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España y Marruecos: desencuentros permanentes

El Minuto | Las relaciones hispano marroquíes se han destacado más por sus desavenencias que por unas sólidas y fluidas relaciones, como debería corresponder con dos países vecinos con tantos nexos en común.

Por: Alberto Maestre Fuentes | Corresponsal de España

Desde que Marruecos accedió a la independencia en 1956, los conflictos con España han sido constantes y casi permanentes.

Conflictos que hoy en día perduran y que envenenan las relaciones entre ambos países.

Inmediatamente después de que España renunciase al protectorado norte de Marruecos, facilitando la independencia, el nuevo reino alauita, reclamó la cesión del artificial protectorado sur del país, Cabo Juby.

Comprensible pues legalmente, aunque no históricamente, era parte de Marruecos.

España aceptó y mediante los Acuerdos de Cintra, en 1958, cedió dicho territorio a Marruecos.

Con este paso, Marruecos quedaba unificado e independiente puesto que los dos protectorados españoles y el francés, por otro lado, dejaban de existir, y el sultán, convertido en rey del nuevo estado, tomaba las riendas del nuevo estado.

Lo que a partir de entonces podría haber sido una fluida relación entre dos estados vecinos con tantas expectativas y recursos que podrían beneficiar a ambas poblaciones, no se llegaron a materializar.

La desconfianza entre ambos siempre ha estado presente, debido, sobre todo, a la actitud beligerante marroquí hacia España.

Marruecos no se conformó con la cesión de Cabo Juby y siguió reivindicando otros territorios españoles en el norte de África, dentro de su política de la supuesta restauración del “Gran Marruecos”.

Dentro de esta política anexionista marroquí se debe enmarcar la denominada “Guerra de las Arenas”, (1963-1964), por la cual Marruecos pretendió anexionarse parte de territorio argelino, rechazando las fronteras heredadas del colonialismo.

Mientras tanto, la política de descolonización impulsada por las Naciones Unidas, exigía a España que entablara conversaciones con Marruecos para la cesión, a dicho país, del enclave de Ifni.

España que lo había provincializado en 1958, no lo cedería hasta 1969.

En cuanto al Sahara Occidental, otros de los territorios que la ONU exigía a España que lo descolonizara, y que fijase el referéndum de autodeterminación, en consulta con los Gobiernos de Marruecos y Mauritania y con cualquier otra parte interesada, España siguió años dilatando el asunto.

Las presiones de Marruecos para que le cediera dicho territorio, hicieron que España que, finalmente se había decidido a descolonizarlo y realizar el referéndum, se desligara de sus compromisos y le cediera en 1975, unilateralmente, la administración, junto a Mauritania, ante la sorpresa de la comunidad internacional.

España con esta acción, incumpliendo sus compromisos adquiridos y su promesa de que el pueblo saharaui ejercería su derecho inalienable a la autodeterminación, cedía a las presiones marroquíes, de forma muy peligrosa.

Después de esta cesión ilegal, pues para las Naciones Unidas, una potencia administradora no puede ceder a un tercer país el territorio no autónomo que controla, las reivindicaciones marroquíes sobre las plazas españoles del norte de su país, se atenuaron y no las reclamó ni presionó a la ONU para que fueran incluidas en la lista de Territorios no autónomos.

Cabe recordar que, a principios de 1975, Marruecos ya intentó, presionar a España con el tema de Ceuta y Melilla y demás enclaves del norte mediterráneo para que sucumbiera a sus presiones sobre el Sahara Occidental.

Para ello maniobró, de tal forma, para que fueran incluidas en la lista de Territorios No autónomos de la ONU, utilizando los foros internacionales, como en el Consejo de ministros de la OUA -celebrado en febrero del mismo año en

Addis Abeba-, en el Consejo de la Liga Árabe -celebrado en El Cairo en el mes de abril-, en la Conferencia Islámica – en Yeda en julio -, y en la Conferencia de ministros de Asuntos Exteriores de los países No Alineados celebrada -en agosto en Lima-. En todos ellos el reino alauita llegó a recibir el respaldo de los demás estados sobre sus reivindicaciones sobre las posesiones españolas en la costa mediterránea africana.

Finalmente, como es sabido, el Comité de Descolonización de la ONU jamás las llegó a incluir en la lista de los Territorios No Autónomos pendientes de descolonizar.

Lista que en cambio, al día de hoy, sí que sigue incluyendo al Sahara Occidental, siendo este el más extenso y poblado de los 17 Territorios No Autónomos.

