Vie. Ene 15th, 2021

El brillante mariscal Mannerheim

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Los libros de la Segunda Mundial nos inundan con nombres de célebres mariscales, generales y almirantes británicos, alemanes, estadounidenses, soviéticos y en menor medida franceses y hasta japoneses, pero poco se conoce del mariscal finlandés Carl Gustav Mannerheim, un personaje que vale la pena conocerlo.


Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de Diario El Miniuto de Argentina


El futuro Mariscal, nació en tiempos del Gran Ducado de Finlandia, que desde 1809 formaba parte del Imperio ruso, pero con un régimen especial. Desde 1863, el pais no solo contaba con moneda, bandera, y parlamento, sino un ejército.

Los oficiales del ejército eran formados en la Academia Militar de Hamina, que funcionaba desde 1821, siguiendo tradiciones suecas. El barón Mannerheim ingresó al cuerpo de cadetes en 1882 a la edad de 15 años. En la Pascua de 1886, Mannerheim, quebrantó un arresto por una falta menor, y en la citada escuela, dicha fuga significó la expulsión. Parecía que su carrera militar había terminado intempestivamente.

Esto no desanimó a Mannerheim, sino más bien redobló sus esfuerzos y en 1887 luego de haber obtenido el titulo de bachiller ingresó a la Escuela de Caballería Nikolai de San Petersburgo. En 1889 egresaba como alférez, iniciando su larga carrera militar al servicio del imperio ruso, siendo su primer destino un regimiento en la frontera germano polaca. En 1891 Mannerheim fue transferido a la Guardia de Caballeros de Su Majestad María Fyodorovna, en San Petersburgo, donde prestó servicio hasta l904.

Bajo la bandera de la Rusia zarista, Mannerheim participó en la guerra ruso japonesa (1904-1905). Allí por su valor fue condecorado y alcanzó el grado de coronel. En 1913, previo a la Gran Guerra, ya era general y estaba al frente de una brigada de caballerí. Combatió con valor en el frente austro húngaro y en 1917, ante el derrumbe del régimen zarista, regresó a Finlandia.

La independencia de Finlandia y la Guerra de Liberación

La revolución llevó a Rusia al caos, y era muy posible que Finlandia se viera arrastrada. El gobierno provisional ruso restableció la autonomía, pero los sectores de izquierda y más precisamente los socialdemócratas, conectados con los sectores radicalizados rusos, apostaron a la independencia. Los socialistas fineses lograron que el Congreso de los Soviets ruso apoye el derecho de autodeterminación.

En este período complejo, ante la formación de un nuevo parlamento, los socialdemócratas apoyaron la idea de crear una Guardia Roja. El pais estaba al borde de un estallido revolucionario como en Rusia. Finalmente los socialdemócratas se vieron “seducidos” por la idea de una democracia parlamentaria. La situación era grave, huelgas, desórdenes, presencia de tropas rusas indisciplinadas. Sectores tradicionales se alinearon al veterano político conservador Pehr Evind Svinhufvud, quien prometió restablecer el orden.

Este por cuestiones legalistas, consideró pertinente una independencia negociada con Rusia. El Consejo de Comisarios del Pueblo reconoció la independencia de Finlandia, que había sido proclamada por el Senado finlandés – órgano ejecutivo – el 6 de diciembre de 1917. La presencia de tropas rusas, llevó a Svinhufvud a buscar apoyo alemán. La idea del regreso de los miembros del batallón de cazadores 27, los célebres jaeger, se retrasó hasta 1918.

El gobierno provisional tuvo que apoyarse en antiguos oficiales del ejército imperial, destacándose la figura del general Mannerheim, quién se integró en el llamado “comité militar” presidido al teniente general Charpentier, junto antiguos oficiales del extinto ejército finlandés.1 Mientras llegaban los jaeger, en diversas partes del país se formaban los “cuerpos de protección” o Guardia Blanca.

Los guardias rojos se organizaron con apoyo de las tropas rusas estacionadas en el país – se estimaban en 40.000 – quienes le proveyeron armas y otros apoyos. Los “blancos” estaban en malas condiciones. Había carencia de equipos, municiones y cuadros preparados, salvo el comité militar y los jaeger. Una serie de desavenencias llevó a Mannerheim a separarse del comité militar, tras unas negociaciones, fue nombrado comandante en jefe. La situación era realmente crítica, con el país controlado por rusos y guardias rojos, escaso o nulo apoyo real externo, y sin dinero, los blancos, organizaron centros de entrenamiento en la Ostrobotnia.



