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Palestina ¿un espejismo?

El Minuto | El conflicto entre el grupo terrorista Hamas e Israel, estallaron en los medios de comunicación una guerra de “relatos” planteando que Palestina, es un estado o nación previo a Israel. Incluso hemos leído artículos, que se remontan a tiempos de la Antigüedad, no exento de gruesos errores históricos.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro |Director de Diario El Minuto para Argentina

A fines del Siglo XIX, el territorio que sería el Mandato de Palestina, estaba en manos del Imperio Otomano, presente desde su conquista en 1517.  Desde el punto de vista político – administrativo, Palestina no era una entidad unificada, ni siquiera existía una identidad nacional. El territorio estaba dividido en vilayatos. A su vez divididos en Sanjaks y mutasarrifatos. La mitad norte del actual Israel, era parte del vilayato de Beirut, la mitad sur, era parte del llamado mutasarrifato de Al Quds. Los otomanos hablaban de dichos territorios como “Siria Meridional” y hacia fines del siglo XIX, era más habitual hablar genéricamente de Palestina.  La población judía – el Viejo Yishuv- era del 3% de una población mayoritariamente árabe o arabizada. Los judíos eran testimonio, de una presencia milenaria.  El 11% de la población local, era cristiana y existía convivencia religiosa.   

El arabismo, en una primera instancia aceptaba la realidad del Imperio Otomano, dado el rol del Sultán como líder de los creyentes. El periodista de Alepo al-Kawakibi, fue uno de los primeros en promover la modernización del imperio, pidiendo autonomía para los árabes e incluso crear un califato con base en La Meca. Dicho personaje, tuvo que exiliarse a El Cairo junto a otros referentes del arabismo, como los sirios Rashid Rida, al-Zahrawi, al-‘Azm, ante la represión turca, donde fundaron el Partido de la Descentralización.  En 1908, bajo el gobierno de los Jóvenes Turcos, Ruhi al Khalidi y su tío Sa’id al-Husseini criticaron el sionismo en el seno del Parlamento otomano, denunciando que su objetivo era crear un Estado judío en Siria (nótese que no hablaban de Palestina).

La respuesta vino de Nisim Mazliah, diputado judío de Esmirna del partido gubernamental Comité de Unión y Progreso (CUP), donde no solo defendió el movimiento sionista, sino que consideró que el objetivo del diputado Al Khalidi, de falsear la realidad y utilizar el tema como un ataque al gobierno. Estos elementos nos ayudan que no se hablaba de Palestina como entidad política, ni siquiera había un nacionalismo que sostuviera su existencia, sino que las referencias eran a Siria, que constituía una región histórico cultural, además de uno de los niveles de la compleja administración territorial otomana.  A pesar de la discreta oposición al movimiento sionista por parte de las elites árabes locales, poderosos terratenientes, que vivían tanto en la Palestina otomana como fuera de ella, siguieron vendiendo sus tierras los colonos judíos. También propietarios extranjeros de tierras, como lord Gray – Hill, vendió las tierras a inmigrantes judíos, en 1913, que poseía en las cercanías de Jerusalén desde 1875.

Un aspecto interesante, era que el viejo Yishuv (comunidad) judía, que desde hacía siglos eran reconocidos como “millet” por los otomanos, y por ende con autonomía en sus asuntos religiosos y culturales, en un primer momento, se resistieron a integrarse con sus hermanos venidos de Europa.  Aquellos judíos que quedaron en Tierra Santa, tenían un estilo de vida religioso, que muchas veces chocaba con el aire secular de los inmigrantes recién llegados. Estas tensiones, dieron origen a la fundación de Tel Aviv, por 66 pioneros en julio de 1907, como ciudad secular y moderna (su sueño un siglo después se hizo más que realidad). Eran tiempos complejos. En 1908, los Jóvenes Turcos, con su discurso nacionalista y centralizador, derivó en las generaciones más jóvenes de las elites árabes, apoyaran un movimiento nacional árabe y promover la idea de la Gran Siria. Un aspecto no menor, que la idea de secularización del imperio turco, generaría mayores resistencias, abriendo paso al despertar nacionalista árabe.

