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Venezuela ¿Podrá encontrar la paz?

«Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica»…

En México se lleva a cabo una serie de conversaciones entre la oposición política venezolana y el régimen chavista. Las posturas de ambas partes son en muchos aspectos irreductibles, especialmente al existir dos gobiernos, que tienen reconocimiento internacional. En el caso del líder opositor Guaidó, a pesar de los reconocimientos obtenidos, su poder real dentro de las fronteras de Venezuela, es limitado, y se ve sometido a una presión constante del régimen.

Por: Jorge Suárez Saponaro | Director El Minuto para Argentina.

Los intentos de negociación entre opositores, liderados por el presidente Juan Guaidó que cuenta con el apoyo moral de la Unión Europea, Estados Unidos y parte de América Latina, y el presidente Nicolás Maduro, quien ejerce el poder real en el país, han fracasado rotundamente. En México se abre una nueva instancia, aunque no somos optimistas para que llegue a buen puerto. El régimen tal vez busca lavar su cara, ante las gravísimas denuncias de violación de derechos humanos, que incluso es objeto de una investigación por parte de la Corte Penal Internacional.

El desastre económico y social, llevó a la huida del país, de entre cuatro y cinco millones de venezolanos, gran parte de ellos de buen nivel educativo, pero también se han ido gente de origen modesto, lo que pone en evidencia las dificultades que impone el régimen a su población. La pandemia del COVID con el cierre de fronteras, paró la sangría de emigrantes. La respuesta de la región a la crisis fue tibia, creándose el Grupo de Lima, hoy desarticulado, por los cambios políticos en Perú y Argentina.

Los informes de prestigiosas ONG de Derechos Humanos hablan de graves violaciones, abusos de todo tipo y un estado que lentamente se militariza, dado el deterioro institucional del régimen, donde solo los militares pareciera ser los únicos que pueden garantizar el funcionamiento del Estado, hasta cierto punto. La militarización es evidencia de un Estado, cada vez más debilitado, a ello se une con la radicalización del régimen, que es muestra de fisuras internas y para mantener “alineada” a su propia tropa, apela al fanatismo.

El opositor político, deja de ser un personaje que piensa distinto, para ser un enemigo de la Patria. La oposición, a pesar de su debilidad y fragmentación, es tan sectaria como el régimen. Ambos buscan fuera, apoyos, condicionando al país. El régimen chavista, considera a China y Rusia como aliados de los pueblos que luchan contra el “imperialismo”. Los rusos se llenan los bolsillos con petróleo y otros recursos, como moneda de pago a la compra de armamento y su sostenimiento. Venezuela, a diferencia de otros países, no ha hecho ningún esfuerzo para desarrollar capacidades propias de producción de defensa.

China, también se llena los bolsillos extrayendo minerales, petróleo. Recursos que sirven para pagar la cuenta que tiene Caracas con los chinos. ¿Cuántas fábricas y que desarrollo implica a Venezuela esta asociación? Ninguna. Los únicos beneficiarios son los chinos, rusos y la casta dirigente chavista.

La oposición venera a Estados Unidos como tabla de salvación, incluso algún exaltado, sostiene la necesidad de que dicho país intervenga militarmente, al mejor estilo películas de Hollywood, cuando los yankees, llegaron a Europa Occidental para liberarla de las garras del III Reich.

Estados Unidos no está interesado en la democracia en Caracas, sino que haya un régimen afín a sus intereses y reducir la influencia creciente económica especialmente de China. América Latina es su “área de influencia”. Europa, actúa con timidez, con algunas excepciones, dado que no sabe bien que beneficios tendría en una Venezuela post chavista.

Los británicos si sacaron cuentas y le dijeron “no” a Maduro cuando éste quiso retirar US$ 1200 millones en lingotes de oro de Londres (ironías del destino la gran revolución socialista del siglo XXI, pone sus ahorros en la “imperialista” Gran Bretaña) y reconocieron al “presidente interino” Juan Guaidó. Potencial amigo de Occidente y que seguro dejará los “ahorros” en la banca occidental. Estados Unidos subió la apuesta y embargó US$ 7.000 millones de la estatal petrolera de Venezuela. Esto pone en evidencia que la “solidaridad” saldrá gratis….están equivocados….sino que le pregunten al Sr, Maduro cuanto le sale la “amistad” chino – rusa que implica concesiones importantes en materia minera..etc.