Después de la cesión ilegal española del Sahara Occidental, siguieron años relativamente tranquilos y sin sobresaltos en las relaciones entre ambos estados, con algunos incidentes aislados y de baja intensidad, como capturas por parte de la marina marroquíes de pesqueros españoles.

Y el tema de Ceuta y Melilla, Marruecos lo dejó en suspenso, siguiendo lo pactado entre Hassan II y el ministro Solís en sus reuniones de Marrakech, por las cuales España, dejó claro que no cumpliría sus compromisos adquiridos con los saharauis y la comunidad internacional.

En estas reuniones de finales de 1975, Hassan II se comprometió ante el ministro español, de que Marruecos no volvería a plantear el asunto de Ceuta y Melilla hasta que España recuperase Gibraltar de los británicos.

Entre ambos países se firmaron convenios y se inició una serie de cooperaciones.

Pero nunca las relaciones entre ambos se pueden calificar de excelentes y transparentes.

Las maniobras marroquíes de utilizar la inmigración, la peca, el terrorismo yihadista, la comunidad marroquí afincada en España e, incluso de volver a relanzar el asunto de Ceuta y Melilla, tema este último que realmente nunca fue abandonado del todo, a pesar de las promesas de Hassan II, siempre enturbiaron estas relaciones.

Para España, sus relaciones con Marruecos son claves y no le ha importado, incluso, quedar como un país que cede, casi constantemente, a las extorsiones de su vecino, con lo que ello significa.

Desde Felipe González, aquel presidente que en 1976 fue a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf a darles su apoyo y defender su independencia, y luego se desligó e hizo todo lo contrario, todos los presidentes de gobierno español, excepto el actual Pedro Sánchez, realizan su primera visita oficial al extranjero, a Marruecos.

Según los medios, también la intención de Pedro Sánchez, era seguir con esta tradición, pero la ausencia del rey Mohamed VI en Marruecos en aquellos momentos, imposibilitó tal primera visita oficial.

En cambio, por parte de Marruecos, no hay reciprocidad y cuando es elegido un primer ministro, evidentemente su primera visita oficial al extranjero no es España.

No será hasta 2002, cuando se volverá a tensar las relaciones entre ambos países, con el estallido del incidente de la isla de Perejil.

En este incidente, el gobierno español no cedió, como antaño, y restauró el statu quo anterior a la ocupación por parte de la marina marroquí.

2021 marcará el posible inicio de una nueva etapaen las relaciones bilaterales hispano-marroquíes.

El caso Galhi y la reacción marroquí, plasmada en la “invasión” de Ceuta de más 8.000 personas, en dos días, ha supuesto un punto de inflexión en la relación de ambos países.

La pretensión de Marruecos de que España siguiera los pasos del ex presidente estadounidense Donald Trump, de reconocer la soberanía marroquí del Sahara Occidental, no ha dado los frutos deseados.

Conseguir el aval de la oficialmente potencia de iure del Sahara Occidental, representaría para Marruecos un espaldarazo a sus pretensiones sobre el territorio.

España no puede dar ese paso que le exige Marruecos, pues va contra la legalidad internacional.

Aunque Marruecos también sabe que la acción de España de haberle cedido en 1975 el territorio saharaui, también iba en contra de la legalidad internacional y, por tanto, ahora pretende que haga lo mismo.

Es difícil y poco probable que España vuelva a caer en la extorsión marroquí y vuelva a saltarse la legalidad internacional.

Los tiempos y la situación actual han cambiado bastante desde 1975. Tanto interna como externamente.

La reacción de la Unión Europea al asalto de Ceuta fue clara y sin titubeos. Se trataba un ataque a las fronteras de la Unión y no se permitiría ningún chantaje utilizando la inmigración.

Mientras tanto, la embajadora marroquí sigue sin regresar a Madrid y Marruecos sigue sin querer zanjar la crisis.

España mientras tanto, aunque parecía plegarse, una vez más a los designios marroquíes, cesando a la ministra de asuntos exteriores y manifestando buenas palabras hacia sus vecinos, se mantiene firme en el tema del Sahara Occidental.

Su implicación, como miembro de la OTAN, en el conflicto ucraniano, puede beneficiarle ante los EEUU, como socio leal y fiable.

Desde hace tiempo que no se vislumbraba una nueva era en las relaciones entre España y Marruecos.

Unas relaciones que deberán estar marcadas por el respeto, la cooperación y buena vecindad.

No por el chantaje y extorsión permanente, por los cuales una parte aparece como dependiente y sometido a la voluntad y caprichos del otro.

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