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Macabeos: Una historia de patriotas

El Minuto | En el siglo II a.C., un grupo de judíos, que rechazaban el proceso de helenización de su cultura, decidieron refugiarse en las montañas, y desde allí iniciar un alzamiento nacional, destinado a liberar al antiguo reino de Israel del dominio Seleúcida. Es una historia épica, donde los insurrectos, librando una guerra no convencional, lograron al cabo de varios años de lucha, recuperar la ansiada independencia luego de siglos de ocupación extranjera. Los romanos en el siglo I a.C, pusieron fin aquella experiencia política. Pasarían dos mil años, para que la nación judía, pudiera tener su propio Estado, pero ello es otra historia.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de Diario El Minuto Argentina

Las tierras del antiguo reino de Israel, fueron arrebatadas al imperio persa, durante la conquista llevada a cabo por Alejandro Magno. Muerto el rey macedonio, el vasto imperio, fue dividido entre sus generales, cayendo el territorio del actual Israel, en manos de la dinastía seléucida en Siria, que tras la batalla de Panión, expulsó del territorio israelí, el dominio del Egipto ptolemaico en 200 a.C. Antioco III, eximió del pago de impuestos a sectores religiosos y fue bien recibido por la población. Tras la muerte de su sucesor Seleuco IV, llegó al trono Antíoco IV Epífanes, quién impondrá cambios que generaran las condiciones para la rebelión.

En el año 173 A.c. una delegación de judíos helenistas, obtuvieron del rey Antíoco IV, una serie de cambios, donde Jasón, fue reconocido como jefe religioso judío, y su hermano, Onías III, fue expulsado del cargo. El tradicional gobierno religioso de la ciudad de Jerusalén, fue reemplazado por instituciones helénicas.

El grueso de las judíos con derecho hacer oír su voz, quedaron fuera del nuevo gobierno de la ciudad. Incluso Jasón, pensaba cambiar el nombre de la ciudad por el de Antioquia, en honor al rey helenístico de Siria. La cultura y costumbres helénicas, fueron impuestas, entre ellos la concurrencia al gimnasio, donde la práctica de lucha libre sin ropa, era frecuente, a tal punto que muchos estudiantes religiosos optaron por esta actividad, dejando de lado el estudio de los escritos sagrados. Los cambios afectaron a la vestimenta, de neto corte griego, rechazando, los atuendos tradicionales que usaban los judíos en aquellos tiempos. Esto desató un conflicto entre helenistas y conservadores.

En este proceso, Jasón perdió el poder en manos de sectores más exaltados que se hicieron con la tesorería del Templo. Menelao se hizo con el cargo de Sumo Sacerdote por medio de su compra, tal como lo hizo Jasón. Su postura abiertamente favorable a la helenización choca abiertamente con sectores conservadores y tradicionalistas. Jasón intentó hacerse con el poder por la fuerza, obligando a Menelao a refugiarse en la guarnición siria de la ciudad.

Onías, jefe religioso desplazado se incorporó a la protesta popular, pero fue asesinado. En 170 a.C. la situación era grave, miles de helenistas marcharon contra los sectores tradicionalistas, y fueron derrotados, por estos últimos. Jasón huyó de la ciudad. Ante este clima de inseguridad Antíoco IV, puso orden y ejecutó a los asesinos de Onías, parecía que la paz regresaba de nuevo. El rey tenía planes de invadir Egipto, y precisaba que su retaguardia estuviera pacificada.

En 169 A.c., Antíoco IV marchó con un poderoso ejército rumbo a Egipto, con la finalidad de conquistarlo y convertirse en el monarca más poderoso del Próximo Oriente. Las noticias confusas sobre los resultados de dicha campaña, dividieron a los helenistas, en pro sirios y pro egipcios. El rumor que Antíoco había muerto, alimentó los ánimos, y el país estaba al borde de una sublevación.