En esta tragedia, faltan algunos actores más, entre ellos, Cuba. Los hermanos Castro, hábiles estrategas y especialistas en dar varios “saltos mortales” en política exterior, vieron en Venezuela, el oasis que le garantizaría, petróleo barato para su empobrecida isla. No solo en recursos naturales, sino también por varios años de “socialismo real” sin el sostén de la extinta Unión Soviética. La alianza, gestada en los tiempos del presidente Hugo Chávez Frías, permitió también exportar servicios de salud, para los programas sanitarios de la “Revolución Bolivariana”, dando varios millones de dólares al estado cubano adicionales.

También, a pesar que Venezuela tiene astilleros importantes, el gobierno de Caracas contrató la construcción de buques en la filial holandesa Damen que está en Cuba. El régimen bolivariano, no solo comenzó con el adoctrinamiento ideológico de sus fuerzas armadas – donde los cubanos tienen una amplia experiencia – sino que La Habana le dio sostén o base ideológica al discurso chavista, mezcla de nacionalismo, populismo y rechazo a Estados Unidos. El régimen chavista tuvo anclaje territorial siguiendo el modelo de control político que tiene el Partido Comunista de Cuba, llegando a todos los puntos del país y especialmente en los sectores más empobrecidos o con escasa cultura política, que fueron rápidamente captados.

Esto es consecuencia, de la historia previa a Chávez, donde hubo décadas de gobiernos corruptos, que arrasaron con las instituciones y marginaron a importantes sectores de la sociedad de la vida política. Había una democracia formal…no de fondo…caldo de cultivo para sistemas como el chavismo. La caída del régimen de Caracas, es algo inaceptable para Cuba. Se termina el petróleo barato y su principal sostén en la región.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, es otro actor relevante. Los militares, han pasado por un largo proceso de infiltración ideológica, donde Cuba ha tenido un papel importante. A diferencia de otros países, donde es importante tener mandos profesionales apegados a la ley, en este caso, la lealtad al régimen es esencial. Dado el deterioro institucional que ha sido creciente, especialmente en la esfera económica, donde el régimen ha sido un rotundo fracaso, con los intentos de implantar una suerte de socialismo a la venezolana.

Los funcionarios incapaces fueron reemplazados paulatinamente por los militares. Estos controlan hasta la distribución de alimentos. Este poder genera un peso político enorme y además un entramado de corrupción. Medios internacionales, así como acusaciones directas desde Estados Unidos y la Unión Europea, hablan de ligazones de altos mandos con el narcotráfico. La tolerancia de santuarios de grupos armados colombianos, en territorio venezolano, permitió que el narcotráfico ampliara su esfera de influencia. La elevada criminalidad, casi imparable en grandes ciudades, tiene su explicación con el crecimiento de este flagelo, que seguramente, como en los países de la región, tiene complicidad con funcionarios y lideres políticos.

El ex vicecanciller argentino Cisneros, en un brillante análisis realizado en la televisión argentina, señaló que los lazos de altos mandos militares con el narcotráfico, es un elemento a tener en cuenta, dado que un cambio de régimen, los transformaría en candidatos a seguir los pasos del general panameño, Noriega y dar con sus huesos en alguna penitenciaria federal de Estados Unidos. Saben que serán presa de la DEA.

Los militares además de ser parte del gobierno, administrar empresas de diverso tipo, la distribución de alimentos y mantener cierto orden, dado que la Guardia Nacional – posiblemente el componente mas leal al régimen junto con la Milicia – es parte de las fuerzas armadas. La Milicia nacional, que son miles de civiles armados, sigue el modelo cubano, que más que como reserva activa y movilizable, es una herramienta de control político del régimen. Caracas copio el sistema y varios cientos de miles de milicianos son una fuerza de choque leal al chavismo. Su valor militar, para enfrentar una agresión de un país como Estados Unidos, es muy limitado.

¿Es posible salir del atolladero?

