El 16 de octubre de 1975, cinco jóvenes occidentales, fueron asesinados a sangre fría, en Timor Oriental, por el único hecho de ser periodistas y ser testigos directos de las intenciones anexionistas de Indonesia sobre el entonces Timor Portugués. Estos jóvenes, cuyas edades comprendían entre los 21 y 29 años y eran, dos de ellos de nacionalidad británica, dos australianos y uno de Nueva Zelanda, se encontraban a unos 10 kilómetros de la frontera indonesia, en el interior, en el pequeño pueblo montañoso de Balibó.
Por: Alberto Maestre Fuentes | Corresponsal el Minuto de España
Portugal, después de la revolución de los claveles del año anterior, estaba por fin dispuesta a aplicar las Resoluciones de las Naciones Unidas y llevar a la independencia a Timor Oriental, mediante un referéndum de autodeterminación. Así entre febrero y marzo de 1975, se celebraban elecciones locales en Timor Oriental, donde se impusieron con más de un 90 % las candidaturas favorables a la independencia. El siguiente paso sería organizar el referéndum de autodeterminación, previsto para la segunda mitad del mismo año. Pero la Indonesia del presidente Shuarto no estaba dispuesta a renunciar a sus aspiraciones anexionistas sobre la parte oriental de la isla de Timor. Los discursos incendiarios del régimen de Shuarto hacían hincapié, sin disimulo, sobre el peligro de un Timor Oriental independiente.
Sus argumentos eran de carácter nacionalista pero también, para atraerse el apoyo estadounidense y de los países occidentales, en plena Guerra Fría, subrayaba el peligro de un posible Timor Oriental independiente que afirmaba sería de carácter comunista y bajo la esfera de la Unión Soviética.
En vista de la decisión firme de Lisboa, favorable a la independencia de Timor Oriental, Yakarta comenzó a actuar y, dentro del ejército indonesio, comenzó a preparar, para llevar a cabo tareas de guerra no convencional, entrenando a timorenses orientales no favorables a la independencia y así hacer descarrilar todo el proceso de autodeterminación.El Comando de Guerreros Secretos, KOMANDO PASUKAN SANDI YUDHA, conocido por sus siglas KOPASSANDHA, será la unidad militar indonesia que se encargaría de la invasión.

Sus primeras acciones sobre territorio timorense oriental se darán el 6 de junio, cuando tropas KOPASSANDHA invadirán el enclave de Oecussi y el 15 de septiembre se iniciarán operaciones clandestinas sobre pueblos cercanos a la frontera. Estas fuerzas militares no llevaban distintivos en sus uniformes y utilizaban armamento soviético, para no ser identificadas como pertenecientes al ejército de Indonesia. Ante esta situación, fueron muchos los periodistas extranjeros que decidieron abandonar las zonas fronterizas de Timor Oriental. Muchas poblaciones cercanas a la frontera se desplazaron hacia el interior del país y así evitar así los ataques indiscriminados de los indonesios. Balibó que se encuentra a unos 130 kilómetros al oeste de la capital timorense, Dili y, debido a las incursiones indonesias, apenas tenía población en esos momentos, fue el lugar en que decidieron ir los cinco periodistas para informar al mundo de lo que estaba sucediendo en Timor Oriental y que ponía en peligro todo el proceso de autodeterminación ya en marcha. Malcom Renie, Brian Peters, Greg Schacktleton, Tony Stewart y Gary Cunningham se encontraron en Balibó el propio 16 de octubre y se establecieron en una pequeña casa, cerca del fuerte portugués, que les serviría de centro de operaciones. En su fachada blanca pintaron, por precaución, en rojo una bandera australiana y en la parte superior de la misma la palabra “AUSTRALIA”, todo en grandes dimensiones, con el fin de que fuera bien visible e identificara que había extranjeros occidentales en la misma.
Posteriormente los cinco se desplazaron al fuerte portugués que domina el pueblo. Al cabo de pocas horas pudieron fotografiar y filmar como entraban impunemente en Balibó, las fuerzas indonesias disparando a los pocos habitantes que todavía quedaban. Seguidamente pudieron salir del fuerte y lograron refugiarse en la pequeña casa. Los militares indonesios, posteriormente, entraron y solicitaron sus identificaciones. Al comprobar que eran periodistas, directamente los mataron y sus filmaciones y fotografías fueron destruidas. No querían ningún testigo y menos occidentales sobre sus operaciones encubiertas en territorio de Timor Oriental. Según diferentes versiones y la que más se puede ajustar a los hechos es que tres de los periodistas fueron asesinados a tiros en la propia casa. El cuarto que pudo haber salir corriendo, finalmente sería acribillado en el centro del pueblo y el último que habría conseguido ocultarse, podría haber sido apuñalado por la espalda cuando finalmente lo encontraron.
Ante esto, los indonesios decidieron manipular los hechos y deshacerse después de los cadáveres. Así el lugar de los asesinatos fue alterado y los cadáveres fueron vestidos con uniformes militares, donde se les colocó armas cerca de ellos, siendo todo fotografiado. Posteriormente fueron incinerados y sus restos enterrados.
La versión oficial fue de que se trataban de “comunistas” y que habían muerto debido a fuego cruzado durante la batalla entre elementos timorenses comunistas independentistas y timorenses favorables a la anexión de Indonesia. Un mes y doce días después de estos hechos y ante el acoso de Indonesia, el 28 de noviembre del propio 1975, la fuerza mayoritaria de Timor Oriental, el FRETILIN, proclamó, unilateralmente, la independencia, la cual fue truncada, cuando nueve días después, Indonesia invadió el país y se lo anexionó impunemente. Durante los tres años siguientes a la invasión, las nuevas autoridades indonesias no permitirían el acceso a Timor Oriental de ningún medio de comunicación extranjero.
Las reacciones de los países occidentales al asesinato de los cinco periodistas fueron tenues y se conformaron con la versión oficial que les proporcionó las autoridades de Indonesia. Y en cuanto a la invasión de Timor Oriental, Australia incluso aceptó oficialmente su anexión por parte de Indonesia y firmó tratados que afectaban a Timor Oriental. Finalmente, la Guerra Fría terminó y el régimen dictatorial de Shuarto cayó y el pueblo timorense pudo ejercer su derecho de autodeterminación y convertirse en 2002, una república independiente y democrática. Durante este camino hacia la libertad murieron muchas personas y entre ellos estos cinco jóvenes que fueron testigos y víctimas de los primeros momentos de la barbarie que se extendió hasta 1999. Hoy en día la casa en donde se encontraban los periodistas es un memorial y un museo donde se honra a los mismos y se explica la historia de esos terribles años de represión.
La independencia de Timor Oriental contó con muchos mártires y héroes nacionales e internacionales. Los cinco de Balibó son un ejemplo y sus muertes no fueron en vano a pesar que durante décadas el mundo miró hacia otro lado. La República Democrática de Timor Oriental consiguió su independencia tras una invasión y ocupación brutal que le costó la vida a unas 150.000 a 200.000 personas. Es decir, a un 15 % a 20 % de su población. Todas las naciones tienen sus héroes y mártires y estos cinco jóvenes que, aunque no eran de Timor Oriental, estaban plenamente comprometidos con la libertad y ansias de independencia, son uno de ellos, sin ninguna duda. Ha pasado medio siglo en la que Malcom Renie, Brian Peters, Greg Schacktleton, Tony Stewart y Gary Cunningham dieron su vida por una causa justa y serán siempre recordados como los CINCO DE BALIBÓ.












