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Alemanes en África Oriental (1914-1918): El arte de la guerra de guerrillas

El Minuto | Durante la Primera Guerra Mundial, en el territorio de la actual Tanzania fue escenario de una verdadera hazaña militar en manos del general alemán Lettow Vorbeck. Su pequeña fuerza militar ofreció durante casi cuatro años una dura resistencia que significó la movilización de importantes recursos por parte del Imperio Británico.

Por: Jorge  Suárez Saponaro | Director El Minuto para Argentina

Los alemanes ocuparon la región de Tanganyka, en 1885 – que forma parte del estado de Tanzania – como consecuencia de la Conferencia de Berlín en 1884. Kart Peters, creó una compañía que obtuvo derechos de explotación del territorio. Logrado una serie de acuerdos con jefes tribales, los alemanes comenzaron a ocupar el país. La dureza del régimen alemán, con impuestos, trabajo obligatorio, generaron descontento en la población Una serie de revueltas, donde en una de ellas, los alemanes apelaron a las divisiones tribales para consolidar su poder, pero el incidente más grave fue la rebelión Maji Maji (1905-1907).

El gobernador alemán Gustav Adolf von Götzen, aplicó una táctica de tierra quemada contra las bases rebeldes, que ocasionó miles de victimas, que hasta el día de hoy es objeto de controversias, pero todos parten que fueron más de setenta mil personas. Las consecuencias fue la pérdida de credibilidad de las religiones tradicionales, dado que los rebeldes creían que al ingerir un brebaje mágico – maji maji – serían invencibles, realidad que fue más bien al contrario, como de los liderazgos tradicionales. Asimismo la aristocracia local prácticamente desapareció, lo que robusteció el control alemán. La llegada de nuevos gobernadores y mejoras en el trato de la población, mejoraron la relación entre los nativos y los alemanes. Quien realizó mayores avances, fue el último gobernador germano, Henrich von Schnee.


El gobernador alemán Gustav Adolf von Götzen


Tanganyka era la colonia más rica del imperio alemán, con 600.000 km2 y ocho millones de habitantes. La administración alemana había avanzado en la construcción de ferrocarriles, escuelas y una economía próspera, gracias al fin de las rebeliones y las medidas liberales del gobernador Schnee. La defensa de la colonia recaía en la Ostafrikanische Schutztruppen o Fuerza de Seguridad de África Oriental, formada por un reducido número de efectivos – 260 oficiales blancos y 2500 nativos, llamados askaris – distribuidos en diferentes compañías, que operaban como unidades tácticas móviles autosuficientes.

Estas sumaban unas 14 en total, compuestas cada una de ellas con tres secciones de fusileros, una sección de transmisiones, uno o dos cañones de campaña, y 250 porteadores, dado que por el clima y la presencia de la mosca tse tsé, el empleo de ganado era dificultoso por las enfermedades. Las órdenes básicas eran en alemán, mientras que las más amplias, se usaba el suahili.

Los soldados africanos eran reclutados entre las tribus de la costa, los suahilis y grupos bantúes del interior del protectorado. El régimen disciplinario era muy severo, compensando por una excelente paga y un estatus social superior a otros grupos nativos, lo que garantizaba la lealtad del soldado africano. A este reducido grupo, había que agregar las Tropas de Policía, con 65 oficiales y dos millares de áskaris, que llegado el caso podría integrarse al componente militar de la colonia.

Lettow – Vorbeck: La forja de un brillante oficial

El general Paul Emil von Lettow – Vorbeck, nacido en 1870, en la región alemana de Sarre. Hijo de un militar prusiano, perteneciente a una familia militar de larga tradición. Sus antepasados lucharon en la Guerra de los Siete Años, y las guerras napoleónicas. A los once años ingresó al Cuerpo de Cadetes y cuatro años después., en 1888, egresó como teniente del 4º Regimiento de la Guardia a Pie. En 1889, fue seleccionado para ingresar a la Academia de Guerra, para hacer carrera en el cuerpo del Estado Mayor, un honor del cual no muchos oficiales alemanes disfrutaban.