El dinero que permitió financiar en una primera instancia el ejército blanco, fue un crédito privado. En la ciudad de Vasa, Mannerheim organizó su Cuartel General por varias razones, por varias razones, destacándose la lealtad política de la población, los recursos existentes y el estar seguro de cualquier acción armada de las guardias rojas. Asimismo observamos que el despliegue en dicha zona le permitía acceso al mar, a la frontera sueca y a un amplio espacio que le daba profundidad estratégica. El 25 de enero de 1918, el Parlamento declaró a los cuerpos de protección/guardia blanca, serían las fuerzas regulares del gobierno, convirtiéndose en las Fuerzas de Defensa.

El 26 de enero los rojos dieron un golpe de estado en Helsinki, fue creado el Comisariato del Pueblo de Finlandia. El asalto por parte de las tropas blancas al tren de soldados rusos que dirigían a Ostrobotnia, dio paso a la beligerancia. El bando rojo controlaba el sur del país e importantes ciudades:

  • Helsinki, Tampere, Turku y Viipuri. Mientras tanto, las tropas blancas habían desarmado a 4.000 soldados rusos, obtuvieron un importante botín en armamento.
  • El bando rojo tenia importantes recursos, controlaba espacios vitales, pero carecía de una estrategia clara, incluso tuvo varios relevos en su conducción, recayendo finalmente en Eero Haapalainen, pero recayendo el control real en el coronel Svetschnikov.

Los rojos no tenían una estrategia clara, a ello se unió los problemas de comando y control debido a la existencia de diversas instancias. El general Mannerheim, suplió las carencias con un mando profesional, buena organización y objetivos definidos.

El gobierno refugiado en Vasa, ante la emergencia, consideró oportuno solicitar ayuda alemana. Mientras tanto las tropas blancas desarmaban unidades rusas, que luego desembocó en acciones armadas abiertas. Mannerheim, decidió pasar a la ofensiva, y de esta manera evitar que los alemanes, que habían desembarcado en sur del país, avanzaran y ocuparan centros vitales.

Hasta ese momento sus fuerzas, ejecutaban operaciones de guerra irregular. Las partes se disputaban la zona central del país y las estratégicas Aland. Finalmente las fuerzas de Mannerheim lanzaron una importante ofensiva y libraron exitosamente la batalla de Tampere, donde los rusos/rojos perdieron 2.000 efectivos y 10.000 fueron tomados prisioneros. El talento de Mannerheim como organizador, quedó demostrado con la creación del alto mando.

El comando en jefe contó con un estado mayor, cuartelmaestre (una suerte de jefe de operaciones), plana mayor de armas (logística), división de etapas (administración) y la dirección de instrucción. El rol de ministro de defensa, lo ocupaba el senador Freys, que dirigía la llamada “oficina militar” Por otro lado, la necesidad de contar con soldados, llevó a reimplantar el servicio militar obligatorio basado en la ley de 1878. Esto permitió contar con recursos para completar las distintas agrupaciones del ejército. La toma de Helsinki por parte de los alemanes, obligó al gobierno rojo finlandés a huir a Viipuri, para luego de la derrota de estos en el frente carelio, a retirarse finalmente a San Petersburgo.

La guerra de liberación fue cruenta, dada la resistencia que opusieron ambos bandos y los excesos cometidos. El terror blanco como rojo, que incluía ejecuciones sumarias de prisioneros, causó la muerte de miles de personas, a ello se agregó las destrucciones y desmanes provocados por el conflicto. Esto marcaría a Finlandia en los difíciles años de la entreguerra. El general Mannerheim puso de manifiesto su talento como conductor militar, estratega y también político.

Los escasos recursos fueron hábilmente aprovechados, una buena organización y conducción tuvieron sus resultados. Sin ninguna duda él fue el creador y organizador de lo que hoy conocemos como las Fuerzas de Defensa. Razones políticas alejaron a Mannerheim del comando en jefe, al oponerse enérgicamente que los alemanes tuvieran el control absoluto sobre la reforma militar que queria el gobierno finlandés,

El general regresó a su país luego de una gira por diversos países de Europa, como regente nacional se vio envuelto en una difícil situación, la situación en los países bálticos era complicada, tras la retirada alemana.

Los bolcheviques habían irrumpido y el gobierno finlandés accedió a prestar ayuda a los estonios. Los rusos blancos, se oponían a la idea de una Finlandia independiente, que a pesar de ello, buscaban de alguna manera involucrar tropas finlandesas en la recuperación de San Petersburgo (Petrogrado en esos años).

Mannerheim se opuso a una intervención directa a favor de los rusos blancos. En su gestión fue debatida la Constitución, que estableció el régimen republicano. El 17 de julio de 1919, la Constitución fue aprobada y Finlandia se convirtió en república.

