El cambio climático vuelve a dejar una marca visible en el Ártico. Una isla de hielo de 76 kilómetros cuadrados, con un espesor de hasta 150 metros y un tamaño comparable al de la isla de Manhattan, se desprendió el 4 de agosto del glaciar Petermann en el noroeste de Groenlandia. Este suceso representa el mayor desprendimiento de hielo registrado en el Ártico desde 2020 y la mayor pérdida de hielo flotante del Petermann desde 2012.
Monitoreo satelital en tiempo real del colapso glaciar
El desprendimiento fue documentado por el radar de la misión Copernicus Sentinel-1 de la ESA (Agencia Espacial Europea). Las imágenes satelitales mostraron un rápido deterioro a lo largo de la lengua de hielo ya el 3 de agosto, culminando con el desprendimiento final al día siguiente.
El evento fue monitoreado en tiempo real por un equipo de investigación internacional integrado por las Universidades de Ottawa, Stirling, Lancaster y Leeds, junto al Servicio Canadiense de Hielo, como parte del proyecto ARCTEX financiado por la Agencia Espacial Europea.
“Llevamos años prediciendo este desprendimiento; verlo ocurrir es un poderoso recordatorio de la rapidez con la que estos sistemas pueden cambiar”, explica Adam Garbo de la Universidad de Ottawa.
Alerta por dos nuevos desprendimientos inminentes
Los expertos advierten que la lengua de hielo de Petermann sigue siendo inestable. El continuo ensanchamiento de otras fracturas superficiales podría provocar pronto el desprendimiento de dos masas de hielo más, de 97 y 87 kilómetros cuadrados respectivamente, que superarían en tamaño al bloque recién desprendido.
Esta no es la primera vez que el glaciar Petermann experimenta desprendimientos importantes, que dieron lugar a grandes islas de hielo en 2008, 2010 y 2012. Sin embargo, desde 2012, la capa de hielo flotante se ha mantenido relativamente estable, salvo algunos eventos menores.
Un “termómetro” del cambio climático polar
“Al estudiar las islas de hielo del Ártico, obtendremos conocimientos que se pueden transferir a otras regiones polares. Esto es crucial para comprender cómo el desprendimiento y el deterioro de las islas de hielo influyen en la dinámica de los glaciares, el aumento del nivel del mar y el medio ambiente oceánico”, añade Anna Crawford, de la Universidad de Stirling.
Los cambios observados en Petermann “se produjeron muy rápidamente, y fue increíblemente emocionante monitorear la propagación de la grieta con interferometría casi en tiempo real. Esto demostró el increíble valor de los datos de apertura sintética repetidos en un solo día”, explica Molly Hammond, estudiante de doctorado de la Universidad de Leeds que procesó los datos de Sentinel-1.
Este episodio funciona como un “termómetro” de los efectos del cambio climático y de cómo las capas de hielo responden al calentamiento global. No es casualidad que los expertos utilicen estos indicadores para refinar las proyecciones del aumento del nivel del mar.
Mientras tanto, Environment and Climate Change Canada ha comenzado a rastrear la trayectoria de la isla de hielo para evaluar las amenazas a las rutas marítimas y la infraestructura en alta mar.
Conclusión editorial
El desprendimiento del glaciar Petermann no es un evento aislado, sino un síntoma más del acelerado deterioro de las capas de hielo polares. La capacidad de monitoreo satelital en tiempo real nos permite documentar estos cambios con una precisión sin precedentes, pero la verdadera pregunta no es si estos eventos ocurrirán, sino con qué frecuencia y magnitud se repetirán en el futuro próximo. Cada isla de hielo que se desprende representa no solo una pérdida de masa glaciar, sino una señal de alerta sobre la irreversibilidad de ciertos procesos climáticos. La comunidad internacional debe transformar estos datos en acción climática concreta antes de que los “termómetros” del Ártico marquen puntos de no retorno.