En 1890 partió a China, para hacer frente a la rebelión Bóxer. En 1904, fue enviado al África del Sudoeste Alemán, para participar en la represión de la rebelión de los hereros y namas. Los hereros operaron en forma de guerra de guerrillas, que causaban graves pérdidas a los alemanes. Lettow Vorbeck, se dio cuenta que había que aplicar la misma medicina a los insurrectos. Adquiriendo una amplia experiencia en materia de guerra no convencional. Luego de ser derrotados, los hereros y namas fueron objetos de prácticas genocidas. Lettow von Vorbeck, no participó en las deportaciones.

En 1913, partió desde Alemania, rumbo a Camerún, que era una colonia alemana, para luego ser enviado a Tanganyka, y ser puesto al frente en 1914 las Ostafrikanische Schutztruppen. La situación de dichas tropas no era para nada halagüeña, la artillería disponible era de unas 35 piezas de limitado alcance, fusiles Máuser Modelo 1871 y 67 ametralladoras Maxim. Todo ello para hacer frente a extensas fronteras, rodeadas de posesiones coloniales en manos enemigas. Aunque esto solo era en teoría, dado que el estado de las unidades africanas de las fuerzas británicas en Uganda y Kenia, tenían muchas limitaciones, lo que demandó la movilización de tropas desde la India y Sudáfrica.

El comandante alemán, veterano de guerras coloniales, era un hombre que estaba imbuido en las ideas de la época sobre la superioridad cultural y racial de los blancos, y la misión “civilizadora” que tenía en las poblaciones nativas. Es por ello que entró en choque con el gobernador colonial, Dr. Schnee, que no quería luchar, sino hacer valer el estatus de neutralidad del protectorado. Vorbeck consideraba que había que defender los intereses alemanes en la región, aún con los recursos disponibles.

Soldado acostumbrado a una vida de privaciones, propias del servicio colonial, detallista, disciplinado, como parte de esa “misión civilizadora” decidió imbuir a los soldados nativos de las virtudes militares prusianas, como la puntualidad, el orden, la disciplina y una dura preparación para el combate. La facilidad para los idiomas, permitió aprender el suahili, la lengua de las tropas nativas, esto facilitó su liderazgo, agregándose una personalidad carismática, y una gran habilidad para actuar en situaciones realmente adversas, le permitió liderar una fuerza de varios millares de nativos, durante cuatro largos años en el extenso teatro de operaciones del África Oriental.

Lettow Vorbeck, ante la situación realmente crítica, tomó una serie de medidas, centradas a una reorganización de las fuerzas coloniales, colocando a las fuerzas militares y la policía militarizada local, bajo su comando. Los soldados fueron objeto de un intenso programa de entrenamiento, que permitió suplir a los europeos en el empleo de las ametralladoras Maxim, por parte de personal nativo.

La experiencia adquirida en operaciones de contrainsurgencia a lo largo de la geografía del Protectorado, le dio al soldado nativo, un perfil de un combatiente con experiencia y adaptado a los rigores de la peculiar geografía y clima africano. Ante el estallido de las hostilidades, el gobernador germano quiso hacer valer el estatuto de neutralidad de la colonia, algo que a todas luces los británicos no respetarían. Incluso, rechazó la propuesta de Paul Emil de lanzar un ataque a la poca defendida Uganda, en un vano intento de preservar la paz.

La guerra es una realidad. Llegan los británicos

El mando alemán conocedor de las vulnerabilidades británicas, especialmente por la dispersión de las fuerzas de los regimientos en África Oriental, agrupados en el Cuerpo Africano de Fusileros del Rey o KAR, y dado la inferioridad numérica propia, decidieron tomar la iniciativa, para obligar aferrar fuerzas, evitando que estas fueran empleadas a escala contra objetivos germanos.