Mannerheim se retiró a la vida privada, tras perder las elecciones presidenciales, siendo electo para este cargo Kaarlo Stahlberg. En su vida privada Mannerheim se dedicó a labores sociales y de bien público, especialmente de protección de la infancia, que se extendió a labores educativas, sanitarias y de asistencia social.

Los años difíciles el Consejo de Defensa Nacional

El general Mannerheim mantuvo de alguna manera actividades de índole políticas, y que lo llevó en 1931 a presidir el consejo de defensa nacional. El nuevo presidente electo, el conservador Svinhufvud, quién conocía al general muy bien, le ofreció el cargo del comando en jefe, pero declinó asumirlo y a cambio fue ofrecido presidir el consejo de defensa nacional, y llegado el caso asumir el mando supremo en caso de guerra. Aquí comenzó una larga lucha por el presupuesto de defensa y modernizar las fuerzas de defensa.

Las Fuerzas de Defensa habían hecho importantes avances en materia de formación de cuadros, pero el equipamiento era de la Primera Guerra Mundial y las fábricas de armamento, solo podían satisfacer necesidades mínimas. La principal hipótesis de conflicto era la Unión Soviética, solo el distrito militar de Denigrado, capaz de movilizar la misma o mayor cantidad de efectivos de tiempos de guerra de la fueras de defensa, y con recursos logísticos inmensamente superiores gracias a su enorme desarrollo industrial. Otra falencia identificada por Mannerheim era la movilización.

Esta estaba basada en el sistema de cuadros, las unidades doblaban sus cuadros cuando se incorporaban los reservistas. El sistema era vulnerable por los tiempos de movilización, especialmente para contener un ataque en el vulnerable istmo de Carelia. Las obras de fortificación del istmo de Carelia eran muy limitadas, la indiferencia de la clase políticas especialmente por la oposición de la izquierda y el centro, limitaron fuertemente el esfuerzo de potenciar la defensa finlandesa.

Mannerheim a través del consejo de defensa mantuvo reuniones y pidió fondos para la defensa, dado que la situación internacional iba empeorando, especialmente por la política desplegada, de la Alemania del III Reich y la Unión Soviética. Los políticos finlandeses de aquel momento consideraron que el sistema de la Liga de las Naciones – que fracasó rotundamente en la crisis etíope de 1935 – y la declaración de neutralidad, los salvaría del clima de tensión y militarismo.

Asimismo, el gobierno confiaba en los tratados con Moscú que reconocían los límites entre los dos países y de la independencia del país, desconociendo la nueva política externa en manos de Stalin.

La reducción del gasto de defensa en 1931, permitió solo realizar una maniobra final para los reclutas de ese año. Mannerheim recordará lo importante que es para los conscriptos la realización de maniobras, no solo por poner en práctica lo aprendido, sino que tiene que ver desde lo psicológico, que rompe con la monotonía de la vida cuartelera. En los ejercicios de 1931 puso de manifiesto la calidad del entrenamiento, pero las falencias de comunicaciones era evidente – algo que tuvo fuerte impacto en la guerra de Invierno – y era preciso inversiones al respecto.

Sus actividades no se limitaron a observar ejercitaciones, sino recorrer los teatros de operaciones donde podrían desarrollarse los combates. El Istmo de Carelia fue considerado vital para la defensa dado que es un espacio angosto, con bosques, lagos, pantanos y cursos de agua, facilitaba las acciones de retardo. Mannerheim, diseñó un nuevo sistema de movilización, que luego quedaría demostrado su eficacia.

La visita de Mannerheim a Alemania en 1932, recordando la batalla de Lutzen, el general observó el ascenso de los nazis y sus consecuencias políticas para Europa. Su gran preocupación no solo era la defensa, sino también contar con una política exterior definida, que le permitiera al país contar con alianzas que le garantizaran ayuda en caso de una crisis en la región del Báltico.

En 1934, el sistema de movilización territorial estaba listo, luego de un gran esfuerzo. En su gestión se adquirieron licencias para producción de aeronaves, todos modelos anticuados, y la construcción de los principales medios de las fuerzas navales. En 1937, el mariscal Mannerheim dejó el consejo de defensa. La fuerte oposición socialdemócrata a incrementar los gastos de defensa, marcaron la gestión de Mannerheim, unido a las limitaciones en materia de política exterior, que no ponderaba el clima de ilegalidad internacional.

La guerra de Invierno (1939-1940). El regreso de Mannerheim como Comandante en Jefe.

