mar. Jun 18th, 2019

Prensa de América Latina

Ruanda Recuerdos del Infierno

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro

el minuto: ¿Por qué el genocidio de Ruanda nos enseña que las palabras matan?

Se cumplieron veinticinco años del genocidio de Ruanda, cuyas víctimas se estiman en un millón. Diario El Minuto con este artículo inaugura las Lecturas Históricas. La tragedia de Ruanda, se insertaba en una compleja realidad política, intereses extrarregionales – destacándose la injerencia de Francia y Estados Unidos – y la herencia colonial belga. El genocidio ruandés fue el prólogo de dos sangrientas guerras, conocidas como las “guerras mundiales africanas” siendo el epicentro el antiguo Zaire, especialmente la región de los Grandes Lagos, área rica en recursos estratégicos.

Una aproximación a la historia ruandesa.

Ruanda cuenta con tres grupos étnicos, los humus, agricultores de origen bantú, los tutsis ganaderos de origen nilótico y los tua, pigmeos que apenas son el uno por ciento del censo nacional. Los hutus son más o menos el 85% del censo nacional. Desde el siglo XII llegaron los ganaderos tutsis, que durante largo tiempo convivieron de manera equilibrada con los otros grupos, e incluso teniendo como idioma común el kinyaruanda.

    Por: Jorge Suárez Saponaro Director de El Minuto para Argentina

Desde el siglo XVI, los tutsis, de costumbres guerreras se convirtieron en la elite gobernante e impusieron una suerte de régimen de vasallaje a los hutus. Ruanda cayó en manos germanas como consecuencia del Congreso de Berlín de 1885 junto al vecino reino de Urundi (hoy Burundi). Los alemanes encontraron una organización jerarquizada, controlada por el Mwami o rey, teniendo el país organizado en provincias, distritos, aldeas y colinas. En las aldeas y colinas los jefes eran hutus nombrados por el rey, el resto de la estructura administrativa y militar era monopolio de los tutsis. En 1907, los alemanes hicieron acto de presencia a través de un comisario y en 1913 introdujeron el cultivo a escala del café.

Desde el 1900 llegaron las primeras misiones cristianas.  En 1911 los alemanes reprimieron duramente una rebelión hutu. El régimen feudal tutti era funcional a sus intereses coloniales y de explotación del territorio.

La presencia germana cesó de facto con la invasión belga de 1915, en el marco de la Primera Guerra Mundial. La nueva potencia colonial, mantuvo el status quo entre los distintos grupos, hasta fines de los cincuenta, cuando los tutsis, comenzaron a reclamar la independencia del país.  En 1931 los belgas separaron el rey Mutesa que les era hostil y colocaron en su lugar a su hijo Mutara Rudahigwa, quien en 1943 se convirtió a la fe cristiana y fue funcional a los intereses belgas.

Esto ayudó a cristianizar el país de alguna u otra manera. En 1933 el régimen belga impuso documentos de identificación donde quedaba identificado la etnia de su portador. Décadas más tarde este sistema que nunca fue suplantado, fue empleado para identificar las víctimas por parte de sus verdugos en 1994.

Las tensiones entre los belgas y tutsis fueron creciendo por reclamos de independencia, y  en el marco de la tradicional política “divide et regnes” los belgas apoyaron a los hutus – ampliamente mayoritarios – en su rivalidad frente a los abusos de la monarquía tutti, que degeneró en las primeras matanzas, en las cuales los campesinos hutus mataron a decenas de miles de sus amos tutsis. Esto llevó a la salida de unos 150.000. En 1961 en las elecciones supervisadas por Naciones Unidas, los nacionalistas hutus se imponen, terminan con la monarquía y en 1962, el país alcanzó la independencia, el flamante presidente Grégoire Kayibanda, gobernaría hasta 1973.  En 1965, los exiliados tutsis intentaron volver al país por la vía de las armas, siendo rechazados por el ejército ruandés, degenerando en otra matanza, que según periodistas de aquellos años hablaron de unos 20.000 tutisis muertos.

La brecha entre ambas comunidades estaba abierta y con los años los ánimos, no hicieron más que empeorar. En Burundi, país controlado por los tutsis, desde su independencia aplicaron represalias contra la mayoría hutu, con frecuentes matanzas y políticas discriminatorias.

En 1973, un golpe de estado lleva al poder al general Juvénal Habyarimana, de posturas radicalizadas y el régimen de Kigali se organiza con un partido único y bajo un clima de represión política que afecta tanto a hutus como tutsis.

