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Qatar: “Sus dos caras”

El Minuto | El mundo observa con atención el pequeño estado de Qatar, por el mundial de Fútbol, que se llevará a cabo en dicho país. La construcción de las obras para el Mundial, ha maravillado a muchos, pero pocos saben que esto ha sido llevado a cabo por trabajadores en situaciones de extrema precariedad, en más de un caso, siendo objeto de denuncias por parte de reconocidas ONG de Derechos Humanos. Qatar también está vinculado a determinados grupos salafistas, como la organización terrorista Frente Al Nusra que opera en Siria, además de financiar dicha corriente en mezquitas en Europa.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de Diario El Minuto para Argentina .

La historia de Qatar, se remonta a varios milenios, con restos de tiempos neolíticos y en contacto con la cultura Obeid en la antigua Mesopotamia. En la Edad de Bronce, el país estuvo bajo la influencia de la cultura Dilmun, radicada en Bahrein.

En tiempos de los casitas en Babilonia, hubo un intenso tráfico comercial, desde la isla Al Khor, donde se exportaban tintes, etc. Los griegos tuvieron presencia también en tiempos de Alejandro Magno, como evidencian restos arqueológicos.

Los Partos estuvieron también presentes, como los Sasánidas. El islam llego hacia el año 628, existiendo en esos momentos una población cristianizada, formando el país a partir del siglo VII, parte del imperio árabe. Durante este período el país fue un importante centro comercial, tanto de perlas como camellos.

El territorio formó parte de diversos reinos que se desarrollaron en este de Arabia entre 1253 a 1515, hasta que finalmente en el siglo XVI, arribaron los portugueses. Estos a través de una serie de fortalezas y bases ejercieron el monopolio del comercio del Golfo Pérsico. Esto llevó a que los árabes del Este de Arabia, de la región vecina de Al Hasa, prefirieran estar en manos del imperio otomano, que de los portugueses. Estos perdieron el control de la zona hacia el siglo XVII, por la competencia directa de ingleses y holandeses. La región tenía una débil presencia militar otomana, que terminó con la intervención de las tribus Bani Khalid, hacia 1670. En 1766, la dinastía Al Jalifa emigró a la zona, y ejerció el control sobre Bahrein y Qatar.

Durante el siglo XVIII y principios del siglo XIX, Qatar fue escenario de luchas tribales, que incluyeron conflictos con los vecinos sauditas, omaníes y persas. El país no tenía una autoridad única, sino estaba en manos de diversos jefes tribales, muchas veces en pugna entre sí, como observaron los británicos que se hicieron presentes en operaciones de represalia contra la piratería. En 1867 estalló un conflicto armado entre las tribus qataríes y los gobernantes de Bahréin, que terminó en el reconocimiento de Mohammed bin Thani, como gobernante – hakim – de Qatar, adquiriendo autonomía política respecto a los emires de Bahréin. Los otomanos se hicieron presente en la región de Al Hasa en 1871, para poner orden frente a la hostilidad de las tribus árabes locales y en 1872, se hacen con el control de Qatar, Jassim bin Mohammed, miembro de la dinastía local Thani, conservó el cargo de gobernador de distrito.

La presencia otomana no fue tan bienvenida por las tribus locales, lo que incrementó las tensiones. En 1893, una expedición militar otomana, con la finalidad de hacer valer la autoridad de Estambul en Qatar se enfrentó con tropas qataríes en la Batalla de Al Wajbah, que permitió que el país tuviera un régimen de autonomía dentro del imperio, abandonando de hecho su control en 1913. El 1916, el jeque Abdullah bin Jassim Al Thani, firmó un tratado de protección con Gran Bretaña. La defensa y relaciones exteriores quedaron en manos de Londres. Pero la influencia británica era limitada en materia política interna, a pesar de los pedidos del jeque, ante los conflictos con otros jefes tribales y la amenaza de los sauditas. En 1938 comenzó la explotación petrolera, de la mano de empresas británicas. En ese tiempo, las disputas con Bahréin, por las islas Hawar y el enclave de Zubarah, se hicieron presentes y ha sido una fuente de discordia entre ambos países, posterior a la independencia de ambos en 1971.

