Cibergeopolítica: el nuevo “quinto elemento” de la geopolítica y la disputa por la soberanía digital

DR. MARIO RAMON DUARTE
Redacción El Minuto
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Esta nueva era de la convergencia tecnológica ha marcado el inicio de un nuevo cambio epocal, sin precedentes en todo el mundo, sacando a luz nuevos escenarios globales, sociales, económicos, como así también de diversa índole; es decir una reestructuración de las sociedades y las relaciones sociales con el devenir de estos últimos años, y todo ello merced a la aparición de las nuevas tecnologías, de un nuevo marco productivo, el de la fábrica inteligente, signada por la convergencia de la tecnología física, digital y biológica.

Por: Mario Ramón Duarte | Corresponsal de Argentina para El Minuto

Este fenómeno abarca al ámbito social, antropológico, económico, religioso, científico, académico, entre otros y es así que desde hace un par de años atrás a la actualidad han tocado cada fibra del entramado social en la contemporaneidad y son muy pocas las sociedades en el mundo que escapan, a esa realidad irreversible con el avance vertiginoso y exponencial en todo ese nuevo entorno que se manifiesta y del cual todos somos parte del mismo.

De las revoluciones industriales a la Industria 4.0

Por eso, y ante esta transformación, resulta conveniente hacer una breve reseña histórica de las revoluciones industriales, y de cómo se llega a esta época inédita en la historia de la humanidad.

Partiendo de la era agraria, donde el ser humano realizaba trabajos de manera manual, al final de ella empieza la época de las revoluciones industriales.

La primera revolución industrial se produce en el continente europeo, con epicentro en Inglaterra, alrededor del año 1700, donde la energía a vapor reemplaza a la energía humana, época conocida como la era de la mecanización.

La segunda revolución industrial nace en el continente americano, más precisamente en los Estados Unidos, a fines del siglo XIX, y surgen allí elementos que marcan esta época como la química, la electricidad, la industria automotriz y la creación del fusil automático.

La tercera revolución se produce también en el continente americano y surgen elementos como la automatización, la tecnología de la información y de la comunicación, siendo la época en donde aparecen los celulares en el mundo.

La última revolución, que es en la cual estamos asistiendo, es la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0, también denominada era de la digitalización, y es donde surgen elementos como la Internet de las Cosas, la nube, la robótica y los sistemas ciberfísicos.

Esta última etapa se produce a una velocidad impensada que nos lleva a una constante evolución en el día a día, para no quedar marginados de la nueva manera en que se mueve el mundo hoy.

La pandemia y la aceleración tecnológica

Como si lo precedentemente expuesto no fuese suficiente, tuvimos que atravesar como humanidad una pandemia, la del Covid-19, que incluso, lejos de permanecer ajena a los cambios que se sustanciaban globalmente en torno a esta nueva era, lo potenció, especialmente durante el pasado 2020 que sin dudas ha sido bisagra en diversos ámbitos y en múltiples aspectos.

Cuestiones de la vida en sociedad se han visto trastocadas radicalmente y todo indica que, de no existir regulaciones o reglamentaciones que dirijan todo lo que ocurre en el ámbito virtual y su repercusión en el ámbito físico, podría incrementar la escalada de la brecha entre el mundo digital y los seres humanos.

Pero al margen de ello también es dable dejar sentado que esta pandemia, si bien aumentó el avance vertiginoso de la tecnología en este tiempo de la historia, ha dado lugar a una crisis de oportunidades, que hoy redefinen la nueva normalidad global en que nos hallamos inmersos.

El ámbito virtual y sus oportunidades y amenazas

Cuando hago alusión al ámbito virtual, quiero decir que se han alterado o perturbado las formas artificiales de comunicación mediadas por la tecnología —internet— como jamás se ha registrado en la historia, constituyendo un hecho inédito y ofreciendo a la vez una infinidad de oportunidades que trascienden el tiempo y el espacio —ciberespacio—.

