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La tragedia de Ucrania ¿callejón sin salida para Moscú?

El Minuto | La guerra de Ucrania pareciera no tener un final. Desde hace más de un año, Occidente, liderado por Estados Unidos ha enviado miles de millones de dólares. A pesar del discurso triunfalista de los medios occidentales, Kiev sigue pidiendo cada día más ayuda.  Rusia, que para muchos parecía que se derrumbaba, mantiene su esfuerzo de guerra, pero como su adversario ucraniano, pareciera no encontrar una salida al conflicto, imponiendo una rotunda victoria militar.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de El Minuto para Argentina

Durante semanas los medios internacionales nos hablaban del fracaso de Rusia en Bajmut. Finalmente, la victoria se impuso sobre las armas rusas.  La BBC informó a fines de 2022, que los rusos no contaban con reservas de drones y sorprendieron en el campo de batalla con el “Lancet” una amarga sorpresa para las fuerzas ucranianas. Estas tuvieron una clara superioridad a lo largo de 2022 empleado los drones de ataque turcos Bayraktar TB2, así como material de origen chino, y especialmente de Estados Unidos.  Las pérdidas ucranianas alcanzaron niveles preocupantes, dado que la “oleada” de ataques con drones Lancet, provocó fuertes pérdidas en sus fuerzas blindadas, unidades antiaéreas con sistemas S300 o Gepard, etc. El éxito del empleo de este tipo de arma, por parte de medios especializados occidentales, pone en evidencia, que algo pasa en el teatro de operaciones ucraniano.

La batalla de Bajmut, es considerada la más cruenta de la guerra hasta ahora. Allí participaron como fuerza de choque los endurecidos soldados mercenarios de la compañía militar Wagner. Esta localidad, que estuvo poblado en gran parte por rusos, tenía un importante valor. En la llamada Guerra del Donbás, las fuerzas ucranianas, llevaron a cabo importantes esfuerzos para desalojar a las milicias pro rusas, en 2014.  En la Guerra de Ucrania, la ciudad de Bajmut, estaba al parecer ajena al conflicto. Los rusos volvieron a tomar la iniciativa y concentraron sus fuerzas sobre dicha localidad, donde una vez más quedó en evidencia el tipo de guerra que libran: allí se hicieron presente un conglomerado de unidades irregulares, formados por las milicias de las antiguas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, tropas regulares rusas, fuerzas mercenarias de la corporación Wagner. Estos últimos, tomaron Soledar en enero de 2023, bajo duras condiciones invernales, preparando el terreno para el asalto a Bajmut.

El excéntrico dueño y comandante de las fuerzas mercenarias Wagner, Eugeni Prigozhin, reconoció la elevada tasa de pérdidas de su “corporación”, pero los ucranianos, al parecer, la llevaron mucho peor. Los medios internacionales comenzaron a reconocer, los problemas en materia de recursos humanos que tiene las fuerzas ucranianas. Recordemos las campañas realizadas por el gobierno de Kiev de reclutar “voluntarios extranjeros” sin ninguna duda para suplir los limitados recursos humanos, que ha llevado al mando ucraniano a recurrir a emplear las fuerzas de defensa territorial, menor preparadas que las fuerzas de primera línea, como también de reclutas muy jóvenes, incluso menores de dieciocho años. Finalmente, Bajmut cayó en manos rusas, creando las condiciones para que Moscú lance nuevas ofensivas para controlar la región del Donbás por completo. En su momento esta región, representaba el 25% del PIB ucraniano, tenía altas tasas de industrialización, la cuenca de carbón más importante, y gran parte de la población era o es rusa étnica.

La ventaja rusa en materia de volumen de fuego, es más que notoria frente a las fuerzas ucranianas, dado que las superan en diez veces. El Kremlin, ha entendido que la OTAN, gracias a su red de vigilancia vía satélite, identifica movimientos y estos son informados a Kiev. Esto permitió la iniciativa táctica de las fuerzas ucranianas, agregándose el apoyo de fuerzas de operaciones especiales del Reino Unido, Letonia, Francia y Estados Unidos, y el asesoramiento experto de Washington en materia de planeamiento. La copiosa ayuda de la OTAN, especialmente de los estadounidenses, permitió a los ucranianos, mejorar su precisión en los ataques, pero las limitaciones en materia de recursos humanos y poder aéreo, restringen sus movimientos. La respuesta rusa, fue la construcción de defensas en profundidad, en un frente de 1.000 km, con un importante despliegue de medios de artillería y sistemas balísticos de corto alcance, que permiten golpear en profundidad a las fuerzas de Kiev.

