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Haití: La historia de un fracaso

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Haití nació como estado independiente en 1804, luego de una cruenta lucha por su libertad. La historia del país ha sido una tragedia, En el siglo XX, el país fue tristemente célebre por la dictadura de los Duvalier, padre e hijo.

El “cuco” del comunismo, fue una excusa para que Estados Unidos mirara para otro lado, ante regímenes criminales.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director El Minuto para Argentina


La década del 90, significó el fin de las dictaduras y de la “amenaza comunista” y los golpes no serían tolerados. El país fue objeto de la intervención internacional bajo el liderazgo de Naciones Unidas.

Poco y nada pudieron hacer. La muerte del presidente haitiano, Jovenel Mosie en manos de una banda de mercenarios, pone en evidencia que el país, es un ejemplo de estado fallido.

Haití nació como estado independiente en 1804, hasta ese momento había sido por el tratado de Ryswick, una colonia francesa, sumamente próspera, gracias al uso intensivo de mano de obra esclava.

En agosto de 1791, miles de esclavos negros se levantaron contra los franceses, dando inicio la revolución haitiana, donde trascendió la figura del general Toussaint Louverture, ex esclavo que lideró la lucha contra los franceses.

Napoleón Bonaparte, envió una poderosa expedición con 55.000 soldados, muchos de ellos, muertos por enfermedades, pero a pesar de su número, no pudieron lidiar con la rebelión haitiana. Loverture, murió en manos francesas y fue sucedido por el general Jean Jacques Dessalines, en 1803.

En 1804, Saint Domingue, como lo denominaban los franceses pasó a ser Haití. La ruptura de lazos comerciales con Europa, generó una profunda crisis económica, agregándose que comenzaron los proyectos delirantes de los líderes de turno. Dessalines, se proclamó emperador de Haití.

Los blancos que quedaron en la isla fueron expulsados o asesinados. Los mulatos también la pasaron muy mal. La muerte del “emperador” de Haití, estuvo en manos de dos colaboradores cercanos, Alexandre Petion y Henri Christophe. Estos se dividieron el país, a la muerte del tirano.

El norte un reino, y Boyer, como presidente de una república en el sur del país. El reino de Haití, terminó en rebelión, luego que su rey, Enrique I, se suicidara. Jean Pierre Boyer, unificó el país, bajo una república e invadió el lado oriental de la isla, que se había proclamado independiente de España. En 1843, Boyer, terminó en el exilio.

La inestabilidad política, se convirtió en una verdadera maldición para el país. En 1849, un presidente se hizo proclamar emperador con el titulo de Faustino I. Mientras que los golpes de estado estaban a la orden del día, especialmente por la tensión entre mulatos y negros. Mientras tanto el comercio exterior del país, quedó en manos de comerciantes de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, en un marco de subdesarrollo y pobreza.

Hasta 1915, se sucedieron una veintena de presidentes, de los cuales uno solo completó su mandato. Revueltas, golpes y hasta el asesinato de los jefes de estado, era algo frecuente “el país era un verdadero caos”. En 1915, durante la presidencia de Guilleume Sam, estalla la rebelión. Este huye a la legación francesa Los opositores atacaron el Palacio Nacional.

Los detenidos por razones políticas son asesinados y una turba toma el consulado francés, y el ex presidente es asesinado y descuartizado. Las masas llevaron sus restos, como símbolo de victoria. En julio de 1915, llegaron los marines bajo el comando del almirante estadounidense Caperton.

Es aprobada una nueva constitución, es elegido un presidente, Sudre Dartiguenave quien legitima el protectorado de Estados Unidos y la ocupación militar. Las tierras del país, quedaron en manos de compañías extranjeras, y Haití, queda bajo la esfera de Washington. En 1918, una rebelión nacionalista tuvo como consecuencia miles de muertos.

En 1935, las tropas de Estados Unidos dejaron el país, pero el control de las finanzas duraría hasta 1947. El legado de la presencia estadounidense, es objeto de controversias, por un lado, Haití fue tratado con un sesgo netamente racista, pero por otro, al ser considerados inferiores los haitianos, fueron sometidos a un trato paternalista. Los norteamericanos construyeron puentes, carreteras, hospitales, redes de telefonía y cierta estabilidad institucional.