El Congreso Árabe celebrado en París a principios del siglo XX, de posturas moderadas, se mostró favorable a un mayor grado de autonomía de los territorios árabes dentro del imperio otomano. El Congreso fue objeto de elogios de notables de la Gran Siria, pero también tuvo detractores, ente ellos desde el periódico Filastin, que se editaba en Jaffa, que consideraba que una independencia árabe, abría las puertas a una mayor penetración sionista. En cierto punto estamos frente a un nacionalismo de corte cultural, que buscaba mayor autonomía dentro del Imperio Otomano, pero pocos hablaban de independencia. Existía un concepto de lealtades múltiples, ya sea identificándose como árabes, sirios, por razones confesionales – cristianos y musulmanes- pero no ponían en tela de juicio la legitimidad del Sultán, como máxima autoridad del Imperio. Crecieron antes de la Primera Guerra Mundial, diversas organizaciones locales árabes opuestas a la inmigración sionista – podríamos compararlos con los grupos de derecha en Europa o Estados Unidos que se oponen a las políticas migratorias de sus países – que tuvo como resultado, la respuesta turca, cerrando periódicos o encarcelando referentes de dichas organizaciones árabes. El periódico Filastin fue el gran protagonista de la campaña contra la inmigración judía. 

Los intentos de acercar posiciones, quedaron plasmados en el II Congreso Sionista, pero a pesar de algunos contactos iniciales, ninguno llegó a buen puerto. La derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, significó un cambio radical, donde la idea de la Gran Siria, quedó en la nada. El Reino Unido y Francia, ya habían decidido repartirse en Próximo Oriente y dibujar las fronteras acordes a sus intereses.

La alianza entre Turquía y las potencias centrales – Austria Hungría, Alemania y Bulgaria – trajo aparejado, la llegada de miles de soldados otomanos, como germanos y austro húngaros, dado que el vecino Egipto, era un protectorado británico. La presencia militar, trajo inflación, escasez y hambruna, ante la necesidad de abastecer un poderoso contingente militar.  Jamal Pachá, comandante de las Fuerzas del Oriente Medio, impuso una campaña de apoyo a la causa de las Potencias Centrales a líderes árabes (musulmanes y cristianos) y judíos, bajo la amenaza de duras represalias. Tres desertores de origen judío, musulmán y cristiano, fueron ahorcados públicamente en Jerusalén, como signo para quienes no obedecieran su voluntad en materia de reclutamiento forzado. Solo pagando un pesado impuesto, podían eximirse.

Los árabes, padecieron en mayor grado los excesos del general Jamal Pachá, con sus batallones de trabajadores forzados, la tala masiva de bosques para construir ferrocarriles de uso militar. Los judíos de Jaffa, fueron obligados a evacuarse, en condiciones realmente terribles. Unos 9000 fueron deportados, regresando con el inicio del mandato británico. En 1917, la miseria y el hambre provocó la muerte de 300 personas por día solo en Jerusalén. La llegada de las fuerzas anglo australianas, sin ninguna duda fue un alivio para todos, terminando con años de matanzas, deportaciones y trabajos forzados en manos del implacable Pachá.

Los acuerdos de Sykes Picot, sellaron el destino del Próximo Oriente. Londres traicionó a sus aliados árabes. El célebre agente T.E. Lawrence – Lawrence de Arabia – apoyó la idea de crear el reino de la Gran Siria, una monarquía efímera que se extendía a los actuales estados de Siria, Líbano, Jordania, e Israel.

El Mandato Británico de Palestina

Los británicos, amparados en la Declaración de Balfour, de reconocer el derecho al establecimiento de un “Hogar Nacional Judío”, encontraron parte del sustento jurídico, de establecer su presencia colonial en Palestina. Será a partir de la presencia británica, que dicha denominación, será una entidad de político territorial con un gobierno centralizado. En septiembre de 1922, el Reino Unido separó Transjordania del Mandato, apoyando la creación del futuro reino, conocido como Jordania.  El general Allenby, que conquistó la Palestina otomana en 1917, administró el territorio de la mano de expertos orientalistas británicos, con experiencia en la región como la India. Siguiendo el modelo de Egipto, la administración británica tuvo como prioridad inversiones económicas y de infraestructura. Las aldeas árabes gozaban de amplia autonomía. La injerencia del poder colonial era limitada. Los británicos pusieron especial atención a la cuestión sanitaria, mejorando sustancialmente la calidad de la vida de los habitantes del Mandato. Desde lo administrativo, las antiguas “subprovincias” o sanjak turcos, que dependían de Beirut y Damasco, ahora estaban en manos de una autoridad centralizada. Palestina, había dejado de ser una región geográfica, para transformarse en una entidad colonial bajo el control de Londres. En 1920, cesó el gobierno militar, y fue reemplazado por un gobierno colonial.