El presupuesto de defensa comenzó a incrementarse en un modesto porcentaje entre 1937 a 1939, pero era demasiado tarde, se había perdido mucho tiempo. En 1939 comenzaron las presiones abiertas de la Unión Soviética para una serie de concesiones territoriales y un acuerdo de cooperación. Lo que generó un intenso debate, dado que había otro temor, que Alemania realizara las mismas peticiones. El destino de los países bálticos2 que al firmar los mismos acuerdos ofrecidos a Finlandia, influyó en Helsinki. La situación era realmente crítica y el presidente Kallio convocó a Mannerheim, quién le envió una carta poniendo en evidencia las carencias de las fuerzas armadas, por la negativa de los fondos por parte del parlamento. El estado de la defensa del país, puso en evidencia carencias en materia de defensa antiaérea, antitanque, aviación de combate anticuada, inexistencia de un arma blindada moderna, medios navales limitados y problemas logisticos, etc.

Las fuerzas finlandesas contaban con apenas 96 aviones (llegaron luego a 287 durante la guerra). El ejército de 33.000 efectivos, con el sistema territorial podría incrementarse rápidamente a 127.500 efectivos, conformando nueve divisiones. Además de estos efectivos había otro escalón de reservas, de 100.000 efectivos y 100.000 voluntarios de la Guardia Cívica.

Diversos historiadores estimaron que la capacidad de movilización era de 400.000 efectivos. La defensa del país se complementaba con el cuerpo femenino auxiliar, las Lotta Svärd, con funciones logísticas, de sanidad, administrativas, observación aérea, comunicaciones. Tenía unas 60.000 integrantes.

Una división finlandesa era de 14.200 hombres, frente a 17.200 de las soviéticas, cuya potencia de fuego era tres veces mayor que las finlandesas. Los soviéticos contaban con millares de tanques (los finlandeses se estima que tenían unos 200) y unos 800 aviones, además de las inmensas reservas a disposición del comando en jefe soviético. Las fuerzas navales soviéticas también eran superiores, y tenían bases en Estonia, lo que facilitaba acciones tanto navales como aéreas, alcanzando los principales centros industriales de Finlandia.

En números parecía que la Unión Soviética aplastaría a los finlandeses en días. En cuanto a la Línea Mannerheim, que la propaganda soviética mostraba como algo parecido a la Línea Magnot, no era más que un conjunto de nidos de ametralladoras, alambradas de púas, fosas y obstáculos antitanque.

El 30 de noviembre de 1939, al estallar el conflicto armado, el presidente Kallio convocó al general Mannerheim, para que asumiera el comando en jefe. Los soviéticos habían bombardeado barrios industriales de Helsinki y esa misma mañana, el gobierno aprobó el nombramiento de Mannerheim en el mando supremo.

El plan del comando en jefe finlandés consistió en impedir/rechazar que el enemigo penetrara el istmo de Carelia. En una primera instancia las tropas de frontera a través de un combate retardante, debería frenar la ofensiva enemiga, dando tiempo a la movilización de las fuerzas principales del ejército, con la esperanza de generar daños suficiente y contribuya a una mejor posición del país en una hipotética negociación de paz. La fortaleza del plan finlandés residía en la coordinación, conocimiento del terreno y el entrenamiento. En lo referente al mando soviético, el objetivo estratégico principal era restablecer las fronteras de 1721, y como objetivos secundairos, ocupar parte de Carelia, cortar a Finlandia alcanzando el golfo de Botnia bloqueando cualquier auxilio que pueda provenir del Oeste; y captura de Petsamo de la zona aledaña, ricas en minera del niquel. La fuerza de maniobra soviética estaba compuesta por cinco “ejércitos” con treinta divisiones y seis brigadas acorazadas.

Los planes soviéticos iban más allá de obligar a la rectificación de fronteras, sino instaurar un régimen títere. En la frontera, en la localidad de Terijöki, Otto Kuusinen, miembro del partido comunista y participante del gobierno rojo en la guerra civil, en calidad de “presidente” de la “República Democrática de Finlandia” sería el responsable de reemplazar al gobierno legítimo de Helsinki.

Sin grandes esperanzas de apoyo externo, los finlandeses tuvieron que enfrentar en soledad a la invasión. Estos practicaron una táctica de tierra calcinada, obligando a las fuerzas soviéticas aglomerarse en las limitadas carreteras.

Las escasas tropas de cobertura, en contra de las órdenes del general Mannerheim, en el istmo pagaron las consecuencias ante la avalancha soviética. Las fuerzas blindadas tuvieron un rol importante en hacer retroceder a las fuerzas de cobertura, hasta que fueron desarrolladas tácticas de lucha antitanque con los famosos cócteles Molotov.

La crisis desatada entre los mandos militares responsables de la defensa del Istmo de Carelia, motivó la intervención personal de Mannerheim, que tuvo como resultado que la ofensiva soviética quedara detenida. Un acertado planeamiento, una buena organización, entrenamiento y calidad del mando tuvieron sus resultados ante la avalancha soviética. Los años en el Consejo de Defensa Nacional, por parte del general Mannerheim, no fueron en vano.

