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Argelia, Día de la Independencia

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Ninguna opresión puede durar por siempre, ningún pueblo acepta un sometimiento perpetuo. Cuando se toma la patriótica decisión por libertad entonces la historia se escribe de modo diferente. Hoy toca rendir homenaje al pueblo argelino.

Por: Gary Ayala | Director de El Minuto  Perú


En 1830, Perú había concluido la guerra contra la Gran Colombia del Gral. Simón Bolívar (actuales Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela) quien desafió al país independizado en 1821 y al que reclamaba las provincias de Tumbes, Jaén, Loreto y Amazonas para su plan continental. Además le había exigido mucho dinero por “Gastos de independización”. La actitud del libertador luego de la Batalla de Ayacucho en 1824 fue dictatorial: Repuso la esclavitud de los negros y los impuestos para los indígenas, se opuso a un Congreso peruano e impuso una Constitución vitalicia. Gobernaba Perú, el mariscal Agustín Gamarra.



En 1830, Andrew Jackson presidía los Estados Unidos. Tenía gran respaldo popular por sus batallas contra los ingleses y su calidad de fundador del partido Demócrata (1828). Evitó la secesión del Estado de Carolina del Sur y lideró el traslado de numerosas tribus indias al territorio de Oklahoma. Jackson, demandó indemnización a Francia por el secuestro y robo de muchos de sus barcos y apresamiento de sus marineros. Entre la tensión y la ira mutua, Francia acordó pagar (1831) US$ 5,000,000 pero lo incumplió por su crisis económica, Jackson se endureció y Francia pagó recién en 1836.

Francia

Luego de la caída de Napoleón Bonaparte en Waterloo (Bélgica) el 18 de junio de 1815, se cerró la etapa revolucionaria en Europa. Surgió entonces la Restauración, tres lustros durante los cuales se pretendió regresar a la situación anterior de 1789 cuando la nobleza y la iglesia administraban el orden natural por “Mandato divino”. En Austria, Gran Bretaña, Francia, Prusia y Rusia, se pensó que podrían lograrlo, pero no fue así, el prurito libertario tuvo más fuerza.

La actividad económica aportó ciertos beneficios para la promoción de capitales industriales con soporte al trabajo, también hubo florecimientos culturales entre las burguesías que marcaron su nivel intelectual; sin embargo, el campesinado y la población obreril vivían en la miseria.

Entre los problemas internos, el rey Carlos X suspendió la libertad de prensa, disolvió la Cámara de Diputados y cambió las leyes electorales para favorecer a sus adeptos; pero el 27 de julio de 1830 el pueblo salió a las calles con estudiantes, obreros y parlamentarios, desconocieron al rey y ungieron como nuevo soberano a Luis Felipe por “Voluntad popular”. La burguesía liberal, sustentada en el comercio y su mercado establecía una neo monarquía, surgieron entonces diversos partidos políticos. Ese era el escenario francés.

Argelia y el abanico

En 1830, Argelia fue invadida por Francia. Jeireddin Barbarroja había tomado la ciudad de Árgel tres siglos antes (1516) con el establecimiento de la Regencia de Árgel como metrópoli del poder otomano en el Magreb (noroeste de África). El territorio había constituido un centro de piratería del Mar Mediterráneo hasta la conquista francesa.

Durante el periodo bonapartista, la Regencia de Árgel se había beneficiado de las compras de alimentos realizadas por el Estado francés. En 1827, el gobernante local, Hussein Dey, presionó a Francia para que cumpla con pagar una deuda contraída hace 31 años por concepto de alimentación a las tropas de campaña de Bonaparte en Egipto.

El cónsul francés, Pierre Deval, en un tenso encuentro, desoyó el pedido lo cual enfadó a la autoridad argelina quien lo rozó con su abanico. La anécdota sirvió de pretexto al rey Carlos X para romper relaciones diplomáticas y así consumar la invasión del territorio el 14 de junio de aquel 1830. Árgel, fue capturada luego el 5 de julio de ese año, el país sufriría un brutal sometimiento de 132 años de duración.

Las crueles acciones contra la población argelina se manifestaron principalmente en crímenes con torturas a lo largo del colonialismo. El 8 de mayo de 1945, día incrustado en el alma argelina, miles de ciudadanos salieron a las calles a celebrar el fin de la Segunda Guerra Mundial, allí, al recordarle al régimen la promesa de la independencia, recibieron un fuego abierto con el resultado de más de 45 mil personas muertas. Un genocidio.