Las fuerzas alemanas se concentraron en la región del famoso Monte Kilimanjaro. En octubre, tiempo antes del estallido de la guerra, la captura de periódicos y correspondencia clasificada británica, permitió a Lettow Vorbeck, tener un cuadro de las intenciones reales británicas, algo que el gobernador alemán Dr. Schnee, ignoraba. El hábil comandante alemán reconoció en persona el área de operaciones, conocer las fortalezas y debilidades del terreno para su defensa.

El capitán von Prince, desde su base en Moshi, desplegó sus fuerzas y tomó la localidad de Taveta, al otro lado de la frontera. Una rápida reacción británica, lo expulsó del área. Luego del bombardeo de Dar es Salaam por parte de buques británicos, se impuso una breve tregua, con la esperanza que los alemanes, viéndose rodeados de enemigos, cedieran, pero no fue el caso.

El alto mando británico, decidió un desembarco en Tanga. Las necesidades del imperio, impidió el despliegue de tropas metropolitanas. Fueron empleadas tropas indias, de mala calidad, mal entrenadas y reunidas con prisa, a tal punto que los oficiales tenían un escaso conocimiento de sus subordinados. Estos 8000 efectivos, al mando del mayor general Aitken, fueron enviados a Tanga.

En noviembre de 1914, la llamada Fuerza Expedicionaria B, desembarcó en dicha localidad, sin reconocimiento previo del área y luego que el comandante del crucero HMS Fox, anunciara formalmente al comando alemán el fin de la tregua local. Las fuerzas germanas estaban alertadas y preparadas para la dura prueba que sobrevendría. Las tropas indias, afectadas por las duras condiciones de navegación, que impactó en su desempeño en combate, ante los motivados áskaris. Lettow Vorbeck, avisado de las intenciones británicas, concentró nada menos que un millar de efectivos en horas en Tanga, explotando hábilmente el factor sorpresa. Los temores del comandante del crucero Fox sobre la seguridad de su nave, como de la magnitud del dispositivo alemán de defensa, llevó que las tropas anglo indias realizaran una aproximación indirecta, que los obligó atravesar un terreno inhóspito, lo que agravó más el cuadro de los agotados soldados indios.

La sorpresa alemana costó a los británicos más de trescientos muertos, una retirada apresurada y dejar tras de sí, municiones, ametralladoras, abastecimientos diversos y valiosas piezas de artillería, que fueron aprovechados por el comando alemán. Las causas del desastre británico residieron en subestimar la capacidad alemana, la ausencia de coordinación entre las fuerzas terrestres y navales, y la pérdida del factor sorpresa.

La victoria de Tanga, fue para Lettow Vorbeck una valiosa lección. La única manera de llevar a cabo la guerra de manera exitosa con su pequeño ejército, sería llevar a cabo acciones no convencionales, organizando columnas dotadas de gran movilidad táctica, que estaban en constante movimiento, evitar combates frontales, y explotar al máximo el factor sorpresa. Esto permitió, gracias a la red ferroviaria construida previa a la guerra, concentrar fuerzas en el momento y lugar oportunos. El intento británico de invadir desde la región del Kilimanjaro, fracasó.

En 1915, en la batalla de Jassin, las fuerzas alemanas volvieron a triunfar, pero a costa de la pérdida de oficiales y suboficiales, imposibles de reponer, entre ellos, el excelente capitán von Prince, dado el aislamiento que tenía el territorio de la metrópoli. Lettow Vorbeck tuvo que recurrir a la policía local, ciudadanos austriacos que vivían en África y militares retirados para engrosar su pequeño ejército. Parte de los voluntarios fueron empleados en unidades de francotiradores para hostigar a los británicos. Para 1916, las fuerzas germanas eran unos 14.000 efectivos, de los cuales 3.000 eran europeos.

