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Elecciones Primarias. Voto Bronca y la herencia del “Tío Disparate”

El Minuto | El voto “bronca” ha ganado en estas elecciones primarias, pasando a primer plano el economista – autodenominado – libertario, Javier Milei, seguido en votos por la coalición Juntos por el Cambio, con el triunfo para ser candidata a presidente de dicha agrupación, Patricia Bullrich, y en tercer lugar, el oficialismo, bajo el sello Unión por la Patria, Sergio Massa.  La campaña se caracterizó por la ausencia de propuestas, especialmente para superar la aguda crisis económica y la escalada de la criminalidad en los grandes conglomerados urbanos.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro |Director de Diario El Minuto para Argentina

La crisis interna dentro de la coalición del Frente de Todos, tuvo como resultado, que la Argentina se convierta en un barco “al garete” sin rumbo definido, con un presidente ausente y una vicepresidenta preocupada por sus problemas judiciales, copar la Justicia con sus aliados políticos, y mantener el control de las “cajas”, mejor dicho, los recursos del Estado en manos de La Cámpora.

En el medio un país que demanda soluciones a una economía ahogada por la inflación creciente, la pobreza que nos acerca a índices africanos, y el avance de la criminalidad. Días previos a las elecciones, la Provincia de Buenos Aires, especialmente el Gran Buenos Aires, fue escenario de horrendos crímenes, uno de ellos de una niña de 12 años, Morena, muerta a golpes por asaltantes en la localidad de Lanús, para quitarle una mochila y un celular vetusto, seguramente para canjearlo por unos pocos pesos y comprar droga.  La semana turbulenta previa a las elecciones, un ex terrorista de las FARC, argentino, militante de organizaciones sociales, devenido en “fotoperiodista” muere en una manifestación, lo que derivó en incidentes y acusaciones de asesinato a la Policía de la Ciudad. Situación luego aclarada en parte por la Justicia, que el sujeto en cuestión, murió por razones de su precario estado de salud.

La Argentina es un país realmente curioso y difícil de comprender.  Los sindicatos, guardan silencio ante la caída estrepitosa del poder adquisitivo de los asalariados, agregándose niveles de informalidad que afectan los derechos de millares de trabajadores. Fiel a la disciplina partidaria, se alinearon al pre candidato Sergio Massa, cuya gestión al frente al Ministerio de Economía, se caracteriza por constantes desaciertos, que disparó la inflación y la caída del valor de la moneda.  Mientras que Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, vieron empañadas sus campañas electorales, por una dura competencia de carácter personal. La opinión pública observó esto como una interna, más que una oferta electoral. 

En este contexto, con un oficialismo muy deteriorado, que tuvo que apelar a la poderosa y aceitada maquinaria clientelar, para mantener la lealtad del electorado más duro, que se mantuvo firme como reflejaron los números preliminares en la Provincia de Buenos Aires, apareció el economista Javier Milei,  para muchos, un personaje extravagante, con un discurso criticando a la “casta” como define a sectores tradicionales de la política, además de repetir como un mantra que “dolarizar” es la solución al problema de la inflación, agregándose otras medidas extremistas para lidiar con los problemas económicos: recorte de jubilaciones, planes sociales, reforma laboral – derogando muchos derechos – privatización del sistema de salud, educación superior y eliminar el Banco Central, como paso previo a reemplazar el peso argentino con el dólar de Estados Unidos.  Otras medidas, una radical reforma del Estado, despidos masivos, y privatizaciones de las empresas públicas, fin de subsidios y un “sinceramiento” de la economía. En el plano de la seguridad, las propuestas del partido de Milei, propone libre portación de armas, militarización del sistema penal, bajar la edad de imputabilidad de menores.

