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Censura y corrección política: La Tecnocracia del Big Tech

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Recientemente a recorrido por toda la prensa internacional la noticia de que Facebook, Instagram, Twitter, Youtube y otras grandes tecnológicas han censurado al presidente de EE. UU., Donald Trump.

Por: Gonzalo Collado De Giovanini | El Minuto España


Estos acontecimientos se han presentado como una novedad en muchos medios de comunicación, pero lo cierto es que no se trata de algo nuevo, aunque sí es algo que se está volviendo peligrosamente más constante y agresivo.

La censura ha sido moneda corriente en distinto tipo de gobiernos, sean dictaduras o incluso democracias, por ejemplo, con los dichos de que no puede haber otra forma de gobierno que no sea la de democracia liberal, o bien con praxis similar en el discurso comunista que no concebía la libertad bajo cualquier otro régimen.

Desde hace años las estrategias culturales y dialécticas ligadas a partidos políticos vinculados al área de izquierda y liberales progresistas, han propugnado por avanzar en el uso de las sensibilidades como herramienta política.

De esta manera han ido logrando calar en las sociedades de todo Occidente, ocupando los distintos espacios culturales y educativos para ir consiguiendo “atrapar” a los ciudadanos.

Hoy en día, y a base de imposición, las redes sociales están convirtiendo en un territorio conun monopolio discursivo. Desde una administración como la de Obama, que utilizó las redes sociales para difundir sus mensajes más que ningún otro político antes de él, a la actualidad donde el sector privado utiliza el contexto político del momento para ganar más presencia y poder.

Es decir, a las grandes tecnológicas la coyuntura política les está otorgando rápidamente la capacidad y “el derecho” de censurar las opiniones disidentes bajo supuesta violación de políticas de empresa.

Esto lo podemos ver en la reciente carta de Michelle Obama dirigida a las empresas de Silicon Valley, es decir, no a los legisladores, jueces u órganos supremos de justicia, sino a las multinacionales tecnológicas (contadas con la mano) para que ejerzan de jueces supremos y censuren al por entonces presidente Trump y a cualquiera que se aleje del pensamiento único. Estas empresas ejercen un monopolio en la gran mayoría del flujo que se mueve en internet en EE. UU., en todo Occidente y por extensión en gran parte del mundo (y por ello Google fue demandado en diciembre del año pasado a manos de los órganos competentes en EE. UU. por Monopolio, prácticas excluyentes e informaciones engañosas).

Aunque el monopolio no es su único pecado, sino también la violación a la privacidad de los ciudadanos de todo el mundo y por lo que cada una de estas multinacionales han recibido las más importantes multas en la historia de EE. UU.,como sucedida en 2019 por la Comisión Federal del Comercio contra Facebook.

En cuanto a la censura, los argumentos esgrimidos son los mismos de siempre: fomento del odio, expresiones de racismo, noticias falsas, incitación a la violencia, etc. Bajo estas premisas morales que a simple vista pueden parecer lógicas e inofensivas, se esconde una profunda voluntad por controlar y censurar a las voces disidentes.

En otras palabras, para ser censurado por una multinacional tecnológica como Facebook, Twitter, Google, etc. a las que nadie ha votado para que ejerzan de jueces morales en internet, solo basta con decir algo políticamente incorrecto para ser encasillado, estigmatizado censurado y en última instancia, expulsado de la red.

Esto se da, incluso, sin haber insultado o expresado odio evidente sino cualquier opinión contraria al sistema. Pero van aun más allá, para ser objeto de censura en ocasiones no hace falta si quiera expresarse, sino que puede bastar con compartir un vídeo o enlace de una web o tema que está en la lista negra de estas Big Tech.

Tal vez el caso más resonante de los últimos días en este aspecto fue la censura al político Ron Paul, que osó criticar la censura contra Donald Trump (a pesar de haberlo criticado en distintas ocasiones).

El motivo esgrimido por políticos y empresarios es que Donald Trump ha “incitado a la violencia” y al “golpe de Estado” porque declaró que hubo fraude durante las recientes elecciones. No obstante, y al ver que los manifestantes se acercaban al capitolio con la oportuna pasividad de las fuerzas de seguridad, él pidió a sus simpatizantes que volvieran a caza y en paz.

De todos modos, la incitación a la violencia es según se mire, porque las palabras de la congresista demócrata Maxine Waters incitando a increpar a todo aquel forme parte del gobierno o sea seguidor de Trump, eso era una “expresión democrática y popular” para los defensores de la corrección política.De haber pronunciado palabras similares algún partidario de Trump podríamos visionar que se habrían abierto los noticiarios durante semanas a nivel mundial debido a la indignación porla “incitación a la violencia política de la extrema derecha”.

Lo mismo con las declaraciones de Nancy Pelosi (presidente de la Cámara de Representantes) que no lograba entender por qué no había un levantamiento o insurrecciónen todo el país contra el gobierno de Trump.Existen numerosos ejemplos más que podríamos citar que llamaban al desorden público y a no respetar a un presidente electo, no obstante, la doble vara moral siempre continua firme en la política sin importarlesel orden democrático que dicen defender.