En el puerto de Dar es Salaam, quedó el crucero ligero SMS Königsberg, que fue ocultado en aguas del río Rufiji, para luego ser puesta fuera de combate por monitores británicos, desplegados especialmente para destruir dicho buque, que significaba una seria amenaza potencial para el tráfico entre 1914 y 1915, fue el responsable del hundimiento de varios buques aliados, generando serios problemas a los británicos.

Estos se vieron obligados a desplegar nada menos que seis cruceros para su búsqueda, hasta que finalmente fue localizado oculto y destruido. Esto benefició, curiosamente, al ejército de Paul Emil, 300 marineros fueron empleados para operar las piezas de artillería desmontadas y empleadas para apoyar las fuerzas propias. Asimismo, había montado una cadena de 4.000 porteadores que le permitía a los alemanes, tener un alto nivel de movilidad táctica.

Lettow Vorbeck, maestro de la guerra no convencional

El fracaso de Tanga, llevó a los británicos a reorganizar las fuerzas en África Oriental. Fueron creados dos comandos – Mombasa y Nairobi – bajo los cuáles, fueron distribuidas las fuerzas de la Fuerza Expedicionaria B, el mayor general Aitken, fue destituido y reemplazado por un general, bastante mediocre, Wapshare, conocido como “Wappy” con cierto tono burlón. Un hombre poco afecto al trabajo y al entrenamiento. Los británicos presionaron a los belgas para que actuaran. Estos finalmente intervinieron desde el Congo, luego que los alemanes con una cañonera en el lago Tanganica, hundiera embarcaciones belgas y comandos intentaran destruir las líneas telefónicas. Una fuerza belga fue en apoyo a las fuerzas británicas en Rhodesia del Norte, ante una incursión alemana que se había adentrado con éxito en dicho territorio.

En la batalla de Jasini o Yasini, los alemanes pusieron en evidencia su superioridad en materia de organización, doctrina y entrenamiento. Fuerzas inferiores se impusieron a tropas coloniales británicas – gran parte indios – donde se observó como rápidamente, los alemanes eran capaces de concentrar unidades en un solo punto, excelente reconocimiento previo, uso inteligente del poder de fuego y un planeamiento acertado. Las pérdidas de cuadros profesionales, llevó a Lettow Vorbeck, a evitar este tipo de combates. A diferencia de los británicos, no tenía la posibilidad de recibir reemplazos desde Europa.

Los británicos, estaban empeñados de emplear soldados indios, que padecían el clima y el entorno que afectaba seriamente su salud. La malaria provocó que un regimiento con sus batallones quedara fuera de combate. Las garrapatas afectaban a quienes se atrevían a dormir en chozas nativas, los problemas de alimentación y el clima. Esto no afectaba en cambio al nivel que los indios, a los nativos, que por desconfianza, los británicos no querían emplear y reclutar.

Los alemanes estaban desde el plano estratégico, a la defensiva, pero en el táctico, llevaban con audacia acciones ofensivas. Las compañías de campaña alemanas, fueron organizadas en patrullas no mayor a diez hombres, con suficientes medios de movilidad para poder actuar en territorio enemigo, golpear la cadena de puestos de seguridad del ferrocarril que conectaba Mombasa con Kampala, en Uganda, con la finalidad de infringir bajas, desinformar al enemigo, sobre la real ubicación de la fuerza germana y sus intenciones, capturar armas, abastecimientos y caballos.

Estas patrullas estaban bien adaptadas y recorrían importantes distancias en áreas hostiles por el clima y falta de recursos. Las patrullas llevaron a descarrilar 30 formaciones ferroviarias, destruir puentes y señalizaciones. Incluso en una de las incursiones, los alemanes se llevaron 57 caballos, que fueron de utilidad para crear una compañía montada, incrementando sustancialmente la movilidad táctica.