Pero la llegada del rey sirio a Jerusalén, ante la posibilidad de entrar en guerra con Roma, por su aventura egipcia, dio por tierra los rumores y este, al encontrar la ciudad en un clima de rebelión, lanzó una dura represión, que terminó en el saqueo del Templo de Jerusalén. Al tiempo, 167 A.c., el rey Antíoco envío a un jefe militar, Apolonio, con un poderoso ejército, que destruyó gran parte de Jerusalén, y construyó en la ciudad un campamento militar, conocido como Acra, donde impuso el control sobre los habitantes de la ciudad. No hubo resistencia, dado que al momento de ingresar las tropas, era sábado, día sagrado para el judaísmo, donde está vedado trabajar, como llevar armas. Esta ventaja ayudó a los ocupantes a una rápida ocupación de la ciudad, no dando tiempo a organizar una mínima resistencia. Gran parte de la población judía huyó al interior de Judea.

Antíoco IV era gobernante de un imperio heterogéneo, en culturas, lenguas y religiones, y decidió para consolidar su propio poder, imponer la helenización forzada, algo que afectó especialmente a los judíos, que por ley, se vieron privados de sus derechos religiosos. El Templo de Jerusalén, fue sustraído del control judío, y puesto como lugar de culto al dios Zeus Esta profanación alimentaría el sentir nacionalista. La circuncisión fue prohibida, como parte de los rituales religiosos.

El hacer esta intervención a los recién nacidos, implicaba severas sanciones, incluso la muerte. La prohibición de comer carne de cerdo por razones religiosas, fue levantada, y se impuso de manera obligada a que la población judía consumiera este producto considerado impuro, bajo amenaza de pena de muerte.

El inicio de la rebelión.

En este contexto, los judíos llevaron a cabo reuniones secretas, para mantener vivas la fe y las tradiciones. Un jefe religioso, huido de Jerusalén, Matatías, junto a sus cinco hijos, sería protagonista, de un hecho, que desencadenaría la guerra contra la ocupación helénica. En la localidad de Modín, donde Matatías y sus hijos residían, emisarios del rey sirio, invitaron al anciano sacerdote, a realizar sacrificios a dioses griegos. Este se negó rotundamente, en su lugar un judío de la localidad, aceptó la invitación de rendir culto a dioses paganos. Este fue muerto por Matatías, al considerarlo un apóstata, junto al emisario real. Matatías, luego de estos hechos, buscó refugio en las montañas cercanas junto a sus hijos, pero pronto un creciente número de rebeldes le siguieron, destacándose el apoyo de los hasidim, los “piadosos” o “celosos de la Ley”. Este reducido grupo se lanzó a una guerra de guerrillas, y destruyeron los templos paganos griegos. El número de adherentes fue creciendo y el movimiento nacionalista era una realidad.

Matatías, un hombre entrado en años, no podía ser el jefe de un movimiento guerrillero. Designó para esta misión a su hijo Judas, apodado, Macabeo –Martillo en hebreo – que pronto mostró talento militar, no solo para mantener su influencia entre sus soldados, sino en la habilidad de llevar a cabo operaciones de guerrillas. En 166 A.C. en un combate, Judas, dio muerte al general Apolonio, responsable de las destrucciones de Jerusalén en Sabbath, se apoderó de su espada, la cual utilizó a lo largo de la guerra.

En Betorón, a 20 Km. al noroeste de Jerusalén, las fuerzas judías se habían desplegado, a la espera del poderoso ejército sirio. En su avance los sirios no encontraron oposición alguna, sin saber que estaban siendo vigilados por las fuerzas de Judas Macabeo. Cuando fue el momento oportuno, a pesar de ser superado en número y armas, Judas, dio la orden de ataque, sus fuerzas se desplegaron rápidamente montaña abajo hacia los sorprendidos sirios. Estos no pudieron responder de manera ordenada y terminaron derrotados. La leyenda de Judas Macabeo era una realidad. En 165 a.C. Antíoco se vio involucrado en una operación de represalia contra las provincias al oriente de su imperio, dejó al mando de la represión de los judíos a Lisias.