El 1 de febrero de 1940, los soviéticos lanzaron una ofensiva a gran escala en el istmo de Carelia. A pesar de algunas escenas de pánico entre los defensores, por el enorme poder de fuego soviético, que lanzaron 300.000 proyectiles. Los inmensos recursos soviéticos fueron volcados contra Finlandia, un país que por razones económicas y demográficas no podía soportar el asedio por un período prolongado de tiempo.

El gobierno necesitaba negociar la paz y su Comandante en Jefe, aconsejó una salida negociada. La situación era crítica, finalmente el 13 de marzo de 1940 la Guerra de Invierno había terminado. Los soviéticos al final de la lucha tuvieron que comprometer 1.200.000 soldados, 3.000 aviones y 1.500 blindados, para obtener el resultado que no pudieron obtener vía las negociaciones. La dura prueba de la Guerra de Invierno, legó importantes lecciones para las fuerzas armadas finlandesas.

La guerra de la Continuación (1941-1944)

Las condiciones de paz impuestas por la Unión Soviética significó la pérdida del 10% del territorio nacional y el arriendo de la base de Hankö, además de la cesión de islas clave en el golfo de Finlandia. El país quedó aislado internacionalmente y sometido a una presión constante de la Unión Soviética, que se vio incrementada con la caída de Noruega y Dinamarca en manos germanas. Los estados bálticos fueron ocupados, sin disparar un solo tiro, por parte de los soviéticos. Las exigencias de Moscú aumentaron, incluyó el control de las minas de níquel, la restitución de bienes públicos y privados evacuados de la península de Hankö (donde habían sido evacuados en sus pobladores). Era evidente, que el plan de Stalin era anexar Finlandia a su imperio rojo.

Helsinki comenzó un tímido acercamiento al III Reich, pero manejado hábilmente, especialmente en la faceta militar por Mannerheim, quien evitó cualquier pacto que comprometiera militarmente al país con la política de Berlín. Pero la dependencia de Alemania se incrementó con las sanciones económicas impuestas por Moscú.

La difícil situación del país, no impidió que se llevaran a cabo mejoras en las fuerzas de defensa – el parlamento no objetaba los gastos militares – y fueron tomadas medidas para fortificar la nueva frontera. El país estaba en una encrucijada por las presiones de Berlín y Moscú. La movilización de tropas soviéticas en la frontera oriental, llevó a decretar la movilización del ejército de campaña. Las medidas eran exclusivamente defensivas.

El 22 de junio los soviéticos rompieron las hostilidades y lanzaron una serie de ataques terrestres y aéreos. Ese mismo día, los alemanes lanzaron la Operación Barbarroja de invasión de la Unión Soviética. El 25 de junio el Comando en Jefe instaló su Cuartel General en Mikkeli, y el 28 de junio fueron autorizadas las acciones militares fuera de la demarcación fronteriza. Hábilmente el mariscal finlandés evadió asumir mayores compromisos con los alemanes, por sus consecuencias a futuro para el país.

Solo cooperaba con los alemanes de manera limitada, a fin de obtener el máximo beneficio. Aquí se puso de manifiesto su talento diplomático y su habilidad para salir airoso de situaciones espinosas. La recuperación de determinadas islas en el golfo de Finlandia, fue un ejemplo de ello, recayendo el esfuerzo en tropas finlandesas. Estas acciones eran vitales para brindar seguridad no solo al tráfico mercante, sino a la propia capital, Helsinki.

La Segunda Guerra se caracterizó, entre tantas cosas, en el pésimo trato a los prisioneros, en el caso finlandés, por intervención del propio mariscal Mannerheim, los millares de prisioneros soviéticos, gracias a una carta personal enviada a la sede de la Cruz Roja en Suiza, fueron enviados paquetes, para ser distribuidos y paliar la difícil situación de los prisioneros.

En cambio Stalin tuvo un comportamiento distinto respecto a los prisioneros de guerra finlandeses. Otro aspecto, que realza al personaje, es su intervención por los judíos refugiados en Finlandia. Alemania exigió su expulsión, dado que la mayoría eran extranjeros. Ante vacilaciones del gobierno, el mariscal Mannerheim intervino en su favor y la deportación nunca se hizo efectiva.

En lo referente a zonas ocupadas, la administración militar impuesta, no generó conflictos importantes con los carelios y los eslavos que estaban bajo control finlandés. Algo también extraño en una guerra, donde los abusos a las poblaciones ocupadas estaban a la orden del día. En esos años sectores nacionalistas promovieron una campaña de finlandización de Carelia, que incluyó la construcción de escuelas y campañas de asimilación, que no dieron gran resultado.