El gobernador alemán Dr. Schnee, movilizó la economía colonial en apoyo al esfuerzo de guerra. Dado el aislamiento por el bloque británico, fueron empleados con suma inteligencia los recursos locales para poder producir alimentos, construir infraestructuras, reparar vehículos y bicicletas, uniformes, calzado y desarrollo de un laboratorio de quinina, con suficiente capacidad para la población europea y los soldados de la Schutztruppe. Lettow Vorbeck, reestructuró sus fuerzas, y expandió el número de compañía de campaña a sesenta, todas autosuficientes y dotadas de movilidad, además de estar bien conducidas y apoyadas por un eficaz sistema de inteligencia.

El jefe de los servicios de información británico en África Oriental, infiltró agentes en el lado alemán, destacándose el sistema de “Papel Sucio” que consistía en la recopilación de las letrinas alemanas, de papeles, que muchas veces contenían información, como cartas, notas, etc., que eran desechadas en dichos lugares. Esto permitió obtener valiosa información que no fue aprovechada por los mandos británicos.

Las fuerzas británicas crecieron en número, incluyendo voluntarios metropolitanos y hasta gente proveniente de Estados Unidos. La comisión de defensa imperial, amplió el número de efectivos destinados hacia el Este africano, como del envío de materiales, incluyendo autos blindados.. Los británicos para mayo de 1915 pasaron a la ofensiva y tomaron la base alemana de Bukoba, en el Lago Victoria.

Los alemanes, combatieron y ante la superioridad, simplemente se replegaron. Las fuerzas del Reino Unido contaban con 27000 efectivos, setenta piezas de artillería, siendo potenciado por el empleo de aeronaves del Servicio Aéreo de la Marina.

Los británicos para 1916, lanzaron una ofensiva sobre el Kilimanjaro, siendo derrotados en la batalla de la colina Salaita. Esto llevó a realizar cambios, finalmente el mando fue confiado al general sudafricano Jan Smuts, un hombre que luchó contra los británicos en la guerra Anglo Bóer, y que se forjó en el campo de batalla (era abogado), quién decidió dar un giro a las tácticas de los británicos.

Uno de los objetivos fijados era dividir en dos las columnas móviles de Lettow Vorbeck, y rodear las fuerzas alemanas, para luego destruirlas. La superioridad numérica de los británicos, se hizo sentir en las operaciones en el norte del territorio alemán, donde fueron ocupadas una serie de poblaciones, pero no lograron envolver y destruir a los alemanes, quienes se replegaban ordenadamente, generando serias pérdidas a los anglo sudafricanos.

La moral del lado británico mejoró sustancialmente de la mano del general Smuts, un líder militar nato, quien concentró bajo un comando a las fuerzas heterogéneas que tenía bajo su conducción (unidades de colonos, tropas nativas, infantes de marina, tropas indias, sudafricanos). Pero el entusiasmo no duraría mucho.

Lettow con su pequeña fuerza, logró uno de los objetivos que buscaba, obligar a los aliados a distraer recursos hacia el teatro de operaciones africano. A pesar que no logró sacar del teatro europeo personal y medios, si generó una pesada carga a los mandos coloniales británicos, impidiendo que tropas africanas pudieran ser enviadas al frente occidental. El esfuerzo está en evidencia, con las operaciones contra los medios navales alemanes en el lago Tanganica, que hostigaban a los belgas.

Fueron enviadas desde el Reino Unido dos cañoneras, hasta El Cabo y desde allí, por medio del tren, vías fluviales y por tierra, las lanchas recorrieron más de 2000 Km. de tierra africana para llevar a cabo la destrucción de la modesta fuerza alemana en el citado lago. El esfuerzo permitió que los británicos pudieran llegar a la ribera alemana, y poder aspirar adentrar el territorio enemigo.