Una de las razones del golpe, fueron las matanzas de hutus en el vecino Burundi. El presidente Kayibanda fue muerto bajo circunstancias aún no aclaradas, donde se supone que fue eliminado en secreto por el nuevo régimen como gran parte de sus colaboradores.

Desde ese entonces, Ruanda era un país que estaba en la órbita de la influencia política francesa  En una primera instancia el nuevo régimen pareció tener una política conciliatoria, pero luego fijó cuotas de acceso para universidades, fuerzas armadas, administración pública, que eran claramente desfavorables para los tutsis, y ni que decir los hijos e los matrimonios intertribales. En 1990 en el marco de una crisis político – económica, el país bajo presión francesa, habilitó la formación de partidos políticos y la promesa de elecciones multipartidarias.

En cuanto al exilio tutti en Uganda estos habían participado activamente en la guerra civil de dicho país, siendo parte de las fuerzas del general Museweni, que triunfó en dicha contienda y en 1987, los exiliados crearon en Frente Patriótico Ruandés – Inkotanyi. En 1990, el FPR invadió el país con apoyo material ugandés con unos 2.000 guerrilleros, con amplia experiencia militar. Una vez más el país vivió las matanzas étnicas que implicaron la muerte de millares de hutus, que alimentó la idea de crear una milicia paramilitar hutu, que tiempo después sería el arma del régimen genocida de 1994. La respuesta del régimen de Kigali a la invasión del FPR,  no se hizo esperar con sostén de Francia. El liderazgo militar tutsi quedó en manos de Paul Kagame, personaje que tuvo entrenamiento militar en Estados Unidos y el coronel hutu disidente Alexis Kanyaregwe. El conflicto tuvo repercusión internacional, Francia como sus aliados belga y el dictador corrupto de Zaire, Mobutu, no tenían ningún interés que un grupo político patrocinado por Estados Unidos o que de alguna manera simbolizara los intereses anglosajones en la región llegaran a buen puerto. Corrió el rumor que el FPR venía a restablecer el dominio tutsi y el regreso del régimen feudal vigente hasta 1959, lo que radicalizó los ánimos.

La diplomacia entró en juego en el marco de la guerra civil ruandesa, el régimen de Kigali, movilizó un importante ejército, pero que tenía serios problemas de adiestramiento y su calidad combativa era mediocre frente al FPR, lo que potenciaba la dependencia de la asistencia francesa.

El primer ministro belga Martens patrocinó conversaciones de paz, mientras que en Ruanda los combates recrudecían y el avance el FPR era notorio. En 1991 hubo un alto el fuego, luego que fueran liberados 5.000 detenidos políticos.

Entre 1990 a 1992, hubo acusaciones que el régimen de Habyarimana empleaba la red red secreta akazu para organizar milicias y grupos paramilitares radicalizados contra tutsis y líderes moderados hutus.  Esta red estaba estrechamente ligada a  la familia de la esposa de Habyarimana. Diversas investigaciones, han arribado que el genocidio comenzó a ser objeto de planificación desde 1991 y muchos apuntan al coronel Théoneste Bagosora, como uno de sus responsables. Este militar junto a otros altos mandos, comenzaron a trabajar para crear una milicia para hacer frente al FPR. Se oponían a que combatientes de este grupo se integraran a las nuevas fuerzas armadas que tenían previsto las conversaciones de paz. Los fondos de ayuda internacional al desarrollo fueron la fuente de financiamiento para adquirir armamento portátil y 500.000 machetes traídos de China.

El país mas joven del mundo crea 17.000 niños soldado en tres años—

Este material sería distribuido a lo largo y ancho del país.  En este contexto, llegaron tropas de Naciones Unidas, a los fines de organizar una misión de estabilización y acompañar el plan de paz que resultaría de las negociaciones que se llevaban a cabo entre el gobierno de Ruanda y el FPR.

Los Acuerdos de Arusha establecieron una hoja de ruta hacia la paz, que incluía la llegada de un batallón del FPR para proteger a integrantes del gobierno de transición como de la nueva asamblea nacional. Asimismo se autorizaba el regreso de los exiliados. Los líderes radicalizados hutus no lo admitieron. El presidente Habyarimana retrasó la aplicación del plan de paz. Ello no impidió que fuera elegida como primer ministro una líder hutu moderada, Agathe Uwilingiyimana. El 4 de abril de 1994, el avión donde viajaba el presidente Habyarimana, fue derribado por un misil antiaéreo portátil cuando se disponía aterrizar en la capital ruandesa, Kigali.

el minuto: ¿Por qué el genocidio de Ruanda nos enseña que las palabras matan?

