El Presidente José Antonio Kast enfrenta este viernes el aniversario número 53 del golpe de Estado de 1973 con una definición política e institucional inédita durante su administración: La Moneda no realizará un acto oficial de conmemoración y el Mandatario permanecerá fuera de Santiago, desarrollando actividades gubernamentales en la Región de Los Ríos.
La decisión había sido anticipada por Kast a fines de agosto, cuando confirmó que el Ejecutivo no organizaría una ceremonia especial en el Palacio de La Moneda. En su lugar, el Gobierno optó por mantener la agenda habitual y concentrar la actividad presidencial en regiones.
El contraste es relevante porque el 11 de septiembre constituye una de las fechas de mayor carga histórica, política y de memoria en Chile, vinculada al quiebre institucional de 1973, al derrocamiento del Presidente Salvador Allende y al posterior régimen militar encabezado por Augusto Pinochet.
Kast opta por una jornada de trabajo fuera de La Moneda
Durante esta jornada, el Presidente José Antonio Kast se encuentra en la Región de Los Ríos, acompañado por el ministro de Defensa, Fernando Barros, como parte de una agenda territorial que contempla actividades en distintas comunas.
Según la programación conocida, el Mandatario inició su jornada con una visita al astillero ASENAV, en Valdivia. Posteriormente, se trasladó a Corral para encabezar la ceremonia de inicio del pago del Bono Extraordinario de Apoyo a la Niñez, conocido como el bono de $30 mil por hijo.
La agenda también contempla una reunión de trabajo con parlamentarios y alcaldes de la región en Máfil y una visita inspectiva a las obras de mejoramiento y ampliación del aeródromo Pichoy, en San José de la Mariquina.
La gira tiene además un componente político: con este despliegue, Kast completa el compromiso de haber visitado las 16 regiones del país durante los primeros seis meses de su administración.
La Moneda defiende una mirada hacia el futuro
El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, explicó la decisión del Ejecutivo señalando que el Gobierno reconoce la importancia de la fecha, pero considera que la jornada debe enfrentarse desde una perspectiva orientada hacia el futuro.
“Nuestro deber es mirar los próximos 50 años y no tanto los 50 años que ya pasaron”, afirmó Pavez.
La autoridad sostuvo que el 11 de septiembre es una fecha que genera distintas sensibilidades dentro de la sociedad chilena y que cada familia puede vivirla desde perspectivas diferentes.
“Es una fecha que concita la atención de los medios de comunicación, de los actores políticos y de la ciudadanía en general”, explicó el subsecretario.
Desde esa perspectiva, el Ejecutivo decidió transformar la jornada en un día de trabajo gubernamental, con el Presidente desplegado en regiones y los distintos ministerios desarrollando sus actividades habituales.
La definición presidencial había sido comunicada previamente por Kast en entrevista con Radio Cooperativa. El Mandatario sostuvo que no habría un acto oficial, aunque dejó abierta la posibilidad de que las ceremonias religiosas habituales pudieran incorporar una intención relacionada con la fecha.
La dimensión religiosa y el funcionamiento de La Moneda
Uno de los elementos que el Gobierno ha buscado diferenciar de una eventual ceremonia oficial es la realización de actividades religiosas que forman parte de la rutina del Palacio de La Moneda.
Kast explicó que, si se solicitaba que la misa habitual incorporara una intención especial por la jornada, no existiría impedimento para ello.
El subsecretario Pavez reforzó posteriormente esa explicación y señaló que existe una misa católica de martes a viernes, actividad que se desarrolla dentro de la normalidad del funcionamiento de Palacio.
“Todas las actividades que hay al interior de nuestro palacio se enmarcan en la normalidad del funcionamiento”, sostuvo Pavez.
De esta manera, La Moneda establece una diferencia entre una ceremonia oficial del Estado y una actividad religiosa que se desarrolla habitualmente dentro del Palacio.
