Operación Nexos: narcos chilenos reclutan a pistoleros extranjeros liberados

Operación Nexos y el nuevo rostro del delito
Redacción El Minuto
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El ecosistema del crimen organizado en Chile está experimentando una mutación silenciosa pero letal. Lejos de desaparecer tras los operativos que desmantelaron a las macroestructuras del Tren de Aragua, el delito ha evolucionado hacia un modelo fragmentado, híbrido y profundamente peligroso. Bandas locales de narcotráfico han comenzado a reclutar sistemáticamente a extranjeros con amplio prontuario que, tras cumplir sus condenas, han recuperado su libertad, utilizándolos como brazo armado para resolver disputas territoriales, venganzas personales y ajustes de cuentas al interior de los penales.
Este fenómeno, que los investigadores denominan como la “hibridación del crimen organizado”, representa un cambio de paradigma en la seguridad pública chilena. Ya no se trata de grandes estructuras jerarquizadas con cientos de miembros, sino de células pequeñas, altamente letales, con conexiones transnacionales y una capacidad operativa que desafía los modelos tradicionales de investigación policial.

El nuevo rostro del crimen: alianzas híbridas y células “descolgadas”

La inteligencia policial ha detectado un patrón preocupante: la formación de células pequeñas, altamente letales y con menor necesidad de logística que las antiguas macrobandas. Estos grupos operan bajo la dirección de reos chilenos que, desde el interior de los penales, “fichan” a delincuentes extranjeros para concretar crímenes en la calle. El modus operandi es claro: los contactos se generan al interior de los centros penitenciarios, donde conviven reos chilenos y extranjeros, y se materializan una vez que estos últimos recuperan su libertad.
“Este nuevo fenómeno aparece luego del trabajo intenso que fue desbaratar las facciones del Tren de Aragua como Los Piratas, La Hermandad, Los Mapaches y Los Cartier articulados desde el extranjero. Estos descolgados tienen la capacidad de reorganizarse en grupos pequeños con delincuentes comunes. Tienen mucho menos logística, pero son igual de peligrosos”, advierte a este medio el prefecto Hassel Barrientos, jefe de la Brigada de Investigación del Crimen Organizado (BIPE) de la PDI.

El perfil de los reclutados: veteranos del delito transnacional

Los extranjeros reclutados por las bandas locales no son delincuentes menores. Según los antecedentes recopilados por la BIPE, la mayoría de estos individuos posee un extenso prontuario por delitos violentos, incluyendo secuestros, homicidios y tráfico de drogas a gran escala. Muchos de ellos prestaron “servicios” de cobertura a las desarticuladas células del Tren de Aragua, actuando como halcones, conductores o ejecutores materiales en operativos de alta complejidad.
Lo más preocupante es que, al haber cumplido sus condenas, estos individuos han recuperado su libertad sin que existan mecanismos efectivos de seguimiento post-penitenciario. En muchos casos, no cuentan con arraigo en el país, no tienen redes de apoyo social y mantienen sus vínculos con el mundo del delito, lo que los convierte en candidatos ideales para ser reclutados por bandas locales que buscan mano de obra criminal barata, desechable y con experiencia comprobada en violencia extrema.

Operación Nexos: el fracaso de un sicariato en el Maule

La materialización de esta amenaza quedó en evidencia el 9 de junio pasado, cuando la BIPE recibió información clave sobre el movimiento de una célula extranjera que buscaba camuflarse en un acomodado barrio de Talca. La investigación, derivada a la recién estrenada Fiscalía Supraterritorial, dio luz verde a un allanamiento inmediato en el sector Las Rastras, dando inicio a la Operación Nexos.
Al interior de la casa de seguridad, los detectives detuvieron a 10 extranjeros: cuatro colombianos y seis venezolanos. Siete de ellos poseían un extenso historial por delitos violentos, y cuatro habían recuperado su libertad apenas en mayo pasado, es decir, apenas un mes antes del operativo. En el lugar se incautó un arsenal compuesto por tres pistolas (Glock, Bersa y Taurus), 10 teléfonos celulares y siete cartuchos con balas de alto calibre.

El plan criminal: de un robo a un ajuste de cuentas

El plan original, según la investigación, era ejecutar un robo con homicidio contra un supuesto “empresario” en la localidad de San Clemente, a unos 20 kilómetros de Talca. Sin embargo, la investigación reveló que la presunta víctima era en realidad un criminal con rencillas previas con el interno que ordenó el ataque desde el penal Santiago 1. Se trataba, en definitiva, de un sicariato disfrazado de robo, una táctica común para intentar despistar a las fuerzas de orden.
Además, una de las pistolas incautadas, una Bersa calibre 38, activó una pesquisa paralela por tráfico de armas desde Argentina, lo que evidencia la conexión transnacional de estas células y la dificultad de controlar el flujo de armamento en las fronteras.
Tras el operativo, la banda fue trasladada de regreso al penal Santiago 1, luego de ser formalizada por homicidio frustrado. Pero el caso no fue un hecho aislado, sino la confirmación de una tendencia que preocupa a las autoridades.