El 4 de junio de 1942, en el 75 aniversario del mariscal, el presidente Risto Ryti junto a su gobierno lo visitaron en su Cuartel General. Este le comunicó que se le otorgaba el título de mariscal de Finlandia. Pero la gran sorpresa – nada agradable para Mannerheim – la visita de Adolf Hitler, quien voló expresamente desde Berlín para dicho evento. En la reunión sostenida entre el dictador germano, el presidente finlandés y el mariscal Mannerheim, fueron tocados temas de actualidad internacional.

Hitler justificó la no intervención alemana en la Guerra de Invierno, por razones políticas y militares, para luego justificar la guerra en el Este y la necesidad de redoblar los esfuerzos para derrotar a la Unión Soviética. En otras palabras buscaba una mayor cooperación finlandesa, especialmente en relación a la necesidad imperiosa de cortar el ferrocarril de Murmansk y el sitio de Leningrado. Desde punto de vista político era algo muy riesgoso para Helsinki, especialmente por las reacciones que pudieran tener los Aliados.

El mariscal Mannerheim volvió a ver a Hitler en su cuartel general en Prusia para el 27 de junio de 1942, donde expuso las capacidades militares finlandesas. Allí el dictador alemán pudo percibir que Helsinki había movilizado todo su potencial y no podría aportar mucho al esfuerzo germano de guerra. En el cuartel general alemán, altos mandos y el propio Hitler expusieron sobre la situación militar en África del Norte, Leningrado y el lanzamiento de una nueva ofensiva con dirección al Cáucaso.

El rol del mariscal excedía el ámbito militar, dado que en cuestiones de política exterior y en las grandes decisiones nacionales, era fuente de consulta. Una nota enviada por el gobierno de Estados Unidos – con fecha de 25 de septiembre de 1942- donde expresaba tanto al mariscal como al gobierno finlandés sobre los temores a que éstos cedieran a las presiones germanas. Hungría y Rumania, estaban fuertemente presionados, y dado la situación del frente de Leningrado, era probable que las presiones de Berlín se incrementaran. Era una situación muy difícil de llevar.

La visita de Himmler, el jefe de las SS, puso en evidencia el valor estratégico de Finlandia en la guerra en el este. La situación de Alemania era comprometida, las fuerzas del Eje en África del Norte estaban retrocediendo. La situación de Europa Occidental, demandó la ocupación completa de Francia, exigiendo mayores efectivos.

Los soviéticos en noviembre de 1942 habían lanzado una feroz contraofensiva en Stalingrado. La, la derrota del Eje en Stalingrado, la retirada del frente africano, pusieron al III Reich en una situación defensiva. Esto alarmó al gobierno de Helsinki.

El presidente Ryti, junto al primer ministro Rangell, el ministro de exteriores Tanner, y el ministro de defensa, general Walden, se hicieron presentes en el cuartel general de Mannerheim, para discutir opciones para el país y la posible evolución de la guerra. El temor era llevar al país a un callejón sin salida.

Mientras en el Cuartel General del Mariscal se debatía sobre la situación internacional, los soviéticos habían lanzado una violenta ofensiva en Leningrado, a fin de mantener comunicaciones que le permitiera sobrevivir a la ciudad sitiada. El resultado de la conferencia entre el gobierno y el mariscal, fue que el parlamento debía conocer la situación internacional.

El oficial de informaciones del cuartel general, el coronel Paasonen, expuso ante el Parlamento, la situación política – militar, para el mariscal Mannerheim, e indicaba que Alemania mostraba signos de agotamiento. Los viajes realizados por el Mariscal, como de otros altos oficiales al cuartel general germano, y de los contactos con sectores políticos y militares alemanes, llevó a la conclusión que empezaban a ver fisuras en las fuerzas armadas y el partido nazi.

Es por ello que era preciso buscar una salida negociada con la Unión Soviética, a fin de que el país no se viera arrastrado por la suerte de Alemania. La reacción de los diputados fue adversa, luego el jefe de estado mayor, general Heinrichs, indicó que era necesario continuar la lucha, dado que no estaban dadas las circunstancias para una negociación con la otra parte.

Las elecciones presidenciales, le permitieron a Risto Ryti, ser reelecto, y siguiendo la costumbre, Rangell presentó la renuncia, formándose un nuevo gabinete presidido por Linkomies y como ministro de exteriores, Ramsay, alguien que apoyaba el mariscal, por su postura favorable a los países anglosajones.

Mannerheim sabía que en el futuro, sería vital un entendimiento con Estados Unidos y el Reino Unido, a fin de tener cierto respaldo político frente a Moscú.

