sáb. Sep 21st, 2019

Un año de la tragedia del submarino San Juan

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Por : el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro El próximo mes de noviembre, se cumplirá un año de la desaparición del submarino ARA San Juan con sus 44 tripulantes en las frías aguas del Atlántico Sur. Luego de un espectacular operativo internacional de búsqueda, El buque sigue sin poder se hallado ante el clamor de los familiares que exigen saber la verdad de los hechos que llevaron a la pérdida de la nave con su tripulación íntegra. Un año sin ceremonia oficial de homenaje a las víctimas de la tragedia y en el medio una polémica, con la empresa contratada para buscar el submarino.

El próximo mes de noviembre, se cumplirá un año de la desaparición del submarino ARA San Juan con sus 44 tripulantes en las frías aguas del Atlántico Sur. Luego de un espectacular operativo internacional de búsqueda, El buque sigue sin poder se hallado ante el clamor de los familiares que exigen saber la verdad de los hechos que llevaron a la pérdida de la nave con su tripulación íntegra. Un año sin ceremonia oficial de homenaje a las víctimas de la tragedia y en el medio una polémica, con la empresa contratada para buscar el submarino.

El submarino ARA San Juan pertenecía a la clase TR 1700, diseñados y construidos para la Armada Argentina por los célebres astilleros Thyssen de Alemania.  En 1974 por medio de un decreto firmado por el entonces presidente general Juan D. Perón, fue aprobado un ambicioso programa de modernización de la Armada, que tuvo entre sus éxitos, la construcción bajo licencia de corbetas de diseño alemán y la instalación de un astillero especializado en submarinos, llevado a cabo durante el régimen militar de 1976-1983.  La nueva clase de submarinos, eran de características oceánicas, con amplia autonomía y elevada velocidad. Además entre las innovaciones estaba la habitabilidad muy mejorada respecto a los U209, operados por la Armada Argentina desde 1974 y de popular éxito exportador en las Armadas de la región.

Mientras se llevaba cabo los estudios y construcción de los buques solicitados por la Armada Argentina, se levantaba en Buenos Aires un moderno astillero, gestionado por una empresa estatal con la participación del 25% del astillero alemán Thyssen en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Un predio de 35.000 m2 apoyado por una moderna maquinaria y el sistema de izado Syncrolift, adquirido por la estatal Tandanor (astillero especializado en reparaciones) lindante con el astillero de submarinos, facilitaría la botadura de los buques.  El astillero Ministro Manuel Domecq García SA, como se denominaba comenzó los trabajos para tres submarinos TR 1700, pero la caída del régimen militar paralizó los trabajo ejecutados allí. Entre 1984-186 arribaron el San Juan y el Santa Cruz, que junto a otros dos submarinos tipo U209 entregados en 1974, formaban la flotilla de submarinos más moderna de la región.

La década de los 90, trajo aparejado una política de privatizaciones, donde el interés nacional quedó relegado. A ello hay que sumarle los constantes recortes de presupuesto de defensa, que terminaron con el cierre del astillero Domecq García, la paralización de la construcción de buques, quedando solo el ARA Santa Fe, al 70% construido, mientras que el resto de las naves que estaban fueron empleadas como fuente de repuesto.  La política de los 90 no se diferenció de los 80, a pesar que el gobierno no tenía una postura abiertamente “antimilitar”,  sus políticas irresponsables tuvieron honda repercusión en aspectos estratégicos muy sensibles.  La Argentina cerró su fábrica de tanques, desguazó gran parte de su conglomerado industrial de defensa, liquidó su marina mercante, paralizó su avanzado plan nuclear, etc. En el plano naval, el Arma submarina, quedó comprometida al cerrarse el astillero que estaba pensado para su apoyo.

En 1992 el ARA San Juan, en consonancia con el acercamiento político con Estados Unidos, participó en ejercicios con la US Navy como UNITAS, FLEETEX 92, siendo en este último ejercicio, donde el San Juan no pudo ser detectado y tuvo un desempeño de primer nivel. La falta de instalaciones adecuadas y la necesidad de modernización de media vida, llevaron que el gemelo del San Juan, el ARA Santa Cruz a un recambio de baterías y otras reparaciones en el Arsenal Naval de Río de Janeiro en 2001. Tengamos en cuenta que la modernización de media vida, no fue llevada a cabo en ninguno de los buques como veremos.  Sus sensores y sistemas de armas estaban quedando obsoletos, pero las eternas crisis económicas – buena excusa para no invertir en defensa – impidieron que se realizaran trabajos de mayor complejidad.