La respuesta estatal: traslados de alta seguridad y nuevos complejos

La alianza entre reos chilenos y extranjeros dentro de las cárceles ha obligado al Gobierno a tomar medidas drásticas. En medio de este escenario, y tras destaparse un caso de corrupción que complicó el control interno en Gendarmería, las autoridades determinaron activar masivos traslados al nuevo complejo penitenciario de la Región del Maule, denominado “La Laguna”.

Un complejo diseñado para los más peligrosos

Este amplio recinto de 60 mil metros cuadrados cuenta con condiciones de alta seguridad diseñadas específicamente para recibir a los jefes más peligrosos del crimen organizado. Hasta la fecha, al menos nueve reos de estas características han sido derivados al nuevo complejo, entre ellos “El Wara”, jefe de Los Pulpos; Viktor Gjini, de la mafia albanesa; diversos miembros de células del Tren de Aragua y la mano derecha del fallecido narco chileno “Cogote de Toro”.
El objetivo es claro: separar físicamente a los cabecillas de sus redes de contacto, dificultar la comunicación con el exterior y evitar que sigan operando desde el interior de los penales. Sin embargo, los expertos advierten que esta medida, aunque necesaria, es solo una parte de la solución. El verdadero desafío radica en fortalecer los mecanismos de inteligencia al interior de las cárceles y mejorar las condiciones de reinserción para quienes recuperan su libertad.

El efecto dominó del desarme de macroestructuras

El prefecto Barrientos destaca que, pese a la aparición de estas nuevas amenazas, las estrategias de inteligencia han logrado impactos positivos en otros frentes. “Hemos observado una baja importante en los casos de secuestros reales: de 44 en 2025, se pasó a 22 indagatorias en la actualidad”, señala el oficial.
No obstante, la violencia no ha desaparecido, sino que se ha reorientado. La mezcla de intereses en las cárceles ha generado que los clanes delictuales, principalmente dedicados al tráfico de drogas, utilicen a venezolanos y colombianos liberados como fuerza de choque en su lucha territorial, tanto al interior de los penales como en las poblaciones.

El contexto internacional: extradiciones y presión sobre el Tren de Aragua

Este nuevo fenómeno no puede entenderse sin considerar el contexto internacional. Los líderes del Tren de Aragua han sido detenidos en varios países, incluyendo Colombia y Estados Unidos, y sus extradiciones hacia Chile ya están activadas. Esta presión internacional ha desarticulado las estructuras centrales de la organización, pero ha provocado un efecto secundario no deseado: la fragmentación de sus miembros en células más pequeñas y autónomas.
Muchos de estos individuos, al no poder volver a sus países de origen o al ser rechazados por sus propias redes criminales, han optado por quedarse en Chile y ofrecer sus servicios a bandas locales. Esto ha creado un mercado de “pistoleros” disponibles, con experiencia comprobada en violencia extrema y dispuestos a trabajar por sumas relativamente bajas en comparación con los estándares internacionales del crimen organizado.

Las grietas del sistema: reinserción, seguimiento y cooperación internacional

El caso de la Operación Nexos pone en evidencia las grietas de un sistema que no ha logrado adaptarse a la nueva realidad del crimen organizado. La falta de mecanismos efectivos de seguimiento post-penitenciario, la dificultad para controlar el flujo de armas en las fronteras y la ausencia de cooperación internacional fluida son factores que facilitan la reorganización de estos grupos.
Los expertos en seguridad pública advierten que, mientras no se fortalezcan estos tres pilares, el fenómeno de las células híbridas seguirá creciendo. No basta con desarticular las macroestructuras; es necesario implementar políticas de reinserción efectivas, mejorar la inteligencia al interior de los penales y profundizar la cooperación con países vecinos para evitar que los delincuentes transnacionales encuentren refugio en Chile.

Conclusión

La Operación Nexos no es un caso aislado, sino la radiografía de un desafío sistémico: el fin de una condena penal no significa el fin de la peligrosidad del sujeto. La evolución hacia células criminales híbridas, que combinan la inteligencia logística del narcotráfico local con la violencia desmedida de extranjeros liberados, expone las limitaciones del sistema de reinserción y seguimiento post-penitenciario.
Jurídicamente, el Estado debe urgentemente fortalecer los mecanismos de vigilancia tras la libertad condicional, implementar sistemas de seguimiento electrónico efectivos para extranjeros con prontuario violento y profundizar la cooperación de inteligencia transnacional. El crimen organizado ya no respeta fronteras, ni siquiera después de pagar su deuda con la justicia. Mientras Chile no adapte su marco normativo y sus capacidades de inteligencia a esta nueva realidad, seguirá siendo un territorio fértil para la mutación del delito. La seguridad pública del siglo XXI no se construye solo con operativos policiales, sino con políticas de Estado integrales que aborden las causas estructurales de la reincidencia y la fragmentación del crimen organizado.