Mié. Oct 28th, 2020

El gobierno argentino y un juego que saldrá mal

El Gobierno argentino se encuentra en este momento en una típica posición de Zugzwang y lo demuestra en cada en cada uno de los campos de actividad.

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El Zugzwan es una posición (propia del ajedrez y otros juegos pero que por analogía puede aplicarse a otras situaciones de la vida) en la que el jugador está obligado a jugar pero cualquier movimiento que haga empeora su situación.

Lo ideal para él sería quedarse quieto o pasar, pero las reglas del juego lo obligan a ser protagonista y a generar y asumir su propia desgracia.


Por: Juan Carlos Neves | Presidente de Nueva Unión Ciudadana.


El Gobierno argentino se encuentra en este momento en una típica posición de Zugzwang y lo demuestra en cada en cada uno de los campos de actividad.

Si continúa presionando a la justicia para liberar a Cristina Fernández de sus juicios, despertará aún más la ira ciudadana y terminará abroquelando al poder judicial en una actitud corporativa pero, si retrocede y permite la normal actividad judicial, la Vicepresidente terminará condenada y eso generará una crisis interna de incalculable gravedad.

En el campo financiero, si permitía que continuara la posibilidad de comprar la mínima cantidad de doscientos dólares por persona en pocos meses colapsarían las menguadas reservas del Banco Central pero al aumentar las restricciones del denominado “cepo al dólar” cerró la posibilidad de la llegada de dólares al sistema y sembró la desconfianza total en su equipo económico.

Ni que hablar del campo sanitario. Si el gobierno no habilita en su totalidad las actividades económicas la desocupación y los quebrantos empresariales amenazan con destruir lo que queda del aparato productivo y pone en jaque la recaudación impositiva, pero la epidemia de coronavirus sigue sumando contagios y defunciones y habría que reconocer el error monumental en el manejo sanitario y la inutilidad de confinar inútilmente a la población durante seis meses.

Como si evitando las palabras se hiciera desaparecer los hechos, el presidente dice que no hay cuarentena mientras sigue anunciando las restricciones a las más variadas actividades sean deportivas, educativas, religiosas y de toda índole.

Sería maravilloso que todas las cosas permanecieran inmóviles pero el gobernante debe gobernar, deber mover sus piezas y tomar decisiones aunque cada una de ellas lo ponga en una situación peor que la anterior.

Romper con sus bases o permitir que se destruya la propiedad privada haciendo caso omiso a las tomas de tierras. Pelearse con la oposición o negarse a despojar a la Ciudad Autónoma de los fondos coparticipables. Atacar a los productores agrícolas o desairar a su vicepresidente y jefa política. Los dilemas son múltiples y cotidianos y el presidente quisiera decir “yo paso” pero no puede. Así es el juego.

Si nos preguntamos cómo se llegó a esta situación, la respuesta no es complicada. Para acceder al poder se formó una alianza contra natura en la que quien tenía el poder político, o sea Cristina Fernández, colocó a un hombre sin experiencia de gestión, ni territorio y sin afinidad con ella en el puesto de Presidente.

Confluyeron el justicialismo de derecha con el kirchnerismo de izquierda montoneril, los movimientos sociales de raíz revolucionaria con la burguesía administrativa de los intendentes del conurbano, el federalismo de los caudillos provinciales con el centralismo cristinista. Semejante engendro no podía dar otro resultado que una inmanejable sumatoria de

voluntades e intereses dispersos que jamás podía constituir un equipo homogéneo capaz de conducir un país. Por eso, cada movimiento afecta a alguien y empeora la situación, en un escenario en que no hay ganadores y quien más pierde es la Argentina y sus sufridos habitantes.

La pregunta que se impone es: ¿cuál será el desenlace de esta crisis que es permanente y estructural porque su raíz está en la composición misma del esquema de poder?

La respuesta no es unívoca porque se abren varios escenarios posibles.