Desde nuestra modesta opinión, creemos que si. Países inmersos en guerras civiles, las partes se sentaron a negociar, bajo supervisión internacional. Sudán, en su momento abrió las puertas para la independencia de las regiones del sur, luego de un largo y cruento conflicto, también hubo negociaciones para poner fin al conflicto de Camboya, con auspicios de Naciones Unidas. La lista sigue, como el Reino Unido con el IRA, y en la región los procesos de paz de América Central, y el caso de Colombia. Es indispensable para ello tener canales de diálogo, a través de espacios “neutrales”.

En su momento el régimen apeló al Vaticano y la Iglesia Católica. La peculiar diplomacia papal fue objeto de críticas, por sus silencios, pero el caso de las negociaciones de Cuba con Estados Unidos, donde el Vaticano algo tuvo que ver en materia de “buenos oficios” puede ser un camino a seguir.

En el plano internacional el llamado Grupo de Lima debería haber canalizado una solución regional, centrándose en el problema de los inmigrantes venezolanos, debatir sobre si considerarlos refugiados, dar intervención y recurrir a Naciones Unidas y organismos especializados para asistir a quines viven en campamentos, negociar con el régimen un “canal humanitario” que permite que el exilio venezolano pueda enviar dinero, medicamentos, ropa y alimentos con seguridad a sus familiares.

Llegado el caso instrumentar una suerte de Agencia regional para lidiar con el problema de los millares de venezolanos que salen del país, a fin de evitar que sean victimas de trata de persona, reciban asistencia sanitaria, la cuestión de la documentación y evitar situaciones de irregularidad. Pero cuestiones internas de los actores involucrados, ha impedido que esta iniciativa regional llegara a buen puerto.

Los ejes principales de las negociaciones para el conflicto venezolano, debería centrarse en primer lugar, la cuestión de derechos humanos y los presos políticos, la crisis económica y la apertura de un “corredor humanitario” para facilitar la llegada de alimentos y medicinas para la población, como también vacunas para lidiar con la cuestión del COVID.

Es indudable que el país precisa un plan de emergencia para superar la crisis económica, las medidas adoptadas por el gobierno han naufragado y es preciso buscas soluciones pragmáticas y realistas. El retiro de personal militar extranjero y revisar las relaciones con Colombia, impulsando un clima de acercamiento. Esto solo podrá superarse con apoyo internacional. Creemos firmemente que la liberación de los presos políticos, será el gran paso hacia la pacificación.

Asimismo las partes deberán reducir “decibeles” en su discurso. Las negociaciones deberán tocar la legitimidad de la Asamblea Nacional – parlamento – que el gobierno de Maduro se niega a reconocer. Otro tema ríspido es la Asamblea Constituyente, también cuestionada por la oposición. Es por ello que creemos pertinente crear una comisión nacional de reconciliación y unidad nacional, donde participen referentes reconocidos de la oposición, chavismo, iglesia, sector productivo, académico, cultural.

El objetivo consensuar políticas de estado de largo plazo y también para crear condiciones para el retorno de los millares de venezolanos que han abandonado el país. Asimismo también sería pertinente la creación de un Observatorio de Derechos Humanos.

La existencia de dos gobiernos que reclaman ser legítimos representantes del país, no hace más que complicar las cosas. En el marco de las negociaciones, ambos “presidentes” deberían dar paso a un costado para que un tercer actor, asuma el Gobierno de Transición, donde estén representados tanto el chavismo como la oposición, con una agenda o programa que surja de la comisión de reconciliación.

La Asamblea Constituyente convocada por Maduro, muy cuestionada, podría limitar sus reformas algunos puntos, para darle sustento al gobierno de transición que surja de las negociaciones entre oposición y el régimen. El país ha vivido muchos años con una enorme concentración de poder en manos del poder ejecutivo, un sistema federal limitado.

La actual Asamblea podría romper con dichos males, especialmente terminando con la reelección indefinida, régimen semi parlamentario, limitando al todo poderoso presidente de la República, potenciar el federalismo. En otras palabras, dictar una Constitución para un gobierno de transición.

La “Transición” también debe tener en agenda la reforma de los servicios de seguridad e inteligencia. El impopular SEBIN, debe dar paso a una serie de agencias especializadas en inteligencia exterior, interior, seguridad de comunicaciones, etc, con control parlamentario. Las fuerzas armadas también, deben orientar sus funciones a la defensa del país, lo que no quitará que mantengan presencia en emprendimientos productivos ligados a la defensa o promoción de industrias de valor estratégico. La Milicia Nacional Bolivariana debe dar paso a una fuerza de reservistas, cuya motivación, no sea ideológica, sino la defensa del país y la Constitución.