Los radicales se hicieron con el poder, la primer ministro fue asesinada junto a una decenas de soldados belgas bajo mandato de Naciones Unidas, destinados a su custodia por parte de la guardia presidencial.  A partir de ese momento comenzaba el horror.

El horror.

La muerte del presidente ruandés – hasta el día de hoy envuelto en una controversia – abrió las puertas a los radicales. La primera ministra  Agathe Uwilingiyimana fue asesinada por la Guardia Presidencial, junto a diez soldados belgas, pertenecientes al contingente de cascos azules de Naciones Unidas.  Los sectores radicalizados formaron gobierno y desde Radio Ruanda y Radio Mil Colinas se incitó a la matanza sistemática no solo de tutsis, sino de todo aquel que se opusiera a la barbarie que ellos querían llevar a cabo. Los conductores de dichas emisoras Simon Bikindi y Pantano Habimana, por medio de canciones, chistes de pésimo gusto y también verdadera incitación a la violencia contra los tutsis habían preparado el terreno, para la incitar a las matanzas.

Los tutsis, en un primer momento, dado el apodo de cucarachas, lo consideraron parte simplemente de un discurso, sin saber que eran responsables de una maquinaria de acción psicológica. Un sobreviviente tutsis  dijo Esos señores [los periodistas] eran artistas famosos y Unos virtuosos muy divertidos. Preparaban tanto lo que decían y lo repetían tantas veces que también a nosotros, a los tutsis, nos hacía gracia oírlos.

Hacían llamamientos para que matasen a todas las cucarachas, pero de una forma muy chistosa. El arma utilizada preferentemente por los verdugos serían machetes, dado que muchos de los milicianos extremistas hutus, eran agricultores y tenían un conocimiento particular de esta arma, no solo en faenas agrícolas, sino también para matar animales para su alimentación.  El odio llegó a tal nivel que religiosos católicos de etnias rivales se mataban unos a otros. Pero también hubo mártires que fueron cruelmente asesinados o desaparecidos en manos de hutus o tutsis, como fue el caso del cura español Joaquín Vallmajó.

La red akazu montó una estructura de propaganda donde acusaba a los tutsis de ser invasores nilóticos y responsables de esclavizar por siglos a los hutus. La única salida era su extermino. Esto era apoyado no solo por políticos, militares radicalizados, sino por personajes del mundo académico local. La radio y televisión local incitó constantemente a las matanzas, teniendo especial influencia en jóvenes de la milicia extremista Interahamwe.

Testigos del horror indicaban si un miliciano o soldado pasaba por una casa donde no era escuchada la radio oficial, era altamente probable que esa familia fuera asesinada a golpes de machete o por métodos más terribles, generando una atroz agonía a la víctima.  Se sabe que muchos pagaron por una muerte rápida, a través de un disparo en la cabeza.  Identificar a las víctimas era tarea fácil, el censo de 1991, gracias al sistema de clasificación por etnias heredado de los belgas, permitió una rápida identificación de las víctimas para ser ubicadas y asesinadas.

El 9 de abril se forma el gobierno extremista de Jean Kambanda, mientras el FPR lanzó una ofensiva para rescatar a sus 600 soldados atrapados en Kigali y salvar tutsis de su cruel destino.

Las milicias radicalizadas se desplegaron en todo el país, nadie estaba a salvo de sus allanamientos quien ocultara a un vecino tutis, correría la misma suerte. Ello no impidió actitudes valientes y la película Hotel Ruanda, puso en evidencia esas actitudes valientes en el medio del caos y la muerte. Francia y Bélgica para el 11 de abril habían ordenado la evacuación de sus nacionales y poco y nada hicieron para frenar la masacre. Los cascos azules de UNAMIR, también permanecieron como testigos de la matanza. Desde Naciones Unidas no hubo directiva alguna para hacer algo por los millares de víctimas. La orden del Secretario General Kofi Annan a sus cascos azules fue la siguiente cooperar con los oficiales franceses y belgas para facilitar la evacuación de sus nacionales y otros extranjeros que soliciten ser evacuados.