La estabilidad se vio opacada por los procesos autoritarios Franck Lavaud y Paul Eugène Magloire, ambos militares y el dictado de varias constituciones. El presidente Magloire, lideró un proceso autoritario, que terminó en 1956, en una nueva etapa de caos.

En 1957, un popular médico de pueblo, François Duvalier, conocido como Papa Doc, sería electo presidente, abriendo paso a una de las etapas más oscuras del país. Ante la amenaza de un golpe de estado, en 1958, crea los Voluntarios de la Seguridad Nacional, conocidos como Tonton Macoute.

Estos grupos parapoliciales, conocidos por sus gafas negras y machetes, aterrorizaron al país. Dado que no tenían fuente de financiamiento oficial, vivían de la extorsión y el delito común. Haití, una población con alto número de analfabetos, donde el culto vudú juega un rol central, tuvo bastante que ver con la ausencia de una oposición organizada.

Muchos creían que Papa Doc, era la reencarnación de Barón Samedi, señor de los cementerios, y esto le daba poderes sobrenaturales, y por ende era imposible hacerle frente. Sus milicias, con varias decenas de miles de miembros, violaron, torturaron y generaron el terror en la población, cobrándose miles de víctimas.

Se estima que unos 60.000 haitianos perdieron la vida en manos de este ejército criminal. Pero el “cuco” comunista en Cuba, hizo que Estados Unidos tolerara a Papa Doc y sus excesos.

A este cuadro siniestro, hay que agregar al líder de los tontons, Luckner Cambronne, que armó un lucrativo negocio de exportación de sangre humana, a Estados Unidos, además de vender cadáveres para el estudio en institutos médicos de dicho país.

En 1966, Papa Doc, fue excomulgado por la persecución al clero católico. A pesar de sus atropellos y delirios, dado que atacaba a la elite mulata, ello le granjeaba popularidad en loas poblaciones negras. En 1961, Papa Doc fue reelecto por el cien por cien de los votos. Sus matones, no cabe duda tuvieron bastante que ver, para evitar que nadie tuviera la osadía, de votar contra el siniestro presidente.

La corrupción, los abusos de poder y los crímenes cometidos por Papa Doc y sus adláteres, llevaron a que Estados Unidos cortara todo tipo de ayuda en 1963. En 1971, el oscuro presidente moría, pero dejaba al frente del poder a su hijo, Jean Claude, con apenas 19 años. Su apodo fue el de Baby Doc.

En un primer momento parecía romper con el oscuro padre que tuvo, con promesas de desarrollo. Pero fue solo una cortina de humo, dado que los peores vicios del régimen se mantuvieron. La ayuda internacional era engullida por los funcionarios corruptos, y el país tocó fondo.

En 1977 el país pasó hambre y la ayuda internacional, benefició a casi un millón de personas. En 1983, el papa Juan Pablo II, en una visita al país, pidió por sus libertades y mejoras. Finalmente en 1986, Baby Doc, marchó al exilio dorado en Francia, luego de haber robado más de US$ 100 millones, y por cierto nunca pagó en la justicia por sus crímenes.

En 1987, un cura, Jean Bertrand Aristide, pronunció una dura homilía contra el ejército y el poder local. Una vez más fue sancionada una Constitución, una más de las tantas que tuvo el país. En 1988, hay elecciones, que termina todo, como de costumbre en golpe de estado, siendo su líder el general Avril Aristide, cura radical, es expulsado del clero y se transformó en líder político, siendo electo presidente, pero fue derrocado por el ejército Raoul Cedrás, presidente de facto, impone una dura represión con miles de muertos. Fue sucedido por el general Avril En 1994, dicho general es expulsado del poder y las elecciones abren paso para que Aristide, un personaje muy popular, llegue al gobierno. Su política económica se

ajusto al concepto de “neoliberalismo” y para evitar golpes de estado, disolvió el ejército. En 2001 hizo un giro hacia la izquierda, pero solo en el plano retórico. El país siguió sumergido en la miseria.

La clara incapacidad del Estado para ejercer control, una estructuras de partidos políticos endeble, generó condiciones para que grupos armados se disputaran el poder, y como medio de hacer política. El caos reinante, la corrupción, males endémicos del país, llevaron a que estallaran motines armados en diversas ciudades.

El ex sacerdote haitiano, gracias al dinero proveniente de la ayuda internacional, creó su propia milicia. En 2004, Aristide es derrocado – disolver el ejército no garantizó que el fantasma del golpe se esfumara – y sucedido por Boniface Alexandre, quién pidió a Naciones Unidas, la formación de una misión de estabilización, conocida como MINUSTAH.