Son posibilidades impensables en épocas anteriores, por ejemplo: clases virtuales, teletrabajo y videoconferencias, pero al mismo tiempo serias amenazas tanto a la soberanía estatal como a la sociedad civil, tales como ciberespionaje, tráfico de macro-datos —Big Data—, cibervigilancia, ciberataques, ciberterrorismo, ciberguerra, hacktivismo y uso de drones para el ámbito militar, entre otras.

En efecto, al ser las TICs un aparato técnico, no son ni buenas ni malas; es el uso de las mismas que hace el hombre el que les confiere el contenido y la sustancia de carácter moral y ético.

El ciberespacio como nuevo “quinto elemento”

Tal y como se aprecia en este incierto y peligroso siglo XXI, pero no por eso con menos oportunidades, el internet —tecnología proveniente del mundo militar— plantea nuevos espacios de conflictos que se suman de lleno a los históricamente concebidos por los geoestrategas.

Estos son elementos fundantes de la geopolítica clásica: espacio terrestre, espacio marítimo, espacio aéreo y espacio exterior.

A ellos se suma el ciberespacio, también denominado el nuevo “quinto elemento”.

Sobre este nuevo escenario las potencias de turno —EEUU, China, Rusia, India, Israel, Irán, entre otras— ya han tomado partida, a diferencia de la gran mayoría de países, especialmente de los considerados periféricos.

Estas superpotencias ya han tomado sus políticas estratégicas y tácticas en cuanto a posibles eventualidades de naturaleza cibernética que sin dudas pueden poner en peligro su soberanía en sentido lato de la palabra.

¿Qué es la cibergeopolítica?

Ante este escenario surgen inevitablemente cientos de preguntas e incógnitas en torno a la cuestión del ciberespacio, especialmente en nuestra región sudamericana.

Una de ellas resulta verdaderamente importante:

¿Qué es la cibergeopolítica?

Y a raíz de este concepto aparecen otros adyacentes que de una u otra forma son parte de la antes mencionada, como el ciberespacio, la ciberseguridad y la ciberdefensa.

También hay que preguntarse cuáles serían las consecuencias de no tener o no contar con una visión estratégica sobre las oportunidades y amenazas que plantea esta nueva era, también llamada de la digitalización o Cuarta Revolución Industrial, siempre pensando desde y para nuestra región.

Y, por último, ¿cuáles serían los caminos a seguir para lograr la soberanía tecnológica en nuestros países sudamericanos?

La cibergeopolítica como nueva rama de la geopolítica

En lo referente a la cibergeopolítica, podemos afirmar que es la geopolítica que tiene lugar en el ciberespacio, entorno este donde nada de lo conocido es igual: ni las distancias, ni el tiempo, ni las fronteras, ni la identidad.

En este nuevo entorno, todo cambia.

La cibergeopolítica así entendida nace como una nueva rama de la geopolítica clásica, de allí que se lo denomina el nuevo “quinto elemento”, en alusión a los cuatro elementos que lo precedieron: tierra, mar, aire y cosmos.

El dinamismo propio de esta materia, además de sus recientes estudios, también obliga a afirmar que la presente continúa su construcción, merced a que cada vez más tecnologías permiten nuevas interacciones, lo cual obliga a repensar todo lo hasta ahora conocido.

La necesidad de reglas para el ciberespacio

Otra temática que no puedo dejar fuera con respecto a la geopolítica clásica es que los primeros cuatro elementos fueron creación natural, mientras este nuevo “quinto elemento” es fruto de la creación humana.

Por ende, la constitución de la cibergeopolítica provoca impactos y repercusiones globales en todos los niveles.

Existe una necesidad imperiosa de crear reglas de juego claras y esto es un deber y obligación donde hasta ahora el multilateralismo sigue fallando, al no contar con una Regulación Global del Ciberespacio.

Al crearse este entorno virtual donde las condiciones de comunicación son inmediatas, instantáneas o en tiempo real, se crea mayor dependencia de los usuarios en las mismas, y esto ha quedado reflejado con la pandemia del Covid-19.