La presencia británica se caracterizó por las tensiones crecientes y violencia entre las comunidades. En 1920, disturbios en Jerusalén resultaron heridos 200 judíos. En ese año, los franceses dieron punto final a la Gran Siria, con el rey Faisal a la cabeza.  La elite local palestina, se identificaba con este proyecto, incluso, el periódico Siria del Sur, tenía que ver con el nombre que tendría Palestina dentro de la Gran Siria. En 1921, nuevos disturbios y matanzas de judíos. Esto fue la base de la creación de la “Haganá” o milicia de autodefensa.

Los británicos para apaciguar ánimos, suspendieron la inmigración de judíos.  Sir Herbert Samuel, abiertamente pro sionista, en su calidad de alto comisario británico, en el marco de una política de apaciguamiento, apoyó el ascenso político del gran muftí de Jerusalén Ami al Hosseini, quién en calidad de líder del Consejo Supremo Musulmán, adquirió un rol central entre los árabes.  La pugna ente líderes judíos y árabes, durante los años del dominio británico fue por el reconocimiento mutuo y tener un pie de igualdad, algo que los dirigentes árabes rechazaban en gran parte, sin atacar o criticar abiertamente el control británico del territorio. 

Las tensiones entre las distintas facciones árabes, tampoco ayudaban a crear un movimiento nacional árabe palestino.  En cambio, el movimiento sionista, mostró un dinamismo en el campo político, que permitió crear instituciones, que fueron la base del Estado de Israel. En esta etapa se forjaron liderazgos como Ben Gurión. Bajo la llamada Agencia Judía, tanto judíos sionistas, como de otras corrientes, incluyendo sectores ortodoxos, quedaron bajo su autoridad. Contaba con su Parlamento o Vaad Leumi, sistema educativo – que logró altos índices de escolarización – sanitario y judicial. La separación del ámbito económico comenzaría en 1936.  La citada Agencia, contaba con una estructura de gobierno, que permitió construir una suerte de estado dentro del Mandato.  Los británicos, tuvieron posturas ambiguas, donde se observan dos corrientes: una favorable al sionismo, y otra abiertamente contraria.

En el marco de las contradicciones citadas, la yishuv avanzó para constituirse en un enclave económico separado, proceso se haría realidad en 1946-48. El objetivo de la Agencia Judía era la adquisición de tierras, gracias a la ley otomana vigente en tiempos del Mandato, dicho organismo adquirió numerosas propiedades en manos de terratenientes árabes que estaban en Siria. La ayuda exterior era empleada con inteligencia en políticas de construcción, expansión agrícola y la creación de las bases de una suerte de proto estado judío.  Hacia la década del 30, la población judía palestina estaba organizada políticamente, con un sistema de partidos políticos, una central sindical, además de vida parlamentaria, sistema judicial para asuntos civiles – herencia del régimen del millet turco y hasta un aparato de seguridad.

Los líderes árabes no tuvieron el mismo talento que los judíos para construir una infraestructura económica. El liderazgo del laborismo en el gobierno judío, permitió la expansión de cooperativas, los célebres kibutz, fábricas, empresas de construcción, además de impulsar el desarrollo cultural. Desde 1903, existía el Banco Anglo Palestino, controlado por la Agencia Judía, que financiaba la construcción de colonias agrícolas como de nuevas ciudades. El Fondo Nacional Judío, tuvo un rol relevante para incrementar la presencia judía en Palestina, apoyando la construcción de colonias y asentamientos nuevos. En cambio, los líderes árabes estaban en pugna, no adoptaron medidas para crear instituciones económicas, incluso el sector rural empeoró su situación durante el Mandato.

La mayor parte de los árabes que vivían en espacios rurales, eran arrendatarios. La política colonial, no favoreció a los pequeños agricultores arrendatarios. Vino el fenómeno de la emigración a las ciudades, como la aparición de un importante proletariado rural. Su situación desesperante, los transformó en caldo de cultivo para mensajes radicalizados, como también a quienes todavía eran agricultores, pero que ya no podían vivir más de lo que producían.