Smuts decidió atacar a los alemanes desde diversos frentes y adentrarse dentro del África Oriental Alemana, gracias a su superioridad numérica. Desde el norte, el este y el sur, británicos, sudafricanos y belgas, ingresaron a territorio alemán, capturando, no sin sufrir serias pérdidas, distintas localidades. Lettow sabía que era imposible defender el norte, como otros puntos importantes, ante la superioridad enemiga, optó por eludir el combate y seguir golpeando con fuerza, cuando la oportunidad le era favorable. Pero sus pérdidas en hombres eran graves, e imposible de reponer.

El cerco aliado, limitaba sus líneas de abastecimiento, pero los aliados también padecían los mismos problemas. El esfuerzo de reparar lo destruido por los alemanes insumía tiempo y hombres, ya de por sí agotarlos por las penurias de la guerra. La mosca tse tse hacía estragos con la caballería sudafricana, lo que afectaba la movilidad de las unidades de infantería montada.

En la costa las fuerzas británicas, desplegaron una importante fuerza para tomar objetivos, que por su magnitud, atentaba contra el concepto de “economía de fuerzas”. El pequeño puerto de Bagamoyo, defendido por una compañía alemana, requirió el desembarco de 300 Royal marines, con apoyo de un regimiento del ejército, y un escuadrón naval formado por un acorazado y dos cruceros ligeros. Los británicos encontraron instalaciones destruidas, lo que demandaba mayores esfuerzos y gastos.

La moral en las fuerzas de Smuts, entraron en crisis nuevamente, al ver su enorme esfuerzo, era para buscar un verdadero fantasma. En un área conocida como Kisaki, los alemanes aprovecharon el agotamiento británico y dieron un golpe demoledor. La idea de Smuts de dar una batalla decisiva, se esfumaba, y las operaciones de búsqueda, generaban serias penalidades.

Los belgas por su parte, por diferencias políticas, se contentaron con tomar los actuales territorios de Ruanda y Burundi, protectorados alemanes. Objetivos difíciles de defender y que fueron abandonados a su suerte por los germanos.

El avance británico, provocó problemas de abastecimiento de alimentos para los alemanes. La táctica sufrió algunos cambios. Lettow, movió sus fuerzas con suma habilidad, para abastecerse del vital mijo, alimento básico de sus soldados. De manera ingeniosa, sus movimientos estaban ligados a los campos de cultivo de este producto, lejos de la amenaza enemiga.

Pero el aislamiento y la necesidad de procurarse otros víveres y vestuario, llevó al comandante alemán, a marchar hacia el sur, hacia Mozambique, en manos de Portugal, que a pesar de estar en guerra con Alemania, carecía de una defensa eficaz en dicho territorio. Este movimiento nunca fue detectado por la inteligencia británica. Una muestra más de la habilidad de Lettow para engañar a sus enemigos. Smuts en 1917, fue relevado del cargo, fue convocado a la Conferencia Imperial de Defensa, y reemplazado por el general van Deventer, otro sudafricano.

El comando en jefe de todas las fuerzas británicas, fue designado el general Hoskins. Su legado es contradictorio, a pesar de los esfuerzos, de la ocupación de parte del territorio alemán, con serias pérdidas, no pudo obligar a su escurridizo enemigo llevarlo a un combate decisivo, ni cortar sus vías de escape.

Berlín decidió socorrer a su fiel general en África, con un zeppelín con 13 toneladas de ayuda médica y alimentos. La operación fracasó, luego de haber recorrido 6.000 km. En 1917, se libró la batalla de Mahiva, donde Lettow perdió 95 soldados y tuvo 400 heridos, frente a 3.000 de los aliados, lo que puso en evidencia, el uso de la ametralladora por parte de los alemanes. Pero el poder ofensivo alemán estaba agotado.

En noviembre de 1917, las fuerzas alemanas cruzaron la frontera con Mozambique. África Oriental Alemana estaba bajo control británico pero a un costo en vidas humanas enorme: 300.000 efectivos, que tuvieron 60.000 bajas, la mitad de ellos muertos en combate o por las condiciones del teatro de operaciones, con un costo equivalente a 15.000 millones de dólares actuales.

