Jue. Mar 26th, 2020

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Transformar iberoamericana consiste transformar ciudades

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Iberoamérica es una realidad continental que se define por su sistema de ciudades. La presencia española en América, el historiador argentino Francisco Romero, se plasmó en una red de ciudades que domino a las áreas rurales.


Por: Daniel Alberto Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina.


Con esta breve pero significativa idea, me gustaría resumir en esta ocasión él porque construir ciudades conlleva transformar Iberoamérica.

Este nuevo tiempo, abre y exige a las ciudades una transformación para preservarlas y mejorar su calidad de vida bajo un nuevo concepto de “gobiernos urbanos: más abiertos, más participativos, más transparentes y más perceptivos”, un gobierno local para y por la comunidad, al servicio de los ciudadanos y de su calidad de vida.

Instrumentar acciones positivas para conseguir que las políticas urbanas tengan un impacto adecuado en el paisaje de la ciudad.

Esto abre decisivamente, un espacio para las organizaciones municipalistas, asumiendo el reto de viabilizar y transformar lo concreto y lo posible en la vida de cada ciudad, estas tienen mucho que decir y por reivindicar.

En efecto, detrás, y dentro de cada ciudad, en un país desarrollado o en vías de serlo, hay una ciudad del tercer mundo (los sin casa, los inmigrantes, las prostitutas, los marginados, etc.); y, a la inversa en cada ciudad del tercer mundo, hay sectores y zonas que podrían estar en el primer mundo.

Es preciso, siguiendo con la idea anterior, hablar con claridad y exponer que la globalización no nos puede hacer caer en una pérdida de cultura propia.

Las ciudades, aun con sus problemas comunes, no han de ser necesariamente idénticas ni podemos resignarnos a una convergencia urbana acrítica que nos haga perder nuestra identidad cultural.

Es así que la sociedad compleja, plural y en cambio permanente, demanda de nuestros gobiernos locales saber discernir sobre el establecimiento de sistemas eficaces que ayuden a resolver los problemas que aquejan a nuestros ciudadanos y a mejorar en forma dinámica la organización y adaptación de los mismos con acciones y emprendimientos públicos que son la herramienta imprescindible invirtiendo en formación e investigación en los empleados públicos, de esta forma, apostar por un instrumento futuro que exige sinceridad y confianza, pero también insatisfacción si queremos estar en cada momento con los retos que se plantean desde la sociedad.

En definitiva, la inversión en hombres es la mejor herramienta para diseñar el futuro de las organizaciones locales.

En definitiva, las personas son la organización. No son un simple elemento más de estas, son realmente la organización y de ellas depende la calidad y eficiencia de las políticas públicas que se desarrollen. Así las cosas, el mundo municipalista, solidariamente y en común, se abre paso y reclama un espacio propio de acción.

En esta era de la historia del mundo, la gente ha resuelto vivir en las ciudades. La ciudad se ha transformado en el epicentro del acontecer del hombre en todo el mundo.

El fenómeno ha adquirido una velocidad creciente, hasta el punto que prácticamente el 70% de los habitantes de los países industriales, viven en las ciudades. Conservar una noción del hombre acorde a nuestro humanismo que gobierne la formación y desarrollo de la ciudad, parece hoy una cuestión de capital.

Aquí reside la sabiduría de la política. Y esa es nuestra principal misión lanzarnos a esta acción que persigue la formación de un liderazgo local fuerte, motivado y comprometido con el desarrollo de las ciudades Iberoamericanas.

Este acelerado proceso de urbanización viene creando en los grandes y pequeños centros una serie de problemas, conocidos los unos y nuevos los otros, que exigen de sus dirigentes soluciones audaces y eficaces.

En los próximos años hagamos todos por humanizar la vida de las ciudades, por lograr que el ciudadano se sienta atendido, por darle posibilidades de expresión al hombre en toda su riqueza, por adecuar las necesidades de vivienda, servicios esenciales y medio ambiente a las personas y eliminar factores de tensión que adornan de rigidez, hostilidad y monotonía al medio urbano, va mucho del porvenir de la civilización. Ciudades para hombres, pues, a su escala, a su medida y esperanza, con servicios gestionados con calidad, son necesidades urgentes de hoy y condición esencial de una civilización que todavía, penoso es reconocerlo, se sigue destruyendo a sí misma y a su entorno.

Ciertamente, en los últimos años, el municipio latinoamericano ha avanzado notablemente si lo comparamos con tiempos pasados, pero, no obstante, el progreso es la consecuencia necesaria de los insatisfechos y no podemos permanecer inalterados cuando tantas cosas quedan por realizar.

Creo con esto, interpretar la voluntad de muchos de nosotros cuando preferimos pensar y reflexionar críticamente a aceptar incondicionalmente la seguridad de un líder o de una idea. Y creo, también, que ese camino nos convierte en artífices de un destino propio y singular que tiene como meta al hombre, a este y a su vida en comunidad.

Quisiera, por último, terminar mi intervención, parafraseando a Carlos Fuentes, en este caso, quiero aludir a su obra “El Espejo Enterrado”, ese trabajo que recrea nuestro ser Iberomericano, y recoger de esta una frase que simboliza lo que creo he querido expresar, y marca, a la vez, una guía de acción para el futuro. Dice el escritor: “Fuimos fundados por la utopía, porque la memoria de la sociedad feliz está en el origen mismo de América, y también al final del camino, como meta y realización de nuestras esperanzas”.

A esto aspiramos para nuestras ciudades, a crear comunidades felices, de hombres libres que contribuyan al bien común.

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