Embalse El Yeso: cuando el turismo desafía los límites de la seguridad Por Luis Díaz Palominos | Columna de opinión La montaña tiene una capacidad extraordinaria para maravillarnos. Sus paisajes, sus colores y la sensación de encontrarnos frente a una naturaleza imponente explican por qué miles de turistas buscan experiencias en la cordillera de los …
Luis Ricardo
Embalse El Yeso: cuando el turismo desafía los límites de la seguridad
Por Luis Díaz Palominos | Columna de opinión
La montaña tiene una capacidad extraordinaria para maravillarnos. Sus paisajes, sus colores y la sensación de encontrarnos frente a una naturaleza imponente explican por qué miles de turistas buscan experiencias en la cordillera de los Andes. Sin embargo, esa misma belleza puede hacernos olvidar una verdad fundamental: la montaña no es un escenario preparado para nuestra comodidad y sus riesgos no desaparecen porque exista una excursión programada, una reserva pagada o una fotografía que deseamos obtener.
El Embalse El Yeso, en el Cajón del Maipo, representa con particular claridad esa contradicción. Se trata de un destino de enorme atractivo turístico, pero su acceso atraviesa un territorio expuesto a las condiciones propias de la alta montaña, donde la nieve, la inestabilidad de las laderas y los desprendimientos de material pueden transformar una visita recreativa en una emergencia.
Durante octubre de 2026, las autoridades mantuvieron una restricción de circulación para vehículos motorizados en un tramo de la Ruta G-455. No se trata de una decisión arbitraria ni de una simple precaución administrativa. Es una medida sustentada en antecedentes de riesgo que deben ser conocidos, respetados y explicados a quienes desean visitar el sector.
La pregunta que corresponde plantearnos es incómoda, pero necesaria: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para satisfacer las expectativas de un turista y en qué momento la decisión de continuar deja de ser una experiencia recreativa para convertirse en una exposición innecesaria al peligro?
Embalse El Yeso: cuando una restricción tiene fundamentos concretos
La Resolución Exenta N.º 5.655, publicada en el Diario Oficial el 9 de octubre de 2026, extendió durante ese mes la prohibición de circulación de vehículos motorizados por la Ruta G-455, a partir del kilómetro 21,7, en el sector Las Cáscaras.
El documento oficial recoge antecedentes de la autoridad vial relativos a acumulación de nieve en las laderas superiores, inestabilidad de taludes, caída recurrente de material rocoso y desprendimientos vinculados a los ciclos de congelamiento y deshielo. También identifica el riesgo de remociones en masa.
Son condiciones que exigen mucho más que prudencia al conducir. Obligan a comprender que existen peligros que no dependen de la habilidad del conductor, de las características del vehículo ni de la experiencia acumulada por un guía.
Una roca puede desprenderse sin que exista tiempo suficiente para reaccionar. Un talud puede presentar inestabilidad pese a que, a simple vista, el camino parezca transitable. La nieve acumulada sobre una ladera puede cambiar sus condiciones por factores que no siempre resultan evidentes para quien observa desde la ruta.
Por eso, una prohibición oficial de tránsito motorizado no debiera tratarse como una recomendación opcional.
También es necesario ser precisos: la medida se refiere al tramo señalado de la Ruta G-455 y no significa que todo el Cajón del Maipo esté cerrado al turismo. Existen actividades y destinos cuya visita puede continuar, siempre que se respeten las condiciones y restricciones aplicables.
Las fotografías muestran una realidad que merece atención
Dos fotografías del sector permiten observar diferentes perspectivas del camino hacia el Embalse El Yeso. En ellas se distinguen importantes acumulaciones de nieve, laderas de fuerte pendiente y estructuras de protección instaladas junto a la ruta.
Un elemento particularmente llamativo es la presencia de mallas que presentan deformaciones visibles en determinados sectores.
No corresponde afirmar, únicamente a partir de fotografías, que estas instalaciones hayan perdido por completo su capacidad de contención. Determinar su estado estructural, su función efectiva y la necesidad de reparación exige una inspección realizada por especialistas.
Sin embargo, tampoco parece razonable ignorar lo que las imágenes muestran. Cuando una ruta se encuentra expuesta a procesos de caída de rocas o movimientos de material, cualquier signo visible de deterioro en sus elementos de protección debiera ser motivo de revisión y seguimiento por parte de los organismos competentes.
Las imágenes adquieren especial relevancia al confrontarlas con los fundamentos de la resolución de octubre, que reconoce oficialmente las condiciones de peligro existentes en el sector.