La incapacidad de romper esta larga línea, más allá de algunos avances locales, los ucranianos no han podido desalojar a los rusos de las zonas ocupadas. Por otro lado, la ayuda occidental, impide que Ucrania se derrumbe, Rusia ha optado por una guerra de desgaste, que ha generado la salida de seis millones de ucranianos, cinco millones de desplazados internos, afectar el potencial nacional, golpeando infraestructuras, que, en el caso de la red de energía eléctrica, el 50% precisa reparaciones. Las fuerzas rusas se hicieron con el control de la principal central nuclear que generaba el 20% de la energía del país, la destrucción de la represa Kajovka, y dejar sin luz., calefacción, y agua potable a millones de ucranianos en el duro invierno de 2023.  Kiev debe buscar el beneplácito de Moscú, para las exportaciones de trigo, que sale del puerto de Odessa, ciudad que está siempre bajo la amenaza rusa por tierra y mar.

Rusia sigue sorprendiendo, los vaticinios sobre el agotamiento de sus capacidades militares, cayeron en saco roto por ahora. Éramos pocos los que decíamos que el Kremlin, no emprendía una guerra de conquista, sino que estamos ante otro tipo de conflicto, donde Ucrania es el campo de batalla donde Rusia y Estados Unidos, libran “guerra”. Sectores de la política en Washington, no solo abogan por desplazar a Moscú del rol de potencia, sino la balcanización de Rusia, algo que el Kremlin, lo hizo saber en sus propios documentos de estrategia nacional de defensa, desde fines de los 90.

Los rusos no tienen capacidad de ocupar un país de unos 600.000 km2, por ende, como muchos señalaban, sin conocer la capacidad de las fuerzas armadas rusas, ni su doctrina. La estrategia del Kremlin, en esta etapa de la guerra es minar la capacidad de lucha de Kiev, a través de acciones de desgaste, además de incidir en el apoyo de sus aliados por medio de acciones indirectas.

Pero en este aspecto, las diferencias en el seno de la Unión Europea y Estados Unidos, no han sido lo suficientes, para que la ayuda a Ucrania disminuyera. Esta es un gran negocio para contratistas e industrias de defensa, afectados por años de vacas flacas. Estados Unidos desde lo que va de la guerra envió US$ 40.000 millones en armamento y servicios asociados para su sostenimiento en Ucrania. Esto no ha incrementado el potencial ofensivo de las fuerzas ucranianas. sino que vino a reemplazar de manera rápida y con cierta eficacia, material perdido en las primeras semanas de la guerra.

El Reino Unido y Estados Unidos son los principales sostenedores de Ucrania, otro gran aliado es Polonia. El resto de los socios europeos, a pesar de las muestras de solidaridad, han sido realmente reacios a la hora de transferencia de determinados sistemas de armas, como los tanques Leopard 2, o aviones de combate.  Polonia y Eslovaquia, si tomaron nota del pedido de Kiev por aviones de combate, con el envío de cazas Mig29, pero su puesta en servicio lleva tiempo y su número inadecuado, para un gigante como Rusia (los primeros aviones llegaron en abril de 2023). El vacío dejado por el material ex soviético/ruso enviado por dichos países, es suplido por material nuevo de Estados Unidos.

Al parecer a fin de año llegará un pequeño lote de F16 de Estados Unidos, de segunda mano.  El Reino Unido ha enviado un lote de tanques Challenger, helicópteros Sea King, artillería antiaérea, municiones, y radares. Berlín, cedió y envió material para equipar un batallón blindado con Leopard 2, parte algunos de esos tanques terminaron en manos rusas, la peor pesadilla de los alemanes. Estados Unidos contribuyeron con vehículos de combate de infantería Bradley y al parecer también algunos Abrams, lo que generó resistencias. Josep Borrell, comisario de la UE para Asuntos Exteriores, señaló que los europeos habían vaciado sus arsenales. Esto escaló los gastos de defensa para reponer material.  La amenaza rusa, que incluye que los misiles estratégicos nucleares apunten a Europa, ha llevado a un incremento del gasto militar a niveles nunca vistos.