En mayo de 1943, el mariscal Mannerheim, luego de un tratamiento médico en Suiza, tomó conocimiento que el gobierno finlandés cedió a las presiones alemanas, de quedar de alguna manera sujeto al destino del Reich. La situación alimentaria en el país era crítica, y los embarques de cereales provenientes de Alemania eran vitales. Los alemanes tenían una fuerte influencia económica sobre Helsinki.

La idea de llegar algún entendimiento con Estados Unidos, que patrocinaba mediar para una eventual salida de la guerra, quedaron en la nada misma. La influencia del mariscal permitió que el batallón SS finlandés fuera disuelto por orden de Himmler y sus efectivos distribuidos en las Fuerzas de Defensa. Desde un principio, el mariscal se había opuesto a que jóvenes en edad militar, pudieran integrarse a las Waffen SS, por razones eminentemente políticas. Era imperioso tomar distancia de Berlín sutilmente. Este batallón fue disuelto, a instancias de Mannerheim, por sus implicancias políticas.

El esfuerzo de guerra finlandés había llegado a su límite, la movilización incluyó a personas de 45 años. La movilización afectaba el funcionamiento de la economía y los servicios públicos. En 1943, vía Suecia, Finalndia busco una salida de la guerra, iniciando un penoso y complejo proceso de conversaciones informales con los soviéticos. Eran negociaciones delicadas, dado que había que evitar que el III Reich tomara conocimiento y reaccionara de la peor manera.

Ante el retroceso del Eje en los distintos frentes, Berlín también hizo saber sobre mayores exigencias. Mientras tanto Mannerheim ordenó la fortificación de la línea Vyborg –Kupaarsari – Taipale, la llamada línea U (líena Uuksu) y la puesta en marcha del plan de evacuación del valle del Vuoksen.

En 1944 la diplomacia soviética hizo saber a Finlandia sus condiciones, que iban desde el reconocimiento de las fronteras de 1940, el internamiento y/o expulsión de tropas extranjeras, el pago de una compensación de 600 millones de dólares en cinco años. Términos considerados inaceptables y rechazados formalmente el 15 de abril de 1944.

El temor hacia la reacción alemana estaba presente y esto era una seria limitación en la toma de decisiones del gobierno.

Finalmente la Unión Soviética, ante la indecisión de Helsinki lanzó una serie de ofensivas en el mes de junio en istmo de Carelia. El país sufrió un ataque militar a gran escala que se llevó a cabo por aire, tierra y mar.

La Aviación Estratégica Soviética contaba con aparatos de factura norteamericana como los B25 y de producción soviética, y fueron lanzados a escala sobre Helsinki. La respuesta fue las llamadas “barreras Antiaéreas” que consistió en un eficiente sistema coordinado por radar, donde eran empleados piezas de distintos calibres con base en tierra y medios de la Flota. Dentro del sistema se integraban avezados pilotos alemanes y finlandeses al mando de eficaces cazas Bf109G, que generaron grandes pérdidas a la aviación soviética.

La avalancha soviética sorprendió a las tropas finlandesas, donde hubo escenas de pánico, dado la magnitud de las fuerzas atacantes. Los ejércitos soviéticos sumaban 450.000 efectivos, 10.000 cañones, 2.000 aviones y 800 tanques. Las fuerzas finlandesas tenían 270.000 soldados, 1900 cañones, 110 tanques y 248 aviones.

Las tropas carecían de experiencia en grandes combates, los trabajos de fortificación estaban retrasados y el poder de fuego era limitado, a pesar de las mejoras, las probabilidades de éxito ante una embestida de magnitud eran más que limitadas. La capacidad antitanque era escasa y poco o nada podría hacer frente al T34 soviético.

El 10 de junio de 1944, el día más negro de la historia militar finlandesa, según palabras del mariscal, dado que los soviéticos lanzaron tres divisiones de la Guardia (unidades de elite) contra un regimiento. La situación era caótica, a pesar que el Cuerpo IV resistió la embestida de 5500 cañones, 800 lanzacohetes y 500 aviones, otras unidades se desbandaron. El mariscal ordenó un repliegue a la línea VT.

La situación era dramática, los soviéticos estaban dispuestos arrollar a los finlandeses e imponer una ocupación militar. La localidad Viipuri cayó el 20 de junio. La resistencia fue desesperada y el alto mando finlandés buscó detener la avalancha soviética.

A través de una estratagema, los finlandeses lograron que llegara ayuda alemana, que les permitió contar con armamento antitanque moderno y cañones de asalto. Al referirse el mariscal sobre el pacto con los alemanes, señaló habían sido creadas, las bases para estabilizar la situación y para poder firmar la paz.