El fin de una gran aventura

El entrenamiento de los alemanes le permitía recorrer 24/30 km diarios, con caminatas de seis horas, descansos de media hora cada dos o tres horas. En la zona controlada por los portugueses, tomaron un puesto militar, que luego de un violento, pero corto combate, los alemanes se apoderaron de armas, municiones, caballos, uniformes y medicinas.

Durante varios meses, los alemanes recorrieron el norte de Mozambique, eludieron con habilidad a los británicos y generaron serios contratiempos a los portugueses. Finalmente, las fuerzas de Lettow, ante el desembarco británico en Punta Delgada y el avance de columnas desde el actual Malawi, con el temor que su repliegue fuera bloqueado, regresaron al antiguo territorio alemán. El 9 de noviembre de 1918, los alemanes libaron la batalla de Kasama con éxito, pero su situación en materia de recursos humanos era realmente crítica.

En un reconocimiento llevado personalmente por el general Lettow Vorbeck, en su bicicleta, cuando se aprestaba para tomar su próximo objetivo militar. El 25 de noviembre de 1918, enterado del Armisticio, Lettow se rindió formalmente en Abercorn, Rhodesia del Norte, con una fuerza de 20 oficiales, 6 oficiales médicos, un veterinario, 125 europeos, 1156 askaris, 1.598 portadores y un número no identificado de mujeres y niños (se estima unos 3.000).

El comandante alemán solicitó la paga a los británicos de los salarios atrasados por un millón y medio de rupias, estos se negaron (los prisioneros, según el derecho humanitario, reciben paga, y esto corre a cargo de la potencia que los detenta). Los alemanes fueron internados de manera separada de los nativos.

El trato hacia los germanos fue caballeresco por parte de los británicos, pero los nativos africanos fueron encerrados en precarias condiciones, casi sin alimentación y atención médica. Lettow Vorbeck protestó airadamente por dicho trato a los comandantes británicos, que hasta cierto punto se ocuparon de los reclamos. Los alemanes regresaron a su patria en 1919, Lettow Vorbeck, fue recibido como héroe por multitudes jubilosas en las calles de Hamburgo En aquella ciudad, pronto estalló un motín comunista, el general Lettow al mando de un cuerpo franco (freikorps) o de voluntarios derrotó la intentona.

Excluido en 1920 de las fuerzas armadas, por estar implicado en el llamado Golpe de Kapp, se dedicó a la política, ingresando al Parlamento como diputado del Partido Nacional Alemán, de filiación monarquista. Oscurecido por los nazis, con los cuáles no tenía ninguna simpatía. La Segunda Guerra Mundial lo encontró en Bremen, donde su casa fue destruida por los bombardeos y dos de sus hijos cayeron en batalla.

En tiempos de posguerra, la situación del general Lettow, no era para nada buena. Su viejo enemigo, el general sudafricano Jan Smuts, creó una fundación para ayudar a su antiguo rival, pagando una pensión hasta la muerte de von Lettow Vorbeck en 1964.

El general sudafricano Jan Smuts


En ese mismo año, el gobierno federal alemán pagó las deudas por salarios impagos a los viejos soldados nativos y sus familias que lucharon del lado alemán, en la actual Tanzania.

La genialidad este comandante alemán, pone en evidencia la eficacia de la combinación de liderazgo, disciplina, valor, adecuado planeamiento y tácticas no convencionales, que permitió que las pequeñas fuerzas germano africanas, nunca fuera derrotadas, mantuviera su cohesión durante cuatro años de conflicto, en condiciones de aislamiento y rodeados de territorios enemigos, que demandó la movilización de enormes recursos humanos y materiales, agregándose las pérdidas de los aliados para lidiar con la peculiar guerra de guerrillas librada por el general Paul Emil von Lettow Vorbeck, sus cuadros y sus abnegados askaris.

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