La modernización del país, fue consecuencia de protestas de trabajadores como de la población local y lideres locales. El monopolio del poder estaba en manos de la familia gobernante. La tímida apertura significó mejoras en la administración pública, la construcción de un puerto moderno, estación telefónica, plantas de agua potable y servicios de salud. La forma de gobierno siguió siendo arcaica, ni siquiera había un gabinete de ministros. Los asesores británicos y egipcios asistieron al jeque gobernante, y se introdujeron cambios como la ley de nacionalidad, la construcción de una planta de cemento, una empresa pesquera nacional, y un programa agrícola. En 1968, se integró al proyecto federal junto a los Estados de la Tregua y Bahréin. Conflictos de intereses, sobre reparto del poder, competencias, llevaron a Qatar a tomar su propio camino y en 1971, se convirtió en un estado soberano.

Independencia y la búsqueda de una identidad propia.

En 1972., Khalifa bin Hamad depuso a Ahmad bin Ali, dado que era sumamente impopular por los gastos de su vida lujosa en Suiza. El nuevo emir, Khalifa, también de la casa Thani, llevó a cabo una serie de mejoras sociales, con inversiones en vivienda, educación, servicios de salud, y asistencia social en general. No obstante, el régimen siguió siendo una monarquía absoluta, donde el clan Thani detenta el poder en todos los niveles de decisión del país. En 1991, el país participó activamente en la Guerra del Golfo. La política exterior del emirato, ha sido pragmática, teniendo como objetivo tener el mayor grado de independencia, respecto al poderoso vecino, la influyente Arabia Saudita. País que ha buscado siempre mantener bajo su influencia a Doha, algo que cambiaría con el golpe de 1995.

En junio de 1995, Hamad bin Khalifa, primer ministro y sucesor del emir Khalifa, depuso a su padre Khalifa en un golpe de estado incruento. El objetivo del golpe era una mayor liberalización política, que incluyó elecciones municipales, la formación de un consejo legislativo, y una nueva Constitución en 2005. En 2003, una mujer llegó a ser ministra de educación. En materia exterior, la tradicional subordinación a Riad, cambió y Doha, buscó construir su propia identidad en materia de política exterior. La estrategia adoptada se basó en una serie de pilares: la alianza con Estados Unidos, mayor protagonismo en materia de resolución de conflictos regionales, y el desarrollo de un poder blando, a través de los medios de comunicación, con el objetivo de exportar o “vender” la imagen de Qatar al mundo, creando la cadena de TV, Al Jazeera. Este medio de comunicación tuvo un rol importante en el apoyo mediático a las llamadas Primaveras Árabes en Libia, Siria, Túnez, y Egipto. Algo que por supuesto, no le agradaría en lo más mínimo a los líderes conservadores del Consejo de Cooperación del Golfo.

En 2001, la Corte Internacional de Justicia, falló a favor de Bahréin, respecto a las islas principales del archipiélago Hawar, que ha sido objeto que las relaciones entre ambos países siempre fueran tensas. En lo que respecta a los intentos de mediar en conflictos internacionales, no llegaron a buen puerto. Incluso, tropas qataríes terminaron formando parte de la fuerza multinacional liderada por Arabia Saudita para apoyar al rey de Bahréin en restablecer el orden ante la rebelión chiita.

En 2013, el emir Hamad, cedió el poder a su hijo Tamim bin Hamad Al Thani. En la llamada Primavera Árabe, la cadena Al Jazeera, propiedad de Qatar, tuvo un rol importante en apoyo a las manifestaciones y el apoyo de determinados movimientos, como los Hermanos Musulmanes, que se tradujo en apoyo político abierto e incluso Doha fue refugio de líderes de este movimiento, como también de dirigentes del grupo terrorista palestino Hamas. A través de este “poder blando” Qatar ganó influencia en varios países de la región, apoyando a movimientos islamistas, como en Siria, donde millones de dólares fueron enviados para armar grupos armados opositores al régimen laico de Al Assad, incluyendo a grupos como el Frente Al Nusra (vinculado a la red Al Qaeda) considerado como organización terrorista. También apoyó decididamente la caída del régimen libio de Gadaffi y ha jugado un rol relevante en apoyo a una de las facciones libias, el llamado Gobierno del Acuerdo Nacional o GNA como se lo conoce por sus siglas en inglés. En 2020, los ministros de defensa turco,