Restos de víctimas en las escuelas Murambi, Ruanda. Marzo

Usted puede comunicarse con los oficiales para alcanzar este propósito. Deberá hacer todo el esfuerzo posible para no comprometer su imparcialidad o actuar más allá de su mandato, pero puede valerse de su competencia si es esencial para la evacuación de los extranjeros. Esto no debe llevarle a participar en un posible combate, excepto en legítima defensa.

Las fuerzas de Naciones Unidas eran de mantenimiento de la paz y supervisión del cumplimiento del Acuerdo de Arusha, el Consejo de Seguridad no había pasado a Capítulo VII, de imposición de la paz. Las matanzas no eran prioridad para las potencias afectadas, el problema para ellas eran – y son – los recursos estratégicos ubicados en la región de los Grandes Lagos. A través de otros actores, que hacían el trabajo sucio, dirimirían sus diferencias, aunque ello implicara un genocidio.

La Cruz Roja Internacional indicó que en pocos días, decenas de miles habían muerto. Uno de los métodos era reunir engañosamente a las víctimas en iglesias y estadios, o zonas de seguridad, donde no tendrían escapatoria, para luego proceder a su eliminación sistemática. La violación era algo usual y a veces las víctimas toleraban semejante delito, con la esperanza de conservar la vida.

El jefe de los Cascos Azules – que tuvo muchos años de tratamiento psiquiátrico – en una entrevista relató parte de los horrores de los cuales fue testigo. Romeo Dallaire: Las escenas de violaciones. Les introducían palos y botellas que rompían; les cortaban los pechos. Todas esas escenas con mujeres, para mí, con mi cultura, me parecían lo peor que se puede imaginar. Aun muertas, veías en los ojos de esas mujeres el horror y el sufrimiento, la indignidad que habían padecido. Muchas veces mataban a los niños delante de sus padres, les cortaban las extremidades y los órganos genitales, y los dejaban desangrarse. Luego también mataban a los padres. Había gente que pagaba para que les pegaran un tiro en vez de ser matados con machete. «Pagar por cómo morir..».

Sobrevivientes del genocidio ruandés exhuman los cadáveres de sus parientes asesinados durante la masacre de 100 días en 1994.

El 20 de abril, Naciones Unidas reacciona, y el Secretario General pide que se aplique el Capítulo VII de la Carta para frenar el horror. El Consejo de Seguridad vota por la reducción de la UNAMIR de 2500 efectivos (en ese momento había unos 1500) a 270. El repliegue de personal militar internacional, especialmente de los belgas deja sin protección a miles de personas. Estas buscan refugio en la Escuela Técnica, donde serían ultimados. El general Dallaire, con sus pocos efectivos le brindó seguridad a 25.000 civiles. El 30 de abril el FPR que se había reorganizado, lanzó un ataque a gran escala provocando la huida de 250.000 refugiados hutus al vecino Zaire (hoy República Democrática del Congo o RDC).  En mayo, Boutros Ghali, habló de genocidio, lo que puso contra las cuerdas a Estados Unidos y sus aliados europeos.  El 13 de mayo, luego de retrasos en la votación en el Consejo de Seguridad, a instancias de la Secretario de Estado, Madeleine Albright, votó para ampliar la capacidad de la misión.

Estos días coinciden con la ofensiva del FPR, cometiendo también abusos de todo tipo. Mientras las matanzas continúan, los países africanos discuten sobre el financiamiento de la misión de pacificación. Mientras en Naciones Unidas nadie se pone de acuerdo sobre la misión, ni quieren emplear el término genocidio, Francia recibió luz verde para lanzar la “Operación Turquesa” con 2.500 efectivos que debían crear un ambiente de seguridad en el sureste del país. Su llegada no impidió que las matanzas continuaran a gran escala.

El FPR derrota al ejército ruandés y el gobierno extremista hutu, huye a la ciudad de Goma en Zaire con dos millones de refugiados, provocando un desastre humanitario. El campo de refugiados más grande del mundo será recordado como “la Ciudad de los Muertos”.  Unos 600.000 huyeron a Tanzania, Uganda, Burundi y otros dos millones eran desplazados internos. La caída de Kigali dio por terminado en parte el drama ruandés. Las estimaciones de las victimas rondan entre 800.000 a 1 millón en apenas cien días  (8.000/10.000 muertos por día).

EL FPR designó a un hutu moderado como presidente, siendo el hombre fuerte, el ministro de defensa del nuevo gobierno de transición, Paul Kagame.