En los disturbios de 1929, donde más de un centenar de judíos fueron asesinados, los británicos, mantuvieron pasividad. La gran rebelión árabe 1936 -1939, fue una reacción a la inmigración judía, que se incrementó sustancialmente dado las persecuciones en Europa, especialmente con la proclamación del III Reich en Alemania. 

La Palestina británica, tenía dos gobiernos para las comunidades árabe y judía (el Alto Comité Árabe y la Agencia Judía), que respondían ante el alto comisionado británico, que tenía la última palabra. En este juego de equilibrios, Londres emergía como árbitro en el marco del conflicto creciente entre las comunidades citadas.  La elite nacionalista árabe, buscó en el enfrentamiento con la población judía, un mecanismo para generar consensos y posicionarse como líderes de los campesinos empobrecidos y desempleados en las periferias de las ciudades. 

En el norte de Palestina británica, un líder religioso sirio Izz al Din al Qassam, llevó a cabo una guerra de guerrillas, reclutando a los desheredados de las ciudades, pero no logró extender su prédica islamista nacionalista al resto de la Palestina rural.  Su muerte en manos de tropas británicas lo convirtió en un mártir y en modelo a seguir como símbolo de resistencia (la rama militar del grupo terrorista Hamas, se autodenominan Brigadas Izz al Din al Qassam).  A pesar del “relato” nacionalista, las lealtades estaban vinculadas al clan y la aldea y todavía distaba de la existencia de una “identidad nacional” como pregonaban las elites, muy alejadas de la dura realidad de campesinos y desempleados.

Su desesperación, los llevaría a protagonizar la revuelta de 1936. La actividad guerrillera palestina en 1937, tuvo como respuesta una violenta represión británica. El gran muftí, antes pro británico, Hosseini, emprendió el exilio, que lo llevaría en su derrotero a ser huésped del III Reich.  Sin líderes los árabes palestinos, ese vacío fue ocupado por los políticos de países vecinos, con intereses muy concretos y muy distintos a las aspiraciones de los árabes palestinos.    

En 1937, fue lanzado el Plan Peel de partición, y por primera vez se habla de crear dos estados: uno judío y otro árabe. A pesar de las revueltas, matanzas y conflictos, las relaciones entre ambos grupos fueron intensa en muchos casos, dado que al final del mandato en 1947, había más de un millar de sociedades mixtas, fuertes intereses entre trabajadores árabes y judíos, que en más de un caso hacían causa común en reclamos por derechos. 

El informe Mc Donald de 1939, planteó la creación de un estado único en Palestina, otorgando el poder de veto a los árabes, sobre los cupos de inmigración de judíos. El resultado fue el rechazo de los árabes, que se negaban a dar algún tipo de reconocimiento político al movimiento sionista, y este último, se distanció de Londres, donde a todas luces practicaba una política de “divide y reinarás”.  Los británicos por medio del Libro Blanco de 1939, intentaron conciliar posiciones con los árabes, sin éxito.

Mientras tanto la comunidad judía, consolidaba su rama militar, la Haganá, además de aparecer dos grupos extremistas: Irgun y Stern.  Este clima de competencia, hubo escenarios de cooperación, como en Haifa, donde comunidades judías, musulmanas y cristianas convivieron, incluso se crearon sindicatos sin distinción del origen religioso o étnico de sus afiliados. Posiciones nacionalistas entre las partes, impidieron que este modelo sindical se extendiera, a pesar que trabajadores árabes y judíos, padecían muchas veces las mismas injusticias.

El fin del Mandato: la primera guerra israelí y la creación del Estado de Israel.  