La orden era el exterminio de todos aquellos que no fueran aptos para ser esclavizados. Los desplazamientos sirios eran vigilados por un rudimentario, pero eficiente sistema de alerta temprana, que permitía a Judas obtener un cuadro de situación y de las intenciones del adversario. El ejército sirio marchaba con una caravana de mercaderes para la compra de los judíos que sobrevivieran a la represión ordenada por Antíoco. Haciendo uso de un profundo conocimiento del terreno, las fuerzas judías, atacaron por sorpresa, y volvieron a derrotar a los invasores. Los “macabeos” atacaron el campamento base de las fuerzas de Lisias, cuando los sirios se replegaron y encontraron destruida su base, se desbandaron.

En Betsur, a 25 Km. al sur de Jerusalén, las fuerzas judías derrotaron a Lisias en el año 164 a.C. La consecuencia de dicha batalla fue una tregua, que permitió el retorno de los judíos a Jerusalén. La ciudadela de Acra, siguió en manos sirias. Judas, ingresó al Templo junto a sus hombres. A mediados del mes de diciembre de 164 a.C, el Templo profanado, fue purificado según los rituales religiosos judíos y se llevaron a cabo sacrificios como indicaba la ley mosaica.

En la actualidad, la fiesta de Januca, conmemora este hecho histórico. La muerte en el citado año de Antíoco, impulsó a Judas a sitiar la fortaleza de Acra. Lisias, regente del imperio de Antíoco, levantó un poderoso ejército que incluyó 32 elefantes de guerra. La superioridad material y humana jugaba a favor de los sirios. Ambos ejércitos se enfrentaron a varios kilómetros al sudoeste de Jerusalén, en la zona de Betzacaría.

Era el otoño de 163 a.C. En esta batalla, Eleazar, hermano menor de Judas Macabeo, creyendo que en uno de los elefantes iba el hijo, aún un niño de ocho años, del fallecido Antíoco, con la intención de tomarlo prisionero, se lanzó ante uno de los elefantes, hiriéndolo mortalmente, pero su sacrificio fue en vano, el enorme animal cayó sobre Eleazar matándolo. Esto no impidió el avance de las tropas sirias. Superados en número, el ejército judío se retiró a la seguridad de las montañas de Judea.

Un intento de usurpación del trono, llevó a Lisias, a no explotar su victoria y negociar nuevamente con los rebeldes. Judas obtuvo libertad religiosa, siguiendo la tutela política siria, y tolerancia de los helenistas. Algo que los sectores más duros del movimiento no tolerarían, y pronto estalló la guerra civil entre tradicionalistas y helenistas. Las fuerzas de Judas, libraron una dura campaña erradicando a los helenistas, como no judíos, del territorio histórico del antiguo reino de Israel. La violencia estalló en el país.

Judas buscó apoyo externo a su causa. Envió emisarios a Roma, donde solo consiguió en 160 a.C, una declaración de amistad, pero nada más. Demetrio I, nuevo monarca seleucida, siguió con la política de reprimir el alzamiento. Superados en número, los patriotas macabeos, siguieron luchando, encontrando la muerte el mismo Judas. Las guerrillas judías, se replegaron a las zonas más inhóspitas de Judea. La mala cosecha empeoró aún las cosas. En aquellos días oscuros, los líderes del ejército judío rebelde, eligieron a uno de los hermanos de Judas, Jonatan, como jefe del movimiento. Nuevamente llegaron reclutas al creciente ejército clandestino judío, que gracias a su equipamiento ligero, conocimiento del terreno y excelente inteligencia táctica, se impuso a las pesadas formaciones sirias. Báquides, comandante sirio, llegó a un entendimiento con Jonatan, con un intercambio de prisioneros, quién estableció su puesto de mando cerca de la ciudad de Jerusalén. En el 152 a.C. Siria estaba envuelta en conflictos por la sucesión del trono.