La discusión, por lo tanto, no debe reducirse a si un camino se ve despejado, si alguien logró atravesarlo o si determinado vehículo pudo avanzar. Que una ruta pueda recorrerse físicamente no significa que sea segura ni que su circulación esté autorizada.
La tragedia de 2019: una lección que no podemos olvidar
El 3 de junio de 2019, dos niñas brasileñas de tres y siete años fallecieron tras ser alcanzadas por rocas desprendidas de una ladera en el sector de La Cortina, camino al Embalse El Yeso.
Aquel hecho conmocionó al país y puso en discusión las condiciones de acceso, la información entregada a los visitantes y la responsabilidad de quienes organizan recorridos turísticos en sectores expuestos a riesgos conocidos.
Las informaciones difundidas entonces recogieron las advertencias de las autoridades sobre las restricciones existentes en el lugar. También se plantearon cuestionamientos respecto de las circunstancias en que los visitantes llegaron al sector. Las responsabilidades particulares, sin embargo, no deben darse por establecidas mediante apreciaciones periodísticas sin respaldo judicial.
Más allá de esa distinción, existe una reflexión que permanece plenamente vigente: quienes visitan Chile, especialmente cuando proceden de países con condiciones geográficas distintas, pueden no comprender la magnitud de los riesgos naturales asociados a nuestra cordillera.
No es razonable esperar que un turista identifique por sí solo la inestabilidad de una ladera, evalúe la seguridad de una pendiente nevada o conozca todas las restricciones administrativas aplicables a un destino.
Precisamente por eso, el trabajo del operador y del guía turístico adquiere una relevancia que va mucho más allá de transportar personas y entregar información sobre el paisaje.
Recordar a aquellas niñas no significa utilizar una tragedia como recurso dramático. Significa reconocer que el turismo tiene una responsabilidad ética que se vuelve especialmente evidente cuando una decisión equivocada puede costar vidas.
El papel del operador turístico y la responsabilidad del guía
En una excursión organizada existe una relación de confianza. El visitante contrata un servicio suponiendo que quienes lo ofrecen conocen el territorio, sus condiciones de acceso y los riesgos asociados a la actividad.
Esa confianza genera obligaciones de conducta.
Un operador responsable debiera revisar las condiciones del destino antes de ofrecerlo, verificar las restricciones vigentes, informar adecuadamente a sus clientes y contar con alternativas cuando las circunstancias impidan desarrollar el recorrido originalmente previsto.
El guía, por su parte, suele enfrentar la situación más delicada: debe tomar decisiones en terreno frente a personas que han invertido tiempo y dinero y que pueden sentirse frustradas cuando no es posible llegar al lugar prometido.
Es allí donde se demuestra la calidad de un servicio profesional.
No considero que un buen guía sea aquel que siempre consigue alcanzar el destino. Un buen guía es quien tiene el criterio para reconocer cuándo corresponde modificar el recorrido, suspender una actividad o regresar.
También es indispensable que las empresas respalden esas decisiones. No podemos exigir responsabilidad a los guías si, al mismo tiempo, se les somete a presiones comerciales para cumplir itinerarios sin considerar las condiciones reales del territorio.
Cuando existen restricciones oficiales, la decisión empresarial debe ser clara: respetarlas y no trasladar al trabajador la obligación de resolver una contradicción entre la seguridad y las expectativas de venta.
Las camionetas, vans y excursiones no están por encima de las restricciones
La actividad turística en el Cajón del Maipo incluye excursiones en vehículos de distinta capacidad, entre ellas vans destinadas al transporte de visitantes.
Sin embargo, ninguna característica del vehículo constituye por sí sola una excepción a una prohibición de circulación.
Si una restricción oficial comprende a los vehículos motorizados en determinado tramo, una van turística no queda autorizada por el hecho de transportar pasajeros, disponer de un conductor experimentado o formar parte de una excursión comercial.
Del mismo modo, observar personas caminando por un sector no demuestra que el tránsito vehicular esté permitido ni permite concluir, por sí solo, que el desplazamiento peatonal sea seguro o esté expresamente autorizado.
Es fundamental distinguir estas situaciones para evitar interpretaciones que puedan inducir a los visitantes a exponerse a riesgos innecesarios.
Las fotografías de un sector determinado pueden ser útiles para documentar sus condiciones, pero no bastan para establecer que un operador concreto haya incumplido una prohibición. Esa conclusión requiere identificar el tramo exacto, las circunstancias del desplazamiento y la normativa aplicable.
Mi preocupación no apunta a desacreditar a quienes trabajan profesionalmente en turismo, sino a fortalecer una actividad que necesita reglas claras, fiscalización efectiva y decisiones responsables.