Un escenario posible aunque poco probable contempla que el gobierno siga a los tumbos con un progresivo deterioro de la situación económica y social, frenando las manifestaciones, las demandas y las protestas con el argumento de la amenaza de la pandemia y llegue así a unas elecciones legislativas de medio término, condicionadas en volumen de participación y despliegue de campaña. Si aun así, esas elecciones son desfavorables y el oficialismo pierde definitivamente el control de la Cámara de Diputados la segunda parte del mandato presidencial será un infierno de final incierto.

Otro escenario posible contempla que el acelerado deterioro de la situación lleve al presidente Fernández a renunciar llevado por su desgaste físico y político. Este escenario abre el juego a tres alternativas:

1. Asume Cristina Fernández como prevén las leyes vigentes. Eso generaría un gobierno más homogéneo al unirse el poder político real con el formal pero a su vez implicaría una radicalización capaz de poner en gran tensión a la nación. La personalidad de la Vicepresidente y el rechazo que produce en sectores mayoritarios, según marcan todas las encuestas, tornaría realmente difícil el ejercicio del gobierno. La posibilidad de tener una Presidente en ejercicio con múltiples procesamientos y jaqueada por la justicia llevaría ineludiblemente a un choque de poderes de imprevisibles consecuencias para el sistema constitucional.

2. La Vicepresidente acompaña al Presidente en su renuncia y libera las tensiones que su situación personal imprime al sistema. En ese caso existe la posibilidad de que asuma el presidente de la Cámara de diputados, Sergio Massa. Este funcionario tiene la ventaja de que pertenece a la coalición gobernante y si bien no es querido por otro sector que no sea el propio, tampoco cuenta con rechazos viscerales. Podría eventualmente proponer un gobierno de coalición que sostuviera precariamente la situación hasta la terminación del período constitucional.

3. Se produce un llamado adelantado de elecciones. Esta sería una muy mala situación ya que la única alternativa organizada es la alianza que acaba de entregar el poder hace nueve meses luego de un fracaso en la gestión económica que generó una deuda impagable que aún está en proceso de refinanciación. Además un eventual triunfo opositor luego de la caída del oficialismo contaría desde el primer día con una feroz oposición de quienes habrían perdido el poder y estarían llenos de frustración y espíritu de venganza.

En síntesis, la Argentina y no solo el gobierno están en Zugzwang y cada alternativa presenta un panorama peor que la anterior.

Hasta aquí llegó el observador objetivo. De aquí en más comienza la subjetividad y la opinión parcializada. Tenemos una propuesta para ofrecer a la ciudadanía y es aprovechar el tiempo, hasta que el peso del desmanejo nos lleve al ineludible desenlace, para construir una alternativa de centro derecha que incluya un proyecto de país basado en el crecimiento, la productividad, el trabajo duro, el sacrificio, la firmeza, el orden, el eclecticismo económico y la voluntad de recuperar el orgullo de ser argentinos a partir de la fe en Dios y en nosotros mismos.

¿Porqué de centro derecha? Porque el comunismo y el socialismo han mostrado su fracaso en el mundo, el populismo de izquierda de los Kirchner mostró y sigue mostrando su incapacidad para gobernar, democrática y honradamente, y el liberalismo de centro izquierda de Cambiemos nos dejó endeudados y sin haber solucionado los problemas que heredó por tibieza y carencia de imaginación.

Esa alternativa de centro derecha requiere de equipos de hombres y mujeres que lleguen limpios a la política, con vocación de servicio, conocimientos y ética. Los estamos formando y si Dios quiere y solo si Dios quiere, llegaremos a estar organizados para salvar a la Patria cuando sea necesario sosteniendo este sistema constitucional que, con todos sus defectos, es nuestra única esperanza.

Parafraseando a San Ignacio de Loyola decimos que estamos habiendo las cosas como si todo dependiera de nosotros, aunque sabemos que todo depende de Dios.