qatarí y libio del GNA, mantuvieron una importante reunión. La riqueza petrolera de Libia, sin ninguna duda es un interés de alto valor estratégico para Turquía, como también para Qatar, que busca mantener un poder creciente y mantenerse lejos de la sombra saudita. Vale la pena recordar que el otro rival del GNA; es el gobierno libio de Tobruk con su Ejército Nacional Libio, al mando del mariscal Haftar, apoyado abiertamente por Riad, Egipto, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos. El asesoramiento turco, incluyendo el despliegue de personal militar como de mercenarios que lucharon en Siria, bajo las banderas de grupos terroristas como Daesh o Al Qaeda, lograron equilibrar la balanza a favor del GNA. Todo ello gracias al dinero de Qatar. Los libios consideran que la injerencia de Doha, ha escalado el conflicto civil, que estalló en 2011.

La agenda exterior qatarí, sus apoyos velados a los Hermanos Musulmanes, que buscan tener un lugr protagónico en el mundo sunnita, algo inaceptable para Arabia Saudita, las relaciones pragmáticas con Irán, el otro rival de Riad, colmó la paciencia de los sauditas, que decidieron en 2017, impulsar un embargo sobre Qatar y buscar su aislamiento dentro del mundo árabe.

Arabia Saudita, Egipto, Bahréin, y Emiratos Árabes Unidos, rompieron relaciones diplomáticas e impusieron un bloqueo terrestre, aéreo, y marítimo. Este grupo de estados intimaron al gobierno qatarí a cerrar la cadena de televisión Al Jazeera, la disolución de una serie de fundaciones, consideradas pantalla para financiar el terrorismo, especialmente a los Hermanos Musulmanes, enemigos ideológicos declarados de Arabia Saudita y Emiratos Árabes, y el cierre de la base militar turca. Otra de las demandas, era cortar relaciones diplomáticas con Irán, el gran enemigo de Riad.

A pesar de la postura de los países citados, Estados Unidos mantuvo buenas relaciones con Qatar, al tener en dicho país, una importante base aérea. La Casa Blanca ofició de mediadora, junto con Kuwait, que llegó a buen puerto en 2021. La presión se hizo sentir y el gobierno qatarí, buscó una salida negociada al conflicto. La pandemia del COVID; puso en evidencia el grado de vulnerabilidad al bloqueo impuesto a instancias del régimen saudita. Para romper las consecuencias del bloqueo, Doha, cerró un acuerdo de intercambio comercial con Turquía, agregándose un paquete de ayuda, vital para el gobierno de Erdogan para evitar un mayor desplome de la lira turca.

El bloqueo terminó en 2021, de manera sorpresiva. Doha no cedió en las exigencias de Arabia Saudita y sus aliados, dado que ello hubiera implicado, que reconocer hechos, hubiera sido una victoria de Riad. Por otro lado, expertos consideran que el cambio de actitud de los saudíes, tiene que ver con la llegada al poder de Biden, con su nueva política exterior, mucho más activa, y que tiene una visión crítica por la política saudita en la región, especialmente frente al atolladero yemenita. Asimismo, dado la presencia militar de Estados Unidos en los países en conflicto con Qatar, también ha impulsado a un cambio de posturas, dado la creciente amenaza iraní. Por otro lado, en tierra qatarí, se jugará el Mundial de Fútbol, la gran vidriera para el país, una fuerte apuesta del régimen, con el objetivo de que las sospechas, de apoyo a elementos terroristas internacionales, pasen al olvido, como también de controversias como su alianza con Turquía.

Qatar sus dos caras

Los medios de comunicación, nos muestran las grandes obras llevadas a cabo por el Mundial de Fútbol, pero ello oculta otra situación. El país es una monarquía, donde las riendas del poder están en manos de la dinastía gobernante Al Thani. El emir tiene amplias atribuciones. Existe un parlamento de 30 personas, donde la mitad son designados por el monarca. No existen partidos políticos, ni sindicatos, no están permitidos por la ley. El sistema legal está basado en la Sharia, en preceptos de índole religioso. Es frecuente el castigo corporal, con azotes a delitos como el adulterio, las llamadas relaciones ilícitas o por el consumo de alcohol. Esto se aplica tanto a ciudadanos del país, como extranjeros. Está prohibido el proselitismo religioso de otros cultos. El islam es la religión de estado.

