Al fin, un poco de calma mediática

Al fin, un poco de calma mediática
Noticias El Minuto
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Llegó la frágil tregua entre Israel y Hamas. Hablar de “paz” con un grupo terrorista y criminal como Hamas no solo es ingenuidad: es desconocer décadas de violencia, secuestros, persecución interna y uso sistemático de civiles como escudos humanos. Lo que existe hoy no es paz; es, en el mejor de los casos, una calma tensa, un descenso parcial en la intensidad del conflicto y un respiro humanitario extremadamente delicado.

Por; Ariel Markovits

Aun así, el simple hecho de ver menos titulares cargados de muerte ya representa un alivio para millones de personas que observan la región con preocupación permanente. La tregua es mínima, pero el silencio mediático relativo es real.

Cuando se apagan las cámaras, se apaga la indignación selectiva

Lo sorprendente es que, con la baja de intensidad en Gaza, también se desinfló —milagrosamente— la furia moral de los defensores “humanitarios” de la causa palestina. Aquellos que lloraban ante cada micrófono, que hablaban de “genocidios”, “resistencias” y “luchas” dejaron de aparecer.

La empatía mediática, tan intensa y ruidosa, parecía tener fecha de expiración.

Lo más curioso es que, mientras Gaza sale momentáneamente de las portadas, el mundo sigue enfrentando tragedias reales, profundas y sistemáticas… pero esta vez sin ninguna manifestación, sin marchas, sin discursos, sin artistas pintándose las manos.

Algunos ejemplos de matanzas y crisis humanitarias que no reciben atención:

  • Nigeria: ataques contra comunidades cristianas, aldeas arrasadas y miles de desplazados. Casi sin cobertura.
  • Yemen: violencia interna, hambre crónica y crisis humanitaria extrema. Silencio absoluto.
  • Siria: represión política que continúa afectando a civiles. Sin titulares.
  • Sudán del Sur: conflictos internos y desplazamientos masivos. Casi ninguna reacción internacional.
  • República Democrática del Congo: ataques de milicias a ciudades y pueblos enteros. Crisis olvidada.
  • Myanmar: persecución de minorías, sin presencia mediática sostenida.
  • Irán: represión sistemática a mujeres y jóvenes. Silencio estratégico.
  • Afganistán: opresión de mujeres bajo el régimen talibán. Ninguna marcha global por ellas.

Lista larga. Reacciones: cero.

¿Por qué?
Porque estas tragedias no sirven a la narrativa política del momento, no entregan likes, no ajustan discursos, no permiten posar de héroes morales frente a las cámaras. Son conflictos sin utilidad ideológica para los mismos que dicen defender “los derechos humanos”.

La tregua reveló algo importante

Con la baja en la intensidad mediática del conflicto entre Israel y Hamas, quedó en evidencia lo que muchos sospechaban:

La indignación no era por las víctimas.
La indignación era contra Israel.

Porque cuando las víctimas dejan de estar vinculadas a Israel, la empatía desaparece.

Cuando las víctimas son cristianos en África, minorías en Asia, mujeres reprimidas en regímenes teocráticos o poblaciones masacradas por dictaduras, los “defensores de la justicia global” no tienen nada que decir.

¿Y en Chile? Indignémonos por lo que realmente importa

En Chile, ojalá nuestros líderes políticos entiendan que la única causa verdaderamente urgente se llama Chile. Ese debe ser el foco de toda la indignación moral, emocional y política.

Indignarnos por:

  • La pobreza que aún destruye sueños.
  • Las faltas de oportunidades que frenan a miles de jóvenes.
  • El deterioro moral que corroe nuestra convivencia.
  • La infraestructura antigua, abandonada y descuidada que frena el desarrollo.
  • El abandono del orden, la autoridad y el mérito.

Debemos indignarnos por no cuidar el Edén que la Providencia nos regaló. Un país hermoso, diverso, lleno de talentos, con una tradición de paz, esfuerzo y dignidad que el mundo admira.

Chile merece más.
Merece orden, grandeza, oportunidades, y la ambición de alcanzar el estatus que, por capacidad y destino, está llamado a tener.

Es hora de que nuestros líderes miren menos a Medio Oriente para obtener cámaras, y más a los cerros, calles, escuelas y hospitales de Chile, donde está la verdadera urgencia.

Que no se nos olvide: si Chile se levanta, todo se ordena.
Si Chile cae, nada más importa.

QUE Dios bendiga a Chile.

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