Estados Unidos es el gran beneficiario, especialmente al vender al caza F35, que antes de la guerra, no gozaba de mucho interés, por problemas en su desarrollo y las restricciones que impone la Casa Blanca en materia de transferencia de tecnología.  El tanque Abrams, de escasa presencia en el mercado internacional, logró nuevo impulso con contratos en Polonia, junto con el sistema de artillería de cohetes Himars, entre otros equipos militares.

El comandante en jefe de las fuerzas ucranianas, general Valery Zaluzhny, un oficial muy competente, señaló en una entrevista dada a The Economist, en 2022. que precisaba con urgencia 300 tanques, 600 blindados y 500 piezas de artillería.  Esto, indicaría que Ucrania, ha tenido una elevada tasa de pérdidas. Otra cuestión no menor, es la cadena logística, dado los medios empleados y de distinto origen. Incluso, Estados Unidos presionó a países de América Latina, que tienen en sus arsenales material ruso, y por cierto bastante anticuado, para que lo vendieran a Ucrania, sin éxito. Una prueba de un conflicto que devora material y vidas en cantidades importantes.

El presidente Zelensky, pide a gritos más armas, cuando los mismos aliados, exigen explicaciones sobre dichos pedidos.  El primer ministro belga Alexander De Croo, ordenó una investigación, luego que milicias ucranianas participaran en un ataque a la ciudad rusa de Belgorod, empleando armas de origen belga.  De Croo ante la cadena de comunicación pública belga, señaló: Pero la regla es clara: nuestras armas que se proporcionan a Ucrania están naturalmente [destinadas] a fines defensivos del territorio ucraniano”. En otras palabras, la ayuda de los aliados de la OTAN, tiene limitaciones en su empleo. Además, el premier belga, dejó en claro que las armas enviadas, no deben ir a parar a la panoplia de milicias – ligadas a grupos de extrema derecha y con una tenue relación con Kiev – sino a las fuerzas armadas de Ucrania. 

Luego del incidente, el gobierno ucraniano, alegó que esos ataques, no fueron autorizados, ni patrocinados por las fuerzas ucranianas, sino que eran acciones aisladas de estos grupos.  En este conflicto, poco se habla, pero existen milicias, que operan con un alto grado de independencia de Kiev. La más célebre es el Regimiento Azov, nacido en 2014, que utilizaba simbología nazi, además de haber operado como fuerza parapolicial contra poblaciones rusas étnicas. Destruido en Mariupol, ahora reaparece como Brigada Independiente de Asalto, reclutada en sectores ultranacionalistas y bien motivados.  Más allá de esto, los expertos ven con preocupación, que estos grupos se hagan con armas sofisticadas y luego puedan ir a parar al mercado negro.

Los medios de comunicación guardan silencio, pero existen corporaciones militares privadas, que están haciendo importantes negocios, con programas de entrenamiento y asistencia, siendo ejemplo de ello el caso de la entidad británica denominada Trident Initiative Defense, que su página web dice: Somos la única organización en Ucrania dispuesta y capaz de entrenar junto con las unidades en sus campos de entrenamiento avanzados, trabajando a pedido directo de los comandantes de unidades individuales. Esto nos permite asegurarnos de que cada unidad que entrenamos sea oficial y esté reconocida por el gobierno ucraniano.

Previamente hemos entrenado unidades de la Fuerza de Defensa Territorial, Guardias Nacionales, Ejército Regular y unidades de la SF. Los estadounidenses operan la Defense Support Group, que opera en las afueras de Kiev. En su sitio oficial, señala que fue fundada por antiguos miembros de las Fuerzas Especiales.  También encontramos la estonia Iron Navy, que se presenta directamente como una empresa militar privada. Tal vez estemos ante “fachadas” que permitan a fuerzas especiales operar en Ucrania, dado que, si lo hicieran abiertamente, la OTAN y Rusia tendrían un casus belli.