El fenómeno Milei, no cabe duda que es funcional al oficialismo, dado que, desde el punto de vista ideológico, sustrajo un importante caudal electoral conservador, que tradicionalmente apostaba por Juntos por el Cambio, que se ha visto decepcionado por su “moderación”. Este sector ha sido especialmente permeable al discurso de Milei, al reivindicar por ejemplo las políticas de reforma llevadas a cabo por Carlos Menem, que sin ninguna duda benefició ampliamente a este sector de la sociedad.  Los candidatos de Juntos por el Cambio, cayeron en la trampa, y hablaron de reforma laboral, recortes en gastos sociales, algo que le restó potencial apoyo de sectores tradicionalmente cercanos al oficialismo, pero desencantados por este, ante la crisis económica y la inseguridad.  La maniobra tuvo su éxito, dividió a Juntos por el Cambio en una interna que lo desgastó, lo alejó de votantes más moderados y las consecuencias están a la vista. El gran dilema de la flamante candidata Patricia Bullrich, no es solo retener los votos de Horacio Rodríguez Larreta para que no se “fuguen” hacia el candidato oficialista Sergio Massa, sino evitar que los votos propios tampoco se vayan hacia Milei.

Estamos frente a una sociedad, carente de cultura política, e incluso indiferente, por el accionar de décadas de una dirigencia que condenó a un país al subdesarrollo. Un hecho curioso de este retroceso cultural y educativo, que se traduce en el plano político, fue la entrevista a jóvenes que participaron de un acto en mayo de 2023, donde la vicepresidenta Cristina F. de Kirchner, dejaba en claro que no participaría de la contienda electoral por la presidencia, un reportero de un popular canal de televisión por cable, preguntando algunos participantes a quién votarían para presidente, todos dijeron al unísono que elegirían a la actual vicepresidenta, pero al saber que esta no se presentaba, mostraron como opción a Milei, un personaje ideológicamente diametralmente distinto a Cristina F. de Kirchner.

Argentina no es ajena a un fenómeno que se observa en muchos países, con el ascenso de los populismos de derecha, auge del individualismo – resultado de la pandemia COVID 19 –  y del discurso “anti política”, que permitió el avance de determinados fenómenos políticos, como el caso Bolsonaro en Brasil, Bukele en El Salvador, o de los populismos de derecha en Europa y Estados Unidos.  El discurso de Milei, encontró un fuerte eco en sectores medios altos, por sus propuestas económicos que responden a los intereses de clase, pero su comportamiento irreverente, sus exabruptos, y hasta su “puesta en escena” propio de un rock star generó furor en sectores juveniles. En sectores postergados, carentes de expectativas, optaron por Milei, bajo el concepto que todo está perdido, “que se pudra todo de una vez por todas” como decía un transeúnte, al ser interrogado por las razones que votaba a Milei.

Los sectores menos favorecidos, con las políticas que promueve el partido La Libertad Avanza, sin ninguna duda se verán seriamente perjudicados y posiblemente los arrastre a una situación de más pobreza, pero es posible que lo utilicen como “arma” de venganza ante una clase política que ha sido indiferente con su drama de pobreza y falta de futuro.

Es por ello que sectores juveniles de sectores de clase media baja y baja, los insultos y gritos de Milei contra la “casta” hacen eco, de alguna manera, a través de esos vituperios que realiza el “libertario” contra la dirigencia, muchos se ven reflejados, sin reflexionar, que dicho líder político, reivindica la presidencia Menem, fiel exponente de la “casta” que él dice odiar, y por cierto fue uno de los períodos más corruptos de la historia argentina, con un legado socio económico que aún subsiste, y casualmente no en el sentido positivo.

La estrategia del oficialismo será polarizar, como observamos en la noche del domingo de las elecciones, en el discurso de Sergio Massa, apelando al “sentimentalismo” peronista, especialmente en materia de derechos sociales y económicos. Mientras que, por otro lado, Milei, sube la apuesta y radicaliza su discurso, para alinear a sus partidarios y votantes. En el medio de esto, está Juntos por el Cambio, que perdió todo lo conquistado en 2021, por sus luchas mezquinas y fallas en su discurso, para mostrarse como alternativa de gobierno. La “madre de todas las batallas” que es la Provincia de Buenos Aires, sigue siendo un bastión oficialista, donde el gobernador Axel Kicillof, obtuvo el 36.37% frente al 32.92% de Juntos para el Cambio, siendo el ganador de la interna, Néstor Grindetti, hombre de Bullrich e intendente de Lanús. 