Ambos bandos buscaron el favor de Jonathan. Este con suma habilidad, logró del vencedor de dicho conflicto, Demetrio I, ser nombrado general, sumo sacerdote y gobernador de Judea. En otoño de ese año, en la Fiesta de los Tabernáculos, ataviado como ropaje religioso, Jonatan, ingresó victorioso a Jerusalén. Demetrio I, es eliminado por Alejandro Balas otro pretendiente al trono, derrotado a su vez por Ptolomeo IV, rey de Egipto, que abrió a nuevas luchas entre Demetrio II y Antíoco VI (142 – 141 a.C) que mantuvieron en el poder a Jonathan como Sumo Sacerdote.

En el año 143 a.C los sirios arrestaron a Jonatan, rompiendo los Acuerdos. La rebelión estalló en manos de su hermano Simón. La ciudadela de Acra fue sitiada por los nacionalistas El rescate al sitiado fracaso, por las condiciones climáticas que afectaron especialmente a las fuerzas de caballería. Jonatan, rehén de los sirios, fue asesinado por orden del general Trifón, un pretendiente al trono sirio.

El gran líder de la rebelión macabea fue sepultado por orden de su hermano Simón, junto a su padre y hermanos en la localidad de Modín, donde Matatías, dos décadas atrás había iniciado la lucha por la liberación de Israel. En el año 140 a.C. mientras en Siria los conflictos continuaban por razones políticas, Simón, se convirtió en el nuevo líder de una Judea independiente, a título hereditario. En el 134 a.C, Tolomeo, yerno de Simón, a sazón gobernador de Jericó, le dio muerte. Juan Hircano, tercer hijo de Simón y sobreviviente al magnicidio, tomó el poder en Jerusalén. Pero su poder fue endeble, los sirios volvieron de nuevo y controlaron el país hasta el año 128, cuando Antíoco VII Sidetes, fue asesinado y los judíos recobraron su independencia Esto dio manos libres para que Juan Hircano, durante sus treinta años de reinado, extendiera las fronteras, obligando a las poblaciones conquistadas a convertirse al judaísmo.

No obstante su aparente celo religioso, la influencia griega en la cultura, estuvo presente, lo que generó resistencias de sectores conservadores, que veían esta presencia cultural helénica, como una amenaza a la fe judía. En 104 a.C, Hircano murió y fue sucedido por su cruel hijo, Aristóbulo, quien fue el primero de la dinastía asmonea, que ostentó el título de rey. Quien temeroso de una conspiración, encerró a su madre – que murió de hambre en prisión – y sus hermanos. Conquistó Galilea antes de su muerte en 103 a.C. Su viuda, Alejandra, de 37 años, liberó a sus hermanos y contrajo matrimonio con uno de ellos, Janeo, un joven de 22 años, que pronto se mostró tan cruel como su antecesor. Apenas asumió el trono como Alejandro Janeo, asesinó a sus hermanos.

Alejandro Janeo, era un hombre rudo, de vida disipada y bebedor empedernido, que contrariaba abiertamente la ley judía, En esta etapa, Israel tuvo un importante desarrollo económico, incluso el comercio marítimo, prosperó, una tradición que era nueva para los hebreos. El rol como jefe religioso, estaba en abierta contradicción de la vida que llevaba Janeo, esto generó un profundo rechazo en la sociedad y los fariseos, lideraron una sublevación en el 94 a.C. Una vez más, la guerra civil, y ante este estado de cosas, los fariseos, buscaron apoyo en Siria, lo que acabó con su bases social y política, y muchos de sus partidarios se pasaron al bando de Janeo, quién luego de seis años de lucha, volvió al poder. La represalia hacia los fariseos, fue brutal.

