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Tan lejos de Dios, tan cerca de Maduro

Las manifestaciones recientes en Cuba, alimentaron una pequeña luz de esperanza, para quienes esperan la democracia en Venezuela. La crisis económica, la falta de seguridad y la ausencia de libertades, provoco el éxodo de cuatro millones de venezolanos, frenado por la crisis COVID.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de Diario El Minuto Argentina


Este Corresponsal en 2019, tuvo una comunicación con una inmigrante colombiana en Ecuador, quién relató sobre el éxodo de los venezolanos, que había llegado a proporciones, comparable a la crisis de refugiados que vivió Europa unos años antes. Los trámites migratorios y de ingreso demoraban horas y horas, por la cantidad de ciudadanos de Venezuela que buscaban un lugar, ya sea en Ecuador, Perú e incluso en otros lugares, como Chile, Argentina y hasta Uruguay.

En dicha comunicación, la joven inmigrante colombiana, también nos relató del drama de los venezolanos en Colombia, que ya sumaban más de un millón, gran parte viviendo en condiciones muy precarias.

A pesar de ciertas resistencias de poblaciones locales, dado que la llegada de los venezolanos, implica nuevos competidores en mercados laborales, cada vez más precarios, la compasión está presente, como nos señaló nuestra testigo colombiana. Las razones que esgrimen todos los inmigrantes venezolanos, es por la situación que atraviesa su país, ya no solo por razones políticas, sino por la escasez de alimentos, medicación, insumos básicos diversos, el dinero que no vale absolutamente nada, de inflación – la más alta del mundo – y de un nivel alarmante de criminalidad.

En todos los casos, un trabajo precario y mal pago en Colombia, Ecuador, Chile o Argentina, es mil veces mejor que uno similar en Venezuela.

El poco dinero que envían es suficiente para que los familiares que quedaron anclados, puedan subsistir. Incluso son enviados paquetes con medicinas, dado que el sistema sanitario de Venezuela, no difiere mucho de países pauperizados del África subsahariana.

La diferencia que muchos de estos países, tienen escasos recursos, padecen guerras, terrorismo, mientras que Venezuela es una de las reservas más importantes de petróleo del mundo.

La división existente en Venezuela y la imposibilidad de un diálogo constructivo entre la oposición política y el régimen, genera dudas sobre el futuro y la democracia en el país. La ausencia de diálogo, impide encontrar salidas realistas, fuera de teorías trasnochadas, conspiraciones internacionales y largo etc., Por ejemplo en el plano económico, la producción petrolera será similar a la de 1927, una mema de las dos terceras partes en relación a una década atrás. La inflación a niveles alarmantes (por ejemplo, alcanzó la cifra de más del 300% en lo que va del 2021).

En el plano sanitario, el país tiene un millón de enfermos de malaria (como en 1936 y una incapacidad manifiesta para erradicarla, a diferencia del aliado cubano). En lo que respecta al COVID, el país suma más de tres mil muertes (288.000 casos acumulados), y una baja tasa de vacunación, estimada en el 8.8% de la población, agregándose el uso político de la campaña de vacunación.

Medios independientes señalan que las cifras no son confiables y es altamente probable que las muertes y enfermos por COVID sean mucho más que los reconocidos oficialmente.

Los problemas para la salud en el país sudamericano, implica un alto riesgo, dado una infraestructura afectada por una pésima gestión.

Por ejemplo Tener diabetes en Venezuela, es algo mucho mas grave que en otros países de similar grado de desarrollo, los problemas de abastecimiento, por un Estado carcomido por la incompetencia y la corrupción, afectan seriamente el acceso a medicamentos, tratamientos adecuados.

Realidad negada por muchos sectores de la izquierda de la región, y por supuesto del régimen, que aplica a rajatabla una política de negacionismo, mientras el país se hunde en la miseria y desesperanza.

