Un allanamiento masivo al interior del Centro de Cumplimiento Penitenciario Colina II volvió a poner bajo la lupa las condiciones de seguridad de uno de los recintos penitenciarios más complejos del país.
Durante el procedimiento fueron detectadas drogas, armas y otros elementos prohibidos, entre ellos una sustancia identificada como 4-CMC, una catinona sintética estimulante que en distintos contextos ha sido vinculada popularmente al concepto de “droga zombie”. La sustancia es conocida técnicamente como 4-clorometcatinona o clefedrona y se encuentra bajo control internacional desde 2020.
El operativo se desarrolla en un contexto particularmente complejo. Según antecedentes difundidos por T13, Colina II registra cerca de 1.700 internos, una sobrepoblación cercana al 60% y 79 personas privadas de libertad fallecidas durante la última década. Esa cifra representa el 17% de los decesos violentos registrados en los establecimientos penitenciarios del país durante el mismo período.
4-CMC: qué es realmente la denominada “droga zombie”
La expresión “droga zombie” es una denominación mediática y popular que no corresponde al nombre científico de una sustancia específica.
En el caso de la 4-CMC, se trata de una catinona sintética estimulante. La Agencia de Drogas de la Unión Europea identifica la sustancia como 4-clorometcatinona (4-CMC), también denominada clefedrona, y señala que forma parte de un grupo de nuevas sustancias psicoactivas con efectos estimulantes.
La denominación “sales de baño” también se utiliza de manera amplia para referirse a determinadas catinonas sintéticas, aunque no constituye una identificación química precisa de una única droga. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos advierte que estas sustancias pueden generar efectos graves y representar riesgos para la salud y la seguridad.
La evidencia disponible también obliga a separar los hechos comprobados de algunos relatos ampliamente difundidos en medios internacionales.
El origen de la etiqueta “zombie”
Uno de los episodios que contribuyó a popularizar esa denominación ocurrió en Miami en 2012, cuando Rudy Eugene atacó violentamente a una persona en situación de calle.
En los primeros reportes se vinculó el comportamiento con las denominadas “sales de baño”. Sin embargo, posteriormente los análisis toxicológicos reportaron marihuana y no las sustancias que inicialmente habían sido asociadas al episodio, por lo que no existe base suficiente para afirmar que el ataque haya sido provocado por 4-CMC.
Por ello, la expresión “droga zombie” debe entenderse como una etiqueta mediática, y no como una descripción científica de los efectos específicos de la 4-CMC.
Un penal marcado por el ingreso de elementos prohibidos
El hallazgo de la sustancia se inserta en un problema más amplio: el permanente desafío de impedir el ingreso y circulación de drogas, teléfonos, armas y otros objetos prohibidos dentro de los establecimientos penitenciarios.
En el operativo realizado en agosto de 2026 en Colina II, Gendarmería informó la incautación de cerca de 200 armas cortopunzantes artesanales, 33 teléfonos celulares, drogas, fermento artesanal y otros elementos ilícitos. El procedimiento estuvo concentrado en los módulos 3 y 4.
Los controles incluyen a las visitas y también a los propios funcionarios. De acuerdo con antecedentes difundidos por T13, quienes ingresan al recinto son sometidos a sistemas de revisión como BodyScan, mientras que los funcionarios deben dejar sus teléfonos celulares antes de entrar y pasar por controles destinados a impedir el ingreso de elementos prohibidos.
La dimensión de la violencia penitenciaria
El problema de seguridad adquiere una dimensión mayor cuando se observa la cantidad de muertes registradas en el recinto.
De acuerdo con la Radiografía del control territorial de las cárceles en Chile, citada por T13 y elaborada por el Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo de la Universidad Andrés Bello, 79 personas privadas de libertad murieron durante la última década en Colina II. La cifra equivale al 17% de los decesos violentos registrados en las cárceles del país durante ese período.
La violencia no constituye, además, un fenómeno exclusivamente histórico. En septiembre de 2025, una riña en el recinto terminó con un interno fallecido y otros cuatro heridos, mientras Gendarmería informó la apertura de un sumario administrativo y la realización de un allanamiento preventivo en el sector donde ocurrió el enfrentamiento.
Sobrepoblación y control penitenciario
La situación de Colina II también está relacionada con las condiciones materiales del recinto.
En noviembre de 2025, la Corte de Apelaciones de Santiago acogió un recurso de amparo relacionado con las condiciones de habitabilidad de un módulo del penal, ordenando a Gendarmería adoptar medidas para mejorar aspectos como colchones, frazadas, condiciones sanitarias, reparaciones, atención médica y régimen de visitas para más de 150 personas privadas de libertad.
Estos antecedentes muestran que la seguridad penitenciaria no depende únicamente de los allanamientos. También involucra capacidad de infraestructura, condiciones de habitabilidad, control territorial, prevención de violencia, acceso a servicios y capacidad institucional para mantener el control efectivo de los espacios penitenciarios.
Un problema que trasciende la incautación
La incautación de drogas y armas constituye una herramienta necesaria para reducir los riesgos inmediatos dentro de una cárcel, pero su efecto debe analizarse junto con otros factores estructurales.
La propia Gendarmería ha señalado que sus operativos forman parte de un trabajo permanente orientado a reducir la letalidad en los recintos penitenciarios. En el procedimiento de agosto de 2026, su director nacional destacó una reducción de los homicidios en cárceles respecto de 2024.
En paralelo, la aparición de sustancias sintéticas como la 4-CMC plantea un desafío adicional: no se trata solamente de impedir el ingreso de drogas tradicionales, sino también de detectar nuevas sustancias psicoactivas que pueden circular bajo distintas denominaciones y presentaciones.
Conclusión
El allanamiento de Colina II vuelve a mostrar que el problema penitenciario no termina con la incautación de un arma, un teléfono o una sustancia ilícita. El verdadero desafío institucional consiste en mantener un control efectivo y permanente del territorio carcelario, especialmente en establecimientos sometidos a sobrepoblación y con antecedentes de violencia letal.
La detección de 4-CMC, más allá del impacto mediático de la expresión “droga zombie”, representa una señal sobre la diversificación de las sustancias que pueden ingresar al sistema penitenciario. A ello se suma una cifra difícil de ignorar: 79 muertes violentas registradas en Colina II durante una década.
El desafío futuro será determinar si los operativos de seguridad consiguen traducirse en una reducción sostenida de la violencia, un mayor control institucional y mejores condiciones de habitabilidad, evitando que las incautaciones se conviertan únicamente en respuestas episódicas frente a un problema estructural.











