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Vorágine en la vida cotidiana

El Minuto | Acostumbrados a que el tiempo nunca alcanza, creemos que existe alguna fórmula alquímica para extender el tiempo, para estirarlo o curvarlo como sugiere la física cuántica. Si nos esforzamos lo suficiente, el día tendrá más de 24 hrs, y gran parte de la civilización actual adhiere a esa creencia.

Por: Esteban Gomez | El Minuto de Argentina

La pandemia trajo nuevos elementos que exacerbaron esta situación: Home Office, Aislamiento social y más tiempo en casa.

El ser humano tironeado por fuerzas invisibles.

Por un lado la post-modernidad que se caracteriza por el Individualismo, el Empuje a consumir y por aquel viejo eslogan de los ´70: “Time is money”- “el tiempo es dinero”- y por ende hay que invertirlo bien, economizarlo y hacerlo producir… Y por otro, nuestra necesidad cultural (y por ende artificial), de no perdernos nada. Una sed incontrolable por pertenecer y consumir todo aquello que suponemos, nos da existencia social, evidenciado en la premisa de si no tenés tal o cual objeto “no existís”.

Al caminar por la calle o al tomar un transporte público, es sencillo advertir en los rostros de nuestros vecinos la vorágine y el acelere con los que convivimos, también cansancio y hastío y hasta expresiones violentas.

Al correr sin sentido y estar siempre pensando en lo que viene, el hoy pasa inadvertido frente a la larga lista de cosas para hacer. Un gran maestro Zen llamado Taisen Deshimaru escribió: “La mente enfocada en el pasado es culposa, porque siempre hemos cometido algún error, y la mente enfocada en el futuro es siempre ansiosa, porque el mañana es incierto siempre…”

Correr, siempre correr.

Corremos ansiosamente sin darnos cuenta. Corremos porque queremos un mejor nivel de vida, corremos porque no podemos decir que no, corremos porque nos encanta sentirnos útiles y necesarios, corremos por miedo a la pobreza, por el dólar, la inflación, el doble turno… y así, al infinito. Siempre hay una excusa. Disfrutar el presente se hace cada vez más

complicado aún para la gente joven y últimamente, Psicoanalistas y Psicopedagogos ya dan cuenta de trastornos de ansiedad en niños y niñas.

Un virus recorrió el planeta obligándonos a estar en casa pero también a excedernos en tareas para “utilizar” supuestamente todo el tiempo disponible. Millones de seres humanos nos lanzamos a cursos online, postgrados y clases de gimnasia. Cocinamos y vimos series hasta el hartazgo. El imperativo social era “hacer lo más que se pueda”.

Frente a esta realidad social, no solo es récord la venta de Psicofármacos, sobre todo Anti-depresivos, Estabilizadores del ánimo y Ansiolíticos. Además, las Vitaminas, Aminoácidos, Aceleradores metabólicos, Energizantes, Analgésicos y Anti-oxidantes, también se suman a la lista de químicos que prometen la salvación y la vida plena.

Este dato nos confirma que ya no estamos enfrentando nuestro vivir, natural y antropológicamente. Al parecer, necesitamos recurrir a aditivos, a “suplementos” que nos hagan la vida más llevadera en un mundo azaroso e impredecible.

Propuestas para el final del túnel

Esconderse en una cueva para aislarnos no es la solución. Si bien la pandemia introdujo nuevos hábitos, propongo alojarnos en el “Aquí y Ahora” de nuestra vida cotidiana.

Recuperar momentos de silencio, de soledad con un libro o con nuestros pensamientos. Recuperar el encuentro sin agenda con amigos, comer más lento y conducir el auto más despacio o charlar 10 minutos con tu hija sin tele ni celular.

Ejercitarnos en algo sencillo que es la espera, la capacidad de post-datar el placer y por ende de disfrutar el recorrido pulsional. Estos simples actos son hoy “contra-culturales” en el mejor sentido de la palabra, ya que generan un espacio-tiempo diferente, más profundo y libre de mandatos y presiones sociales.

El tiempo rinde más si corremos menos y si lo disfrutamos sin cronómetros. El tiempo se disfruta más si promueve el encuentro consciente con otros

seres humanos, ya que nuestra mente lo simboliza y metaboliza de forma diferente generando, entre otras cosas, gratos recuerdos. Muchas personas realizaron cientos de actos el mes pasado que ya ni ellos recuerdan. El tiempo mecanizado es un tiempo no recordado.

En el cementerio no dan un premio al que tuvo la agenda más cargada en su vida, ni a aquel que supuestamente no desperdició ni un minuto de su corta existencia. Animate a vivir cada día un poco más lento y a disfrutar cada momento, un poco más.

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