Pero lo habíamos hecho con el puñal al cuello. En la batallas de Tali –Ihlantala fueron en su conjunto una victoria defensiva finlandesa. La superioridad soviética era compensada por un novedoso sistema de adquisición de objetivos, que permitía montar el llamado “Mar de Fuego” haciendo sumamente efectiva a la artillería finlandesa. Las armas antitanque modernas cedidas por Alemania, empleadas con inteligencia y audacia, el despliegue de un destacamento aéreo de 70 Stuka y la llegada de una división de infantería germana aliviaron en parte el esfuerzo de guerra.

En Carelia oriental, los soviéticos lanzaron el 7º ejército con 15 divisiones de infantería, 3 brigadas de infantería de marina, y un cuerpo de artillería de asalto. Los finlandeses se replegaron a la línea U. En este sector se libró la última batalla en llomantsi, donde los soviéticos fueron derrotados, perdiendo dos divisiones completas luego de un contraataque del general Raapana, que comandaba una fuerza especial de tipo divisionario.

Estas acciones llevaron a que la Unión Soviética, desistiera de la idea de una rendición incondicional. El dispositivo defensivo finlandés funcionó y las tropas de Mannerheim mostraron habilidad en combates defensivos, siempre combatiendo en inferioridad de número, pero magníficamente conducidos y con un alto mando que supo actuar en una situación fue verdaderamente dramática.

Mannerheim presidente.

El historiador David Kirby señaló que los políticos que le negaron el acceso a la presidencia a Mannerheim en su momento, fueron quienes luego del fracaso de la dirección de la guerra, ante la inminente catástrofe, llamaron a su Comandante en Jefe para asumir la presidencia. El presidente Ryti dimitió y con el, los compromisos asumidos con los alemanes se daban por terminados (estaba estipulado que mientras Ryti fuera jefe de estado, estos compromisos de cooperación permanecían vigentes).

Las Fuerzas de Defensa todavía estaban intactas. Finalmente en septiembre de 1944, Finlandia solicitó la paz. Las condiciones eran sumamente duras. Los acuerdos impusieron pesadas reparaciones de guerra – US$ 600 millones pagaderos a cinco años – la cesión de los territorios árticos (Petsamo), la desmovilización de las tropas alemanas, la reducción del ejército finlandés a 37.000 efectivos, la disposición de bases aéreas para la Aviación Roja para lanzar ataques sobre Alemania, facilidades para el desplazamiento de tropas soviéticas.

Los buques, aviones civiles y militares quedaron inmovilizados, solo podrían salir previa autorización soviética. La comisión de control aliado, estuvo presidido por Andrey Zhdanov, líder del partido comunista del distrito de Leningrado, responsable de la anexión y “sovietización” de los estados bálticos.

Este personaje exigió la disolución de unas 400 asociaciones, algunas filo – fascistas, otras de carácter patriótico, como también las Lotta Svärd y Guardia Cívica, por considerarlas “hitlerianas”. Sin ninguna duda el país vivió momento de zozobra La evacuación de las tropas alemanas en el norte del país, ante la amenaza de intervención soviética, terminó con varios incidentes armados, conociéndose dichos incidentes como la “Guerra de Laponia”.

Hitler lanzó la Operación “Tanne Ost” con la idea de ocupar las islas Aland, pero era tarde, no había medios para llevarlo a cabo. Se libraron solo combates por la isla Suursaari. El costo humano para el país había sido de más de 60.000 muertos, una cifra elevada para un país que no llegaba a las cuatro millones de almas.

El presidente Mannerheim formó un nuevo gobierno presidido por el veterano político J K Pasikivi, en el marco de una coalición de centro izquierda. Una de las medidas más duras que tuvo que tomar el mariscal, el cumplimiento del artículo 13 del armisticio, de formar una comisión de responsabilidades durante la guerra. La salud del anciano guerrero, se habría resquebrajado, y su deseo era realizar un viaje.

Esto llegó a la comisión soviética quién amenazó al primer ministro Paasikivi, que un viaje del mariscal fuera del país, “perjudicaría a Finlandia”. El 4 de marzo de 1946, con un certificado médico, el Mariscal de Finlandia, presentó su renuncia.

El mariscal se retiró a la vida privada en su residencia de Kirkniemi, pero su estado de salud – y para algunos historiadores la acusación de ser responsable de la guerra de 1941 – motivaron su viaje a Suiza. Lo acompañaría en su viaje el coronel Paasonen, su jefe de inteligencia en el Cuartel General, quién lo ayudaría a redactar sus célebres memorias. Falleció el 27 de enero de 1951 a los 83 años en Lausana, Suiza. Tiempo después sus restos serían repatriados y es considerado hasta el día de hoy un héroe nacional.