en peligro a dos aliados clave, como son Australia y Nueva Zelanda. Es por ello, que el valor estratégico de Taiwán, como la supervivencia de su régimen político, es de vital importancia, si se quiere implementar una política de contención del expansionismo de Pekín.

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