El régimen está en un proceso de radicalización, prueba de ello es la convocatoria de la Asamblea Constituyente, que para juristas venezolanos, es abiertamente ilegal, vulnera el texto de 1999. De acuerdo con el profesor José Ignacio Hernández, una vez instalada, y según anunció Maduro, esa “Asamblea Nacional Constituyente Popular” concentraría todas las funciones, bajo una fraudulenta interpretación del artículo 349 del texto de 1999, según el cual, “los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de

la Asamblea Nacional Constituyente”. Esto serviría de excusa, por ejemplo, para consolidar la usurpación de funciones de la Asamblea Nacional. Ante este panorama, la oposición venezolana ha calificado la convocatoria de una nueva Constituyente como la «consumación del golpe de Estado continuo de Maduro a la Constitución» y aseguró que mantendrán su agenda de lucha en las calles para lograr restituir la democracia en el país caribeño.

La convocatoria de esta peculiar Asamblea Constituyente, generó un grave conflicto institucional, donde la citada asamblea tuvo como objetivo disolver la asamblea nacional, el parlamento venezolano, en manos opositoras. En la región y fuera, fue entendido como una maniobra o golpe de Estado encubierta.

El conflicto de poderes involucró a la Fiscalía Nacional, que le costo su cargo a la Dr. Luisa Ortega, que resultó en otro escándalo internacional. El grueso de los países de la región, han rechazado la legalidad de la asamblea constituyente, además de Estados Unidos y la Unión Europea.

El régimen siguiendo el modelo cubano, durante años se ha encargado de politizar las fuerzas armadas – Fuerza Armada Nacional bolivariana – y crear una milicia popular, cuya finalidad, no es para la defensa, dado su pobre equipamiento y preparación, sino como herramienta de control político.

Los cambios del chavismo, le dio al presidente controles sin supervisión del legislativo y por ende un nivel de autonomía, que recuerda a tiempos pasados en la región, cuando muchos países estaban en manos de gobiernos militares.

El rol de los militares venezolanos, como bastión del régimen, incluye una activa participación en la economía del país, seguridad, propaganda política. El 30% de las carteras ministeriales han estado en manos militares. Muchos mandos, según denuncias internacionales, están ligados a la corrupción y negocios oscuro vinculados con el crimen organizado.

El poder militar, queda de manifiesto con el juzgamiento de civiles, por delitos contra la seguridad, que según ONG de derechos humanos, dichos procesos son inconstitucionales.

Venezuela tiene cientos de presos de conciencia, o mejor dicho, presos políticos. El gobierno acusó a muchos opositores, en el marco de manifestaciones, con explosiones de violencia, como terroristas.

En mayo de 2021, hubo denuncias por 600 detenciones arbitrarias, en manos de la Guardia Nacional Bolivariana y las Fuerzas de Acción Especial, un cuerpo de elite policial, que la titular del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michele Bachelet, solicitó su disolución por el historial de abusos.

El país tiene denuncias por miles desapariciones de personas, ejecuciones extrajudiciales en manos de cuerpos policiales, torturas y vejaciones en el centro de detención del siniestro Servicio de Inteligencia Bolivariano. En este contexto, el país se llevara a cabo elecciones a nivel local y regional, donde una vez más la transparencia estará en entredicho.

Los crímenes que se endilgan al régimen de Maduro, ha sido objeto de una denuncia formal ante la Corte Penal Internacional. Argentina era parte de esa denuncia, pero por razones políticas, se retiró.

El Alto tribunal internacional, aceptó investigar, como lo expresó el documento pertinente. La Fiscalía ha concluido que la información disponible en esta etapa brinda un fundamento razonable para creer que, al menos desde abril de 2017, autoridades civiles, miembros de las fuerzas armadas e individuos a favor del Gobierno han cometido los crímenes de lesa humanidad de encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional Queda un largo camino, para que las denuncias sobre crímenes contra la humanidad, lleguen a buen puerto.

Venezuela atraviesa una seria crisis de seguridad interna desde hace décadas. Grupos armados ilegales operan en el país, e incluso entraron en choque abierto con fuerzas militares.

El problema del narcotráfico, afecta a personalidades de la vida política, fuerzas militares y de seguridad. Existe una clara incapacidad para controlar este flagelo, que genera tensiones frecuentes con Colombia y Estados Unidos. Esta incapacidad afecta a la región del Caribe, donde es creciente la presencia de embarcaciones y aeronaves, que buscan llegar a lugares clave como México y Estados Unidos, unido a los conflictos derivados de poderosos grupos criminales que buscan controlar rutas del tráfico, que afectan a países, considerados seguros, como Costa Rica.