La Libertad Avanza de Milei, obtuvo el 24.52%. Esto abre serios interrogantes sobre la posibilidad que tenga Juntos para ser una alternancia en la Provincia de Buenos Aires. En otras palabras, la ha restado votos.  El pésimo manejo de la crisis de seguridad por parte del gobernador Kicillof, no impidió que conservara el núcleo duro del electorado kirchnerista, seguramente gracias a los aparatos políticos de los poderosos jefes municipales del Gran Buenos Aires.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, es el gran ausente junto con su vicepresidenta, que guarda silencio y opera detrás de bambalinas. No cabe duda que el Dr. Fernández, es el principal responsable del actual estado de cosas que vive el país. Su discurso está completamente alejado de la realidad, quedó completamente desdibujado, la herencia dejada por su gestión, es un país al borde de un ataque de nervios. Las cifras hablan por sí solas:  A principios del año 2020, una familia tipo, precisaba $16.478,78 para cubrir los ingresos de la Canasta Básica Alimentaria. Mientras que en abril de 2023 el monto fue de $94.148. La llamada Canasta Básica Total en 2020, de una familia tipo, requería de $40.373,01 para no ser considerada pobre, mientras en abril de 2023, la cifra llegó a los $203.361. 

La pobreza del país alcanza el 40% y la indigencia casi el 10%.  Los planes sociales se quintuplicaron, alcanzado el área de Seguridad Social, la mitad del presupuesto argentino. Vale la pena recordar que las ayudas sociales, no dejaron de crecer desde 2002 hasta el presente.  Una moneda devaluada, el incremento sustancial del crimen, como quedó reflejado en Rosario, y una imagen externa del país completamente devaluada, donde observamos como la Cancillería defiende al grupo Hamas en Gaza, guarda silencio ante las violaciones de derechos humanos en Nicaragua o Venezuela, por razones estrictamente ideológicas, para luego dar un giro copernicano, y buscar el visto bueno de Washington respecto a las negociaciones con el FMI o comprar aviones de combate F16. No cabe duda que la política argentina, roza muchas veces con el disparate.

Los desaciertos del oficialismo, las internas mezquinas dentro de la oposición, facilitaron el ascenso de un personaje como Milei, más allá que sea funcional a los intereses electorales de Sergio Massa para las elecciones de octubre, donde una vez más los electores, optaron, no por compartir las ideas del candidato, sino como una medida de protesta. Lo lamentable de todo esto, que los dirigentes políticos carecen de ideas sólidas para sacar a la Argentina del actual atolladero.  Las promesas vacías de dolarizar, o el plan motosierra de recorte de gastos, o que, por obra y gracia, el litio nos va salvar, o el alza internacional de los precios de alimentos traerá una lluvia de dólares que precisa el país, no son los caminos para que nuestro país rompa las pesadas cadenas del subdesarrollo. 

La Argentina precisa de ferrocarriles, de importantes reformas educativas para preparar y formar a nuestras generaciones futuras, recuperar valores, como la familia, vital para reconstruir a una sociedad en crisis como la nuestra, innovación productiva, soluciones habitacionales, políticas de erradicación de la marginalidad, inversión en energía y largo etc. Estos temas estuvieron ausentes en la campaña electoral. Ni hablar la cuestión de seguridad, tratada con absoluta ligereza, especialmente ante la preocupante criminalidad juvenil o la expansión del crimen organizado.

Los políticos, ignoran lo que pasa en el mundo. Estamos ante cambios geopolíticos sin precedentes, con el ascenso de nuevos actores en la escena global y eso tendrá repercusiones en Argentina. En los años venideros la competencia por el control de recursos críticos y estratégicos, será más intensa, y generará mayor inestabilidad en los países en vías de desarrollo, con la injerencia de actores externos.

Podemos construir un gran país, no tenemos dudas del talento nacional, pero esto solo será posible a través de liderazgos positivos. Estas elecciones primarias debe ser un llamado de atención para las clases dirigentes del país. para debatir sobre las soluciones a los graves problemas que atraviesa la Argentina. La confrontación, los gritos, los eslóganes, las soluciones “mágicas”, los “salvadores profesionales de patrias” o el mero voluntarismo, llevarán a nuestro querido país a un clima de mayor tensión, que puede derivar que la Constitución, termine siendo una simple declaración de buenas intenciones.

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