El temor que las potencias del Eje llegaran a Palestina, llevó a muchos jóvenes judíos alistarse en el Ejército Británico. Esta tendencia se vio acelerada por ciertas simpatías de nacionalistas árabes con Italia o Alemania, que buscaba una alianza táctica para liberarse de la presencia británica y francesa en el Próximo Oriente.  La guerra trajo mejoras económicas, incluso la mujer árabe, comenzó por un proceso de cambios, acceso al mercado de trabajo y educación. La necesidad de abastecer al Reino Unido, favoreció la agricultura e industrias locales. Finalizada la guerra, las tensiones reinantes eran difíciles de contener. Por un lado, los árabes, no querían saber nada con un estado judío, por otro lado, los nacionalistas judíos, buscaban flexibilizar la llegada de supervivientes del Holocausto. La violencia se hizo presente y para los británicos, el Mandato, era un verdadero lastre político.  La crisis económica británica 1946-47, alimentó la idea de Londres de deshacerse de puntos conflictivos del Imperio.  Estados Unidos y la Unión Soviética, entraron en escena, con una postura en común: la partición como solución. Así nació el Comité de Naciones Unidas para Palestina o UNSCOP, siendo sus integrantes desconocedores de la realidad del Mandato.

La diplomacia judía, planteó un plan de partición muy bien confeccionado, a diferencia de los árabes, que no contaban con una estrategia clara. Además, estos mostraban fuerte hostilidad a los funcionarios de la UNSCOP, impidiendo mecanismos de diálogo.  Por unos meses hubo una tensa calma. El liderazgo político judío, mostró talento organizador y creó las condiciones para establecer un estado viable post Mandato: impuestos, reclutamiento militar, promoción de la inmigración, desarrollo de infraestructuras.  Los árabes, delegaron todo en la Liga Árabe y por ende dejaron de ser actores en el conflicto, sino simples peones de los intereses de los países vecinos. Un ejemplo de ello, el rey Abdullah de Transjordania, con anuencia británica, inició conversaciones con la Agencia Judía, para dicho reino pudiera anexionar lo que hoy conocemos como Cisjordania.  El gran problema de los árabes palestinos, estaban divididos. Al crearse una fuerza militar, está carecía de mando unificado y dependía de comités locales.

El 29 de noviembre de 1947, la UNSCOP, presentó su informe a la Asamblea General de Naciones Unidas, donde proponía dos estados: judío y árabe, con un régimen de unidad económica, y Jerusalén bajo gobierno internacional. La propuesta de la minoría fue un estado palestino único, con un régimen democrático y con garantías a las comunidades.  La diplomacia árabe falló y no logró mostrar alternativas, dado su intransigencia. El 30 de noviembre estalló la violencia entre las comunidades árabe y judía.

El Reino Unido no colaboró en una salida al conflicto, vetó el ingreso de personal de Naciones Unida, que al fin de cuentas nada podían hacer, sino más bien hacer un mero relevamiento realista de la crisis.  En los primeros días ingresaron al Palestina, elementos del Ejército de Salvación árabe, liderado por un mando sirio, Fawzi al Qawauqji, que había sido veterano la revuelta 1936-37. En Cisjordania operaba la Legión Árabe, con intereses claros, de anexionar el territorio a Transjordania. 

Las fueras del Ejército Árabe, eran en verdad extranjeros para los árabes palestinos. Estos impusieron su control donde operaba. Mientras tanto la elite palestina, se fue en masa del país. Se estima que entre 1947 y primeros meses de 1948, 70.000 palestinos abandonaron el territorio.  Las tropas de la Legión Árabe, favorecieron el ascenso de políticos pro hachemitas, frente a los nacionalistas del Comité Árabe.  Los estados árabes estaban decididos a intervenir militarmente y expulsar a la comunidad judía.  El alto mando militar de la Haganá, puso en marcha el Plan D, que era la estrategia de defensa, en una guerra abierta en Palestina. 

Las Compañías de Choque, llamadas Palmach, eran una fuerza permanente y con un elevado nivel de preparación, serían las responsables de proveer la estructura de comando de las milicias movilizadas por la Agencia Judía. Desde Naciones Unidas surgió la propuesta de establecer una administración fiduciaria por cinco años, para superar el conflicto. Los líderes judíos entendieron que el compromiso de la Comunidad Internacional, es más bien limitado para reconocer el derecho de crear lo que sería el Estado de Israel.

La violencia era una realidad, donde ambas partes cometieron serios abusos, con masacres de aldeas, actos terroristas, que generó el desplazamiento masivo de población, ante la mirada impávida de los británicos, que estaban de salida. Su política llena de ambigüedades y de “divide y reinarás” tuvo como colofón, la violencia y el caos. Una vez más Londres, se salió con la suya y dejó que “otros” resolvieran el problema que los británicos habían creado. Los estados árabes no buscaban garantizar la existencia de un estado árabe palestino, sino repartirse el botín una vez eliminada la presencia judía.