Leonid Savin y el ciberespacio como “Terra Incognita”

Al decir del intelectual ruso Dr. Leonid Savin, expresa en su concepción el impacto de las redes sociales en la actualidad.

Agregando que la divulgación de Edward Snowden ha contribuido a destacar la importancia e instrumentalidad del ciberespacio, tanto para la seguridad nacional como así también para los procesos de política internacional.

También afirma que el ciberespacio es “Terra Incognita”, donde existe una lucha muy activa para la posesión de este quinto elemento de la geopolítica.

A diferencia de los cuatro elementos clásicos de creación natural —agua, aire, tierra y cosmos—, el ciberespacio es una construcción artificial del ser humano que posee componentes que pueden cambiarse con el tiempo.

Los dominios de la geopolítica clásica

Ante dichas afirmaciones, es menester realizar una breve secuencia en el análisis de los dominios geopolíticos de acuerdo a su aparición histórica, a los efectos de una mayor y mejor comprensión.

Tierra

Es el espacio terrestre, el lugar primigenio donde la humanidad nace y se desarrolla, los humanos somos terrestres, nacemos y vivimos en la tierra.

En los entornos urbanos nacieron las unidades políticas territoriales alrededor de los cultivos y pasto para ganado que sostienen la vida humana in totum.

En la tierra también se explotan recursos minerales, energéticos y sus recursos de agua dulce.

Mar

El desarrollo y expansión de las comunidades humanas convirtió al espacio marítimo en un lugar de tránsito y explotación pesquera.

Pero también mediante las flotas mercantes y de guerra se crearon y se expandieron los territorios europeos en todo el mundo desde el siglo XVI al XX, así como en la actualidad sigue sucediendo con el poder de los EEUU.

Aire

En lo que respecta a la navegación aérea, conjuga con el desarrollo tecnológico antes mencionado, pues la tecnología aérea es un requisito imprescindible para las fuerzas armadas de cualquier Estado y, por supuesto, para la aviación civil comercial.

Constituye el medio de transporte más rápido del mundo capaz de realizar vuelos interoceánicos.

Cosmos

Como colofón al desarrollo tecnológico de la navegación aérea a mediados del siglo XX, se abrió un nuevo dominio: el espacio ultraterrestre o cosmos.

Si el espacio aéreo necesitaba obligatoriamente un importante desarrollo tecnológico, el cosmos representa un escalafón superior.

A pesar de que, a excepción de los astronautas, pocos humanos han estado en el cosmos, su gran impacto actual radica en los satélites que orbitan y permiten un modelo de comunicación y vigilancia nunca antes visto en la historia.

En síntesis, si no se comprende el tablero completo con todas sus condiciones, no se puede llegar a comprender la realidad.

El ciberespacio y la nueva dependencia cibernética

Desarrollados los elementos enunciados ut-supra, la cibergeopolítica es básicamente la geopolítica que tiene lugar y se desarrolla en el ciberespacio, donde las condiciones, como lo expresáramos en las descripciones de los elementos de geopolítica clásica, son muy distintas a la geografía real.

En este entorno nada de lo conocido es igual: ni la distancia, ni el tiempo, ni la frontera, ni la identidad. Todo, absolutamente todo, cambia.

Un claro ejemplo de ello es que, si dos países o gobiernos son enemigos o rivales, se verá reflejado en el ciberespacio, y se pueden llegar a dar choques o conflictos tan serios en el ciberespacio como en el mundo real o aún mayores.

Por eso es dable advertir que nace una nueva forma de dependencia, que es la dependencia cibernética.

Tal es la importancia de esto que, si nuestros países no desarrollan un proyecto estratégico tecnológico de soberanía en el ciberespacio, esta se verá menoscabada como sucede en la actualidad.

La propuesta planteada pasa por la realización de un proyecto nacional-continental, en el marco de la integración de nuestros pueblos, donde se defiendan los intereses de los Estados frente a las directrices que va marcando este nuevo entorno.