Las importantes obras de infraestructura que tiene el país, son llevadas a cabo por trabajadores inmigrantes, víctimas de un régimen legal arcaico, el kafala, que ha sido objeto de críticas internacionales, especialmente de organismos de derechos humanos Quiénes caen en esta sistema, son rehenes de los llamados “patrocinadores”, quienes pueden impedirles cambiar de empleo, no pueden renunciar e incluso, pueden denunciar a quienes decidan abandonar su empleo, ante la policía e impedir la salida del país, hasta el cumplimiento del contrato. Generalmente los trabajadores, viven en condiciones muy precarias y existen denuncias, sobre incumplimientos por la paga. Trabajadoras domésticas son explotadas y es frecuente la denuncia por abuso sexual.

La situación fue tan escandalosa, que el régimen contrato abogados internacionales, para estudiar la problemática. En 2021 se fijó un salario mínimo y se regularon algunos aspectos del régimen de kafala, que para entidades como Human Rights Watch, siguen siendo abusivos.

Estas contradicciones se dan con un país con la renta per cápita más alta del mundo. El petróleo está dejando de ser la estrella de la economía, para ser reemplazada por las enormes reservas de gas, que son el 13% mundial. La guerra de Ucrania abre las perspectivas, que Europa pueda optar por el gas qatarí, como alternativa al ruso. La población inmigrante es el 86% del total de la población (la población total es de 2.6 millones, de los cuales 300.000 tienen ciudadanía qatarí). En cuanto a la mano de obra, los extranjeros son el 94%, esto es observado como un problema a largo plazo, con el riesgo que la población extranjera residente, exija mayores derechos. La renta petrolera le ha permitido a Qatar tener bajos impuestos.

La luz y el agua son gratuitos. Hay subvenciones para la vivienda y la salud también es gratuita. Existe en la sociedad qatarí, cierta desconfianza por el Mundial, dado que la lupa será puesta sobre el país, poniendo en evidencia aspectos negativos del sistema político, social y económico vigente, donde es evidente la extrema dependencia de trabajadores extranjeros para sostener la economía del país, destacándose que estos migrantes, no tienen acceso a la ciudadanía y en los trabajadores no calificados, el régimen laboral es abusivo y ha sido objeto de críticas internacionales.

El país está realizando un importante esfuerzo, que las grandes empresas radicadas en el país, cuente con directivos de origen qatarí, en un intento de evitar que la economía termine siendo dirigida por extranjeros, y se convierta en un factor de poder que pueda poner en entredicho el monopolio de la toma de decisiones en manos del clan gobernante como de los nativos del país. Asimismo, se busca diversificar la economía con fuertes inversiones en petroquímica, siderúrgica y química, con apoyo de capitales de Estados Unidos, Europa y el estado qatarí, a través de la empresa estatal del petróleo QGPC.

El gigantesco fondo de inversiones, Qatar Investment Authority que maneja Doha, lo transforma en un actor financiero de proyección internacional. Su manejo es opaco, no se sabe bien si existe una división entre la fortuna de la familia gobernante y los recursos generados por la renta petrolera, se estima que tiene fondos por US$ 60.000 millones. Tiene intereses en la automotriz Volkswagen, importantes bancos suizos, Miramax Films, British Airways, e importantes clubes de fútbol, como el Paris Saint Germain.

El Mundial de Fútbol es la gran apuesta del país, se habla de inversiones por US$300.000 millones. El evento significará ingresos por US$ 30.000 millones, pero abre las puertas para impulsar activamente el turismo en el país. El Mundial ha permitido llevar a cabo la modernización de la capital del país, como de otras ciudades, mejorar redes de transporte, incluyendo el Aeropuerto Internacional.

Mientas los medios nos hablan de los flamantes estadios, modernos, la infraestructura propia del siglo XXI, estamos ante un país con dos caras. Por un lado, la modernidad, altos estándares de vida, una economía en ascenso, y por otro, un régimen político controlado por pocas manos, sin rendir cuentas a nadie, donde sindicatos y partidos políticos están prohibidos. El kafala, régimen de contratación de trabajadores inmigrantes, ha sido motivo de abusos y precariedad laboral, generando denuncias de importantes organizaciones de derechos humanos, las vinculaciones con grupos salafistas/islamistas radicalizados, incluso con ligazones con al Qaeda, el apoyo a mezquitas en Europa, con nexos o

simpatías a dichos grupos, convierten a Qatar en un país con dos facetas, donde claramente sus líderes buscan que una de ellas pase lo más desapercibida posible.

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