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Unicameralidad y Populismo

El Minuto | Existe un vínculo evidente entre el populismo dañino y la idea constitucional de contar con tan sólo un órgano legislativo. La discusión al interior de la Convención ya decantó hacia la unicameralidad y aunque todavía queda la votación en el pleno, se hace necesario encender los focos hacia esta propuesta, dado que puede resultar muy perjudicial para nuestra democracia.

Por: Felipe Martínez Reyes

El sentido de contar con el órgano revisor del senado, otorga cierta garantía para un debate maduro y reposado de las leyes y políticas públicas que ingresan al sistema político, por cuanto quienes lo componen no se encontrarán -necesariamente- susceptibles al viento político ocasional dada la extensa posesión temporal del cargo. Prescindir de éste órgano revisor implica derechamente que, el debate se entregue a la incertidumbre de la brisa política del momento, la cual presumiblemente no esté anclada en la rigurosidad que se requiere o quizás no sea lo suficientemente responsable.

Lo anterior, se explica porque todo político es sensible a la opinión pública por cuanto su cargo ha sido obtenido y se puede mantener, gracias a la impresión de la gente. Le importa por tanto al político, procesar y aprobar leyes que favorezcan su popularidad y contribuyan en crear una imagen favorable, como verdaderos benefactores sociales.

Cualquier idea que sea popular, aunque sea inviable tanto económica como legalmente, obtendrá no el rechazo de parte de los parlamentarios, sino su beneplácito, y en poco tiempo de tramitación, será sancionada con bombos y platillos, sin importar que se afecte al presupuesto nacional, el estado de derecho o la solidez institucional, llevándonos hacia un precipicio insalvable. Ejemplos de ello son Perú y Venezuela. Y no sólo eso, sino que también, dada la simplicidad para procesar las leyes, éstas también se podrían modificar o cambiarlas completamente, dependiendo de si ha tomado otro rumbo el viento político predominante. Es por tanto, el escenario propio de una democracia bananera, esclava del populismo.

Lamentablemente, la democracia es el menos malo de todos los sistemas de gobierno que la humanidad ha concebido, porque le abre las puertas con mucha facilidad a populistas y demagogos que juegan con los deseos e inquietudes de la gente, para perseguir sus propios fines. Por eso es necesario limitar el poder que le otorgamos a los políticos mediante la institucionalidad, y por lo mismo, espero que una propuesta como ésta no sea la que finalmente quede en nuestra Carta Fundamental.

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