Las restricciones sobre el empleo de la ayuda militar, quedando vetado cualquier acción contra territorio ruso, como la prohibición expresa de llevar a cabo ataques encubiertos en Rusia, especialmente ante la presunta revuelta del grupo Wagner. Por lo tanto, el gobierno ucraniano, carece de autonomía estratégica, y quién decide en última instancia, es Washington. Moscú lo sabe, y espera el cambio de gobierno, donde especula que el retorno de Trump, o por lo menos un mayor peso de los sectores republicanos críticos con la política llevada por Biden – que incluye a los demócratas – por señalar que la guerra de Ucrania, pareciera no tener salida en el mediano plazo.

La “sublevación” de los mercenarios Wagner ¿Falsa bandera?

La “Operación Militar Especial”, nombre que encubre la invasión de Rusia a Ucrania, violando el derecho internacional, tenía objetivos claros: rearme de Ucrania y su ingreso a la OTAN, además de liquidar los grupos de ultraderecha, responsables de crímenes contra las poblaciones rusas étnicas del este de Ucrania. En Mariupol, donde el regimiento Azov, había sido responsable de actos de violencia contra la población rusa, el Kremlin, le “hizo pagar la cuenta” con su eliminación, destruyendo gran parte de la ciudad.  El avance de las fuerzas del Kremlin, por lo que pudimos observar coincide con los territorios que fueron parte de Rusia en tiempos de los zares. Mientras que muchos esperaron el asalto a Kiev, fue una maniobra de diversión, que permitió caer de lleno en el sur, amenazando Odessa.

Las fuerzas ucranianas opusieron una tenaz resistencia, como quedó en evidencia la destrucción de gran parte de su arsenal heredado de tiempos soviéticos. Si los gobiernos de Kiev no hubieran sido tan corruptos y negligentes con el tema militar, seguramente sus fuerzas armadas, hubieran estado en otras condiciones. Sin embargo, los rusos no lograron destruir a sus adversarios, para imponer una victoria contundente. El tiempo perdido, permitió a la OTAN, liderado por Estados Unidos, enviar ayuda en cantidad suficiente, agregándose la llegada de asesores, encubiertos seguramente por medio de empresas de seguridad. El periódico británico The Guardian, señaló en documentos filtrados del Pentágono, salió a la luz la presencia de 50 efectivos de las fuerzas especiales británicas en Ucrania.

Estos elementos tienen especial valor para planificar operaciones complejas, identificar objetivos, y adiestrar fuerzas de combate, como conducirlas.  La cadena estadounidense NBC, informó sobre la muerte de un ex oficial de fuerzas especiales Nick Maimer en Bajmut.  Por lo delicado de estas misiones, obviamente los gobiernos involucrados, nunca aceptaran públicamente están involucrados, por sus consecuencias políticas. Es indudable que el asesoramiento experto de países como Estados Unidos, Reino Unido, o Francia, permitió a los ucranianos mejorar su situación, e incluso tener iniciativa en el plano táctico.  Los medios de comunicación hablaron que los rusos no tenían más misiles y que pronto se derrumbarían. Nos hablaron de deserciones en masa, del reclutamiento de presidiarios, y un largo etc. El Kremlin, movilizó reservistas, y pasó una etapa defensiva, consolidando su presencia en territorio ocupado (aproximadamente el 20% de Ucrania).

Por razones políticas internas, el presidente Putin, convocó un referéndum, que legitimó en las zonas ocupadas la anexión a Rusia. Un acto completamente ilegal desde el punto de vista del derecho internacional. El fundamento de Moscú, es que ahora, la intervención no es en auxilio de las repúblicas de Donetsk y Luhansk, sino suelo nacional. Desde nuestra perspectiva, el Kremlin, está en un serio error. Debería haber seguido el camino que hizo con Abjasia y Osetia del Norte, donde Moscú se mostró como paladín del derecho a la autodeterminación de dichos territorios e incluso logró algún reconocimiento de estos como estados soberanos por parte de algunos países, evitando caer en la anexión, que generaría mayor repudio internacional y sanciones.