Tampoco podemos pasar por alto el papel de la mayor parte de la prensa tradicional con una actitud completamente belicosa hacia a la administración Trump, desinformando, tergiversando, cortando vídeos a conveniencia y sacando de contexto sucesos, incluso editando los colores en una filmación para intentar “aclarar” étnicamente a un agresor como se pilló al gigante medio CNN.

Por ello es por lo que “la derecha”, y las voces disidentes en general,desde hace tiempo se refugiaron en las redes sociales como territorio donde podían expresarse, debatir y desenmascarar muchas de las falsedades que las cadenas televisivas no emitían.

Como los medios tradicionales están en su mayoría controlados por personas afines al partido Demócrata en EE. UU., (y en Occidente en general mayoritariamente con ligamientos de corte liberal y progresista), Internet se había convertido en un espacio “de todos” en donde, naturalmente, distinto tipo de pensamientos “incorrectos” o disidentes con la norma impuesta pudieron refugiarse.

El pensamiento contracorriente se había hecho un espacio y habían logrado ágilmente sortear la censura en los medios tradicionalesmientras compartían sus ideales y reflexiones en internet vía tuits con análisis profundos en hilos, o mensajes simples pero concisos. De igual manera en Facebook y en otras redes sociales, donde hasta los memes (ampliamente éxitos entre grupos disidentes)lograban alcanzar enorme difusión en las redes.

Pero la política está muy presente en un sector privado claramente ligado al progresismo (como han declarado jefes y altos cargos de Amazon, Google y Facebook)consiguiendo que fueran censurando a las voces disidentes a pasos agigantados. Al principio bastaba con haber recibido una denuncia de algún usuario, pero luego no hacía falta eso gracias a los algoritmos de Inteligencia Artificial que detectaban memes y/o frases incómodas para el sistema. De esta manera la censura tomó más fuerza, incluso guardando parámetros faciales para detectar si una persona “incómoda” había creado un perfil, incluso memes como “Pepe thefrog” corrieron un destino similar al ser considerados un “símbolo de odio”.

Desde numerosos sectores izquierdistas se ha aplaudido este tipo de censura en las redes sociales a manos de multinacionales (curioso), pero también se ha aplaudido desde distintos sectores del ala liberal que defienden las decisiones del puñado de tecnológicas de Silicon Valley por ser empresas privadas y que, por tanto, “pueden dictar sus propias reglas”.

Las actitudes de ejercicio de poder que están llevando a cabo estas tecnológicas son un claro ejemplo de cómo el sector privado no puede traspasar el poder público. Pero son conscientes del contexto político favorable, del poder que ejercen y de la enorme fortuna de la que disponen, por tanto, van animándose a más cada día. Por eso han pasado de censurar a ciudadanos comunes, a censurar a políticos, empresarios y personas influyentes e importantes, y más recientemente, a realizar boicot a redes sociales alternativas que se han mostrado como alternativa al Big Tech.

Para lograr esta censura contra cualquier iniciativa privada (o estatal) que no siga estos parámetros político-morales posmodernos, se han usado diferentes técnicas que van desde quitar estas aplicaciones de centros de descargas (como hizo Google, Apple y Amazon), eliminar o reducir significativamente su impacto en motores de búsquedas como Google, eliminar cuentas, eliminar medios de pago (como viene realizando PayPal) y hasta cerrar servidores (como hizo Amazon).

En esta censura y control de Internet podemos observar un fuerte paralelismo con lo que ejerce el Estado Chino, en donde las redes sociales son censuradas y ampliamente controladas en sus mensajes (como sucede con WeChat, por ejemplo), monitorizando, censurando y persiguiendo a la disidencia política del país asiático. En Occidente sería algo similar, pero desde una “visión de arcoíris” ante una aparente cordialidad, democracia y libertad de expresión, encaminándose poco a poco hacia una dictadura perfecta.

Este terreno actual, con una sociedad donde ve machismo, racismo y discriminación por todo y en todo, es normal que alguien saque ventaja de ello, y desde luego lo hacen los políticos favorables a estas ideas y también las tecnológicas que están usando a estos políticos para seguir carcomiendo poder al sector público y provocando, a su vez, el ostracismo digital (y por ende también social) de cualquiera que ose oponerse.

La alternativa está en otras aplicaciones y sitios webs que respetan en mayor medida la libertad de expresión y la privacidad de los usuarios, migrar allí es una solución momentánea para los afectados, pero también es un reflejo más de la polarización social que hoy vivimos. Es decir, las redes hegemónicas no son un espacio donde puede estar todo el mundo para poder debatir oconfrontar ideas, sino que hoy son un territorio dominado por la censura de la corrección política.

Esta corrección política le está dando a las Big Tech un poder y una posición que antes no tenían y que sólo ha demostrado seguir creciendo a medida que pasan los años mediante el enriquecimiento, el avance de la inteligencia artificial y el contexto político favorable.

Está en uno dejar de lado la resignación y ser un animal de costumbre para animarse a utilizar redes alternativas, al menos, como segunda opción.