La primera guerra árabe israelí, que duró desde mayo de 1948 hasta enero de 1949, fue larga, con diversos alto el fuego, tuvo como resultado la derrota de los estados árabes, la creación del Estado de Israel, proclamado el 14 de mayo, y el inicio de la pesadilla para los palestinos. La Liga Árabe, con sus divisiones, no quiso, no supo, crear un estado palestino. Las fuerzas de Transjordania, anexaron la Margen Occidental y Jerusalén Este, y los egipcios crearon un gobierno fantasmal, en la Franja de Gaza. El gobierno británico, entregó parte de los fondos de las cuentas del Mandato al flamante gobierno israelí.  Los intentos de mediación internacional fracasaron, terminando como el caso del conde Bernadotte en una muerte en un atentado terrorista.

Finalmente, los estados árabes, que carecían de mando unificado y una estrategia clara, fueron derrotados por un enemigo, más débil, pero bien organizado y motivado. Al fin de cuentas, los israelíes, se jugaban su existencia como estado independiente. Los palestinos, en parte condenados al exilio, y en otra, bajo el peso gobiernos militares impuestos por jordanos y egipcios. En los casos de Líbano, los palestinos fueron confinados en campos de refugiados, tratados como ciudadanos de segunda y les fue vetado al acceso a una cuarentena de oficios y profesiones. Una suerte de apartheid.  Siria apoyó a los pequeños comerciantes y empresarios, pero mantuvo una política de segregación para campesinos y obreros, a fin que no compitieran con los propios sirios en el reducido mercado laboral.

Un espejismo llamado Palestina

Hablar que Palestina, fue una realidad jurídico político previo al Estado de Israel, solo es propaganda. El término, no es más que una locución latina, del término Filistea, un país cuya existencia se perdió en la noche de los tiempos, tras la invasión babilónica. La imposición del término Palestina, por parte de Roma, era parte del castigo colectivo a los judíos por haberse revelado contra su autoridad.

Siendo una mera designación geográfica. La presencia judía, no desapareció, sino que se mantuvo por siglos, siendo testigos de la conquista árabe, las cruzadas, como de los turcos otomanos. La idea de un estado árabe palestino, recién cobra fuerza durante el Mandato. En la Primera Guerra Mundial, las elites locales aspiraban a formar parte de la Gran Siria.  La llegada de los británicos, como resultado de las victorias contra el imperio otomano, estaba ligada a sus intereses geopolíticos sobre el Canal de Suez y el Golfo Pérsico, donde comenzaba la explotación petrolera, controlada en gran parte por intereses de Londres.

El Reino Unido practicó un doble juego, muy usual en su imperio colonial, que por un lado favorecía a los judíos, y luego a los árabes. El objetivo mantenerse como árbitro y de esa manera, convertirse en un mal necesario para prolongar su presencia. Mientras que los judíos, lograron crear una estructura política que los uniera, con partidos políticos, sindicatos, un gobierno y parlamento, además de una fuerza militar; los árabes, se mantuvieron divididos en clanes rivales, sin una estrategia clara. Las revueltas obedecían a cuestiones económicas y sociales, que reivindicaciones nacionalistas.

Los estados árabes, vieron en la crisis palestina, un factor para aglutinar la opinión pública, legitimar sus regímenes, además de ver la posibilidad de incrementar sus territorios a expensas del Mandato. El ejemplo más claro es Transjordania. El Reino Unido cuando vio, que su presencia en Palestina, carecía de fundamento geopolítico y estratégico, agregándose la necesidad de mantener buen diálogo con los regímenes árabes, por la cuestión del petróleo, simplemente abandono el territorio, que se sumergió en el caos.

Ello nos lleva a considerar que el Estado palestino no fue una realidad en 1947, por una serie de factores: las divisiones palestinas, los intereses de determinados estados árabes, que se tradujo en la incapacidad de la Liga Árabe, de por lo menos crear un estado árabe palestino en los territorios de Cisjordania y Gaza. Transformando para millares de exiliados y refugiados, la idea de Palestina árabe, en un espejismo o ilusión.

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