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El Síndrome de Marat y el Periodismo

El Minuto | Un hábito cultural, por beneficio informativo, o por estrés de época, es recibir noticias. Actualmente, el periodismo es un proveedor sine qua non para la vida diaria; pero hay un periodismo al que no le es necesario entregar la razón, más útil le resulta poseer un mass media para crearla. Un hecho ocurrido en 1793 (revolución francesa) explica en el tiempo la consecuencia de manipular los ánimos ciudadanos políticamente: El triste final de Marat.

Escribe: Gary Ayala, Director de El Minuto en Perú

Cuando Jean Paul Marat (1743-1793) expuso sus tratados de medicina impactó en el mundo científico, académico y literario, incluso captó el interés del físico norteamericano, Benjamín Franklin y del escritor alemán Johann Goethe quienes le expresaron su aprecio. La aristocracia requirió sus servicios profesionales, pero su genio fue ganado por la política hasta que decidió ser periodista y fundó su periódico El Amigo del Pueblo. Fue su final.

La Sociedad de la Ilustración

Para comprender mejor el síndrome de Marat es necesario mirar el escenario de dos siglos y medio atrás, es pertinente ver cómo la defensa de la racionalidad, la lógica y la ciencia tuvo que ser renovada ante las sociedades occidentales para demostrar que la vida es mejor cuando se deja de creer que el miedo, la magia o los mitos establecen el prisma por el cual se debe observar al mundo para conocerlo.

La Ilustración, ese movimiento cultural, intelectual y social, generado básicamente entre los siglos XVII y XVIII en las regiones europeas de Alemania, Francia e Inglaterra, trajo contenidos que iluminaron la oscuridad expresada en tiranía, opulencia, ignorancia y discriminación. Demostró que el harapiento y el noble no estaban definidos por un sagrado mandato divino en un orden natural, sino por un perverso desorden social.

Además, fue continentalmente vital para Europa firmar La Paz de Westfalia (Alemania) en octubre de 1648 donde luego de tres décadas de odio entre católicos y protestantes, con batallas entre los ejércitos de Alemania, España, Francia, Dinamarca, Holanda, Suecia y Suiza, se comprendió luego que una sociedad es más justa si tiene un Estado soberano, si sus ciudadanos son iguales ante la ley y si existe libertad para elegir una religión.

Francis Bacón (1561-1626) el método científico experimental; Rene Descartes (1596-1650) “Pienso, luego existo”; John Locke (1632-1704) el liberalismo clásico; Montesquieu (1689-1755) el Estado es Ejecutivo, Legislativo y Judicial; Voltaire (1694-1778) cree en Dios con la razón; David Hume (1711-1776) moral y conocimiento, pilares humanos; Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) “El hombre es bueno, la sociedad lo corrompe”; y Enmanuel Kant (1724-1804) autonomía en la razón y derecho a la conciencia. Construyeron la Ilustración. Buscar justicia, racionalidad, verdad científica y dignidad, precedió a la revolución francesa.

LibertéÉgalitéFraternité

El destacado estudiante, Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, fue designado en Paris en 1,776 para brindar palabras de bienvenida al rey de Francia Luis XVI quien visitaba el colegio Louis-le-Grand. Sus acogedoras palabras casi fueron ignoradas por el monarca, pues sus oídos no mantenían interés por una vocecilla venida de vasallos. Diecisiete años más tarde, el rey sería guillotinado por la decisión de aquel adolescente.

Más del 50% de la población gala (26 millones de habitantes en total) vivía en el analfabetismo cuando estalló la revolución francesa en el siglo XVIII, la precariedad, mendicidad, enfermedad y desesperanza eran parte del vivir cotidiano para muchas familias; mientras, en el Palacio de Versalles, a 19 kilómetros de Paris, pocas familias de élite vivían en un paraíso de opulencia que parecía otro mundo.

Pese a los padecimientos del gran sector popular, el reinado prefirió desembolsar en la guerra de independencia de Columbia -más tarde llamado Estados Unidos de Norteamérica- contra Inglaterra, más de dos mil millones de libras, dinero suficiente para alimentar cada día casi a la tercera parte de la población nacional durante doce meses.



El instrumento político que respaldaba aquel “orden social” en Francia eran los Estados Generales, lo integraban el clero, la nobleza y el pueblo. De éstos, los dos primeros estaban exonerados de impuestos, además, sus afortunados miembros consideraban al trabajo como indigno para un noble, lo consideraban propio para el campesino, el artesano y el comerciante burgués, solo el tercer Estado pagaba impuestos. Extraño edén.

El hambre de pan se convirtió irónicamente en hambre de conocimiento en muchos ciudadanos influenciados por un nuevo sentir: El derecho a pensar. Dejaron de creer en los divinizados sacerdotes -poseedores del monopolio de la verdad absoluta- y trasladaron ese derecho a cada hombre. Se decidió plantear un osado concepto: Todos somos iguales.