Inteligencia, sabotaje y desinformación

A raíz de la importancia que acapara la cibergeopolítica en este nuevo orden, se podrá apreciar con mayor profundidad las acciones de inteligencia y sabotaje, como también las campañas de información y desinformación.

Ya no cabe duda que la cibergeopolítica en la actualidad es la dimensión más estratégica de la geopolítica clásica.

¿Qué es el ciberespacio?

En cuanto a lo que respecta al ciberespacio, es un término utilizado aproximadamente en 1981 por William Gibson, y que derivó de la cibernética, concepto a su vez acuñado por Norbert Wiener quien comenzó a utilizarlo por el año 1940 para hacer referencia a la analogía de los medios de comunicación como así también su control y los seres vivos.

Además, como se expresó anteriormente, es un nuevo espacio, un nuevo entorno virtual, creado por seres humanos a través de la interconexión de sistemas de ordenadores a través de internet.

Este término ya utilizado en la cotidianeidad se hace presente en nuestro entorno, en los ámbitos sociales, culturales, educativos, políticos y más aún en el hogar, del cual todos somos partícipes.

Ciberseguridad, ciberdelitos y ciberdefensa

En consonancia con ello, se considera menester entender que al transitar esta era de la revolución digital, esto nos conduce directamente al denominado tercer entorno —comunidad virtual—.

Allí son muchos los temas complejos a la espera de una solución concreta, de fondo y definitiva, que en la cotidianeidad se padece a través de los ciberdelitos en la cuestión doméstica —ciberseguridad— como ser el grooming, ciberacoso, mobbing, ciberbullying y sexting, entre otras cuestiones, además de la falta de control en la Deep Web y la Dark Web.

Además, es imposible dejar de mencionar cuestiones sumamente más complejas o consideradas de nivel o interés superior a través de las ciberguerras, ciberterrorismo y ciberespionaje, entre otras a través de lo referente en materia de ciberdefensa.

Entre algunos ejemplos que podemos mencionar fue el hackeo al cibergobierno de Estonia en 2007, las acciones de activistas en 2008 durante el ataque de Georgia contra Osetia del Sur, el impacto del gusano Stuxnet en los sistemas de computadoras de la planta energética nuclear de Irán, las numerosas acciones de hacktivistas como Anonymous y, por último, las filtraciones llevadas adelante por Julian Assange y Edward Snowden.

Todo esto lleva a replantearnos qué futuro nos espera y, lejos de disiparse estas cuestiones, se irán mejorando estos métodos y esto forzará a que muchos gobiernos reconsideren sus estrategias políticas cibernéticas y tomen las medidas especiales para proteger este dominio.

Sudamérica y la soberanía en el ciberespacio

Por eso, si queremos responder y atender a la situación de nuestra región sudamericana ante los graves inconvenientes que padece ante este nuevo escenario global, y de los cuales las grandes potencias se hallan distante años luz con nuestros países, es preciso ser conscientes y saber que ante este nuevo escenario donde el eje principal pasa por la cibergeopolítica, nace una nueva forma de dependencia.

Como ya lo expresamos más arriba, esta es la dependencia cibernética.

Por eso reiteramos que, si los países de nuestra región o nuestros propios Estados —que sería aún más difícil si no pensamos en términos de integración— no desarrollan un proyecto estratégico de Soberanía en el Ciberespacio, esto resulta imposible sin un proyecto Nacional-Continental.

La soberanía digital como nuevo desafío

Y para entender la magnitud de la misma, la nueva era tecnológica ha venido para quedarse.

Por eso debemos saber que en la actualidad la soberanía de los países pasa por la parte digital, es decir, por la soberanía digital.

Este debate en pugna en la actualidad debería pasar por darle a la sociedad un futuro digital, a través de la posta del poder y control sobre sus datos personalísimos y sus datos privados.