El caso de los territorios del Donbás, al ser parte de la Federación Rusa, no pueden ser empleados como “moneda de cambio” en un hipotético proceso de paz, por ejemplo, la existencia de las repúblicas de Luhansk y Donetsk como estados independientes, y funcionando como “barrera” de separación entre Rusia y Ucrania. Las posturas de ambos bandos son irreductibles, lo que prolongará aún más esta larga agonía llamada guerra.

En este mes de junio de 2023, el Grupo Wagner, empleado como fuerza de choque, desconoció la autoridad el Kremlin.  La respuesta, curiosa dado las características del régimen ruso, fue no aplastar a los sublevados, sino invitarlos a formar parte del ejército regular, y a su líder, Prigozhin, terminó “refugiado” en Bielorrusia, aliado de Rusia.  A pesar del discurso de Putin, sobre el acto de traición, las condecoraciones a los miembros del Servicio de Seguridad Federal por evitar una “guerra civil”, si cayeron en desgracia algunos mandos, como el general Surovkin, al parecer, el Kremlin, no veía con buenos ojos por su desempeño. Las pérdidas en la región de Jersón, lo colocaron en la cuerda floja.

Es muy posible que estemos ante una puesta en escena, para distraer a los líderes occidentales, mostrar a Kiev una falsa sensación de seguridad y porque no, una maniobra para encubrir un mensaje al ministro de defensa, general Shoigu, sobre su estrategia en Ucrania, y posiblemente otras acciones, que estarán por venir sobre Ucrania.  Tal vez la fachada del grupo Wagner en África, se caiga y los ahora “contratistas” se conviertan en soldados de Rusia, en apoyo a los países que requirieron los servicios del citado grupo.

Es llamativo la presión de Estados Unidos a Ucrania, pera que no interviniera en la crisis, llevando a cabo acciones dentro del territorio ruso. Washington ha sido muy claro de no emplear material occidental en acciones de sabotaje dentro de Rusia. Es posible que la inteligencia occidental, no tenga muy en claro, el extraño movimiento del Grupo Wagner en Rostov del Don, y el permitir el retiro de su líder a Bielorrusia sin consecuencias mayores.

Ucrania hace tiempo viene anunciando una contraofensiva. La construcción de defensas por parte de Rusia, fue mostrada por la BBC como el “temor” que tienen los rusos ante un ataque ucraniano. Creemos que no es temor, sino que responde a la estrategia de desgaste que lleva a cabo Rusia. Tal vez la “asonada” del grupo Wagner, haya encubierto el desplazamiento de armas nucleares tácticas en Bielorrusia u otro movimiento militar. La movilización de reclutas de Siberia, mostrado como un recurso de desesperación, tiene que ver con el empleo de tropas perfectamente adaptadas al clima invernal. Las pruebas están a la vista.

El frente resiste aún, a pesar de las acciones ucranianas y la información privilegiada que tiene gracias a la red de observación occidental por satélite. El uso de minorías nacionales, impiden que los eslavos hagan causa común entre sí. 

Su despliegue en un escenario tan extraño y lejano a sus hogares, hace que este tipo de unidades tengan una especial cohesión. En tiempos soviéticos, las tropas de seguridad de las instalaciones penitenciarias en Siberia y para el control de población, estaban conformadas por minorías nacionales, caracterizadas por su lealtad al régimen, por los beneficios que les eran dado pos sus servicios y dedicación.

El Kremlin, todavía no apostó acciones mucho más riesgosas, como el empleo de su poder aéreo, gracias a las defensas provistas por la OTAN, como también el fantasma del arma nuclear táctica. Estamos frente a un tiempo de espera, sobre las acciones que llevaran a cabo los ucranianos. La respuesta rusa siempre es una incógnita.  El drama de Ucrania, no solo pareciera ser un callejón sin salida para Rusia, sino también para Estados Unidos y sus aliados, y ello implica que muchos miles de personas perderán su vida en el campo de batalla y seguramente muchos más tendrán que dejar sus hogares a un destino incierto como refugiados.

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