En el mapa geopolítico global, la ciudad de Iquitos -en el departamento de Loreto, Perú- está registrada como la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera a la cual solo se llega por río o por medio de avión. Su ubicación en el corazón de la Amazonía la presenta en medio de un cosmos etéreo de colores, bosques de jungla exuberante, flora y fauna exóticos, sobre todo, con comunidades nativas de rica cultura ancestral. Allí, en una isla aledaña de aquella gran comarca llegó la fe islámica, sus habitantes originarios la profesan con devoción entre su quehacer agrícola y dinamismo navegante. El Minuto, estuvo con ellos.
Por: Gary Ayala Ochoa, director de El Minuto Perú
El Marco de la ley
Es preciso recordar que la libertad religiosa en el Perú está respaldada por el Art. 2, inciso 3 de la Constitución Política y la Ley N° 29635. Se reconoce la libertad de conciencia y la libertad de religión sea individual o asociada. Después de una cultura Inca teocrática, la república peruana tomó una gran influencia de la Iglesia Católica; no obstante, actualmente el Estado es laico y diversas comunidades religiosas coexisten pacíficamente en el país.
De la Costa a la Selva
El traslado periodístico desde Lima hasta Iquitos revela un cambio de escenario y clima muy perceptibles. Desde la ventanilla del avión se observan ríos serpenteantes en un vasto panorama verde; al contacto con el ambiente, un manto de calor cubre a quien llega. Durante la estancia las mototaxis y motos lineales manifiestan al parque automotor existente. Luego, la travesía fluvial hacia la isla San José de Lupuna recrea en la mente escenas cinematográficas con pueblos fantásticos y animales silvestres de dimensiones colosales de aire, agua y tierra.
La llegada del Islam
Un habitante de Iquitos, tuvo una difícil experiencia en el año 2012, cuando padeció un infarto cardiaco. Su precario estado hizo que la familia busque a un sacerdote para los santos óleos, algo que rechazó; contrariamente, buscó en internet otras presencias religiosas esperanzadoras de salud y vida. Llegó a contactar con el hermano, Marwan, de Argentina con el cual sostuvo un diálogo sobre la auténtica trascendencia. Aquel hermano le dijo: “Viaja a Lima, allá hay una mezquita”. Gerges Bocanegra Picón, ahorró cinco meses y viajó en avión.
Recuerda que años atrás había oído hablar someramente en clases de historia sobre el profeta Muhammad, pero que, en su hogar, a través de su madre -formada en una escuela de monjas- recibió una influencia cristiana. También, recuerda que su salud fue mejorando notablemente cuando fijó su pensamiento en la nueva doctrina que le abría una nueva perspectiva de vida, pero mejor aún, de encuentro con la universalidad. Esto le afirmó la confianza.
Ya, en la mezquita de Lima, luego de un vuelo aéreo de 1h 45 que traspuso 1,009 kilómetros (por barco y tierra le hubiera generado hasta cinco días), fue atendido por dos feligreses. Emocionado, casi al llanto, les dijo: “Quiero ser musulmán”, trajeron al sheij (autoridad religiosa) quien le preguntó en la sala de oración: ¿crees en el paraíso? ¿en el infierno? ¿en el profeta Yssa (Jesús)?, Gerges, respondió que sí. El sheij vociferó: “¡Jesús es milagro de Dios!”.
Recibió el bautizo o shahada además del Corán y fue tratado como un nuevo hermano para su nueva fe de paz y fraternidad. Retornó a Iquitos con una mejor performance de salud y un estado emocional -que, refiere- lo hacían sentir como una persona renovada capaz de lograr grandes metas por más difíciles que fuesen. En adelante, su nombre sería Fazlullah (“favorecido por Dios”) el mismo que le fuera concedido por el Sheij Sujail de Pakistán. Sentía que había descubierto el verdadero sentido de su existencia.

Prédica
“Tengo la convicción de que es Alá quien te guía y es él quien establece lo que debe ocurrir”, dice Gerges. Al retornar ungido a su ciudad recibió la llamada de un grupo de seis hermanos musulmanes quienes le anunciaron una visita para formarlo debidamente en su fe. De hecho, le enseñaron a orar, a desenvolverse frente a sus semejantes en su localidad y con los foráneos, incluso, le enseñaron los hábitos de vestimenta y de alimentación.
El flamante musulmán tenía relaciones de amistad y de proyección socioeconómica con la comunidad nativa de la isla de San José de Lupuna (a 30 minutos de Iquitos) el lugar donde iniciaría la Dawa (obra de llevar la palabra islámica). Inició su misión con austeridad y con la destreza de lo aprendido en sus estudios de periodismo. Así, su prédica en esta comunidad generó inicialmente el bautizo de 40 personas.
“Cuando me visitaron los hermanos del proselitismo mundial aprendí que no se puede forzar a nadie a creer en el Islam, ni tampoco prohibir a nadie que quiera creer”, explica. Seguidamente, relata que llegó a formar un equipo de fútbol en primera división donde ocho de los 18 jugadores eran musulmanes, quedaron en la baja, llegó la pandemia y allí quedaron.
- ¿Gerges, qué opinas sobre la violencia en el mundo, principalmente en el lado oriental?
Mi postura parte de un principio claro del Corán, que está en 5:32: “Quien mata a una persona -sin que haya cometido asesinato ni corrupción en la tierra- es como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salva una vida es como si hubiera salvado a toda la humanidad”. La vida humana es sagrada, sin distinción de religión o nacionalidad. El Profeta Muhammad, prohibió matar a mujeres, niños y no combatientes, incluso en tiempos de guerra. El odio hacia un pueblo no debe permitir actos de injusticia.
Anhelo por una Mezquita
La Dawa iniciada ha llegado a convocar varios cientos de personas en las ceremonias religiosas en Iquitos, en este sentido, el Encargado de Asuntos Religiosos de la comunidad islámica, Diego Cachiquen Vásquez, ahora, Ibrahim, comenta que su prédica es perseverante y siempre tienen el corazón y la mente dispuestas a tratar con sus semejantes.
Después de haber conocido varias religiones vio a un musulmán orando, se acercó y le preguntó por sus rezos, recibió palabras del Corán, lo cautivaron, fue indagando por su cuenta hasta que decidió incorporarse a esa fe. Mantiene la esperanza de contar con una Mezquita.
“Amigo, Gary, te doy las gracias por tu visita a nuestra comunidad, por venir hasta esta selva complicada para viajar y lluvias torrenciales, estamos rodeados en medio del agua”.

