El ARA San Juan, dado problemas de mantenimiento, tuvo una serie de incidentes como es relatado en una excelente investigación de la revista Defensa y Seguridad (nro,. 92). En 2002 sufrió un incidente, con el ingreso de agua de mar a su sistema hidráulico, reparado en Brasil. En 2007 ingresó a Tandanor, que había incorporado el viejo astillero de submarinos, denominado Almirante Storni, para reparaciones que incluían recambio de baterías y de la planta motriz, entre otras mejoras.  El plan de obras pensado para dos años duró nada menos que siete años. La falta de herramientas adecuadas, de personal capacitado, que llevó a convocar a personal jubilado.  Asimismo, los crónicos problemas de presupuesto, llevaron que el reemplazo de baterías, se opta por “replacarlos”, una suerte de “reciclado” de las baterías, que incluía el llenado con ácido especial, que demoró su importación por problemas burocráticos, algunos insólitos, como el control por parte de la Secretaría de Lucha contra el narcotráfico.  En la web oficial del astillero Tandanor señalaba: También se le realizó un replacado y la reparación integral de cada una de las 960 baterías que hacen funcionar al submarino y se repararon las válvulas y demás mecanismos del submarino para alcanzar su condición original. Los retrasos continuaron, dado que parte del personal del astillero estaba empleado en las complejas reparaciones del rompehielos Almirante Irízar, dañado por un incendio en alta mar. En 2011 el buque fue presentado al público por la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, que dijo que el buque modernizado duraría otros 30 años, algo totalmente inexacto.  En síntesis, el  buque no fue modernizado, sino que se llevó a cabo una gran carena, reciclado de las baterías, algunas mejoras menores en materia electrónica y cambio de la planta motriz diesel. En este proceso el fabricante no tuvo mucha participación, a diferencia de otros programas de modernización de buques de este tipo.

La crisis y agonía del Arma submarina

En 2007 el Arma submarina se encontraba en una situación delicada, sus principales medios no navegaban, el veterano ARA Salta, un U209, cargado de años servía para adiestramiento. A ello se agregaba una peculiaridad, los comandantes de la Fuerza de submarinos, solo estaban un año, con sus consecuencias. Es más varios de ellos, no navegaron en los buques bajo su mando. El San Juan, regresó a servicio activo en 2015, con una novedad, que el personal no contaba con el adiestramiento necesario.  En 2016, según la revista especializada Defensa y Seguridad, el San Juan tenía diversas “anomalías” que impusieron que navegara con restricciones, entre ellas operar a una profundidad no mayor a cien metros. La gestión de Cambiemos, a pesar de las promesas del presidente Macri en ámbitos militares de mejoras, introdujo un importante recorte de gastos de defensa por cientos de millones de dólares. La necesidad urgente de una carena y entrada en dique se vio complicada por la falta de de diques secos disponibles. El existente en Puerto Belgrano en su momento estaba en reparaciones, el dique flotante Y-1 de la Armada, había sido enviado al “soplete” y regresar al Buenos Aires también tenía sus inconvenientes.   

El buque cumplió, a pesar de un duro informe naval que trascendió a la prensa, especialmente en materia de mantenimiento, el programa de entrenamiento previsto.  El ARA San Juan como colofón de un año muy activo, se integraría en ejercitaciones entre los meses de octubre y noviembre con medios de la Flota de Mar, Aviación Naval e Infantería de Marina  El 4 de noviembre tocó el puerto de Ushuaia, el 6 zarpó rumbo a su trágico destino, cuando en la noche del 14 de noviembre desde el San Juan informan de un incendio.  La citada revista Defensa y Seguridad en un brillante informe nos dice que tras el siniestro sufrido, a fin de poder tener estabilidad para revisar las averías fue decidida la inmersión del buque. Informes periodísticos hablaron que el buque desapareció a la altura de Puerto Madryn. Comenzaba para los familiares de los tripulantes una verdadera pesadilla.

Entre teorías conspirativas, internas, el misterio continúa

En el mes de noviembre de 2017, el país quedó conmocionado por la noticia. Se tejieron diversas teorías sobre las razones del hundimiento del buque, donde más de un investigador, como periodista, ponían atención en los problemas de mantenimiento y la situación de la Armada tras años de penurias presupuestaria.  En algunos medios se habló de un “ataque” por parte de otro submarino, en el marco de una serie de teorías conspirativas, realmente disparatadas.