Los venezolanos no solo padecen miseria, represión, sino un estado incapaz de dar seguridad pública, donde las tasas de homicidio, de 19 pro cien mil habitantes, están entre las mas altas del mundo (por ejemplo en 2019, hubo 16.000 asesinatos).

La represión ha recaído en la Guardia Nacional, cuerpo similar a la Guardia Civil española o Gendarmería argentina, pero con la salvedad que en Venezuela, forman parte de las fuerzas armadas.

Por ende, no está mal hablar abiertamente de “represión militar”. Los militares no solo tienen injerencia en la política, sino hasta en el abastecimiento de alimentos.

Si estimado lector, entre las misiones de los militares está distribuir comida a través de un organismo con el pomposo nombre de Comando de Abastecimiento Soberano.

Los militares juegan un rol central para Maduro, más importante que el fallecido presidente Chávez. Empresas de servicios públicos – por cierto pésimamente manejadas – la petrolera estatal, un banco, una estación de televisión, empresas en el área de alimentación, están en manos militares.

Asimismo, el régimen invierte, o mejor dicho se endeuda con China y Rusia, en miles de millones de dólares para comprar equipamiento.

La creación del llamado Grupo de Lima, ha sido una iniciativa interesante, pero con escaso “poder de fuego” para obligar al régimen a sentarse a la mesa de negociaciones. Los cambios políticos en Perú y Argentina, ponen en jaque su continuidad, dado que por razones ideológicas no tienen la capacidad de criticar abiertamente un gobierno que se jacta de ser de izquierda, cuando existen elementos que estamos ante una dictadura y con graves atropellos a los Derechos Humanos.

El éxodo de venezolanos, ha generado tensiones con Brasil, país que desplegó medios militares. Se estima que varios millones más aspiran a salir del país (una encuesta habla del 38% de la población está dispuesta a irse).

La pandemia puso un freno, pero si la situación interna sigue deteriorándose con mayor presión a grupos opositores, y una economía en ruinas, tarde o temprano más gente se irá.

Esta situación, pone contra las cuerdas especialmente a Colombia, y en menor medida a otros países de la región. Por ejemplo en Argentina, asumir los millares de inmigrantes, tuvo sus problemas, dado el clima de recesión y destrucción de empleo. Creo que es hora de hablar, no de inmigrantes, sino de refugiados y buscar la cooperación con agencias especializadas de Naciones Unidas.

Caracas padece de aislamiento en la región los países de la región no reconocen a Maduro como presidente, ya en el segundo mandato, excepto algunos casos, como México, Cuba, El Salvador, Argentina y Bolivia.

La Unión Europea y Estados Unidos tampoco lo reconocen. Estos actores, si tienen “poder de fuego” y pueden generar serios contratiempos en una economía, ya en ruinas, que sobrevive gracias a las exportaciones de petróleo y los vínculos con Rusia y China.

El país precisa una salida política, que implica diálogo, pero también un plan u hoja de ruta para lidiar con innumerables problemas. Un camino a seguir, es el ejemplo sudafricano, cuando Nelson Mandela, negoció con el presidente De Klerk, el proceso de democratización, que llevó varios años de transición, no exento de violencia y crisis, pero que finalmente se pudo llegar a establecer un régimen democrático, más o menos estable.

Pero ¿Guadió y Maduro tendrán la grandeza de llevar a cabo este tipo de negociaciones? Venezuela tiene un potencial enorme, en materia agrícola, minera, energética, que podría sacarla de la grave situación actual.

Pero el problema no solo concierne solo a la oposición y el chavismo, sino a otros actores. Es aquí donde la geopolítica hace acto de presencia.

La geopolítica irrumpió con fuerza en este drama. Caracas buscando apoyo político y militar, frente a una presión creciente, ha ofrecido una base militar a Rusia. Dicho país, junto a China, en el marco de una creciente rivalidad con Estados Unidos, al instalarse en un país como Venezuela, buscan de alguna manera contrarrestar influencia de Washington, salir a disputarle, en el marco de una estrategia de desgaste, un área tradicionalmente de control estadounidense.