Esto garantizará el derecho de las personas a la privacidad en el ámbito virtual, como por ejemplo permitiendo compartir sus datos —Big Data— en aras del interés público y con el consentimiento propio de las personas que conformamos ese tercer entorno.

Hoy la realidad no es de las mejores. Al contrario, en Sudamérica como en otras partes del mundo el tráfico de internet pasa por los servidores de EEUU para llegar a destino y esto, por ende, constituye una noción adversa de soberanía.

Se trata de cuestiones de ciberseguridad nacional avasallada por intereses foráneos que obedecen a las grandes multinacionales como son las Big Tech o las nuevas emergentes en el mundo como Alibaba, Huawei o Samsung en Asia.

Una propuesta de integración regional

La única solución viable a todo este planteo, sin dudas, pasa por políticas concertadas y teniendo como eje la integración con innovación.

Esto podría realizarse a través de organismos que garanticen esta política supra, como ser el Mercosur u otro organismo regional, para tratar la ciberseguridad y la ciberdefensa con mirada soberana.

Entre las propuestas se menciona, por ejemplo, un Instituto de Ciberseguridad del Mercosur o un Consejo Superior de Ciberdefensa Latinoamericana.

La necesidad de regular el ciberespacio

En efecto, en cuanto a todo lo descripto a través de este trabajo académico, primeramente es imprescindible realizar un análisis cuidadoso, pero sin respiro, a través de la monitorización del ciberespacio.

También resulta necesario bregar por una debida reglamentación global —el gran déficit de la comunidad internacional— de este “quinto elemento”.

Esto será el paso necesario para la debida protección de este nuevo entorno que vino para quedarse.

Cada uso que hacemos en los dispositivos inteligentes, cualesquiera que sean, en la mayoría de los casos va entrenando a los algoritmos para que estos sean cada vez más sofisticados al momento de que necesitemos navegar en la web para la búsqueda de alguna información o simplemente para la actividad que deseáramos.

También es una obligación saber quiénes son los encargados del Big Data, de los grandes datos, de nuestros datos y de los datos sensibles, a qué o a quiénes estamos expuestos con respecto a nuestra privacidad y derechos personalísimos que debería garantizar un Estado como el nuestro: soberano, republicano y democrático.

Web 3.0, metaverso, blockchain e inteligencia artificial

Sin querer, o tal vez por imposición, o por simple ignorancia de la realidad que nos circunda, ante estos avances no solo exponenciales, sino también disruptivos, estamos asistiendo a otra escala más en el mundo internet que es la Web 3.0, también considerada como la democratización de la internet.

A ello se suma la creación del metaverso, la internet dentro de un nuevo universo que aún no se ha explorado, y tecnologías como el blockchain, la realidad aumentada y la realidad virtual, todas estas sumadas y de la mano de la Inteligencia Artificial.

Esta última aparece como una de las tecnologías más disruptivas, con un avance realmente vertiginoso, que hace un breve tiempo atrás ha puesto en vilo al mundo con el ChatGPT.

El texto también plantea la necesidad de discutir los riesgos derivados del avance de estas tecnologías y la responsabilidad de gobiernos, científicos y desarrolladores.

El desafío ético de la nueva revolución tecnológica

Por eso, y para poder acoplarnos como país, como Estado, como región y como simples usuarios que conforman este entorno, este nuevo escenario global del cual somos parte indiscutidamente, pero donde no existen reglas de juego claras en todo sentido, principalmente en una regulación normativa ética de las nuevas tecnologías que se desarrollan en el ciberespacio.

Estas tecnologías se expanden de forma exponencial y disruptiva a tal punto que ya son varios los especialistas y expertos que, con el avance y la lucha por el predominio tecnológico mundial, observan también la evolución hacia la tecnología 6G en el espacio.

El texto plantea incluso la posibilidad de que estemos ante una cuarta y quinta revolución industrial en simultáneo, merced a la velocidad cada vez más vertiginosa con que se producen las cosas.

La preocupación central pasa por determinar hasta dónde pueden llegar las nuevas tecnologías y cómo impactarán en la esencia del humanismo.