El éxito de la misión de Naciones Unidas ha sido relativo, dado que no se logró establecer un clima de seguridad, articular fuerzas de orden público creíbles, y se llevara a cabo un proceso de reconstrucción del país.

Pero la tragedia, es algo estrechamente vinculado con la historia del país. En 2010, un terremoto destruyó literalmente al país, con más de 300.000 víctimas.

En ese año una conferencia internacional, hubo un compromiso de US$ 9000 millones, en ayuda, que como se puede observar ha llegado a cuenta gotas. Las elecciones, fueron ganadas por el ex cantante Michel Joseph Martelly, pero su gestión estuvo empañada por la corrupción, en torno a Petrocaribe, donde fueron malversados millones de dólares de ayuda venezolana en combustible.

En 2016, fue electo, luego de una breve transición, en manos del ex senador Joceleme Privert, Jovenel Moïse, un personaje ligado al mundo empresario. La falta de mejoras en materia económica, generaron importantes protestas en 2019 La crisis del COVID, encontró a un país con el 90% de pobres, sin infraestructura sanitaria adecuada y un estado endeble, carcomido por la corrupción. El deterioro de la calidad de vida, yo de por sí mala, y un clima de denuncia sobre violación de derechos humanos, encontraron al presidente Moise, gobernado de facto, dado que había cerrado el parlamento.

Informes de la Corte de Auditoria, señalaban que 2.000 millones de dólares se esfumaron por mala gestión, y la sociedad comenzó a exigir la renuncia del presidente. En este contexto de violencia social, miseria, pandemia, en la noche del 7 de julio de 2021, el presidente haitiano fue ejecutado por un grupo de mercenarios contratados para ello.

Semanas después, desde la misma Colombia, se confirmó que los integrantes del grupo de atacantes, había mercenarios colombianos. La Policía Nacional de dicho país, señaló que un ex alto funcionario de Haití, dio la orden de llevar a cabo el magnicidio.

En los medios hablaron que el fallecido presidente Moise, había tocado ciertos intereses del poder local haitiano, y que ello implicaba ganarse poderosos enemigos. Las reformas económicas y políticas, aparentemente terminarían con los negocios de políticos y empresarios locales. No obstante ello, la violencia iba creciendo cada día, con secuestros, y poder creciente de poderosas bandas criminales, ligadas al tráfico de drogas.

Los medios se alarmaron por el crimen, que pone en evidencia que el Estado es solo una ficción, dado que no existen estructuras de seguridad confiables, que permitan por ejemplo, salvaguardar la vida de altos funcionarios, como el mismo presidente. La muerte de Moise, forma parte de una triste tradición histórica de violencia endémica, donde existe una poderosa elite, corrupta, que a costa de la miseria de la nación, no duda en poner en riesgo a los 11 millones de haitianos, para imponer sus propósitos.

Asimismo, el país, juega un rol importante para el narcotráfico, lo que explica la presencia de poderosos grupos criminales, que no dudan en disputar el poder a un estado realmente endeble, para controlar lucrativas rutas que van hacia los grandes mercados de Estados Unidos y Europa.

En los 70, la presencia de grupos de narcotraficantes era una realidad y para los 80, colombianos hicieron pie en el país, lo que obligó a la CIA a montar un servicio de inteligencia local,

pero con limitaciones, dado que altos jefes militares haitianos estaban estrechamente ligados al comercio de drogas. La debilidad institucional ha permitido que el crimen organizado, tenga un gran poder. La miseria, falta de expectativas, permite que estos grupos, siempre encuentren mano de obra en cantidad, lo que genera un panorama bastante oscuro para el futuro del país.

Haití es ejemplo de un estado fallido, que con la muerte del presidente Moise, la violencia estará a la orden del día, en el marco de disputas de poder, derivado de una crisis institucional que el país tiene desde hace varios años. La pandemia, abre escenarios más complejos, lo que demanda una decidida intervención de la comunidad internacional, siendo clave, la capacitación de las clases dirigentes futuras, sino dado las actuales circunstancias, el país, puede terminar siendo como Somalia, que no puede salir del caos y miseria, y que dado el limitado valor estratégico que tiene, la comunidad internacional, no hace más que mirar para el otro lado, un triste destino que puede seguir Haití.

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