Esto chocaba con el aislacionismo de Trump, roto con la llegada del presidente Joe Biden, donde su “diplomacia de vacunas” tiene que ver con reducir la creciente influencia china, y en menos medida rusa. El presidente Bolsonaro, inserta a su país, en el marco de este conflicto global, al ofrecer a Estados Unidos la posibilidad de una base militar. Esto abre el interrogante, que terceros actores (Estados Unidos, China, Rusia) podrán dirimir sus disputas a través de actores regionales, especialmente Venezuela, Brasil y Colombia (recordemos que es socio global de la OTAN).

La idea de crear un espacio regional, con intereses comunes frente a focos mundiales de poder, queda en un sueño lejano. Otro actor relevante en este drama, es Cuba, país que ha infiltrado al régimen venezolano, a sus estructuras militares y de seguridad, que le ha permitido crear un sistema político adicto a La Habana –una jugada maestra de los hermanos Castro – que le ha permitido a la isla sobrevivir un

tiempo más, gracias al petróleo subsidiado y otras ayudas. Sin ninguna duda, La Habana tiene un papel importante, que debe ser considerado por los gobiernos de la región que rechazan el régimen chavista, y la oposición política, si quiere que el gobierno venezolano, ceda en algo.

Cuba no puede permitirse, por ahora perder al régimen aliado de Caracas, está estrechamente ligado a su economía, por ende el régimen cubano es un actor clave. La crisis vivida por el COVID, las tensiones internas y la transición con la salida de Raúl Castro, hacen muy vulnerable a Cuba, que más que nunca precisa ejercer el control sobre Caracas, vital para su propia existencia.

En medio de un escándalo internacional, donde existen denuncias de fraude, el presidente Nicolás Maduro juró en enero de 2019, como presidente ante el Tribunal Supremo de Justicia, asumiendo el compromiso de defender la democracia socialista y el sueño bolivariano.

La ceremonia asistieron representantes de diversos países, además de solo cuatro presidentes Prueba del aislamiento del régimen.

Frente a los jefes invitados, endilgó los males al imperialismo de Estados Unidos, que está librando a su entender, una suerte de cuarta guerra mundial. Asimismo en el discurso prometió cambios – sin entrar en detalles para salir delante de la actual coyuntura económica. Un aspecto que pocos repararan dado el aislamiento internacional de Caracas, los lazos con Irán.

Un actor relevante, que está supliendo la críticas situación de la industria petrolera venezolana, que por la mala gestión, requiere importar gasolina del país asiático. Lo que si debe ser un llamado de atención, es la posible cooperación en materia de seguridad y defensa entre ambos países, más sabiendo que Irán es un reconocido experto en promover agentes desestabilizadores y guerras por delegación (proxies).

Maduro habla de democracia, mientras tiene cárceles con presos políticos, las fuerzas de seguridad son responsables de cientos de desapariciones, limita la libertad de expresión (el gran objetivo es limitar el acceso a redes sociales y vigilarlas), con la llamada “ley contra el odio” y busca por diversos medios liquidar los bastiones opositores. Tal vez, no va por más, por los ojos indiscretos de la comunidad internacional. La llegada del presidente Biden, seguramente significará mayor presión internacional, especialmente por la vía de sanciones económicas.

El régimen venezolano, no es una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, sino las cosas hubieran pasado a mayores, pero si busca limitar su margen de maniobra a través de una lenta asfixia económica y política.

Los venezolanos, se sienten abandonados a su suerte. Las declaraciones del Papa Francisco, en su momento, con un mensaje conciliador y extremadamente diplomático – el Vaticano es un misterio insondable – llevó a la propia Iglesia Católica en Venezuela, a sentirse que les han soltado la mano y lo hizo saber a través de su jerarquía.

Es por ello el título de este artículo, son horas aciagas para millares, que creen que Dios está muy lejos de ellos y los ha abandonado,….mientras que uno de los responsables de la pesadilla que vive el país Nicolás Maduro, está muy cerca y pareciera que estará allí por bastante más tiempo de lo que muchos creen.

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