La masiva movilización de cientos de miles de manifestantes en Francia el pasado sábado 17 de octubre, luego de iniciado el estallido semanas antes con estudiantes, evidencia un colapso sociopolítico y una advertencia sísmica que deben observar las democracias de América Latina. Los jóvenes Z, respaldados por la intersindical de la educación, trabajadores, agricultores, bomberos, chalecos amarillos y desempleados, transformaron su descontento en un factor de presión estratégica contra su gobierno. Las barricadas en los liceos y las refriegas con la policía reflejaron un temperamento fermentado. Pensar que todo ello es un simple pliego de peticiones escolares puede ser un grave error.
Por: Gary Ayala Ochoa, director de El Minuto Perú
Aulas precarizadas, el rechazo a un sistema sin garantía de estudios superiores anhelados, la carencia de docentes, extenuantes jornadas en aula, el costo de vida y la dura respuesta policial fueron un rosario de situaciones que generaron una detonación social capaz de jaquear a cualquier administración nacional. Se sumó el rechazo al gasto militar destinado a Ucrania, la solidaridad con Gaza, el cambio climático y la corrupción en el ámbito oficial.
Juventud de 1789: Insurgencia con hito
En los albores de la Revolución Francesa, la juventud no constituía un bloque estudiantil homogéneo, sino una fuerza precarizada por las crisis agrícolas y fiscales del absolutismo. Los jóvenes profesionales (como Camille Desmoulins, de 29 años, quien llamó a las armas en el Palais-Royal) se unieron a los jóvenes artesanos y trabajadores del pueblo llano. Su movilización no buscaba una simple reforma, sino destruir la estructura estamental que les negaba pan y futuro. La calle sustituyó a los Estados Generales cuando el sistema se mostró incapaz de auto reformarse, una lección que hoy debería recordar todo gobernante.
Mayo del 68: Matriz de un Abandono
El verdadero antecedente del colapso actual se encuentra en la revuelta estudiantil de 1968. Al igual que los liceístas de hoy, quienes rechazan el Parcoursup, los universitarios de Nanterre y la Sorbona de aquel entonces iniciaron su protesta contra la rigidez del sistema educativo y el autoritarismo de la era de Charles de Gaulle.
La genialidad táctica de mayo del 68 fue la articulación estudiantes-obreros. Cuando los jóvenes tomaron el Barrio Latino y levantaron barricadas, la movilización contagió a los sindicatos lo cual desató una huelga general de más de 9 millones de trabajadores que paralizó la economía francesa. El gobierno fue golpeado en su flanco más sensible.
Estudiantes en la historia moderna
En 1986, se pretendió elitizar los centros superiores, diferenciar títulos según la universidad y encarecer los estudios. El estudiantado se movilizó, Malik Oussekine (22) falleció por la violencia policial. El gobierno de Jacques Chirac retiró totalmente el proyecto.
En 1990, alumnos de secundaria protestaron por el deterioro de los colegios y la falta de personal. El gobierno tuvo que aprobar de emergencia un plan presupuestario.
En 1998, más de 200.000 alumnos de secundaria protestaron por las aulas saturadas y falta de docentes. El gobierno, respondió a los jóvenes una vez más con medidas urgentes.
En 2006, una histórica resistencia juvenil y sindical de dos meses bloqueó el Contrato de Primera Contratación que pretendía tener dos años a los jóvenes menores de 26 años de manera insegura en un trabajo. El gobierno retrocedió y cambió la ley.
Tecnología y movilización
Mientras que en 1789 la comunicación dependía de pasquines impresos; en 1968, de las radios portátiles para evadir la censura estatal; en 2026, las juventudes latinoamericanas emplean TikTok, algoritmos de evasión digital y mensajes cifrados de WhatsApp.
Cuando los canales formales se cierran y la gestión pierde sensibilidad social, la juventud siempre encuentra la forma de reactivar la historia en la plaza pública.
Nadie en su sano juicio puede aceptar el vandalismo de atentar contra la vida y la integridad de manifestantes y de policías, tampoco de destruir el patrimonio público y privado. Aquel costo jamás debería ocurrir. Al siglo XXI las sociedades globales ya deberían tener la capacidad de generar cambios societales diferentes a las formas de hace dos mil años atrás.
Advertencia en las Calles
La crisis francesa demuestra a los países de América Latina que la legitimidad de un gobierno debe ganarse en las calles día a día, sobre todo, la del segmento con mayor energía y futuro. Las juventudes de países como Perú, Chile, Argentina, Ecuador, Colombia y Paraguay con gobiernos afines a Washington, incluso, la de Brasil -que salió a defender las conquistas sociales, derechos de las mujeres, minorías y los de la educación pública- pueden constituir una maquinaria demoledora -y sin carga ideológica- si sus proyectos de vida son obstruidos.
Si los gobiernos denominados neoliberales de la región ignoran la advertencia de las barricadas de París y recortan la atención social, la calle podría efervescer con un civismo muy adverso. La estabilidad democrática del continente dependerá de la capacidad de fortalecer la institucionalidad y el Estado de derecho, de gobernar sin corrupción para afianzar la confianza entre la ciudadanía, y de cerrar las brechas estructurales con los sectores vulnerables con una gestión empática, transparente y eficaz que priorice con inteligencia humana, principalmente, las demandas de las nuevas generaciones.