Ochocientos de ellos fueron crucificados por orden de Janeo, mientras eran obligados a ver como sus esposas e hijos eran asesinados. Esto fue documentado en los famosos Rollos del Mar Muerto. Este espectáculo fue observado por Janeo, en el medio de un festín junto a sus concubinas.

En este contexto, muchos volvieron a las montañas, fundando comunidades religiosas, en un intento de regresar a la pureza de la fe, una de esas comunidades, se instalaron en el Mar Muerto, autores de los famosos textos, ya citados del Mar Muerto. En el 76 a.C., Alejandra viuda de Janeo, rigió los destinos del país, que disfrutó de una importante prosperidad comercial. Juan Hircano II, fue colocado como sumo sacerdote, a instancias de su madre Alejandra, a pesar de su debilidad mental. Los fariseos volvieron a la escena, y apoyaron a Alejandra, quien gracias a los pesados impuestos, comparables a los tiempos del rey sirio Antíoco, amasó una enorme fortuna. La muerte de Alejandra abrió paso una nueva guerra civil, entre sus hijos, que terminó con la intervención romana de la mano de Pompeyo, quién conquistó Jerusalén en el 63 a.C, luego de una terrible y feroz resistencia por parte de los defensores del Templo. Los judíos deberían esperar veinte siglos para volver a tener su propio Estado.

Macabeos, expertos en guerra no convencional

La rebelión de los macabeos, podemos calificarla, hoy a la distancia, como un movimiento nacionalista – religioso, un verdadero despertar nacional de la identidad judía. No cabe duda que la religión fue el elemento aglutinante, de aquel puñado de rebeldes, liderados por un anciano jefe religioso, Matatías. Carentes de medios y apoyo externo, los sublevados, apelaron a librar una guerra de guerrillas, gracias a su profundo conocimiento del terreno, explotándolo con suma habilidad.

Estas tropas altamente móviles, ligeras de equipo, combinaron acciones no convencionales con convencionales, como pone en evidencia una serie de batallas, donde el factor sorpresa, adecuada inteligencia táctica, le permitió a un líder militar excepcional como Judas Macabeo, dar golpes demoledores a los invasores, conducidos por comandantes griegos con experiencia, y soldados mercenarios, profesionales fogueados en numerosos combates, pero que fueron incapaces de dar respuestas ante las acciones de un enemigo, difícil de localizar, y que sabía de antemano los movimientos e intenciones propias. Solo fueron superiores ante el empleo en campo abierto de caballería pesada, algo que carecían los  macabeos, pero que fueron obligados a librarla por las circunstancias.

Las tropas de Antíoco, a pesar de su superioridad numérica y recursos, no podían ejercer el control efectivo del territorio. Los macabeos los llevaron a combatir en sus propios términos, con sus acciones de guerra no convencional. Tenían una sólida base social, que permitió reconstruir al ejército rebelde, tras la muerte heroica de Judas Macabeo. La crisis interna del reino seleucida de Siria, con la muerte de Antíoco, fue aprovechada por los sublevados, que finalmente liberaron el Templo de Jerusalén, profanado por los sirios.

Los macabeos, tenían un objetivo claro, la liberación del país y restaurar la fe judía como en los tiempos del reino de Israel. No importaba el precio a pagar en vidas y en esfuerzos. Estaba en juego nada menos que la existencia de la nación judía. El fervor religioso fue sin ninguna duda el gran motor de la rebelión, unido al liderazgo de calidad que tuvieron los judíos.

Ello se diferenciaba del ocupante, que usaba ejércitos mercenarios y que no tenían la motivación de los macabeos, que con sus comportamientos, logró que la población local se convirtiera en abiertamente hostil y fuente de reclutas y apoyo a las fuerzas guerrilleras, agregándose, las limitaciones para contrarrestar el tipo de guerra librada por los judíos. Su presencia se hizo insostenible y no tuvieron otra opción que arrojar la toalla, dando origen a un estado judío, luego de muchos siglos de ocupación extranjera, que volvía a renacer de sus cenizas.

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