Una decisión que genera cuestionamientos políticos
La determinación del Gobierno no ha estado exenta de críticas. Sectores de la oposición consideran que la ausencia del Presidente en una ceremonia institucional representa una señal política frente a una fecha que, más allá de las distintas interpretaciones históricas, está vinculada a un quiebre democrático que marcó profundamente al país.
El presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, cuestionó públicamente la decisión y sostuvo que el jefe de Estado debería asumir una posición institucional frente al aniversario.
La oposición, además, organizó sus propias actividades conmemorativas. La Fundación Salvador Allende y partidos opositores programaron para este viernes una actividad en el Cementerio General, en el mausoleo del expresidente, como parte de la agenda alternativa a la ausencia de una ceremonia oficial de La Moneda.
El escenario configura, por tanto, una jornada en la que el Estado no tendrá una ceremonia presidencial centralizada en La Moneda, mientras organizaciones políticas y sociales desarrollarán sus propios actos de memoria.
El debate sobre memoria, democracia y el rol presidencial
La controversia excede la decisión de organizar o no una ceremonia. En el fondo, plantea una discusión sobre cuál debe ser el papel institucional del Presidente frente a acontecimientos históricos que continúan generando profundas divisiones en la sociedad chilena.
Para el Gobierno, la decisión busca evitar que la conmemoración se convierta en un nuevo foco de polarización política y concentrar la acción presidencial en problemas actuales.
La postura de Kast también se inserta en una trayectoria política conocida. El propio Mandatario ha reconocido que en el plebiscito de 1988 respaldó la continuidad de Augusto Pinochet, una posición que vuelve especialmente observadas sus decisiones frente a las fechas asociadas al golpe de Estado y al régimen militar.
Al mismo tiempo, Kast ha señalado que su posición histórica es conocida y que el 11 de septiembre forma parte de la historia nacional.
El Gobierno ha optado así por no reivindicar la fecha ni convertirla en una ceremonia oficial, pero tampoco desconocer su existencia o relevancia histórica.
Un 11 de septiembre sin ceremonia presidencial
La decisión tiene además un elemento institucional significativo. De acuerdo con reportes publicados antes de la jornada, por primera vez desde el retorno a la democracia no habrá un acto oficial del Ejecutivo para conmemorar el 11 de septiembre.
La ausencia presidencial en Santiago adquiere especial relevancia porque el Palacio de La Moneda fue precisamente uno de los principales escenarios del quiebre institucional de 1973.
En vez de permanecer en la sede de Gobierno, Kast eligió una agenda territorial que incluye seguridad, desarrollo regional, infraestructura, apoyo a las familias y coordinación con autoridades locales.
El mensaje político parece definido: el Ejecutivo busca que el aniversario no condicione la agenda gubernamental y que la administración continúe funcionando bajo una lógica de normalidad institucional.
La diferencia entre memoria oficial y memoria social
El debate deja abierta una cuestión más amplia: la memoria histórica no depende exclusivamente de las ceremonias organizadas por el Estado.
Mientras el Gobierno adopta una posición de menor protagonismo institucional, organizaciones políticas, familiares, agrupaciones de derechos humanos y sectores de la sociedad civil continúan desarrollando sus propias conmemoraciones.
La jornada, por tanto, no desaparece del debate público. Cambia el escenario desde el cual se desarrolla.
La oposición tendrá sus propios actos, mientras La Moneda mantiene una política de distanciamiento respecto de una ceremonia presidencial específica.
Conclusión
La decisión del Gobierno de no realizar un acto oficial por el 11 de septiembre no elimina la relevancia histórica de la fecha ni las obligaciones permanentes del Estado respecto de la democracia, los derechos humanos y el respeto institucional. El punto central será determinar si esta estrategia de mirar hacia el futuro consigue instalar una agenda de unidad nacional o si, por el contrario, termina profundizando la percepción de que el Ejecutivo evita asumir una posición institucional frente a un episodio que continúa marcando la historia política chilena. En definitiva, la memoria histórica puede tener múltiples expresiones, pero la responsabilidad democrática del Estado permanece vigente, independientemente de quién ocupe La Moneda.