En este escenario, la cibergeopolítica juega un rol clave para saber recorrer el camino que conduzca a buen puerto.

Una mirada humanista frente a la inteligencia artificial

El texto culmina con un pensamiento que no es ni tecno-optimista ni tecno-pesimista, sino más bien humanista.

Al decir del Papa Francisco, quien lleva adelante a través de la Academia de Ciencias Sociales Vaticana el estudio sobre este nuevo ambiente digital y el impacto de nuevas tecnologías en el ser humano y en el entorno, el desarrollo de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático tiene el potencial de contribuir de manera positiva al futuro de la humanidad.

Pero este potencial solo se realizará si existe un compromiso constante y consistente por parte de quienes desarrollan estas tecnologías para actuar de manera ética y responsable, es decir, compatibilizar el decir y el hacer en el marco moral y ético.

La realidad muestra aún un pendiente en torno a ello, pues la preocupación pasa porque las tecnologías digitales han aumentado la desigualdad en el mundo.

Es en base a esa realidad que hay que trabajar desde los múltiples ámbitos de la sociedad para poder revertir esto, de modo que exista un crecimiento de la innovación científica y tecnológica acompañado de una mayor igualdad e inclusión social.

El ciberespacio como campo de batalla del siglo XXI

Y por último, saber resaltar y recalcar la importancia de la cibergeopolítica vista desde los diversos ámbitos de la sociedad en este mundo ampliamente digitalizado que caracteriza a esta contemporaneidad.

Web y redes sociales han creado una manera de comunicarse e interactuar en el nuevo entorno muy delicada.

No solo se trata en muchos casos de una simple comunicación e interacción, sino que existe un modo que afecta de manera muy profunda la noción de tiempo y espacio, la percepción de uno mismo, de los demás y del mundo.

En este nuevo entorno sin regulación global ética del ciberespacio aparecen los límites y carencias de este nuevo modo, de esta nueva normalidad, donde conviven el mundo físico y el digital, o real y virtual.

A nivel supra, este mismo ámbito cibernético se está convirtiendo cada vez más en un campo de batalla esencial entre quienes luchan por el predominio de este nuevo quinto elemento de la geopolítica.

El ejemplo más claro es lo que ocurre en la actualidad con las grandes potencias, causando estragos políticos, económicos y financieros con la ayuda de herramientas cibernéticas.

Con la digitalización de las industrias, la geopolítica —el uso del poder político y diplomático y de los recursos para conseguir influencias en los asuntos internacionales— se aleja cada vez más de su marco geográfico original.

El ciberespacio, repetimos, es la red mundial de tecnología de la información interconectada en la que se incluye el hardware, el software y la información; constituyen una de las mayores armas con las que puede contar un Estado o una persona capaz de llevar adelante cualquier programa o aplicación, merced a la falta de regulación de este renombrado quinto elemento.

Conclusión

La crisis mundial que se sigue profundizando en esta etapa gris de la historia, en materia bélica de sobremanera, también en el comercio internacional, en la crisis ambiental y en la cuestión diplomática, todo ello sumado a este nuevo escenario inédito mundial, nos llama a una reflexión urgente.

Y ese llamado conduce a un solo camino: el de regular el ciberespacio a través del derecho internacional, establecer control político sobre las nuevas tecnologías y, por sobre todo, tener como eje de estas transformaciones al ser humano.

El desafío no es solamente tecnológico.

También es jurídico, político, social, económico y ético.

La soberanía del futuro tendrá necesariamente una dimensión digital y los Estados deberán enfrentar el desafío de proteger sus ciudadanos, sus datos, sus infraestructuras y sus capacidades estratégicas dentro de un espacio que, por su propia naturaleza, supera las fronteras tradicionales.

Como plantea el texto, la respuesta debe colocar al ser humano en el centro de las transformaciones, junto con la protección de su entorno natural, buscando regular éticamente aquello que ha sido creado artificialmente.