El peligro de normalizar el riesgo
Existe un fenómeno que considero particularmente preocupante en el turismo de montaña: la tendencia a interpretar la ausencia de accidentes como una demostración de seguridad.
Si una excursión logra completar un recorrido una vez, puede instalarse la idea de que también será posible hacerlo al día siguiente. Si otros vehículos han pasado, se puede suponer que el tránsito no representa una amenaza importante.
Pero los peligros de la montaña no funcionan de esa manera.
Los procesos de congelamiento y deshielo, la acumulación de nieve, los cambios de temperatura y la inestabilidad geológica pueden modificar las condiciones del terreno. La experiencia previa ayuda a reconocer señales y organizar respuestas, pero no elimina la exposición a fenómenos naturales.
La seguridad no puede construirse sobre el argumento de que hasta ahora no ha ocurrido nada.
Tampoco puede descansar en la idea de que un accidente constituye simplemente mala suerte. En algunas circunstancias existen factores imprevisibles; en otras, hay antecedentes, advertencias y restricciones que permiten adoptar medidas preventivas.
La diferencia entre ambas situaciones es esencial.
Portillo y Embalse El Yeso: accidentes distintos, una reflexión común
La tragedia ocurrida en octubre de 2026 en el sector de Laguna del Inca, en Portillo, donde fallecieron tres montañistas tras un accidente en terreno nevado, vuelve a recordarnos la exposición a riesgos que existe en ambientes cordilleranos.
No corresponde equiparar aquel episodio con el accidente ocurrido en 2019 en el Embalse El Yeso. Se trata de circunstancias, actividades y escenarios diferentes, cuya evaluación requiere antecedentes propios.
Tampoco es adecuado trasladar automáticamente responsabilidades desde una situación a otra.
La conexión que propongo es distinta y responde a una reflexión preventiva: la montaña exige preparación, evaluación permanente del entorno y la capacidad de reconocer los límites de una actividad.
En montañismo, en turismo organizado y en desplazamientos por rutas cordilleranas existen decisiones que pueden marcar la diferencia entre una experiencia satisfactoria y una tragedia.
Por eso considero fundamental que las señales de advertencia no se interpreten como una molestia, sino como información valiosa para proteger la vida.
El turismo responsable también sabe decir que no
Chile cuenta con una geografía extraordinaria y con oportunidades relevantes para desarrollar experiencias de turismo de naturaleza y montaña. Precisamente por ello, debemos aspirar a servicios que sean reconocidos no solamente por la belleza de sus destinos, sino por la seriedad con que gestionan la seguridad de sus visitantes.
Eso significa planificar, informar, capacitar, verificar las condiciones del terreno y mantener una comunicación responsable entre autoridades, operadores y turistas.
También significa asumir que una excursión cancelada o modificada no necesariamente representa un fracaso comercial.
En ocasiones, regresar antes de lo previsto o elegir otro destino constituye la mejor decisión que puede tomar una empresa.
Frente a una ruta restringida, una ladera inestable o una advertencia fundada de las autoridades, el criterio profesional debe imponerse sobre la presión de cumplir un programa.
Las fotografías del camino al Embalse El Yeso y los antecedentes oficiales disponibles deben impulsarnos a formular preguntas, exigir evaluaciones y fortalecer la prevención. No sirven para emitir diagnósticos técnicos definitivos por cuenta propia, pero sí para recordar que los riesgos de la montaña no deben trivializarse.
Creo firmemente que el desarrollo turístico requiere empresas competitivas, guías preparados y visitantes satisfechos. Sin embargo, ninguna de esas aspiraciones puede situarse por encima del deber de proteger la vida.
El verdadero éxito de una excursión no consiste solamente en llegar al destino. Consiste en que todos quienes participaron puedan regresar a sus hogares.
Luis Díaz Palominos
Ingeniero Comercial | Columna de opinión para El Minuto Internacional

Montañismo invernal: las lecciones de Portillo sobre la nieve y la prevención de avalanchas
Biblioteca del Congreso Nacional — Resolución Exenta N.º 5.655 de 2026
Documento oficial que fundamenta y extiende hasta octubre la prohibición de circulación de vehículos motorizados desde el km 21,7 de la Ruta G-455.
Biblioteca del Congreso Nacional — Resolución Exenta N.º 5.275 de 2026
Antecedente normativo de la extensión anterior de la restricción vial.
Emol — Accidente de dos menores brasileñas en junio de 2019
Registro contemporáneo de los fallecimientos y de las advertencias sobre acceso al sector.
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