La búsqueda internacional, duró un tiempo, luego quedó en manos de la propia Armada con sus medios exiguos, incluyendo una curiosidad, el embarque en una corbeta de una “vidente” a fin de poder dar con el naufragio.  La tragedia impacto duramente a la Armada, costándole el puesto el almirante Srur, jefe de la institución – no sabemos porque razón se aferraba a su cargo – y la plana mayor. El Ministro de Defensa, Dr Aguad, salió indemne. Luego vinieron interpelaciones parlamentarias, acusaciones cruzadas, reclamos y protestas de los familiares, la creación de una comisión ad hoc, y actuaciones judiciales de una jueza federal en la Provincia de Santa Cruz, la Dra Marta Yáñez. Los cuestionamientos en materia de falta de presupuesto, el estado del material naval, unido a los informes sobre la situación de la flota submarina no significó que la Justicia imputara a nadie de delito alguno. Fueron citados personal naval, destacándose la declaración del capitán de navío Eduardo Blanco, quién destacó las limitaciones de navegación del buque en 2015, luego de haber sido “reparado”.  A pesar de las restricciones, el testigo señaló que el buque podía navegar. Al leer estas declaraciones que recepta la prensa local, nuestras dudas se incrementan

La tragedia del San Juan tiene diversos aspectos que caben señalar: la ausencia de declaración de fallecimiento de los tripulantes, dado que se han cumplido los extremos previstos por el artículo 86 inciso b del Código Civil y Comercial. Donde establece un plazo de seis meses para dicha declaración para aquellos que estuvieran en una aeronave o buque siniestrado/perdido.  El Dr Tagliapietra, padre de un joven teniente perdido con el San Juan, en medios de prensa indicó al respecto que la mayor parte de los familiares, no tomarían dicha medida hasta tanto no se encuentre el buque perdido. La falta de un homenaje oficial del Estado, decretando duelo nacional. Creación de una comisión bicameral de investigación y la licitación internacional para contratar los servicios de una empresa privada para que busque el submarino; y la creación de una comisión ad hoc formada por expertos navales, entre ellas el padre de uno de los tripulantes, Capitán Jorge Bergallo. En el diario La Nación trascendió parte del informe de dicho grupo de expertos, donde hablan del incendio  (ver https://www.lanacion.com.ar/2122846-para-la-comision-de-expertos-asi-habrian-sido-los-momentos-finales-del-ara-san-juan-).  El informe habla del agotamiento físico y psíquico de los tripulantes para combatir el siniestro de a bordo. Una segunda explosión, provocaría una situación que afectó el gobierno de la nave y que los llevaría al fondo del océano. Los expertos hablan de implosión, tomando como referencia un organismo internacional de monitoreo el CTBTO.  Asimismo, la comisión ad hoc, informó que el buque estaba en condiciones de navegar, sobre la base de las inspecciones y controles realizados por la propia Armada.

La empresa contratada para la búsqueda del submarino ARA San Juan, Ocean Infinity, entró en conflicto con la Armada, dado que la misma por razones económicas, no le es rentable la búsqueda, en la cual el estado nacional ofrece unos US$ 7.5 millones  El contrato estipula un plazo de sesenta días de búsqueda continúa, cuando la empresa solo cumplió con cuarenta.  Esto ha generado un conflicto, que a nuestro entender terminará en los estrados judiciales.

La necesidad de una explicación

La tragedia del submarino puso de manifiesto la situación de las Fuerzas Armadas, y especialmente de determinados componentes de alto valor estratégico. La gravedad de los hechos demandó  acciones enérgicas, que no fueron tomadas.  No solo el jefe de la Armada debía haber sido removido, sino creemos que el propio ministro de defensa debió haber dado un paso al costado. Tenemos la convicción que los altos responsables de la defensa, no pueden ignorar la lastimosa situación de las fuerzas bajo su mando y para peor, guarden silencio al respecto. Asimismo, en base a los numerosos artículos publicados, declaraciones oficiales, testimonios de familiares y de personal naval, genera más dudas que certezas sobre lo ocurrido en aquella fatídica noche del mes de noviembre  de 2017. Lo que si tenemos claro que estamos hablando de un buque de los años 80, cargado de años, que no tuvo el proceso de modernización y mantenimiento adecuado, como surge de los informes publicados en reconocidos medios de prensa.  Creemos que el gobierno debería haber decretado duelo nacional y hacer un justo homenaje a los tripulantes. Los familiares merecen una explicación, que creemos que debería venir no solo de las autoridades políticas, sino de una resolución judicial. Esperamos que el barco pueda ser encontrado. Esperanza que tenemos muchos, a pesar de las dificultades técnicas y operativas que ello implica, no solo para dar las explicaciones del caso a los familiares, sino también a toda la sociedad argentina, que tiene derecho a saber sobre la verdad de los hechos que llevó a que el país, a la pérdida del última arma que le daba al país capacidad de disuasión estratégica, junto a lo más valioso, sus 44 tripulantes.

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