El drama no terminó con la caída de Kigali, sino que se extendió al Zaire, gobernado por el dictador corrupto, general Mobutu Sese Seko. Tirano prooccidental, tolerado por las potencias, dado los intereses de las grandes multinacionales por sus minerales y otros recursos. La alianza entre el FPR y opositores al régimen de Mobutu, liderados por Joseph Kabila (que combatió junto al Che Guevara en África), desencadenó las dos Guerras del Congo, con dos millones de victimas.

Los actores

Este drama tuvo sus actores, por un lado encontramos a Francia y Bélgica, con intereses históricos en la zona. El apoyo velado a los hutus, como al régimen del Zaire, estaba estrechamente con intereses estratégicos y económicos. Los tutsis del FPR, fueron apoyados por Gran Bretaña y Estados Unidos, dado el interés sobre determinados recursos estratégicos, como el coltán, hoy utilizado en tecnología de comunicaciones e informática.

 

Si estos triunfaban, tendían una pesada deuda con sus patrocinadores. Estados Unidos evitó a toda costa hablar de genocidio, a fin de no involucrarse públicamente en el conflicto. Su intervención se efectuó a través de actores locales, como el FPR. Los cuadros de este grupo fueron entrenados por Estados Unidos y Uganda, el país que ayudó al FPR, el dinero, en verdad era puesto por Washington (se estima en unos 180 millones de dólares).

Las guerras del Congo, facilitaron que tropas ruandesas (ahora bajo el control del FPR) y ugandesas controlaran importantes espacios en la región de los Grandes Lagos y el este de la RDC (República Democrática del Congo), donde a través de milicias extrajeron madera y minerales, como el famoso coltán, como piedras preciosas, cuyos beneficiaros son importantes empresas multinacionales de Estados Unidos y Europa. El costo, una verdadera tragedia ambiental, décadas de guerra, reclutamiento de niños soldados, millares de mujeres ultrajadas y una costosa misión de Naciones Unidas,a  que a duras penas puede imponer la paz. La Segunda Guerra del Congo, enfrentó al régimen de Kabila, ex aliado de Paul Kagame, dado la presencia de países vecinos ocupando ricas tierras orientales, donde se dedicaron por mucho tiempo al expolio de los ricos recursos minerales. Ruanda es un importante exportador de coltán, sin tener dicho mineral en su propio territorio, pero que proviene del expolio de las milicias que ocupan parte de la rica provincia congoleña de Kivu.

Final

Paul Kagame, hoy ponderado por los cambios en Ruanda, su crecimiento económico, mejoras en rol de la mujer,  los esfuerzos en materia de lucha contra la corrupción y medidas de pacificación interna, es un personaje que gobierna sin oposición desde hace casi veinte años. Fue participe de la Guerra del Congo, donde el ejército ruandés fue responsable de masacres en 1998 en los campos de refugiados congoleños, la libertad de expresión también tiene limitaciones y su “historia oficial” oculta los abusos del FPR cuando invadió Ruanda en 1990 y las acciones posteriores a 1994.

La ONU insta a la comunidad internacional a actuar más para evitar genocidios como el de Ruanda.

La ayuda de Estados Unidos le permitió sostener un importante crecimiento y mejoras en los sistemas de sanidad y educación, pero el país todavía tiene un elevado nivel de pobreza y desigualdad social, que son factores de desestabilización, dado que el odio étnico se encuentra latente, no obstante existir una legislación que prohíbe clasificar por origen étnico. La construcción de una paz verdadera, no solo estará basada en la justicia, sino también en la verdad histórica y en crear una institucionalidad sólida, que permita la alternancia. En el pasado, la negativa de que existiera una alternativa al poder de turno, agregándose los intereses de ciertos actores – que son los mismos que hoy operan en la región – llevaron al país al abismo. África es el campo de batalla del siglo XXI y la región donde se inserta Ruanda, no estará exenta de la disputa que se viene, esta vez incluye actores como China y Rusia.

En cuanto al Genocidio, en la ciudad tanzania de Arusha, funciona el Tribunal Penal Internacional que ha condenado a 700 personas, en sus distintos niveles de responsabilidad. Queda para la historia juzgar a los líderes mundiales que no quisieron, en defensa de intereses poco claros, de hablar de genocidio. Una rápida intervención de la comunidad internacional hubiera impedido el horror en aquellos cien días siniestros, donde los acólitos del diablo, obraron a sus anchas, pero una vez más los intereses inconfesables que manejan este mundo, miraron hacia otro lado, mientras millares eran ultimados de la peor manera.

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