Asimismo, en París, el 17 de octubre de 1957 más de 60 mil argelinos protestaron por el brutal trato de los galos. Sin ningún atisbo de piedad, los africanos recibieron un fuego abierto con el resultado de 1500 personas muertas, casi mil desaparecidos y muchos detenidos bajo tormentos, el suceso quedó registrado como “El crimen del río Sena”.

Además, decenas de pruebas nucleares en la región desértica durante la década de 1960 causaron la muerte de más de 42 mil personas aparte de miles de afectados. Al respecto, Sabri Boukadoum, ministro de Relaciones Exteriores argelino, afirmó que dichas pruebas nucleares equivalían a tres o cuatro veces al bombardeo realizado en Hiroshima. Sumado a ello, numerosos e invalorables documentos históricos fueron saqueados y traficados.

Solo un Camino: La libertad

El 1 de noviembre de 1954 el Frente Nacional de Liberación Argelino, FLN, inició su misión liberadora. La fecha está forjada en la conciencia nacional en homenaje a los ancestros quienes demostraron que la mejor lucha de honor patriótico es por la libertad.

El régimen francés creía que Argelia le pertenecía a perpetuidad. Creía que los árabes formaban parte del escenario de súbditos los cuales nacían para cumplir sus órdenes, por tanto el intento de libertad era irracional y atentatorio contra sus derechos occidentales.

El alma argelina se nutrió de su esencia como personas creyentes en lo supraterrenal, en la esperanza de vencer la malignidad, en los sucesos que observaba del mundo como las guerras mundiales, las corrientes sociales reivindicativas y los procesos sociopolíticos de su propio continente donde el colonialismo carcomía a las diversas naciones. El espíritu musulmán del pueblo fue puesto a prueba y ganó, como ganan los que tienen la razón, con perseverancia, sacrificio, organización y fe.

Se acusó a los argelinos de ejecutar violencia y terrorismo contra la formalidad, pero los acusadores estuvieron ciegos frente al terrorismo de Estado colonial que exterminó la vida de muchos hombres, mujeres, niños, ancianos y enfermos, es decir, de gente indefensa cuya arma solo era su adolorida voz con indignación.

Si bien una parte de la tarea libertaria se desarrolló en la Casba de la urbe argelina y en diversos puntos del país, también es muy importante destacar la estrategia diplomática realizada ante la comunidad internacional como en el foro de las Naciones Unidas donde se expuso una realidad que a Francia no le convenía que se difunda.

El rol de Ahmed Ben Bella quien le brindó la necesaria dosis política a la causa argelina y la del coronel Houari Boumédiène en el plano militar fueron claves para lograr el ansiado desenlace histórico. Más allá de las posteriores diferencias entre ambos personajes es justo reconocer que fueron dos pilares para la edificación del Estado argelino.

El 5 de julio de 1962, se consolidó la independencia de la República Popular y Democrática de Argelia y el final de un letal colonialismo. Más de un millón de valerosas vidas del pueblo argelino (80% de árabes y 20% de bereberes) costó la libertad junto a más de ocho mil aldeas destruidas.

Actualmente, las importantes reservas de petróleo y gas en Argelia consolidan al país como potencia. Su liderazgo en la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP (reconocida internacionalmente desde 1962) es indiscutible, tanto como su peso en la Unión Africana que reúne a 55 Estados y en la Liga Árabe que convoca a 22 Estados, como también lo fue en el mejor momento del Movimiento de Países No Alineados.

Entre el movimiento social Hirak que exige grandes cambios en el sistema, la efervescencia juvenil callejera desde la pre pandemia y el pronunciamiento crítico de diversos partidos frente al gobierno, Argelia, ha tenido la capacidad de mostrar una nueva Constitución que aunque no satisface a todos -como ocurre en el mundo- el país de 43 millones y medio de habitantes mantiene una sólida performance democrática.

Hace 59 años los argelinos lograron su independencia. En el 2021 pueden tener el orgullo de sentir en el canto de su himno nacional la voz de muchas generaciones que explicaron por qué consagraron sus vidas con tanto fervor: “Porque hemos decidido que Argelia vivirá”.

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