El Síndrome de Marat

Marat, bebió de una fuente turbulenta: En 1789 vio al audaz Tercer Estado (pueblo) formar la Asamblea Constituyente, el pregón de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el nacimiento de la simetría política derecha-izquierda, la toma violenta de la Bastilla, el traslado forzado de Luis XVI y María Antonieta desde Versalles hasta Las Tullerías en Paris. Vio caer a la monarquía ante la Asamblea Legislativa (1791-1792) con Jacobinos (radicales contra la monarquía), girondinos (moderados) y Cordeliers (partidarios de los más pobres).



Vio a la República creada el 10 de agosto de 1792 y cómo el Comité de Salvación Nacional de Robespierre guillotinó a 40 mil adversarios durante el gobierno del terror (1793-1794), entre ellos al rey Luis XVI y la reina Maria Antonieta. La masacre y odiosidad engendrada en aquella revolución fue tal que el propio Robespierre se ganó enemigos debido a su cruel política hasta el punto que él mismo fue guillotinado el 28 de julio de 1794 por tirano.

Marat, destacaba por su notable inteligencia respecto a otros estudiosos de su época, escribió diversas obras como “Ensayo filosófico sobre el Hombre” donde trató sobre la potencialidad humana y la de su alma; “Las Cadenas de la Esclavitud” donde criticó las componendas electorales del rey de Inglaterra para ganar parlamentarios. Asimismo, escribió sobre la gonorrea y obtuvo el título de doctor en medicina. Luego escribió “Investigación Sobre la Naturaleza, Causa y Cura de una Enfermedad Ocular Singular”.

También escribió sobre Derecho: “Plan de Legislación Criminal” y sobre la electricidad, pero la política le generó total atención y escribió “Ofrenda a la Patria”, “La Constitución”,  y “Cuadro de los Vicios de la Constitución de Inglaterra”, hasta que decidió ser periodista y editó el periódico “Monitor patriótico” que cambió por “Divulgador Parisino” y finalmente por “El Amigo del Pueblo”. Allí desencadenó su ira contra el sistema aristocrático, el clero, e incluso contra todo revolucionario tibio.

Su hostil práctica le costó un mes de cárcel en Francia, pero salió y prosiguió con las publicaciones, huyó a Londres y retornó luego a Paris para esconderse en los subterráneos donde contrajo una enfermedad dérmica, huyó nuevamente a Londres en 1791 y retornó a Paris en 1792. Entre el 2 y 6 de setiembre, azuzó la matanza de más de 1400 presos entre sacerdotes, monjas, guardias suizos, nobles y ciudadanos a quienes se eliminó con machetes, espadas y palos. Marat lo justificó como necesario “para la salud pública”.

Las publicaciones del jacobino en El Amigo del Pueblo con nombres personales constituían sentencias de muerte para aquellos, su periodismo militante se convirtió en una instancia judicial paralela y sin apelaciones, su ansiedad revolucionaria veía en cada adversario a un traidor de la revolución. Llegó a ser diputado, pues, tenía seguidores, era un líder empoderado y guiaba sobre cuál vida humana resultaba nociva para la sociedad.

La joven, Charlotte Corday, de 24 años de edad, acudió a la casa de Marat el 13 de julio de 1793, pidió hablar con él quien habituaba escribir desde una bañera con agua caliente para aplacar su mal de piel. Convenció a la asistente para dejarla ingresar pues anunció que tenía información importante para brindar al periodista: Nombres de traidores. Marat, apuntó los datos recibidos y dijo: “Serán todos guillotinados”. En eso, la joven sacó un cuchillo adquirido horas antes y se lo hundió en el pecho. La muerte llegó pronta.

Charlotte, era girondina, su novio había sido asesinado por la ira política y mediática. Ella se inmoló y no huyó. “He matado a un hombre para salvar a cien mil”, dijo. Fue decapitada cuatro días después, nunca se arrepintió. Marat, fue comparado con Jesucristo por sus adeptos y considerado divino. Hubo muchos girondinos guillotinados en represalia.

El periodismo de Marat era información con odio, la revolución requería culpables y él entregaba la lista negra. Consideraba traición al consenso y que la muerte solucionaba todo mal. Sus noticias inflamaban la psicología de los ciudadanos, a favor y en contra, y generaban tenebrosidad como la peste negra del siglo XIV, o para advertirlo mejor actualmente, como la pandemia global del siglo XXI.

El síndrome de Marat se manifiesta desde entonces en toda producción mediática dosificada con aborrecimiento sin tregua hacia el adversario político. Una lección que la historia expone para no repetirla, un episodio reflexivo para quien ejerce periodismo, para quienes controlan los mass media y emanan agua ponzoñosa en lugar del agua viva que requiere la sociedad. El periodismo es servicio y su fundamento es la ética.

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