Quiénes sufrieron por los abusos del Estado, merecen una justa reparación, en el marco de un plan de reconciliación nacional. Es una cuestión delicada, pero es preciso que el Estado repare los daños ocasionados. Será vital la reforma del sistema judicial, ministerio público, para que pueda actuar con independencia, libre de presiones políticas partidarias para que pueda llevar a cabo las investigaciones.

Ello no impedirá que exista una comisión nacional especial para identificar víctimas y los daños ocasionados, llegado el caso se podría recurrir en ONG o agencias internacionales, para llevar a cabo dicha labor.

La salida del actual estado de cosas, debe ser en el marco de la Constitución venezolana, esto lo deben entender tanto el Asamblea Nacional, el “presidente interino” Juan Guaidó, el gobierno liderado por Nicolás Maduro como la cuestionada Asamblea Constituyente, además claro está de los militares, que se han convertido en un actor relevante, por no decir clave en este drama.

La clase política debe entender que hay un proceso político terminado y que ha fracasado. La sociedad demanda cambios y que estos deben surgir del consenso del propio país y no de terceros actores, que emplean al país para dirimir sus conflictos, con sus posibles derivaciones. Siria es un buen ejemplo, cuando dichos actores en alianza con sectores locales, pueden “dirimir” sus disputas.

El ejemplo de Sudáfrica…

El proceso de desmantelamiento del régimen del apartheid, se desarrolló bajo los cauces constitucionales que regían en ese entonces a Sudáfrica. Frederik de Klerk, último presidente del régimen segregacionista, comprendió el contexto en el cual estaba su país. La opresión de la mayoría negra no podía continuar, la presión internacional era notoria. El régimen estaba agotado y era hora de emprender un cambio.

En el marco de largas negociaciones con el líder Nelson Mandela, comenzó a gestarse una “nueva Sudáfrica”. El desguace del sistema fue gradual, no exento de situaciones graves (el proceso de desmantelamiento del régimen tuvo como consecuencia decenas de miles de víctimas en disturbios, luchas interétnicas, etc.), como de falencias, especialmente en materia económica, dado que el país sigue siendo desigual.

No obstante ello, fue un hábil capitán para hacer frente al temporal. Las largas negociaciones implicaron cambios en las fuerzas de defensa (antes compuestas solo por blancos), los servicios de seguridad y los cambios constitucionales, Nelson Mandela, fue un estadista, dejó de lado venganzas y revanchismos políticos, y promovió una democracia multirracial. Su vicepresidente, fue nada menos que De Klerk, último jefe del régimen y antiguo líder racista.

Ambos entendieron que el país estaba por sobre ellos. Vivieron momentos de zozobra, pero finalmente triunfaron. La construcción de la paz y la unidad implica un importante esfuerzo, enormes sacrificios con elevados costes políticos. Esto es de vital importancia, si los líderes políticos no están dispuestos a pagar el precio de la paz, otros tomarán las decisiones y las consecuencias serán funestas, no solo para los venezolanos, sino para la región, convirtiéndose en el campo de batalla de potencias ávidas por nuestros recursos y porque no…territorios…

¿Juan Guaidó y Nicolás Maduro estarán capacitados para seguir el ejemplo de De Klerk y Mandela? ¿Tendrán la capacidad de deponer actitudes y posturas personales partidistas por el bien del país? ¿Estarán dispuestos a renunciar a sus cargos y dejar lugar a un verdadero gobierno de Unidad Nacional? Sudáfrica es un ejemplo a seguir, a pesar de la pesada herencia de siglos de opresión, el país pudo constituir una democracia. Venezuela vive un tiempo histórico único. Si el liderazgo político logra concertar la paz y sentar las bases para una verdadera democracia, no solo será un hito en la historia de los venezolanos, sino que marcará el rumbo del cambio que tanto precisa nuestra América Latina postrada en el subdesarrollo y las divisiones, por culpa de la corrupción y el sectarismo.

Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo.

Nelson Mandela

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